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Proporcionalmente, el LSD es la sustancia psicodélica más potente del mundo

Si tomamos en cuenta la cantidad que se necesita para crear un efecto, el LSD es la sustancia psicodélica más potente del mundo. Con sólo 100 microgramos (lo que pesan dos pestañas) la realidad se estremece por varias horas y la conciencia se convierte en una trepidación mágica, misteriosa o pesadillesca, según la vivencia de cada quien. El DMT probablemente tenga efectos más radicales que el LSD, pero sólo dura 10 minutos y se necesitan alrededor de 20 mil miligramos para lograr "entrar" en la experiencia. 

Durante largo tiempo los científicos (y psiconautas) se han preguntado qué es lo que hace tan potente al ácido lisérgico. Un nuevo estudio publicado en la revista científica Cell examina cómo el LSD se adhiere a receptores del cerebro. Los receptores son proteínas especializadas en la superficie de las neuronas que son esculpidas por una especie de bolsa o espacio en el cual moléculas que tienen una forma similar pueden adherirse a la célula e iniciar cambios químicos en el cerebro. Tanto el LSD como el DMT se unen a receptores que también encajan con el neurotransmisor llamado serotonina.

En su laboratorio, el farmacólogo Bryan Roth logró la primera imagen en 3D de un psicodélico adhiriéndose a un receptor. Roth observó que la molécula de LSD, al aterrizar en el receptor, toma una parte de la proteína y la dobla sobre sí misma, como si estuviera atrapando al receptor, lo cual puede explicar por qué dura tanto el efecto. Durante el tiempo que crea esta especie de "tapa" el LSD se mantiene estimulando al receptor. Roth señala que este mecanismo también puede explicar por qué las llamadas microdosis (dosis de 10mcg) pueden tener un efecto profundo. Antes se creía que los supuestos efectos de microdosificar debían de deberse al efecto placebo, pero Roth ha visto que dosis pequeñas pueden tener efectos significativos en los receptores.

Queda, sin embargo, analizar los otros 38 receptores con los que interactúa el LSD (se estudiaron sólo dos). Un científico sugiere que los efectos de los receptores son como un concierto donde cada uno contribuye a la música de la experiencia psicodélica como si fueran notas musicales.

Los hongos mágicos y el sexo grupal podrían haber disparado la evolución humana

Psiconáutica

Por: pijamasurf - 02/04/2017

Existen indicios de que la teoría de Terence McKenna del "stoned ape" no es tan descabellada como se piensa

Terence McKenna, junto con Tim Leary --el máximo exponente de las bondades de las drogas psicodélicas, elucubró una de las teorías evolutivas más disparatadas, la cual, sin embargo, podría no serlo tanto, a la luz de ciertos descubrimientos recientes. Para explicar el salto evolutivo que representa el neurocórtex humano McKenna sugirió que "el fuego de la inteligencia" fue encendido por la ingesta de hongos de psilocibina en las grandes llanuras africanas hace alrededor de 50 mil años. Literalmente, habríamos "comido conciencia superior".

Esta teoría que se conoce como la teoría del "stoned ape" ("mono colocado") se complementa con estudios que muestran que la psilocibina en ciertas dosis aumenta la agudeza de la vista, lo cual podría haber sido una ventaja para el grupo de homínidos que estuviera comiendo este alimento, el cual también se ha teorizado que es el mítico soma o alimento de los dioses de la cultura védica. Homínidos como el Homo Erectus, bajando de los árboles, habrían encontrado hongos psicodélicos en el excremento de las vacas. Esto los habría hecho mejores cazadores.

La etapa dos, según McKenna, habría ocurrido entre 10 y 20 años atrás, cuando altas dosis de psilocibina habrían detonado un despertar extático y orgiástico despertando las funciones más altas del lenguaje y la cultura, cosas como la danza y la religión. El sexo grupal y una sensación de éxtasis potenciada por los hongos sería el fuego del Logos.

La teoría de McKenna, quien se dedicó a la etnobotánica y sobre todo a ser un vocero de sustancias como los hongos y el DMT, ha sido desestimada por los científicos, para sorpresa de pocos. No obstante, nuevos hallazgos apuntan a que el consumo de "hongos mágicos" es mucho más antiguo de lo que creíamos, así que podrían haber tenido un papel relevante en la transición que nos llevó a nuestro estado evolutivo actual.

Se ha encontrado que los humanos de la Edad de Piedra consumían hongos; se han descubierto esporas de hongos en los dientes de mujeres que vivieron hace 18 mil 700 años. Por otro lado, se han encontrado pinturas en cuevas neolíticas y de la Edad de Bronce en las cuales existen figuras que se parecen mucho a hongos que contienen psilocibina.

Por supuesto esto no prueba que los "hongos mágicos" fueron los catalizadores de la evolución humana, pero ciertamente genera interrogantes sobre su papel en la conformación de la cultura. El hecho de que hayan sido consumidos en tantos lugares y por tantos seres, desde chamanes siberianos de hace miles de años hasta los mayas y probablemente los arios védicos, es testimonio de su importancia cultural. Hoy sabemos que además tienen un potencial medicinal sumamente poderoso, el cual hace efecto proveyendo experiencias místicas o religiosas que armonizan al ser humano con la vida y le dan un propósito a su existencia. ¿Qué le habrá sucedido a aquellas conciencias primitivas al ingerir esta sustancia psicodélica? McKenna teorizaba, un tanto en broma, un tanto en serio, que el hongo era una espora de las estrellas que había formado una relación de asistencia evolutiva con el ser humano o al menos de simbiosis. Supuestamente había escuchado la voz astral del hongo. El hongo era su monolito negro.