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Este 4/20 se inauguró en Denver la primera Iglesia Internacional de la Cannabis

Psiconáutica

Por: pijamasurf - 04/20/2017

En Denver, Colorado, abrió sus puertas un recinto dedicado a explorar las posibilidades espirituales del consumo de marihuana

El 4 de abril es una fecha azarosamente especial para las personas y comunidades que tienen el hábito de consumir marihuana con fines recreativos o medicinales.

Como hemos explicado en otro post, de una forma un tanto circunstancial e imprevisible, el 4/20 se convirtió en una especie de código de identificación que poco a poco agrupó a prácticamente todas las personas que defienden a la cannabis como una de las plantas con mayores beneficios para el ser humano en múltiples planos, de la salud al espíritu.

Ante la importancia de la fecha este día se inauguró en Denver, Colorado, la primera Iglesia Internacional de la Cannabis. Como sabemos, desde hace un par de años dicho estado es uno de los pocos en Estado Unidos en donde es legal consumir marihuana, razón por la cual es una de las locaciones idóneas para dicho establecimiento.

La Iglesia Internacional de la Cannabis fue fundada por Lee Molloy y otros entusiastas de la marihuana, quienes buscaron con esto fijar un punto de encuentro para la comunidad afín a las virtudes de la cannabis. El aspecto eclesiástico de este proyecto está en que más allá de una mera reunión de consumidores, Molloy y los otros involucrados han apostado por una experiencia espiritual propiciada por la cannabis, misma que comprenden como el “sacramento” de los “elevacionistas”, según han hecho llamar a su culto.

Por otro lado, el edificio, con una antigüedad de 113 años, fue remozado y adornado admirablemente por el artista de origen español Okuda San Miguel, quien pintó tanto el altar como la bóveda de la iglesia con el propósito de alentar la meditación entre los asistentes para que cada cual encuentre el significado de las imágenes.

Promotores de los psicodélicos siguen empeñados en vender un discurso de unidad y conciencia, cuando está probado que el consumo de sustancias no es proporcional al nivel de evolución personal

Aunque para muchos pueda parecer obvio el hecho de que vivir experiencias psicodélicas no garantiza que una persona evolucione significativamente, durante las últimas décadas esta premisa ha sido más popular de lo que imaginamos. En el último medio siglo más de un promotor psicodélico, incluyendo algunas mentes brillantes, han considerado la posibilidad de dosificar a una porción masiva de la población con alguna sustancia psicoactiva, por ejemplo LSD, con el fin de construir sociedades más evolucionadas. 

El documental Sunshine Makers narra la historia de Tim Scully, un activista psicodélico que a finales de los 70 se abocó a producir 750 millones de dósis de LSD. Sus motivos eran meramente ideológicos, o incluso ontológicos, pues Scully creía que esta cantidad de ácido distribuida entre la población ayudaría a salvar el mundo. La premisa era simple: si aseguramos que el grueso de la población experimente una reconexión con "la unidad", entonces se generará la conciencia suficiente para cambiar el juego a favor de la supervivencia –evitando la destrucción del mundo vía una guerra nuclear– y evolución del ser humano. 

En 1977 Scully fue encarcelado por su producción masiva de LSD y 3 años después, al salir de prisión, parecía bastante desilusionado ante su propia premisa. En una entrevista que le hizo el filósofo Peter Sjöstedt, Scully advirtió:

Creíamos que las experiencias trascendentales que aporta el LSD darían fin a la hipocresía humana y la falta de honestidad; creímos que terminarían con la discriminación en cualquiera de sus formatos y la destrucción del medio ambiente. Y creíamos que valía la pena asumir el riesgo en el intento de salvar el mundo. [...] Pero para 1970 la escena se oscureció bastante y era imposible no percatarte de que las personas se estaban comportando muy mal. El LSD no terminó con la deshonestidad ni la hipocresía. Fue cada vez más evidente que la gente podía tener intensas experiencias psicodélicas de unidad y seguir actuando igual de mal cuando "bajaba" de dichos estados. 

Tras estas reflexiones Scully dejaría de producir LSD, pero su experiencia se mantiene vigente hasta nuestros días, en los cuáles aún circulan discursos evolucionistas y pseudomísticos asociados a las experiencias psicodélicas y promovidos por grupos que son la némesis de un pulso conscientemente elevado. Aquí podríamos encontrar, entre otros, a los organizadores de múltiples festivales de música electrónica que, escudados bajo dicha retórica, se dedican a lucrar con la comercialización de estupefacientes y el marketing de experiencias trascendentales. Es muy probable que te hayas encontrado con estos grupos o incluso que tengas contacto o formes parte de alguno de ellos. El punto es que en lo que Scully definitivamente no se equivocaba es en que sería muy sano terminar con la hipocresía de este "movimiento".