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El dibujo con el que John Coltrane ilustró la relación entre la música y las matemáticas

Arte

Por: pijamsurf - 04/12/2017

Coltrane hizo de la música un viaje espiritual matemático

John Coltrane fue uno de los grandes genios musicales del siglo XX y, como algunos músicos antes que él, reconoció la relación entre las matemáticas y la música, una relación que permitía acercarse al entendimiento y a la experiencia de lo divino. Su obra maestra, A Love Supreme (álbum que iba a llamarse Allah Supreme), es una oda a la divinidad basada en un poema a Dios: Coltrane toca una nota por cada sílaba del poema. Años antes de componer esta obra, Coltrane tuvo una experiencia religiosa que, según él, le permitió superar una larga adicción a las drogas. En la última parte de su trabajo experimentó con la influencia de la espiritualidad oriental, particularmente el hinduismo.

Coltrane creía que ciertos sonidos y escalas eran capaces de detonar significados emocionales específicos y que la música podría incluso usarse para afectar la naturaleza o curar a las personas. El músico debía entender las fuerzas subyacentes en el sonido, para aplicarlas y producir sonidos capaces de conducir las emociones e influir en las fuerzas naturales.

El dibujo mostrado aquí fue dado por Coltrane al saxofonista Yusef Lateef en 1967 y éste lo incluyó en su texto Repository of Scales and Melodic Patterns. Lateef escribió que la música de Coltrane fue "un viaje espiritual" que "abraza los temas de una rica tradición de música autofisiopsíquica". Coltrane era consciente de la relación entre la música y las matemáticas y se interesó en la teoría de Einstein. Curiosamente, el físico y saxofonista Stephen Alexander ha argumentado que existen paralelos entre la música de Coltrane y la física de Einstein, particularmente en lo que se conoce como "círculo de Coltrane", una elaboración sobre el llamado "círculo de quintas", en el que se establecen las relaciones entre los 12 tonos de la escala cromática.

Coltrane es venerado y considerado un santo por la African Orthodox Church.

‘Tenemos la carne’: ¿Goya en el comedor?

Arte

Por: Lalo Ortega - 04/12/2017

Una película en la que el mensaje parece ser que el bien y el mal no importan cuando todos estamos destinados a la muerte

El titán comiéndose a su hijo, con la mirada desquiciada, es una de las imágenes más acechadoras producidas por Francisco Goya. Titulada Saturno devorando a un hijo, luego de la muerte del pintor, la obra parece menos destinada a representar el mito que le da nombre y es, en cambio, horror canibalesco puro.

Pero considerando su contexto histórico, se le han dado lecturas que trascienden esta superficie mitológica. Una de las interpretaciones más alegóricas la señala como un retrato de un país que, en medio de guerras, consume brutalmente a sus propios hijos.

Si bien su autor no pretendía mostrar al gran público su serie de Pinturas negras, tampoco eran carentes de una fuerte intención expresiva, si bien su significado no era necesariamente evidente. Finalmente, la grotesca figura humana, despedazada en las manos de Saturno, adornaba (quizás cínicamente) el comedor del artista. Por fuerza, algo tan antitético al “buen gusto”, termina por provocar alguna respuesta del observador y, dotada de contexto, su lectura puede incluso invitar a alguna clase de reflexión.

El canibalismo, entre otros tabúes, también es parte del coctel sensorial que es Tenemos la carne, ópera prima del mexicano Emiliano Rocha Minter. Este festín de perversidades da comienzo cuando dos hermanos adolescentes y aparentemente vagabundos, Fauna (María Evoli) y Lucio (Diego Gamaliel), se refugian en los dominios de Mariano (Noé Hernández), un errático ermitaño recluido en un basural de departamento.

La mirada perversa y oscuras palabras de Mariano auguran lo que está por venir. Comienza a inculcarles ideas de un alumbramiento personal alcanzable mediante la aceptación de la oscuridad propia. “No son más que carne pudriéndose”, les dice, incitándolos a aceptar sus deseos más tenebrosos. El bien y el mal no importan cuando todos estamos destinados a la muerte.

El par de adolescentes se libera de su moral, como lo hace el filme de su lógica narrativa, y procede a un trance audiovisual de incesto, fluidos corporales, sexo explícito, necrofilia y canibalismo bajo el cobijo de una instalación que, otrora una estructura endeble de cartón y madera vieja, se ha transformado en una cueva de luces neón. Un útero límbico en el que, al parecer, se gesta una humanidad que florece en la libertad de su perversión.

Las imágenes de Tenemos la carne son provocadoras, de eso no hay duda. Pero, ¿qué simbolizan, en referencia a la sociedad que retratan? Su productor, Julio Chavezmontes, contextualiza el filme en un México donde las noticias y el entretenimiento, a plena luz del día, conviven en el puesto de periódicos con fotografías de cuerpos decapitados. La de los tabloides es una violencia nada lejana y, de hecho, menos embellecida que la de la película. Sin embargo, de manera casi surreal, somos capaces de ignorarla y pasar de largo.

Ante la indiferencia de ver a México comiéndose a sí mismo, escandalizarse por las imágenes de Rocha Minter casi parece una hipocresía. Es precisamente ahí donde yace una paradoja: si la violencia está ya tan normalizada en una sociedad, ¿puede una película transgredir e invitar a que su público ponga sus valores en tela de juicio?

Si tal es el propósito del filme, sin duda habrá con quienes sí lo logre. Siendo así, ¿qué es lo que busca reflejar con su depravada orgía? En ésta, se subvierte toda idea de familia, libertad y humanidad como las conocemos. Abrazar nuestra propia decadencia moral, y salir del útero desprovistos de toda inhibición para iniciar de nuevo, se antoja contradictorio.

En definitiva, Tenemos la carne es memorable como un chocante sueño febril donde nos invade lo peor de nuestra naturaleza. Sin embargo, no existe una revelación a la salida del útero. Éste no es un Goya en el comedor.

Tenemos la carne se proyecta en el Cine Tonalá de la Ciudad de México como parte del ciclo #MásCineMexicano, iniciativa para impulsar la distribución de producciones nacionales independientes. Estará en la cartelera durante todo el mes de abril; puedes consultar las fechas y horarios de su presentación en este enlace.

 

Twitter del autor: @Lalo_OrtegaRios