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El apego, al suponerse un vínculo íntimo con el deseo, resulta en frustración y dolor cuando no se cumple lo esperado

En el libro Más allá del ego, los autores Maslow, Capra, Grof, Wilber, Dass, Tart, Goleman y otros hablan sobre el interés de la psicología transpersonal de liberar al individuo de “esa tiranía condicionada de la mente”. Para esta nueva corriente psicológica, una manera de deshacerse de este condicionamiento es mediante la liberación del apego.

El apego, al suponerse un vínculo íntimo con el deseo, resulta en frustración y dolor cuando no se cumple lo esperado. En otras palabras, “el apego desempeña un importante papel en la causa del sufrimiento, y para la cesación de éste es fundamental la renuncia al apego”. Para los especialistas en la salud, quienes se encuentran muy arraigados a las premisas orientales, el apego:

no se limita a los objetos o personas externos; […] las formas más familiares de apego a las posesiones materiales, a determinadas relaciones y al statu quo dominante, puede haber apegos igualmente intensos a una determinada imagen de sí mismo, a un modelo de comportamiento o a un proceso psicológico.

Sin embargo, si se renuncia al apego, ¿en quién nos convertiremos y qué cosa seríamos? 

Se le atribuye a Buda el pensamiento de que "Somos lo que pensamos/Todo lo que somos surge con nuestros pensamientos/Con nuestros pensamientos hacemos al mundo". Esto quiere decir que al desapegarnos de estos estereotipos culturales (modelos de conducta), convertimos el contenido subjetivo en continuidad y el sufrimiento derivado de la resistencia al cambio en trascendencia. Sin necesidad de evitar el dolor, el cual resulta en resistencia y sufrimiento, se trata de lograr identificarnos con nada y con todo del universo desde una postura de libertad. 

Para lograrlo, se pueden retomar actividades indispensables que se pueden realizar en la cotidianidad: 

– Amar desde la libertad

En su libro To Have or To be, Erich Fromm habla acerca de la dualidad entre amar para tener y amar para ser. Él retoma dos textos: en uno de Tennyson se habla de cómo “se toma, con raíces y todo, una flor” para comprender lo que es, mientras que en el haikú de Basho no se desea arrancar ni tocar la flor, sino mirarla atentamente para admirarla en su viveza. Un ejemplo gráfico de este ejercicio es el video de Dechen que compartimos en Pijama Surf.

En otras palabras, al poseer un objeto o a una persona se desmiembra su libertad y por tanto, su esencia, mientras que al amarlo desde su libertad, traerá más belleza y bienestar; en especial si se trata de uno mismo, si se deja fluir lo que uno realmente quiere y no lo que debería ser según las creencias culturales. 

Esto se puede lograr permitiéndonos sentir y vivir aun cuando nuestros ideales vayan más allá de las normas. De ese modo, por ejemplo, en el caso de que sintamos tristeza seremos capaces de cuidarnos sin miedo a aceptar nuestros verdaderos sentimientos, tratándonos con amor mediante una taza de té en el sofá, un abrazo hacia uno mismo o alguna actividad que nos haga sentir bienestar.

– Aceptar que nada es eterno y que las pérdidas forman parte de la vida

Los ciclos son períodos importantes en el statu quo, requieren de un inicio y de un final, por lo que el cambio y el movimiento necesitan de una toma de conciencia sobre las enseñanzas, los aprendizajes y las nuevas experiencias por venir. Desde terminar los estudios, la ruptura de una relación de pareja o el distanciamiento de amistades hasta una mudanza de hogar, ciudad o país; todos estos ciclos impactan en el cambio y por lo tanto, en la aceptación de Tánatos en nuestra vida. 

Si bien es verdad que existe dolor ante la pérdida de algo que se apreciaba significativamente, hay que aceptar que lo que se vivió ya no forma parte de nuestro presente. En palabras del escritor inglés Lewis Carroll: “No tiene sentido regresar al ayer, porque ayer era yo otra persona”.

– Aprender a vivir en el aquí y en el ahora

Vivir en el aquí y el ahora genera una inmediata conexión entre mente y cuerpo, lo cual, de acuerdo con el UCLA Mindful Awareness Research Center, fortalece el sistema inmunológico, reduce la presión arterial, incrementa la atención (entre otras habilidades cognitivas), disminuye los síntomas de la ansiedad, depresión y bipolaridad, y fortalece la toma de decisiones, la flexibilidad emocional y la empatía. 

Para lograr vivir en el aquí y el ahora se necesita, primero que nada, eliminar todo prejuicio en torno a las sensaciones corporales, tales como “¿es normal que sienta esto?”; después, activar cada uno de los sentidos: tacto, vista, olfato, gusto, oído…; y finalmente, realizar alguna actividad estando consciente de lo que se siente corporalmente. Basta con realizarlo unos 5 minutos al día. 

Muy poco se sabe de la vida de Giambattista Tiepolo, pero a luz de la dedicación con que realizó su obra es posible reflexionar sobre el significado que damos actualmente al trabajo

Es posible que para muchos de nosotros el nombre de Giambattista Tiepolo sea desconocido. A diferencia de otros pintores, Tiepolo no pasó a la historia como uno de esos artistas geniales cuya obra se reproduce en tazas y calendarios, o que forma parte de ese catálogo más o menos heterogéneo y amateur de referencias varias que llamamos cultura general. Sobre Tiepolo, además, no flota tampoco el aura de la vida extraordinaria propia del artista; la suya, por el contrario, parece que ocurrió sin sobresaltos, en una suerte de tránsito sencillo o natural entre su taller en Venecia y los palacios adonde lo llamaron para trabajar.

Podría decirse que esto no es importante, pero lo cierto es que en una época como la nuestra, existe cierta tendencia a poner más atención en la vida que en la obra de una persona. De hecho, con cierto ánimo alarmista, quizá incluso podríamos considerar como una hipótesis que ahora ni siquiera hay interés por realizar obra, al menos no como sucedía hasta hace unas décadas y, por supuesto, en otros siglos. La idea de una empresa creativa como En busca del tiempo perdido (escrito en poco más de 50 años), los frescos de la Capilla Sixtina o la 9ª Sinfonía (que a Beethoven le tomó 7 años componer), tiene algo de inadmisible para nosotros que vivimos tan instalados en la tiranía de lo instantáneo y la sed incesante de la recompensa inmediata, distraídos continuamente, adictos a los estímulos que el exterior nos ofrece, como dulces a un niño. Trabajamos, pero únicamente bajo la lógica que se nos ha impuesto, y muy pocos se han atrevido a romper esa regla del tiempo para crear la suya, en donde, por ejemplo, pueda ser posible dedicar años y años a un proyecto sin sentir la necesidad apremiante de obtener una ganancia inmediata.

En este sentido, la figura de Tiepolo ofrece al menos una lección sumamente atractiva y conmovedora con respecto a la relación entre trabajo y vida. Si seguimos la lectura que Roberto Calasso hace en su libro alusivo al pintor, El rosa Tiepolo, nos encontraremos con un hombre que, como hemos dicho, carece del menor asomo de incidente biográfico, como si toda su vida hubiera transcurrido sin ningún otro interés más allá de la pintura.

¿Pero por qué esto puede ser extraño? Quizá porque, a la luz de nuestros hábitos contemporáneos, no podemos creer que algo pueda hacerse sencilla y exclusivamente. En nuestro trabajo, apenas llegamos y buscamos de inmediato otra cosa qué hacer: escuchar música, hablar con un amigo por mensajería instantánea, tener abierto el feed de nuestras redes sociales… Hacemos lo que debemos, sin duda, pero no totalmente entregados a ello, sino a medias, con nuestra atención dividida, con nuestros recursos fragmentados. ¿Qué sería de nuestro trabajo si tuviéramos la disciplina de estar plenamente enfocados en su realización?

Se dirá, casi como reacción inmediata, que si estamos distraídos en nuestro trabajo, o en busca constante de un estímulo paralelo a las labores cotidianas, es porque éste no nos gusta o no nos entusiasma por completo. Esta, sin embargo, es sólo una respuesta aprendida por una generación que se formó en la necesidad aparente de que todo debe ser siempre emocionante y todo debe ser siempre satisfactorio. ¿Por qué no sería posible trabajar y ya?

El ejemplo de Tiepolo, en este sentido, es revelador. Más allá de la libertad de interpretación que permite la inexistencia de datos biográficos, su obra es testimonio de la posibilidad de esa entrega concentrada al trabajo, sin adjetivos de ningún tipo. No el trabajo elegido, ni el trabajo impuesto, ni el trabajo obligado, ni el trabajo soñado. El trabajo y nada más.

Una de las pocas reflexiones que Tiepolo dedicó al arte revela ese pragmatismo que, incluso en una actividad creativa, es posible tener frente al trabajo. Según una nota más bien marginal que Calasso recupera en su libro, a Tiepolo alguna vez se le escuchó decir que “[el] Pintor debe siempre tender a lo Sublime, a lo Heroico, a la Perfección”, pero sólo porque de esa manera su talento se consolidará lo suficiente como para atraer riqueza, fama y, por encima de todo, más trabajo.

Y no es que Tiepolo fuera ajeno a dichas categorías (lo Sublime, lo Heroico y la Perfección), pero si seguimos la lectura que Calasso hace de su obra, podemos colegir que justo porque las entendió a plenitud, comprendió también que si tenían un lugar en su época era el de cualidades aledañas a su trabajo, pero no encima de éste.

Para nosotros que aprendimos a necesitar trabajos “creativos y “desafiantes”, para quienes persiguen la fantasía de que el trabajo debe conllevar la satisfacción de la vida, Tiepolo parece ofrecer una alternativa quizá sencilla pero, por eso mismo, olvidada en nuestro horizonte: la posibilidad de trabajar sin distracciones, sea alguna de éstas nuestro feed de Facebook o la ensoñación peregrina de tener “un trabajo que importe”. 

 

Twitter del autor: @juanpablocahz

Del mismo autor en Pijama Surf: El tiempo sin tiempo: una reflexión, a la luz de Baudelaire, sobre la eternidad consumista en que vivimos