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Si quieres tener energía, es momento de dejar de eyacular (aquí te decimos cómo)

Salud

Por: pijamasurf - 03/08/2017

La eyaculación, ya sea en la masturbación o en el sexo, drena la energía vital del hombre; sin embargo, dejar de eyacular no es lo mismo que dejar de tener orgasmos

Para la medicina occidental moderna, la masturbación masculina es una actividad sana que ayuda a liberar tensión. Si bien es cierto que la masturbación puede liberar tensión, especialmente en una persona que tiene pensamientos sexuales obsesivos o que es víctima de la represión sexual, hay un hecho incontrovertible que la medicina occidental no toma en cuenta: al eyacular el hombre experimenta una sensación de fatiga, una pérdida de vitalidad e incluso una pequeña depresión (el orgasmo es llamado la petite mort también por esto). Esto es algo que viven todos los hombres en mayor o menor medida. No es éste el cansancio que ocurre después de realizar ejercicio ya que, si durante un acto sexual o un proceso de masturbación no hay eyaculación, el cansancio no se experimenta. Prueba de los efectos de la eyaculación es que después de eyacular el hombre suele tardar algunos minutos para tener otra erección (en el semen se descargan diferentes sustancias, un potente cóctel químico, entre ellas la hormona prolactina). Cualquier hombre que ha tenido una sesión de sexo o de masturbación maratónica, de repetidas ocasiones seguidas, sabe que eyacular drena la energía del cuerpo, pero para la medicina occidental tal noción de "energía" es inexistente, pues no se puede medir bajo sus aparatos.

En contraste con la medicina occidental, la medicina tradicional china hace un importante énfasis en no eyacular y considera que la eyaculación frecuente es la pérdida de la esencia vital o jing que nutre la sangre, los huesos, el cerebro, etc. La eyaculación habitual es causa de envejecimiento prematuro, problemas en los huesos, niebla mental y muchos otros síntomas. El jing se divide en jing prenatal o celestial yuan jing, el cual no se regenera, y el jing posnatal. La medicina china, basada en la filosofía taoísta, advierte que eyacular con cierta frecuencia hace que se tenga que utilizar la reserva de esencia vital prenatal, que ya no se regenera, con lo cual estaríamos perdiendo nuestra esencia original, la cual se transforma en la energía vital que usamos todos los días para las cosas básicas pero también para las cosas más sublimes de la existencia. Así, una persona que ha eyaculado mucho puede estarse orillando a una vida de fatiga perenne, literalmente sin la chispa divina de la creatividad y la plenitud. (Lo anterior no aplica en el caso de las mujeres, a quienes en el taoísmo se les alienta a tener orgasmos e incluso se dice que pueden beneficiarse de absorber partes del semen masculino. En el caso de las mujeres, se produce una pérdida de energía cuando su menstruación es abundante, por lo cual existen técnicas para aminorarla).

Hay que mencionar que el hecho de que se limite la eyaculación no significa que se limite el placer o el orgasmo. Se ha confundido la eyaculación con el orgasmo como si fueran la misma cosa, pero existen técnicas de alquimia interna taoísta muy difundidas para no eyacular y hoy en día, a su vez, hay otras tantas no vinculadas a la alquimia sexual sino solamente a la sexología y a la obsesión con el performance sexual.

En la búsqueda de la inmortalidad que caracteriza a los practicantes de la alquimia interna taoísta, nei dan, el semen o jing se recircula, subiendo de nuevo al cerebro donde se transmuta y produce un elixir que se derrama por todo el cuerpo, infundiéndole vitalidad. Se dice que para crear la medicina (yao) se necesitan los tres tesoros, esencia, aliento y espíritu; la esencia (la simiente, jing) se transmuta en aliento o energía (el movimiento), el qi luego se transmuta en espíritu (el regente, shen) y una versión del shen (yishen, Espíritu Único) se refina para regresar al vacío.

Un viejo texto, el Su Nu King, ofrece tres maneras de evitar la eyaculación:

-La primera es la más conocida y consiste simplemente en retirar el pene --el llamado "tallo de jade"-- aún erecto antes de eyacular. (Aunque esto pueda ser insatisfactorio para una sexualidad orgasmocéntrica, en la práctica se revela como una forma de conseguir un placer y un bienestar más duraderos).

-La segunda consiste en bloquear la zona del perineo (entre el escroto y el ano, el músculo que se utiliza para detener la orina), con el fin de retener el semen e incluso reabsorberlo. Al reabsorberlo se convierte en una especie de elixir.

-La tercera es realizar una respiración alquímica que recircula la energía que desciende hacia arriba. (Esto es similar a la llamada "respiración de la órbita celeste" y es necesaria la instrucción de un maestro calificado).

Nuestra cultura mantiene superficialmente que el sexo es bueno; sin discriminar, nos dice que debemos tener sexo como sea. La realidad es que si no se tiene conciencia e intención, la mayoría del sexo no es bueno. Como todas las cosas buenas se debe cultivar y practicar, y para esto se debe aprender a guardar la semilla y refinarla.

Hay que mencionar que no sólo la medicina china prescribe la retención del semen y considera que es una sustancia preciosa. En la India hay numerosas prácticas yógicas y tántricas que postulan la retención del semen, el cual es visto como sagrado, no como una sustancia que puede dilapidarse sin consecuencias. Por otro lado, Santo Tomas de Aquino decía que el espíritu está incluido en el semen y que en él existe un calor dador de vida. En esto toma de Aristóteles, quien en su obra La generación de los animales sostiene que un calor dador de vida existe en el semen, el mismo que hay en el Sol; el semen contiene una sustancia análoga a las estrellas, que dan vida con la luz. Para rematar, el doctor Francisco González Crussí comenta: "Aulo Celso, un enciclopedista romano bajo el mandato de Tiberio, sintetizaba que 'la eyaculación del semen es el acto de arrojar una parte del alma'".

Si todo esto es demasiado místico para ti, lee sobre los beneficios que han experimentado algunos de los miembros de la comunidad en línea No Fap, que incluye a más de 200 mil personas que han dejado de masturbarse o que lo están intentando.  

 

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19 estrategias de lenguaje corporal para ejercitar tu persuasión y convencer a otros de tus ideas

Salud

Por: pijamasurf - 03/08/2017

El cuerpo es el mejor recurso para que tus ideas se abran paso en el mundo real

La historia de la humanidad es, hasta cierto punto, la historia de la persuasión. Todos tenemos ideas, pero no todas logran abrirse paso en el mundo. ¿Por qué motivos? Entre otros tanto o más importantes, porque no todas las personas creen con el mismo fervor en lo que piensan y no todas se empeñan en que otros compartan su entusiasmo. Cuántos proyectos no se han quedado dentro de la mente de alguien, o entre los últimos vapores de una taza de café, disipados en las volutas de un cigarro…

Nadie, hasta ahora, ha descifrado el secreto del convencimiento, seguramente porque no existe o, mejor dicho, porque no descansa en una fórmula única que podría aplicarse en cualesquiera circunstancias. Convencer a otros de algo parece más bien una suma o una coincidencia de elementos entre los que el lenguaje corporal es uno de los más importantes.

En efecto: ¿cómo transmitir la pasión por una idea si no a través de nuestro propio cuerpo? ¿Cómo no usar todos sus recursos a favor de dicho propósito? Quien acompaña su discurso de una sonrisa, de una postura firme, de matices y modulaciones en su voz, de la relajación y la tranquilidad, usualmente transmite una impresión de confianza, seguridad y credibilidad. Esto no lo es todo, claro, pero sin duda es más probable que creamos en la idea de alguien que parece saber de lo que habla que en la de otra persona que sólo titubea y se muestra confundida.

A continuación compartimos una lista --que se extendió conforme la realizábamos-- de estrategias que fortalecen dicha persuasión. La mayoría están relacionadas directamente con el cuerpo y su lenguaje, pero otras podrían parecer un tanto tangenciales o fuera del tema. Con todo, las incluimos porque es claro que no existe la división entre mente y cuerpo: todo lo que pasa por nuestra cabeza encuentra, inevitablemente, expresión en algún punto de nuestro cuerpo.

 

Lo elemental del cuerpo

1. Haz contacto visual, siempre

Este es un consejo básico. El contacto visual, incluso por razones evolutivas, se recibe como símbolo de fortaleza y seguridad por parte de la persona que lo sostiene. ¿Cómo vas a convencer a otros sin seguridad en ti mismo?

 

2. Que tu postura sea firme

Saca el pecho, endereza tu columna, abre un poco tu compás. En pocas palabras, mantente en pie y firme. Todo esto con naturalidad, sin que parezcas un militar acartonado y solemne. No fijo ni tieso, sino fuerte y seguro. Aunque camines o te sientes, tu postura firme puede conservarse, porque no es sino expresión de tu propia seguridad interior. El ejercicio, por cierto, ayuda: realiza ejercicios para los músculos de tu espalda, los de tus hombros y los de tu abdomen.

 

3. Sonríe

Las emociones también son importantes, y una enseñanza tan vieja como Esopo asegura que se atraen más moscas con miel que con vinagre.

 

4. Gesticula

¡Contagia tu entusiasmo! Gestos faciales, ademanes y todo lo que puedas hacer con tu cuerpo es otro recurso para generar empatía con quien te escucha y, de esa manera, hacer que crea en tu idea y la acepte.

 

La voz y las palabras

5. En general, aumenta la velocidad con la que hablas

Hablar con fluidez hace que los otros te perciban como experto y confiable. La famosa “facilidad de palabra”, sin embargo, no se obtiene gratuitamente, ni es innata, sino que, como otras cualidades, se cultiva y se ejercita. Lee, escucha programas de radio o podcasts en los que predominen el debate y la conversación; también puedes imaginar que te encuentras en un escenario en el que tienes prohibido quedarte callado. Sigue el hilo de tus pensamientos, seguramente tienes mucho que decir.

 

6. Y sé consciente de ciertas inflexiones

Intenta no tener un tono de voz plano. Cuando sea necesario, eleva el volumen; si haces una pregunta, remárcala, y lo mismo si recurres a una expresión admirativa. Si quieres cautivar la atención de quien te escucha, haz que tu voz se convierta en el camino inesperado por donde va a pasear.

 

7. Recurre al silencio con inteligencia

Como en la música, el silencio es en el discurso un elemento que puedes utilizar a favor de tu expresividad. Después de lanzar una pregunta, un silencio breve da a la otra persona la sensación de sentirse apelada y por lo tanto incluida, aunque seas tú quien va a dar la respuesta. El silencio también da la impresión de sabiduría, de reflexión e incluso de complejidad de mente.

 

8. Utiliza las palabras en función del efecto que buscas

Las palabras tienen un peso específico, como sucede con la materia física, en buena medida porque las comprendemos únicamente en su relación con las demás. Hay palabras que nos hacen sentir bien, otras nos recuerdan situaciones dolorosas, otras más pueden asustarnos o incluso enfurecernos. ¿Qué efectos quieres provocar en tu audiencia y qué palabras vas a elegir para conseguirlo?

 

El comportamiento

9. Utiliza algunos objetos

Ciertos objetos pueden inducir inconscientemente una impresión en tu auditorio. Una pluma, por ejemplo, usada a manera de batuta, puede generar la idea de que como los directores de orquesta, estás en control de la situación. Fumar un cigarro mientras hablas puede imponer cierta aura de experiencia sobre lo que dices. Juguetear con unos lentes puede darte la seriedad que a históricamente se le atribuye a estos accesorios, por asociación con las personas dedicadas al estudio.

 

10. Asiente más

Esta sencillísima conducta contribuye a crear una atmósfera de confianza con tu audiencia. Pero úsala con moderación y sutileza, pues el exceso puede hacer creer a la otra persona que sólo la estás adulando.

 

11. Intenta deshacerte de tus tics nerviosos

La inseguridad emocional llega a expresarse de formas muy concretas: hay quien se frota las orejas, otros se tocan la cara, algunos comienzan a mover sus piernas con desesperación, y más. Toma conciencia de qué haces tú cuando te pones nervioso/a y, cuando se presente ese tic, evítalo.

 

12. Relájate, pero no tanto

En cierto punto del proceso de convencimiento puede ayudar que te muestres relajado. Estira un poco las piernas, respira hondo, sonríe con tranquilidad. Sin embargo, tampoco te excedas, pues podría parecer que ha dejado de importarte lo que dices o la persona que te escucha.

 

13. Acércate, pero sólo lo suficiente

El acercamiento físico también es simbólico. Cuando nos acercamos a alguien para decirle algo se crea la sensación de que le estamos revelando algo que nadie más sabe, que confiamos en esa persona, pero al mismo tiempo puede llegar a percibirse como una amenaza, como el deseo de imponer un dominio.

 

14. Haz contacto físico

También usado con cautela, el contacto físico puede consolidar la impresión de confianza y cercanía. Algunos gestos, además, como los abrazos o tomar de la mano a una persona, generan la idea de protección, cuidado o preocupación por el otro. Cabe acotar que recurrir a estos, sin embargo, depende mucho del tipo de relación que tienes con la persona con quien estás.

 

15. Muévete

Este puede ser un buen recurso para fortalecer la impresión de que sabes de lo que hablas. La inquietud del cuerpo puede hacer creer en la inquietud de tu mente. Si vas de un lado a otro es porque lo vivo de tu idea no te deja quedarte en un solo lugar.

 

El estado anímico

16. Evita los aires de superioridad o el suelo de la autocompasión

Existen por lo menos dos modos de comportarse que son una garantía casi infalible de jamás poder persuadir a otra persona nada. Uno, la rigidez excesiva, esa soberbia desde la cual algunos miran a los demás, instalados en lo alto de su columna de marfil. El otro, el pantano de la nula autoestima, en el cual ni siquiera quien habla cree realmente en lo que dice.

 

17. Relájate

Parece que este punto se repite, pero en realidad no es así. En este caso se trata de una relajación mucho más profunda y general. Mostrarse relajado genera la impresión de seguridad en uno mismo y confianza.

 

18. No exageres

Borges, Wilde y otros escritores sabían que, en literatura, el énfasis tiene el efecto paradójico de debilitar una expresión creativa. Habla fuerte y seguro de ti mismo, pero tampoco tanto como para que parezcas un líder fascista arengando a las masas; muévete y gesticula, pero sin llegar a los extremos de los mimos y los payasos; mira a la gente a los ojos, pero sin que los tuyos lloren y te duelen porque al fijarlos tanto te olvidaste de parpadear. Sé persuasivo, pero sin que parezca que esa es tu única meta en la vida o lo único que te define como persona.

 

19. Sé sincero

Finalmente, sé sincero. Nada convence más que hablar con el corazón, por así decirlo. Y, en el mismo sentido, nada ahuyenta más que notar la mentira en las palabras de quien nos habla. Respeta a tu interlocutor hablándole con verdad: verás que sabrá agradecerlo.

 

¿Qué te parece? ¿Agregarías alguna estrategia? No dejes de darnos tu opinión en la sección de comentarios de esta nota.

 

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