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En el 2020 se estrenará una adaptación de Akira Kurosawa para ‘La máscara de la muerte roja’ de Poe

Arte

Por: - 03/14/2017

Un par de estudios en China han comenzado el proyecto de filmar el guión que Kurosawa trabajó a partir de una de las narraciones más emblemáticas de Edgar Allan Poe

A Akira Kurosawa se le reconoce sobre todo como un gran director de cine, uno de los más talentosos del siglo XX, pero de él es posible decir también que aspiró a convertirse en un artista total o, dicho de otro modo, a hacer de sus películas obras de arte totales. Su labor como cineasta no puede ser entendida sin el amplio conocimiento que Kurosawa tuvo de otras disciplinas, marcadamente la literatura y la pintura, aunque no solamente. De su relación con la primera resultaron, explícitamente, dos películas: Hakuchi (1951) y Kumonosu-jō (Trono de sangre, 1957), basadas, respectivamente, en El idiota de Dostoievski y Macbeth de William Shakespeare.

Esas dos cintas, sin embargo, no fueron el único fruto del interés que Kurosawa tuvo por la literatura, y aunque parezca extraordinario, incluso ahora que han pasado casi 20 años de la muerte del genio, se producirá un filme en el que el japonés se propuso adaptar uno de los cuentos más emblemáticos de Edgar Allan Poe, “La máscara de la muerte roja”.

Según se anunció hace unos días, los estudios Huayi Brothers y CKF Pictures, ambos con sede en China, se encargarán de llevar a la pantalla un guión en el que Kurosawa trabajó desde 1975 y que estuvo a punto de filmarse en 1998, año en que el director sufrió un ataque que posteriormente lo condujo a la muerte. Curiosamente, este guión nunca tuvo buena fortuna para encontrar realización, por lo que Kurosawa también intentó filmarlo en Rusia, pero sin éxito.

De llevarse a cabo, la película podría ser un tanto sintomática de nuestra época, pues cabe recordar que en el cuento de Poe, la “muerte roja” es una plaga misteriosa que extermina a casi toda la población excepto por un millar de nobles que, refugiados en un castillo, comen, beben y disfrutan, sintiéndose a salvo de la peste. Una fábula terrible cuya moraleja podría ser ominosa para los tiempos en que vivimos –acaso el mejor momento para presentar la lectura que hizo Kurosawa de la narración.

 

También en Pijama Surf: El exquisito arte de los storyboards que Akira Kurosawa pintó para sus películas

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'Pozoamargo': una reflexión cinematográfica sobre la culpa que construye el catolicismo

Arte

Por: Lalo Ortega - 03/14/2017

Con 'Pozoamargo' el director mexicano Enrique Rivero nos invita a reconsiderar las condiciones en que se construye la idea de culpa, mirándolas, mejor, a la luz del deseo

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa… repiten al unísono y en voz baja los habitantes de Pozoamargo mientras se dan golpes de pecho en misa. El protagonista de la película homónima, Jesús, ha llegado a ese remoto pueblo de España empujado por el mismo sentimiento: luego de enterarse de que padece una enfermedad venérea y descubrir que la contagió a su esposa embarazada, la culpa le consume al punto de hacerlo huir de su hogar.

Pozoamargo (Enrique Rivero, 2015) se sirve del lenguaje de los símbolos para señalar, sutil pero contundentemente, la responsabilidad del catolicismo en la construcción social y patológica de la culpa, sobre todo en referencia a la sexualidad y el deseo. Es también, a decir de su director, una exploración de la oscuridad inherente en el ser humano. “Todos tenemos una sombra”, murmura en el tráiler José (Xuaco Carballido), y su tono tiene algo de ominoso, como si descreyera de la expiación o la considerara una búsqueda fútil o innecesaria.

Tras descubrir su enfermedad, y la condena que ésta supone para su esposa e hijo aún sin nacer, el protagonista (interpretado por Jesús Gallego en su debut actoral) se impone su penitencia. La culpa, desde la perspectiva judeocristiana, comienza por el reconocimiento del pecado pero implica también la obligación de pagar esa deuda moral y reparar así el daño provocado. En otras palabras, no hay culpa sin búsqueda de redención. Jesús se retira a la lejana soledad de Pozoamargo para pasar sus días como jornalero. La fotografía de Gris Jordana, impecable en composición e iluminación natural, hace un gran esfuerzo por enfatizar que como el Jesús bíblico, él también ha de vivir su propia tentación en el desierto.

Sin embargo, tomando distancia de dicho episodio de los Evangelios, Rivero parece asegurarnos que el hombre mortal está destinado a sucumbir cuando es tentado. Un símbolo de mal agüero es recurrente en los encuadres de la cinta: el cerdo, animal inmundo en el antiguo imaginario abrahámico, se hace presente en el paso de Jesús por el pueblo, como recordatorio constante de la impureza que debe ser limpiada.

La tentación se manifiesta en el camino de Jesús bajo la forma de Gloria (Natalia de Molina), una joven liberal e irresistible. El encuentro con ella lo hace caer en su infierno personal, es decir, en el fracaso en la búsqueda del ideal cristiano de vida pura y recta.

Donde Cristo tiene éxito, la humanidad parece condenada a fracasar, víctima de su naturaleza siniestra –o quizá sea mejor decir: deseante. Entre la mirada implacable de la cámara y sus tomas largas, un desenvolvimiento parsimonioso y prolongados silencios, Rivero obliga al espectador a convertirse en el testigo de una penitencia que no por dolorosa es más útil para purgar al alma de su deseo. La pregunta, claro, es si eso es necesario o siquiera posible, si se puede arrebatar al alma algo que le es tan propio: desear.

Quizá no se suponga que lo hagamos. Más que someternos al peso de la propia cruz, podríamos encontrar una mejor vida abrazando nuestro propio deseo, lo cual implica también, ineludiblemente, conocer nuestras sombras.

 

Pozoamargo se proyecta en Cine Tonalá como parte del ciclo #MásCineMexicano, iniciativa para impulsar la distribución de producciones nacionales independientes. Puedes consultar las fechas y horarios de su presentación en este enlace.

 

También en Pijama Surf: ¿Qué hace del catolicismo una de las peores religiones de la historia?

 

Twitter del autor: @Lalo_OrtegaRios​