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#Verificador es una herramienta de la UNAM que apunta a desmentir las noticias falsas que circulan en la red con más fuerza que nunca

Las noticias falsas se han consagrado como uno de los elementos menos deseables de la era digital. La actual capacidad para propagar noticias falsas, en buena medida gracias a las redes sociales, amenaza la fidelidad informativa y el espíritu periodístico. 

Por fortuna, y luego de la "crisis" que se originó durante las elecciones de EEUU, donde aparentemente las noticias falsas influyeron en ciertas tendencias de opinión, hoy se están diseñando mecanismos para contrarrestar los flujos de desinformación estratégica. 

La Universidad Nacional Autónoma de México, a través de su Centro de Ingeniería Avanzada de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, y la agencia DDB México, recién estrenaron la herramienta #Verificador, que permite a los usuarios de Twitter confirmar el contenido de las noticias que circulan en medios de comunicación en línea. 

El canal de acción será Twitter, y todos los medios de comunicación pueden usar esta herramienta. Verificador aparecerá como #VerificaTelevisa #VerificaUniversal #VerificaReforma #VerificaLaRazon  #VerificaMilenio #VerificaJornada, quienes ya han confiado en este hashtag y lo están usando. De este modo, los usuarios de Twitter podrán confirmar si la noticia que buscan se ha publicado en cada uno de estos medios.

La utilidad de este instrumento reside en confirmar la existencia de una noticia usando un hashtag y así, generar tráfico al contenido verificado. Lo único que tiene que hacer el usuario es escribir un tweet y agregar al final del mismo este hashtag. Si #Verificador encuentra la información solicitada, esta herramienta devolverá al usuario la liga al sitio web donde aparece la nota. Si no se encuentra dicha información, se mostrará la leyenda “No verificado”. 

La herramienta se estrenará este próximo 10 de abril, y en caso de que los usuarios se involucren y realmente aprovechen #Verificador, ésta podría convertirse en un importante aliado de la veracidad informativa y el periodismo confiable. 

En nuestro mundo, no tener un teléfono celular parece una aberración, pero quizás esto merezca repensarse

Hoy en día todos tienen un teléfono celular; negarse a tener uno es un acto menor de subversión que puede leerse como condena a la marcha del mundo dominado por la tecnología y lo que Tim Wu ha llamado el mercantilismo de la atención. De alguna manera no tenerlo es una forma de aislamiento (al menos eso es lo que nos han hecho creer las grandes compañías) pero a la vez es claramente una afirmación de que el propio tiempo, la concentración y el mundo no mediado son más importantes.

El profesor de filosofía Philip Reed, quien nunca ha tenido un teléfono celular, propone tres buenas razones para no tenerlo.

 

1. Costo

Esta es autoevidente. No tener un teléfono celular significa no tener que pagar un plan mensual, roaming, impuestos, y aniquila la posibilidad de que nos seduzcan con la posibilidad de actualizar nuestro aparato por el nuevo que está de moda. Como dice Reed, llama la atención que muchas personas en Estados Unidos pagan unos 75 dólares al mes de manera automatizada sin jamás cuestionarse que hace menos de 15 años esto hubiera parecido inconcebible e innecesario, pero ahora asumimos que es necesario.

 

2. El medio ambiente

La manufactura de los teléfonos móviles (especialmente los metales raros con los que se fabrican), el poder y la energía que consumen para cargarse y transmitir llamadas produce importantes niveles de emisiones de dióxido de carbono. Por otro lado, la obsolescencia programada de algunos de estos aparatos hace que se crea que sólo sirven por un par de años y un importante número de aparatos perfectamente funcionales acaban antes de tiempo en los basureros, esparciendo sustancias tóxicas a la tierra y al agua.  

 

3. Los teléfono celulares nos mantienen en constante comunicación con personas que no están

Esta es la razón que según Reed realmente lo mantiene convencido. Y aunque puede ser la más egoísta, integrada al panorama global es bastante racional. Reed explica que su razón para rehusarse a tener un celular es justamente la opuesta a la que motiva a las demás persona a tenerlo:

Simplemente no quiero la habilidad omnipresente de comunicarme con cualquiera que está ausente. Los celulares ponen a sus usuarios en constante llamado, constantemente disponibles, y aunque esto puede ser conveniente y liberador, también puede ser una carga abrumadora. La carga viene en la forma de una sensación de obligación a los individuos y a los eventos que están físicamente en otra parte. Cualquiera que ha checado su teléfono durante una conversación cara a cara entiende la tentación. Y cualquiera que ha hablado con alguien que ha checado su teléfono entiende lo que está mal con esto.

En cierta forma la tecnología celular que nos conecta con todo el mundo todo el tiempo es también la tecnología de la desconexión con aquello que está aquí, ahora. Mientras que la comunicación se vuelve omnipresente, nuestra presencia se dispersa y difumina. Estamos en todas partes, pero en todas estamos fragmentados. "Comunicarse con alguien que no está físicamente presente es alienante, obliga a la mente a separarse del cuerpo". Aquí Reed toca una fibra muy profunda que merece explorarse: ¿cuánto estamos perdiendo en comunicación no verbal, comunicación intuitiva, emocional, no cerebral, ligada a otros sentidos, empatía, capacidad de sentir el momento en toda su plenitud y sutileza?