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Por motivos culturales, la gama imprecisa de emociones ilustradas y lo “socialmente correcto”, Facebook no puede ser un indicador fiable de emociones colectivas

Una de las trampas de la realidad virtual es que puede ser una invención personal en todas sus dimensiones. Es decir, allí creamos un perfil de nosotros que queremos mostrar a los demás, como una especie de producto, no necesariamente uno real. De entrada, esta posibilidad inventiva hace que los datos en la web no necesariamente sean material confiable para hacer mediciones de emociones reales. ¿Por qué? Por que muchas veces mentimos en pro de nuestra “marca”, del perfil que queremos proyectar.

Lo anterior es muy importante, aunque también lo es la imposibilidad de verdaderamente tener acceso a herramientas más precisas por parte de los usuarios con el fin de expresar una emoción particular. Es decir, si de por sí el lenguaje siempre se encuentra limitado, y "el límite de mi lenguaje es el límite de mi mundo" (nos dice Wittgenstein), en el mundo virtual ocurre lo mismo. Según la ciencia, los humanos hacemos uso de hasta 21 gestos para expresar una emoción; por ello, los emoticones famosos de ningún modo son precisos en cuanto a la emoción que quiere mostrarse.

Un nuevo análisis, además, muestra la discordancia de los estados de ánimo expresados en redes sociales como Facebook en relación con otros indicadores. Por ejemplo, en Facebook, de acuerdo con el análisis de emociones Corea del Norte sería el país más feliz del mundo, a pesar de que esta nación no ranquea en dicho rubro respecto a los niveles de satisfacción que sitúan a Dinamarca con esa cualidad en estudios de otra índole.

Lo que sucede es que culturalmente somos propicios a demostrar o no ciertos estados de ánimo según lo más correcto socialmente. Estas diferencias culturales del uso del lenguaje --en este caso, en relación con las emociones y los emoticones-- son una muestra de que las emociones expresadas en redes sociales no son, de hecho, un dato confiable sobre el estado emocional de los usuarios. Andrew Zolli, autor de Resilience: Why Things Bounce Back, nos habla al respecto en el siguiente video.

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Acceder a la deep web es más fácil de lo que pensabas

Es enorme la cantidad de información que circula por Internet, cada uno de nosotros necesitaría más de una vida para recorrer todos los pasillos de esta laberíntica base de datos. A pesar de esto, apenas conocemos una pequeña pieza de este complejo rompecabezas. Existe una gran zona inexplorada, la llamada deep web, que contiene miles de páginas e información de todo tipo.

La mayoría utiliza navegadores que permiten el acceso a páginas comerciales y bien conocidas. Un buscador como Google, que para muchos es la mayor cantidad de información reunida, tiene indexadas alrededor de 8 billones de páginas. Parecen muchas pero, en contraste, se estima que la deep web es hasta 500 veces mayor que la web convencional.

Mucho se habla de la información ilegal y las actividades delictivas (asesinatos a sueldo, venta de drogas, tráfico y prostitución) que suceden en este lado de la red y, aunque esto pueda ser verdad, existe toda clase de páginas con información útil pero de acceso restringido como bibliotecas de distintas universidades, sitios privados que requieren contraseña, redes internas de empresas y un largo etcétera.

La web convencional sólo muestra información previamente indexada, esto significa que no busca en la totalidad de la red sino que elige las opciones que están más a la mano.

Es relativamente sencillo comenzar tu aventura a través de esta selva descargando TOR, el navegador que protege la identidad de sus usuarios, creado bajo la certeza de que todos tenemos derecho al anonimato, a no ser vigilados y a que nuestra información no sea utilizada con fines comerciales o ideológicos.

Llamado así por sus siglas en inglés, The Onion Router contiene dominios .onion que garantizan la privacidad tanto de los sitios como de sus visitantes. Funciona haciendo viajar la información de manera nodal, su ruta es aleatoria e irrastreable. En consecuencia, la experiencia de navegación puede resultar mucho más lenta en comparación con los navegadores convencionales.

Una vez que se accede a la deep web, lo que sigue es saber a dónde ir. A menos que conozcas la dirección de un sitio al que te interese ir, una buena opción para conocer los temas y sitios contenidos en esta vasta red es The Hidden Wiki, que contiene algunos links de sitios con distintos temas.

 

 

Otro truco es acceder directamente a información en lugar de obtenerla de medios electrónicos. Esto se logra colocando junto al término buscado la palabra database o base de datos, así podrás buscar de entre varias opciones que arrojará el buscador.

Explorar la deep web es apasionante, pero recuerda tener cuidado con lo que te encuentres.