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4/20: Hoy se celebra el Día de la Marihuana (historia, parafernalia y beneficios de la cannabis)

AlterCultura

Por: pijamasurf - 04/20/2017

Millones de personas se reúnen hoy para celebrar el Día Internacional de la Marihuana y fumar porros de cannabis de manera sincronizada; 4/20, el código de la ganja

Hoy el planeta se sincroniza sobre la faz de una planta para celebrar el Día Mundial de la Marihuana y todo es un poco más lento y amigable. Este 20 abril, 4/20, millones de aficionados a la cannabis se reúnen a fumar (con especial placer) porros, gallos, canutos, marleys, toques, fasos, joints... y a producir todo tipo de parafernalia en torno a esta milenaria hierba, mientras comparten confusas e irrelevantes anécdotas, en una colorida y psicodélica celebración que les permite llegar tarde a todos sus compromisos, con ojos rojos llenos de una alegría flotante.

Desde hace 3 o 4 décadas –como es apropiado, la fecha es difusa y el tiempo se hace humo– el 4/20 se ha convertido en un legendario código que alude a fumarse un porro por la tarde (el otro té). El origen de esta celebración contracultural radica en un grupo de estudiantes de preparatoria (conocidos como “Los Waldos“) de San Rafael, California, que tomaran la costumbre de reunirse todos los días después de clases a las 04:20 de la tarde para fumar marihuana a un lado de la estatua de Louis Pasteur. La hora coincide con aquella a la que terminaba el período de detención con el que se penaliza a los estudiantes indisciplinados, una práctica muy común en el sistema escolar de Estados Unidos. Y a pesar de que seguramente la mayoría llegaba tarde a la cita, honrando la flexibilidad temporal de los fumadores de marihuana, este ritual habría de trascender a este grupo de risueños estudiantes para convertirse en el código mundial de la marihuana.

Como dato aleatorio de sincromística marihuanera, el 20 de abril también es el onomástico de Hitler, lo cual, se rumora, es responsable de que algunos fumadores de ganja se malviajen entrando a la dimensión de la paranoia, alucinando a una policía interdimensional que los persigue.

Tradicionalmente, también hoy la revista más popular dedicada a la marihuana y a los estupefacientes, High Times, celebra su fiesta en Nueva York, a la cual generalmente tienen acceso sólo 420 personas y en la que se anunciará a la chica High Times o Miss Marihuana. Las características que debe reunir la ganadora son “ser increíblemente linda y fumar mucha, pero mucha marihuana”; además, las participantes serán evaluadas en su conocimiento de las propuestas en favor de la legalización y se buscarán chicas que “quieran llevar las cosas a un nivel más alto”.

Otros epicentros de los festejos se encuentran en Ámsterdam, Nueva Zelanda, Vancouver, Boulder (y todo Colorado), y San Rafael. Y ahora, quizás también Uruguay.

Como parte de esta celebración, en Pijama Surf queremos compartir una serie de propuestas orientadas a mitigar la nefasta influencia del narco y aumentar la libertad de los psiconautas, así como información que hace patente que es absurdo prohibir esta milenaria planta:

Para celebrar el Día Mundial de la Marihuana (4/20) te compartimos 5 buenos argumentos para promover su legalización

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Legalización de la cannabis a través de la inundación (crece ganja por donde quiera que vayas)

Crece la tuya (propuesta de Pijama Surf para una vida psiconaútica autosustenable)

¿Por qué es ilegal la marihuana? (Historia de la criminalización de una planta)

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Algunos beneficios a la salud y usos médicos que  tiene la marihuana:

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Un poco de parafernalia:

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"El último tabú de la televisión es la televisión misma —y cómo está profundamente sesgada hacia un estilo de vida consumista que la Tierra no puede soportar"...

The television, that insidious beast, that Medusa which freezes a billion people to stone every night, staring fixedly, that Siren which called and sang and promised so much and gave, after all, so little. -Ray Bradbury

Muchas personas han escuchado la famosa frase de Karl Marx, "la religión es el opio del pueblo", que significa, fundamentalmente, que la religión sirve como un alivio de las masas, como el opio que quita por un momento el dolor, creando así una ilusoria felicidad o satisfacción y, sobre todo, manteniendo "una condición que necesita ilusiones". Si substituimos la religión y decimos que la televisión es el opio del pueblo, ya que sirve como el alivio de las masas, "manteniendo una condición que necesita ilusiones", quizás estaríamos actualizando el programa que Marx subió a la conciencia colectiva. La televisión como un opio electrónico, como el ojo de Medusa que nos mira desde la pirámide erigida por los sacerdotes del capital.

Duane Elgin escribe en el Huffington Post que todos los temas más controvertidos han sido tocados en la televisión, salvo uno, la televisión en sí misma: "El último tabú de la televisión es la televisión misma —y cómo está profundamente sesgada hacia un estilo de vida consumista que la Tierra no puede soportar". En su incansable esfuerzo de convertir todo en un producto y en un espectáculo nada está prohibido en la TV, salvo colocar un espejo a su propia anatomía, a su particular forma de masaje mental, a su medio como mensaje (los rayos catódicos como relámpagos que iluminan el esqueleto del zombi).

El tabú de la TV (como máximo exponente del mass media) es hablar de sí misma, de que su contenido y su forma es publicidad para las actitudes, valores y estilos de vida que rodean el consumo de productos (no por casualidad, ahora, prácticamente ha desaparecido la frontera entre los anuncios comerciales y los programas de contenido); que su programación es neuroprogramación para una forma de vida que fomenta (es lo que posibilita) un constante incremento en el consumo de productos (porque consumir es el único camino que plantea la cosmogonía inherente al espectro de los medios masivos para saciar su impronta aspiracional: para que nuestra vida y nosotros seamos como lo que vemos en la televisión). "Al programar la televisión para el éxito comercial, la industria de la televisión también está programando la mentalidad de la civilización para el fracaso ecológico", escribe Duane Elgin.

El último tabú de la televisión es que la televisión está dentro de ti...  Siguiendo el análisis transcultural de las neuronas espejo que hizo Aeolus Kephas, citando a Jonah Lehrer:

"El porno no nos hace pensar en el sexo. En cambio, el porno nos hace pensar que estamos teniendo sexo. Desde la perspectiva del cerebro, el acto de excitación no es precedido por una idea separada, la cual absorbemos a través de la televisión o de una pantalla de computadora. El acto en sí mismo es la idea. En otras palabras, el porno funciona convenciéndonos de que no estamos viendo porno. Pensamos que estamos dentro de la pantalla, haciendo la cópula”.

Esto lo podemos aplicar a cualquier aspecto de televisión que logre involucrar profundamente la atención del espectador. En la identificación con un personaje de una sitcom, de una telenovela, de una película o de un partido de futbol vivimos —según sugiere la teoría de las neuronas espejo— lo que le sucede a ese personaje. Los programas de televisión son programas en tu mente.

En Estados Unidos el 98% de los hogares tiene al menos una televisión, el espectador promedio ve 25 mil comerciales  al año y aproximadamente 4 horas de TV al día (una de las razones por las cuales Estados Unidos es el país más obeso del mundo). La televisión se ha convertido en la ventana principal que tiene el ser humano hacia al mundo. Y el paisaje que te ofrece esta ventana es un paisaje  monótono controlado por un número reducido de megacorporaciones que deciden qué aparece o no en esa ventana (el sucedáneo del mundo exterior que se interioriza).

Como señala Duane Elgin, el problema de que la televisión no reflexione sobre su propia naturaleza es algo que ya no sólo afecta la psique del individuo que se engancha en el opio de su forma y en el opio de su contenido, afecta al planeta entero ya que promueve una "letal adicción al consumo".

"Nuestra economía enormemente productiva [...] pide que hagamos del consumo nuestra forma de vida, que convirtamos la compra y uso de los bienes en un ritual, que busquemos nuestra satisfacción espiritual, nuestra satisfacción del ego, en el consumo [...], nosotros necesitamos cosas consumidas, quemadas, reemplazadas y descartadas a paso acelerado", escribió  Victor Lebow. Lo que ritualiza y espiritualiza el consumo es el templo de la TV, oficiando el simulacro de su divinización transpersonal.

Elgin plantea que la solución no es apagar el televisor. Es legislar y transformar sus contenidos, creando foros de retroalimentación en donde se discutan los efectos que tiene la TV y los medios masivos de comunicación y donde también los "ciudadanos puedan usar el poder moral de la persuasión [...] para promover una dieta de programación más balanceada". Además, hace hincapié en producir "comerciales de la Tierra" que sean representativos de los animales, bosques, y demás organismos biológicos que no tienen un lugar en los medios" (una especie de derecho de tribuna para todas las especies). Como contrapeso, sugiere que por cada anuncio que promueva comprar algo debería de haber otro anuncio promoviendo un estilo de vida no-comercial.

Aunque esto en teoría suena muy bien, es quizás algo ingenuo pensar que la televisión podría servir a principios no-comerciales y ser crítica consigo misma si, de entrada, se encuentra al servicio de una élite político-empresarial que necesita del estilo de vida aspiracional y exponencialmente consumista que promueve la TV para conservarse en la cima de la pirámide. Pedirle a la TV que sea autocrítica y que se coloque frente a un espejo es pedirle que se autodestruya en el relámpago de su macilenta desnudez, en la explosión de un simulacro ad infinitum: "The datasphere rewards self-similarity and proves again and again that the best way to infect the entire datasphere is with media about media", (Douglas Rushkoff, Media Virus). Tal vez solamente liberando un virus en la TV, un virus-espejo que reprodujera la naturaleza virulenta de la TV hasta el infinito, un programa sobre cómo programa la TV, publicidad que exponga lo que hace la publicidad, podría generarse un efecto significativo. La forma de aniquilar a la Medusa es someterla a su propia mirada.

Pero no se puede esperar que esto ocurra voluntariamente desde la propia estructura de los medios masivos de comunicación: es necesaria una infección, un hack. Y tal vez tenga que ser la misma Tierra la que lo realice, ya que nosotros, por el momento, no parecemos capaces de semejante hazaña.

[Huffington Post]

Twitter del autor: @alepholo