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Promotores de los psicodélicos siguen empeñados en vender un discurso de unidad y conciencia, cuando está probado que el consumo de sustancias no es proporcional al nivel de evolución personal

Aunque para muchos pueda parecer obvio el hecho de que vivir experiencias psicodélicas no garantiza que una persona evolucione significativamente, durante las últimas décadas esta premisa ha sido más popular de lo que imaginamos. En el último medio siglo más de un promotor psicodélico, incluyendo algunas mentes brillantes, han considerado la posibilidad de dosificar a una porción masiva de la población con alguna sustancia psicoactiva, por ejemplo LSD, con el fin de construir sociedades más evolucionadas. 

El documental Sunshine Makers narra la historia de Tim Scully, un activista psicodélico que a finales de los 70 se abocó a producir 750 millones de dósis de LSD. Sus motivos eran meramente ideológicos, o incluso ontológicos, pues Scully creía que esta cantidad de ácido distribuida entre la población ayudaría a salvar el mundo. La premisa era simple: si aseguramos que el grueso de la población experimente una reconexión con "la unidad", entonces se generará la conciencia suficiente para cambiar el juego a favor de la supervivencia –evitando la destrucción del mundo vía una guerra nuclear– y evolución del ser humano. 

En 1977 Scully fue encarcelado por su producción masiva de LSD y 3 años después, al salir de prisión, parecía bastante desilusionado ante su propia premisa. En una entrevista que le hizo el filósofo Peter Sjöstedt, Scully advirtió:

Creíamos que las experiencias trascendentales que aporta el LSD darían fin a la hipocresía humana y la falta de honestidad; creímos que terminarían con la discriminación en cualquiera de sus formatos y la destrucción del medio ambiente. Y creíamos que valía la pena asumir el riesgo en el intento de salvar el mundo. [...] Pero para 1970 la escena se oscureció bastante y era imposible no percatarte de que las personas se estaban comportando muy mal. El LSD no terminó con la deshonestidad ni la hipocresía. Fue cada vez más evidente que la gente podía tener intensas experiencias psicodélicas de unidad y seguir actuando igual de mal cuando "bajaba" de dichos estados. 

Tras estas reflexiones Scully dejaría de producir LSD, pero su experiencia se mantiene vigente hasta nuestros días, en los cuáles aún circulan discursos evolucionistas y pseudomísticos asociados a las experiencias psicodélicas y promovidos por grupos que son la némesis de un pulso conscientemente elevado. Aquí podríamos encontrar, entre otros, a los organizadores de múltiples festivales de música electrónica que, escudados bajo dicha retórica, se dedican a lucrar con la comercialización de estupefacientes y el marketing de experiencias trascendentales. Es muy probable que te hayas encontrado con estos grupos o incluso que tengas contacto o formes parte de alguno de ellos. El punto es que en lo que Scully definitivamente no se equivocaba es en que sería muy sano terminar con la hipocresía de este "movimiento".

Este documental narra la historia de 8 personas que se internan en el Amazonas en un último intento por sanar

Psiconáutica

Por: pijamasurf - 04/02/2017

Tras agotar las opciones de la medicina alópata, un grupo de personas prueba la herbolaria de los chamanes y sus rituales

Durante las últimas décadas ha habido numerosos avances tecnológicos en el campo de la medicina, pero no han cambiado los paradigmas y creencias que dominan nuestro entendimiento de las correlaciones entre salud y enfermedad, cuerpo y mente, vida y muerte, de tal manera que al concentrarnos únicamente en la expresión física de una enfermedad, porque esto es lo que podemos percibir con los cinco sentidos y que por lo tanto nos parece real, dejamos de lado la posibilidad de atender todos los otros factores, mentales, emocionales y espirituales detrás de un desequilibrio. Esto último es lo que realmente es una enfermedad: un desequilibrio en la totalidad del ser. En otras palabras, al apostar por una visión permeada por un reduccionismo materialista hemos perdido la posibilidad de considerar, acceder y experimentar muchas otras dimensiones del ser, la existencia y la naturaleza de la realidad. 

 

Estos son algunos de los temas de fondo en un documental titulado Sacred science o Ciencia sagrada, que durante poco más de 1 hora nos permite atestiguar el proceso de ocho personas con diferentes enfermedades que deciden acudir a un retiro de 30 días en el amazonas y ponerse en manos de los remedios herbales de un chamán. Ocho personas a quienes la medicina alópata que ahora consideramos normal o estándar no les daba oportunidades de recuperación o calidad de vida. Algunas de las dolencias que experimentaban incluían varios tipos de cáncer, enfermedad de Parkinson, enfermedad de Crohn, diabetes tipo 2, síndrome de intestino irritable, alcoholismo y depresión. Durante el documental vemos a cada una de estas personas salir de su zona de confort físico y psicoemocional y tener la oportunidad de detenerse un momento para contemplar sus vidas, reflexionar y experimentar emociones rezagadas. Cada uno maneja la situación a su manera y recibe un resultado distinto de la experiencia. Algunos se curan, otros no y uno dejará el plano material en el camino, pero contemplar sus vivencias puede encender en el espectador la chispa del entendimiento de sus propios desequilibrios o enfermedades. 

 

Y ello porque, en resumidas cuentas y como uno de los participantes del documental comenta, las enfermedades están en la mente y el corazón de las personas y no son simplemente físicas, aunque tengan expresiones concretas en el cuerpo. Su tratamiento incluye algunas plantas de poder como la ayahuasca y el cactus conocido como San Pedro que profundizan el proceso de transformación de cada uno de ellos, pues para sanar de la enfermedad debe haber una suerte de muerte del aspecto que la causa y la identificación del ego con ese aspecto. El renacimiento puede experimentarse como la curación de la expresión física de la enfermedad, pero su expresión también se refleja en los aspectos espirituales y emocionales, de tal forma que la aseveración de que hay una nueva persona después del proceso de muerte o transformación resulta muy ajustada a la realidad.