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Onna-bugeisha: las terribles y hermosas mujeres guerreras de Japón (FOTOS)

Sociedad

Por: pijamasurf - 04/03/2017

La tradición guerrera en Japón tiene también una importante veta femenina

Al pensar en samuráis, los legendarios guerreros japoneses, la mayoría pensamos en hombres: honorables, imponentes, decididos. Y acaso justificadamente, pues salvo algunos casos aislados, el ejercicio de la guerra y el manejo de las armas han sido actividades casi exclusivamente masculinas, en buena medida por los requerimientos físicos que implican, en los cuales los hombres tienen mayor facilidad para destacar.

Sin embargo, incluso en esa tradición secular, hubo una excepción, un momento de la historia en el que un grupo de mujeres blandieron una espada y se vistieron con la armadura samurái para defender el nombre de su patria.

Estas mujeres guerreras se conocen como “onna-bugeisha” y, según la leyenda, tienen su origen en la locura de la emperatriz consorte Jingū, esposa del decimocuarto emperador de Japón, Chūai Tennō, cuyo mandato se extendió del año 192 al 200 de nuestra era. De acuerdo con una historia mítica, dioses desconocidos tomaron posesión de Jingū y, al mismo tiempo, prometieron a Chūai Tennō que conquistaría un nuevo territorio allende el mar. Al saber esto, el emperador acudió a la costa, pero al no avistar ninguna tierra descreyó del ofrecimiento divino. Ante su incredulidad, los dioses enfurecieron y declararon que Chūai Tennō moriría sin conocer la tierra prometida, la cual sería entregada, en cambio, a su hijo. El emperador, en efecto, murió poco después, y fue Jingū quien tomó las armas y se lanzó a la búsqueda de esas nuevas tierras, en las cuales triunfó y que anexionó al imperio. Esa tierra prometida es la actual Cora.

Más allá del mito, existen varios testimonios de mujeres que, como decíamos, tomaron los hábitos guerreros de los samuráis para participar activamente en los ejércitos de Japón. Específicamente, en los siglos XII y XIII hubo al menos tres onna-bugeisha que lucharon en la batalla de Awazu, en donde se enfrentaron dos facciones del clan Minamoto. En dicho combate, Tomoe Gozen, Nakano Takeko y Hōjō Masako destacaron en el campo de batalla y fue Tomoe quien, según el relato, decapitó a uno de los líderes enemigos, mató a otro y capturó a uno más.

Cabe mencionar que, en el caso de las onna-bugeisha, su armamento era distinto al de los samuráis. De entrada, su espada no era una katana sino una naginata, con una hoja más bien curva que les permitía mayor movilidad en contra de oponentes más fuertes y más grandes; asimismo, usaban arcos y flechas.

Las imágenes que acompañan esta publicación son de mujeres que vivieron entre las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX, cuando el poder imperial de Japón conoció una expansión importante.

La historia es fascinante, sin duda, pues nos abre una nueva perspectiva en relación con la idea que podemos tener de un guerrero –o una guerrera.

 

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La igualdad de oportunidades no existe (por ahora), y este cómic lo ilustra a la perfección

Sociedad

Por: pijamasurf - 04/03/2017

Si crees que todos pueden lograr todo lo que se propongan si se esfuerzan lo suficiente, te sugerimos revisar este cómic

En nuestras sociedades se nos ha enseñado que todos podemos hacer todo lo que nos propongamos si nos esforzamos lo suficiente. Esta afirmación podría sonar cierta –y, sin duda, muchos la aceptamos diariamente sin mayor cuestionamiento. Su problema, sin embargo, radica en esa ambición de totalidad, como si el sistema en el que vivimos se distinguiera por la igualdad de oportunidades que genera y no justamente por lo contrario, por tener en la desigualdad uno de sus principales motores de existencia.

Para ilustrar esta circunstancia, compartimos ahora un cómic publicado originalmente en el sitio The Pencilsword y cuya autoría pertenece a Toby Morris. Grosso modo, la tira cuenta la historia de dos personas, un hombre y una mujer, que nacen en contextos sociales muy distintos que, conforme transcurre su vida, influyen notablemente el curso de ésta.

Si bien ambos siguen caminos muy parecidos –los dos van a la escuela, cumplen con sus tareas, consiguen un trabajo, mirando con detalle se descubre que, después de todo, el esfuerzo no es lo único que se necesita para “triunfar” en la vida, pues otros factores determinan también el éxito de una persona.