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¿De dónde surge la personalidad: de los genes, la mente o el medio ambiente?

Filosofía

Por: PijamaSurf - 04/26/2017

Según Mikhail Bakhtin, aceptar que los otros son seres vitales para nuestra autopercepción es un correctivo para las limitaciones del paradigma cartesiano

En su libro The Boy Raised as a Dog, el psiquiatra especialista en trauma infantil Bruce Perry, explica que no hay nada más maravilloso que la flexibilidad del cerebro humano. Para él, este órgano posee la habilidad de moldearse en función de su medio ambiente –vínculos afectivos, cultura, ubicación geográfica, estilo de vida…– alterando tanto la fisiología, la conducta y la vivencia psicológica de una persona como a su medio ambiente. Perry y sus colegas consideran que el cerebro humano forma parte de un circuito biopsicosocial, en donde el medio ambiente impacta en el individuo y éste, a su vez, en el medio ambiente. 

Esta visión biopsicosocial –como se le conoce en la ciencia que estudia la conducta humana– nace de la teoría de los sistemas, la cual se vio fuertemente influenciada por la filosofía Ubuntu. Se trata de una visión originaria de África, en la cual se cree que un recién nacido no es una persona en sí; es decir, que un bebé nace sin ena o conciencia de sí, y la va adquiriendo mediante interacciones y experiencias a lo largo de los años. En palabras del filósofo keniano John Mbiti, "Yo soy porque nosotros somos, y si nosotros somos entonces yo soy”.

No obstante, esta noción de un self fluctuante es relativamente moderna y opuesta al paradigma del filosofo francés René Descartes. Para el creador del plano cartesiano y pionero de la mente moderna, el ser humano es esencialmente autosuficiente pues se contiene a sí mismo, posee raciocinio inherente y escepticismo de lo que proviene del exterior, y de la única cosa en lo que se puede confiar es en el cogito de uno –el hecho de pensar. Es decir que es imposible confiar en la veracidad tanto de otras personas como de otras cosas pues pueden ser erráticas, confusas y ajenas a la introspección. 

Sin embargo, ¿y si ambos paradigmas tuvieran parte de razón? De acuerdo con el filósofo ruso Mikhail Bakhtin, estos dos paradigmas pueden reconciliarse si se toma en consideración que necesitamos a otros para evaluar nuestra propia existencia y construir una autoimagen coherente. Para él, sólo a través de la compañía de otra persona se puede apreciar nuestra entidad y nuestra perspectiva por sí sola: “Al ver a través de la pantalla del alma de otro, yo vivifico mi exterior”. Es como si la autoconciencia y el conocimiento continuaran evolucionando y generando una dinámica continua y al infinito. Como un libro abierto a punto de escribir nuevas páginas. 

Así que la realidad no está simplemente ahí, esperando ser descubierta; tampoco la verdad nace ni puede ser encontrada al interior de la cabeza de una persona. Ambas nociones, según Bakhtin, surgen en la colectividad y en la interacción social mediante el diálogo, como si la esencia del ser sucediera en el espacio entre el self y el mundo. En otras palabras, aceptar que los otros son seres vitales para nuestra autopercepción es un correctivo para las limitaciones del paradigma cartesiano. 

Podría decirse que el amalgamiento de las dos primeras teorías pone a prueba la existencia del Hombre no sólo frente a un otro sino también hacia lo desconocido, pues en términos de salud mental, es la interacción con un otro la que fortalece o debilita el self de una persona y la que permite tomar conciencia de los límites que existen entre el yo y el otro; es la que marca las pautas de la comodidad y el peligro, de lo normal y anormal, de lo que es socialmente aceptado o rechazado; es la brinda una guía para entender al mundo en el que se está desarrollando. Ejemplos de la influencia de este espacio entre el self y el mundo abundan, aunque los más polémicos son los "niños lobo" –aquellos pequeños que fueron criados por lobos y adquirieron su dinámica para sobrevivir como parte de la manada. 

En conclusión, el self o la esencia de cada persona depende de los otros: la familia, los amigos, la cultura, los colegas. Una persona es como es no sólo por la gente a su alrededor sino también por lo que experimenta debido a su cultura, su espacio geográfico, su fisionomía, su manera de narrar la vida…  

¿Amamos como nos lo merecemos? Esta forma de ver las relaciones cambiará por completo el significado que le das a la palabra "amor"

Usamos las palabras para comunicarnos todo el tiempo; sin embargo, la mayoría de las veces no podemos definir su significado, especialmente cuando se trata de conceptos abstractos. Es así como empezamos a hablar sin reparar en que quizás lo que decimos no corresponde con lo que queremos decir. Cuando hablamos de amor esto sucede con mayor facilidad, pues al amor le atribuimos conductas y prejuicios que no son necesariamente amorosos y que además no parten de nuestras verdaderas creencias.

Por otro lado, no todas nuestras interpretaciones sobre el amor son negativas, pues cualquiera que haya dado este salto de fe sabe que el amor sigue siendo un misterio, tal vez el mayor misterio de la experiencia humana.

Esto es lo que explora Thich Nhat Hanh, monje, maestro, activista y nominado al premio Nobel de la Paz, en el libro How to Love (Cómo amar), una sencilla recopilación de sus inmejorables conocimientos sobre la más compleja y gratificante potencialidad humana. También conocido como Thay (“maestro” en vietnamita), este monje se inició como activista pacífico durante la guerra de Vietnam, razón por la cual vivió en el exilio por más de 30 años.

 

 

Es decir, Thay es un autor que realmente sabe de lo que habla, y para aproximarse a sus textos sólo hace falta una cosa: disposición. Solamente hay evitar caer en la patología occidental del cinismo --nuestro mecanismo de protección por excelencia-- que califica cualquier cosa que no es convencional en nuestra cultura como simplista, ingenua, hippie o improductiva.

Y es que en el corazón de las enseñanzas de Nhat Hanh se encuentra la valiosa idea de que "la comprensión es el otro nombre del amor", que amar a otro significa comprender plenamente su sufrimiento. Y aquí cabe aclarar que aunque la palabra sufrimiento suena bastante dramática, para el budismo se refiere a cualquier fuente de profunda insatisfacción, ya sea física, psicoemocional o espiritual. Así pues, comprender y ser comprendido es lo que todo el mundo necesita. Incluso si lo entendemos a nivel teórico, habitualmente quedamos atrapados en nuestras propias fijaciones, deseos y pensamientos. Esto nos impide ofrecer esa comprensión expansiva. Hanh ilustra este desajuste de escalas con una metáfora:

Si viertes un puñado de sal en un vaso de agua, el agua se vuelve imbebible. Pero si viertes la sal en un río, la gente puede seguir sacando el agua para cocinar, lavar y beber. El río es inmenso, y tiene la capacidad de recibir, abrazar y transformar. Cuando nuestros corazones son pequeños, nuestro entendimiento y compasión son limitados, y sufrimos. No podemos aceptar ni tolerar a otros y sus deficiencias, y exigimos que cambien. Pero cuando nuestros corazones se expanden, estas mismas cosas no nos hacen sufrir más. Tenemos mucha comprensión y compasión y podemos abrazar a otros. Aceptamos a los demás como son, y luego tienen la oportunidad de transformarse.

 

La pregunta entonces es cómo cultivar nuestro propio corazón, lo cual comienza con el compromiso de comprender y ser conscientes de nuestro propio sufrimiento:

Cuando alimentamos y apoyamos nuestra propia felicidad, estamos alimentando nuestra capacidad de amar. Es por eso que amar significa aprender el arte de nutrir nuestra felicidad.

Comprender el sufrimiento de alguien es el mejor regalo que puedes dar a otra persona. La comprensión es el otro nombre del amor. Si no lo entiendes, no puedes amar.

 

Sin embargo, estamos habituados y “programados” socialmente para imitar patrones de comportamiento en donde las relaciones “amorosas” no se expresan de forma amorosa ni comprensiva sino que son el reflejo de nuestros miedos y prejuicios, y esto se transmite en nuestra educación emocional sin que seamos conscientes de ello:

Si nuestros padres no se amaban ni se entendían, ¿cómo podemos saber cómo es el amor? La herencia más preciosa que los padres pueden dar a sus hijos es su propia felicidad. Nuestros padres pueden ser capaces de dejarnos dinero, casas y tierra, pero pueden no ser personas felices. Si tenemos padres felices, hemos recibido la herencia más rica de todas.

 

Nhat Hanh señala la diferencia trascendental entre el enamoramiento --que reemplaza cualquier comprensión real del otro con una fantasía de quién puede ser para nosotros-- y el amor verdadero:

A menudo, nos enamoramos de alguien no porque realmente lo amemos y lo entendamos, sino para distraernos de nuestro sufrimiento. Cuando aprendemos a amar y comprendernos a nosotros mismos y tenemos verdadera compasión de nosotros mismos, entonces realmente podemos amar y entender a otra persona.

 

Y esto no sólo sucede en las relaciones de pareja sino que ocurre en cualquier relación interpersonal, pues de la comprensión incompleta de nosotros mismos surgen nuestras infatuaciones ilusorias, que Nhat Hanh capta con sabiduría e ingenio:

A veces nos sentimos vacíos; sentimos un vacío, una gran falta de algo. No sabemos la causa, es muy vaga, pero esa sensación de estar vacío por dentro es muy fuerte. Esperamos y esperamos algo mejor, así nos sentiremos menos solos, menos vacíos. El deseo de entendernos a nosotros mismos y de comprender la vida es una sed profunda. También existe la profunda sed de ser amado y de amar. Estamos listos para amar y ser amados. Es muy natural. Pero porque nos sentimos vacíos, tratamos de encontrar un objeto de nuestro amor. A veces no hemos tenido tiempo de entendernos, pero ya hemos encontrado el objeto de nuestro amor. Cuando nos damos cuenta de que todas nuestras esperanzas y expectativas, por supuesto, no pueden ser cumplidas por esa persona, seguimos sintiéndonos vacíos. Quieres encontrar algo, pero no sabes qué buscar. En todos hay un deseo y una expectativa continuos; en el fondo, todavía esperas algo mejor que suceda. ¡Es por eso que revisas tu correo electrónico muchas veces al día!

 

Por otro lado, el amor verdadero y veraz está arraigado en cuatro elementos: la bondad amorosa, la compasión, la alegría y la ecuanimidad. El primero de ellos trata esta relación dialógica entre nuestro propio sufrimiento y nuestra capacidad para entender completamente a nuestros seres queridos:

La esencia de la bondad amorosa es poder ofrecer felicidad. Usted puede ser el Sol para otra persona. No puedes ofrecer felicidad hasta que la tengas por ti mismo. Así que construye un hogar dentro de ti aceptándote a ti mismo y aprendiendo a amar y sanarte. Aprende a practicar la atención plena de tal manera que puedas crear momentos de felicidad y alegría para tu propio alimento. Así tendrás algo que ofrecer a la otra persona.

[...]

Si tienes suficiente comprensión y amor, entonces cada momento --ya sea durante el desayuno, mientras manejas, riegas el jardín, o haces cualquier otra cosa en tu día-- puede ser un momento de alegría.

Esta interrelación del yo y del otro se manifiesta también en el cuarto elemento, la ecuanimidad, la palabra sánscrita para la cual upeksha también se traduce como "inclusividad" y "no discriminación":

En una relación profunda, ya no hay un límite entre la otra persona y tú. Tú eres ella y ella eres tú. Su sufrimiento es tu sufrimiento. Tu comprensión de tu propio sufrimiento ayuda a tu ser querido a sufrir menos. El sufrimiento y la felicidad ya no son asuntos individuales. Lo que le sucede a tu ser amado te sucede a ti. Lo que te pasa a ti le sucede a tu ser amado.

[...]

En el amor verdadero, no hay más separación o discriminación. Su felicidad es tu felicidad. Ya no puedes decir: "Ése es tu problema".

 

La naturaleza está llena de ejemplos de mutualismo e interdependencia

 

Al mismo tiempo, la confianza y el respeto dan lugar a la profunda mutualidad del amor:

Cuando amas a alguien, tienes que tener confianza. El amor sin confianza todavía no es amor. Por supuesto, primero tienes que tener respeto y confianza en ti mismo. Confía en que tienes una naturaleza buena y compasiva. Tú eres parte del universo, tú estás hecho de estrellas. Cuando miras a tu ser querido, ves que también él está hecho de estrellas y lleva la eternidad adentro. Mirando de esta manera, naturalmente sentimos reverencia. El verdadero amor no puede existir sin confianza y respeto por uno mismo y por la otra persona.

 

Y el mecanismo esencial para establecer tal confianza y respeto es escuchar:

Amar sin saber cómo amar hiere a la persona que amamos. Para saber amar a alguien, tenemos que entenderlo. Para entenderlo, necesitamos escucharlo.

[...]

Cuando amas a alguien, debes tener la capacidad de traer alivio y ayudarlo a sufrir menos. Esto es un arte. Si no entiendes las raíces de su sufrimiento, no puedes ayudar, así como un médico no puede ayudar a curar su enfermedad si no conoce la causa. Necesitas entender la causa del sufrimiento de tu ser querido para ayudar a traer alivio.

[...]

Cuanto más entiendes, más amas; cuanto más amas, más entiendes. Son dos lados de una realidad. La mente del amor y la mente de la comprensión son iguales.

 

Nhat Hanh considera la forma en que la noción del "yo" egótico y separado interrumpe el flujo dialógico del entendimiento del otro:

A menudo, cuando decimos "te amo" nos centramos principalmente en la idea del "yo" que está sintiendo el amor y menos en la calidad del amor que se está ofreciendo. Esto es porque estamos atrapados por la idea de uno mismo. Creemos que tenemos un yo. Pero no existe tal cosa como un yo individual separado. Una flor se hace solamente de elementos de la no flor, tales como clorofila, luz del Sol, y agua. Si quisiéramos eliminar todos los elementos no florales de la flor, no quedaría flor. Una flor no puede ser sola. Una flor sólo puede estar en interrelación con todos nosotros... Los humanos también son así. No podemos existir por nosotros mismos y nada más. Sólo podemos estar en interrelación con lo demás. Soy hecho solamente de elementos no-yo, tales como la tierra, el Sol, padres, y antepasados. En una relación, si usted puede ver la naturaleza del interser entre usted y la otra persona, usted puede ver que su sufrimiento es tu propio sufrimiento, y su felicidad es tu propia felicidad. Con esta forma de ver, hablas y actúas de manera diferente. Esto en sí mismo puede aliviar tanto sufrimiento.

…Y quizás esta forma de hablar del amor se parece más al amor.