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En uno de sus discursos, el Buda señala qué es lo que hace a un "superhombre"

Se puede discutir si el budismo es una religión, una filosofía o una ciencia, pero lo que es indiscutible es que su tema central es la mente y la sabiduría (que surge del conocimiento de la mente). Es por ello que quizás en ninguna otra parte esté tan resumida la enseñanza del Buda como en el Satipattana Sutta, dentro del Canon Pali. Este es el sutra donde se explica la doctrina del mindfulness o atención plena (el sutra puede traducirse como "Los fundamentos de la atención plena" o "Los fundamentos del mindfulness") (el término sati es traducido como atención o atención plena, pero debemos notar que originalmente la palabra significa recordar; en el budismo es un tipo de recordación: el recuerdo constante del dharma).

El texto clásico en el estudio del mindfulness en Occidente es The Heart of Buddhist Meditation del monje theravada alemán Nyanaponika Thera, un texto que ha influido enormemente en este movimiento. Erich Fromm escribió: "no conozco ningún otro libro sobre el budismo comparable en la lucidez con la que presenta los pensamientos esenciales de esta 'religión atea"'. Y según Jon Kabat-Zinn, conocido por algunos como el padre de este movimiento, "este libro fue el que lo empezó todo".

Nyanaponika Thera explica que toda la esencia del mensaje de sanación y liberación del Buda está sintetizada en el mensaje "Be mindful" (lo cual se puede traducir como "Mantén atención plena", pero tiene también la connotación de observa tu mente). Para decirlo en pocas palabras, la atención plena consiste en poner atención a los objetos de los sentidos y los objetos de la mente sin superponer en ellos conceptos, juicios, memorias y demás material psíquico añadido. Es una observación desnuda de la realidad como es. El Buda explica en el Udana Sutta:

En lo visto sólo debe haber lo visto; en lo oído sólo debe haber lo oído; en lo que es sentido (olido, saboreado o palpado) sólo lo sentido; en lo que es pensado, sólo lo pensado.

Al hacer esto con diligencia surge el vipassana, el insight o la claridad introspectiva que penetra en los fenómenos y descubre principalmente que son impermanentes (anicca), insatisfactorios (dukha) y no tienen un yo fijo (anatta).

Nyanaponika Thera nos dice que practicar la atención plena de manera correcta (lo cual es parte del óctuple noble sendero) lleva a la liberación "y por ello a la verdadera grandeza del hombre. Un nuevo tipo de hombre, el verdadero 'Superhombre' soñado por tantas mentes nobles, pero también por algunas confundidas, un ideal al cual han aspirado muchos sin tener una buena guía".

En el Samyutta Nikaya (47, II) el principal discípulo del Buda, Sariputta, se dirige al maestro: "Uno habla del 'Superhombre (maha-purisa), Señor, qué tan grande es el hombre?". A lo que el Buda contesta:

Con una mente liberada, Sariputta, uno es un Superhombre; sin una mente liberada uno no es un Superhombre. ¿Cómo entonces, Sariputta, se libera la mente? En esto un monje se dedica a contemplar el cuerpo... las sensaciones... la conciencia... los objetos mentales, con claridad de entendimiento, vigilancia y atención plena (mindfulness)... Para aquel que vive así, la mente se desprende de las impurezas y es liberada. Así, Sariputta, la mente es liberada. Con la mente liberada, declaro, uno es el Superhombre; sin una mente liberada, declaro, uno no es el Superhombre.

Así tenemos la versión budista del Superhombre; no es un hombre que busca el poder sobre el mundo, está en el mundo pero no es del mundo. En realidad, es el conquistador porque ha logrado extinguir las aflicciones del deseo y la ignorancia que producen el sufrimiento, el mundo ya no lo puede herir. Para el budismo theravada, este hombre es el arhat que alcanza el nirvana, la extinción de las cuitas mundanas y deja de padecer los venenos del mundo en un estado indescriptible, más allá de las causas; para el budismo mahayana, el superhombre es el bodhisattva, el cual, libre de toda aflicción y tentación, habiendo rebasado la posibilidad del sufrimiento, se pone al servicio de los demás para eliminar su sufrimiento y vaciar el samsara, aunque esto tarde eones.

 

Twitter del autor: @alepholo

El aferramiento bloquea aquello cuya naturaleza es fluir, aparecer y desvanecerse, creando las condiciones de la enfermedad y arraigando la ignorancia

Existe en nuestras psiques una tendencia a aferrarse a las cosas que puede confundirse --erróneamente-- con nuestra naturaleza base. Si el flujo de un río es detenido por unos troncos, se formarán remolinos y se estancarán los objetos que llegan a fluir por su cauce; esto generará pestilencia y congestión. Nuestra mente es de alguna manera como ese río --si no conocemos el estado prístino del río (la fluidez) podemos confundir que la naturaleza del río es retener las cosas en su cuerpo de agua. No reconocemos la naturaleza prístina de la mente, que es desplegar fenómenos como el cielo en el que el vuelo de las aves no deja huellas o como un espejo límpido que no se ve afectado por lo que refleja, y pensamos y actuamos conforme a una versión constreñida y burda de la mente.

En el budismo el término upadana (aferrarse o apegarse) es clave para entender cómo se produce el sufrimiento. En la cadena de originación que se estudia en el budismo, upadana viene después de la ignorancia y el deseo, y es el precursor del ser (esto es, el ser condicionado de la existencia cíclica o samsara). A grandes rasgos, la ignorancia de la condición original de la mente --que es luminosidad y dicha no dual-- reifica la percepción y hace que surja el constructo sujeto/objeto. Esto permite que un sujeto luego desee (tanha) objetos. Al desear objetos surge el aferramiento o el apego a los objetos que hemos conseguido o, sobre todo, a las sensaciones que producen estos objetos, los cuales son también pensamientos o eventos mentales (el principal de éstos es la creencia en una identidad sólida a la cual se adhieren las sensaciones). Lo que le da una cualidad de existencia relativa a las cosas que surgen --cualquier cosa como un tú o un yo, un eso y un eso otro-- es justamente el aferramiento, el apego de la mente. La palabra upadana de hecho significa "combustible" en sánscrito. El Buda enseñó que todas las cosas en el samsara estaban ardiendo, devoradas por un fuego insaciable. "Nirvana" literalmente significa apagar o extinguir ese fuego, es decir, dejar de producir el combustible que le da existencia al mundo condicionado. Bajo la lúcida lógica del Buda, al dejar de tener aversión, avidez y aferrarse a las cosas, el mundo se libera, como un torrente de agua cristalina que rompe un dique. El mundo no se acaba, sigue el flujo luminoso de la manifestación del cosmos, la energía corre límpida como pura sabiduría. La gnosis no dual de la manifestación hace que el mundo se despliegue como un constante goce estético. Shantideva habla de un mago que produce una hermosa bailarina: al saber que la bailarina es solamente una manifestación de su mente, éste disfruta de la creación sin desear poseerla o identificarse con ella. Todo es una danza insustancial de apariciones.

Esto lo podemos trasladar a nuestra condición actual, en la que generalmente lo que primero nos concierne, antes que buscar la iluminación, es simplemente calmar la mente y lograr una mejor salud. Vivimos en la era de la hiperestimulación. Un hombre hace mil años e incluso uno hace cien años no tenía tantos problemas para tener una mente clara y relajada --sin tantos deseos y apegos-- ya que no era constantemente bombardeado por estímulos sensoriales que buscan capturar su atención. En cierta forma la publicidad, el entretenimiento y la tecnología digital son siempre potencial para llenar el tanque de gasolina con más upadana. Nuestras tendencias mentales aflictivas hacen que al entrar en contacto con objetos --los cuales están diseñados con la intención de hacerse desear-- nos aferremos a ellos y a las nociones que producen (porque en la sociedad en la que vivimos las cosas que poseemos y las experiencias que vivimos son también formas de solidificar una identidad). Esto siempre ha existido, pero nunca ha sido tan agresivo como ahora. 

Si seguimos la filosofía budista, ésta nos dirá que nuestras enfermedades físicas y mentales (tal división no puede trazarse de manera tajante) son el resultado de nuestras aflicciones mentales, de los venenos de la mente (kleshas, literalmente "torceduras"), los cuales son el resultado de nuestro karma (nuestras acciones pasadas coaguladas por la intención o la volición mental). Una enfermedad es algo así como un karma emergiendo a la superficie; esto puede ser algo positivo si al surgir no se recibe con apego o aferramiento, ya que estaremos presenciado de alguna manera su disolución, pues la naturaleza de las cosas es la impermanencia. En la medida en la que siga habiendo aferramiento y oscurecimiento mental, entonces una enfermedad debe entenderse como un patrón de ignorancia o percepción errónea corriendo en el organismo, una especie de bucle que podría estar reiterándose desde hace miles de vidas. 

El maestro budista Alan Wallace en su libro Stilling the Mind, un comentario al texto Vajra Essence de Dudjom Lingpa, escribe:

Al simplemente observar sin distraerse ni aferrarse --al sólo dejar que los procesos mentales surjan y se disuelvan bajo su propio tenor-- con el tiempo los pensamientos burdos y sutiles se desvanecen y se disipan en el espacio de la mente, la conciencia del sustrato. No hay ninguna argucia involucrada en esto. Por el contrario, al no involucrarse con ellos, los pensamientos se volverán, usualmente, cada vez más ligeros. Perderán su poder sobre ti, y desaparecerán. Si no te aferras, la mente por sí sola sanará y se disolverá en el sustrato.

(p. 119)

Hay que mencionar que la mente del sustrato es alaya vijnana, el terreno neutral del cual surge nuestra experiencia y nuestra propia psique. No tenemos en la psicología occidental un término equivalente, ya que alaya es más que la mente inconsciente, es también el repositorio del karma de todas nuestras vidas pasadas (aunque en sí mismo está libre de karma, por eso es neutral) o nuestra continuidad mental. Es también el espacio base en el que se cifran los otros planos del samsara en la cosmología budista, el mundo de la forma (rupadhatu) y el mundo sin forma (arupadhatu), donde habitan los devas (en un estado de paz completa). Existe un nivel más profundo de la mente, al menos para algunas escuelas budistas, esto es la conciencia primordial, rigpa, inseparable del dharmakaya, la realidad absoluta. 

La autosanación que menciona Wallace por supuesto no pasará de un día para el otro, pero podemos poner a prueba esta hipótesis practicando con diligencia. La proposición básica es que la enfermedad y el sufrimiento se van mitigando y llegan a cesar en la medida en la que no nos aferramos a nuestros pensamientos --y es que finalmente no puede haber sufrimiento duradero sin el pensamiento de "estoy sufriendo", "qué mal me siento", etc. Asimismo, las condiciones mentales de las cuales brotan el sufrimiento y las enfermedades son amasadas por la reiteración de una cierta forma de pensar e identificarse con los pensamientos. Esto ha sido estudiado por David Kessler (ex comisionado de la FDA) en su libro Capture, donde sostiene que la forma en la que nuestra atención es capturada por las ideas que tenemos de nosotros mismos es la raíz de la mayoría de las enfermedades mentales, si no es que de todas. Si no suscribimos a la visión dualista que separa a la mente del cuerpo entonces podemos afirmar, con Alan Wallace, que aferrarse es lo que nos enferma y soltar lo que nos sana. El pensamiento puede considerarse como una energía psicofísica, una suerte de combustible, cuyo cauce debe dejarse correr sin obstrucción puesto de que de otra forma, con cada contención, instante tras instante, irá creando un oneroso agregado, una especie de fango base desde el cual emergen, condicionados, todos los fenómenos que experimentamos.    

La técnica fundamental para no aferrarse a los pensamientos que ha desarrollado el budismo es la observación de la mente, también llamada "tomar la mente como camino". Esta es una de las cuatro aplicaciones del mindfulness (recordación, atención plena) que aparecen en los discursos del Buda, en el Satipatthana Sutta. Alan Wallace la enseña con un contexto que toma algunos aspectos del dzogchén, llamando a esta técnica "establecer la mente en su estado natural".

 

Twitter del autor: @alepholo