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Estamos en la antesala de la elección presidencial. Es hora de ver si Morena tiene no sólo la capacidad, sino la entereza para cumplir sus promesas

Estamos en la antesala de la elección presidencial, a casi un año, cuando el Estado de México se deja venir como una prueba de fuego hacia esa meta última. Hay tantas opiniones como hay ciudadanos porque la política nos atañe a todos, incluso la decisión de ser apolítico es una decisión política, aunque lo natural es que la política sea de interés general porque todos padecemos sus consecuencias. Y así estamos de nuevo viéndonos las caras quienes pensamos de una manera y quienes piensan de otra, sea de viva voz a través de una mesa, en las redes sociales o desde espacios como este.

Las riñas de los dos bandos contrarios me han hecho pensar que como ciudadanos a veces vemos las cosas de manera equivocada. Antes que nada habría que darnos cuenta de que estamos del mismo lado. Quien no esté afiliado a un partido político y quien no tenga intereses, directos o indirectos, en el resultado de una elección —que no sea el del bienestar propio, en abstracto, y el progreso del país en su conjunto— es parte de la ciudadanía de la que la inmensa mayoría formamos parte. Estamos en el mismo barco, queremos y buscamos lo mismo: que este país cambie para bien. No hay que olvidar esa realidad a veces eclipsada, sobre todo al esgrimir opiniones políticas que atacan o defienden tal o cual postura. Estamos en esto juntos.

Los dos bandos contrarios a los que me refiero son, a grandes rasgos, quienes apoyan a Andrés Manuel López Obrador y quienes están en contra de su eventual candidatura. Me queda claro que dentro de los que están en contra hay matices, habrá quienes ya saben que van a votar por X o Y partido que no es Morena, pero creo que podemos estar de acuerdo en que la gran batalla es esa: estás o no estás con ese personaje que ha formado parte del escenario político mexicano por tanto tiempo. Le crees o no le crees. Yo me cuento entre quienes confían en él, y quiero explicar por qué.

En la casa en la que viví hasta mediados de mis años veinte llegaba el periódico Reforma puntualmente, todos los días, y recuerdo que cuando El Peje gobernaba la ciudad de México, poco antes de su primera candidatura para la presidencia, sentía una profunda aversión hacia él. No solamente por ese diario, sino también por la influencia de los principales programas de noticias, tanto de radio como de televisión, porque aunque procuraba (y sigo procurando) no ver televisión nacional, siempre se cuelan algunos minutos aquí y allá. Por todas partes se hablaban pestes. Lo veía o lo escuchaba hablar y el estómago se me revolvía. No puedo decir que lo odiaba porque no lo conocía, y sigo sin conocerlo, pero pongamos que no me caía nada bien, y así despotricaba en su contra junto con todos a mi alrededor.

Quiero pensar que soy una persona que escucha. Si a lo largo de mi vida he sido bueno para algo ha sido como alumno. Así fue como un profesor que tuve en la universidad, y que para ese entonces ya era uno de mis mejores amigos, me empezó a cuestionar esa aversión por ese oscuro personaje, a darme ejemplos y a pedirme pruebas. Yo seguí discutiendo quizá durante meses, peleando desde la trinchera de los contra, pero poco a poco mi viejo maestro me fue ganando la partida. Con el paso de los meses leía los editoriales con una perspectiva distinta, notando a veces los hilos de interés detrás de las palabras, pero sobre todo fijándome en los actos y escuchando las palabras de López Obrador desde otro ángulo, con mucho más atención, y yendo a las fuentes cuando era posible para comprobar si lo que decía era verdad. Es increíble el filtro que significan los medios de comunicación. Vemos el mundo desde esas ventanas, y cada una de ellas tiene intereses muy particulares.

Para la elección del 2006 ya era un converso, pero entiendo bastante bien al lado contra porque estuve ahí.

Hay tantos puntos de ataque que sería un despropósito intentar abarcarlos todos, pero me gustaría mencionar algunos. Hay decenas de indicios de que ese año hubo fraude, desde el contubernio con Elba Esther, las miles de irregularidades a lo largo del proceso para terminar con un 0.56% de ventaja para el PAN, cuando abandonaron el recuento de votos porque en todos los casos favorecía a AMLO, los spots televisivos pagados por los empresarios y un largo etcétera. La verdad es que mientras haya ganado el candidato que uno quiere, o deje de haber ganado el que uno repudia, a nadie parece importarle que hubiera habido trampa. En mi familia estoy rodeado de contras, y todos estaban felices porque de una u otra manera el engranaje político detuvo la candidatura de López Obrador. Ah, pero si hubiera sido al revés… Las pruebas de que sin tantas anomalías hubiera ganado están ahí, y el proceso fue tan sucio y el resultado tan cerrado que en una verdadera democracia debió de mínimo haber habido un recuento total de los votos, que con toda probabilidad le hubiera favorecido a él, por eso no lo hicieron. Si hubieran creído que si contando de nuevo los votos de todas formas ganarían lo hubieran hecho, y de esa forma habrían apaciguado a los millones que pedían ese recuento. El país estaba encendido.

Y así se dio el plantón de Reforma, que pudo haber sido un error, no lo sé, pero que fue una manera de evitar la violencia. Como lo ha dicho siempre, el suyo es un movimiento que es, ha sido, y será: pacífico. Mitofsky hizo una encuesta a sus seguidores en ese entonces, y más de la mitad opinaba que debían tomar el poder por la fuerza. Las aguas estaban muy altas, había masas de gente furiosa, y entonces para frenar esa marea potencialmente destructora se llevó a cabo ese acto de desobediencia civil pacífica. Una manera de luchar sin golpes ni balazos de por medio. Afectó a mucha gente y comercios y demás, sí, pero evitó una catástrofe mayor. No hubo un solo muerto, un solo herido, un solo enfrentamiento. Yo estuve en las calles varias veces, entre toda esa gente, y era evidente que habría sido fácil tomar el poder por la fuerza. Cientos de miles dispuestos a hacerlo serían imparables si se organizan y se da la orden desde arriba. El ejército no podría detener a tantos. Imposible. Sólo estando entre tanta gente te das cuenta del poder que puede tener una masa de ese tamaño. Pero habría habido muchos muertos a ambos lados, y quién sabe qué hubiera pasado después.

Ese no es el camino de Andrés Manuel. Él ha ido siempre por la vía pacífica y electoral, y esa lucha de más de 40 años se puede apreciar ahora, cuando todos los demás partidos le tiran por doquier. El Todos Unidos Contra López Obrador ha cobrado dimensiones alucinantes (y esto apenas comienza), lo cual es un indicio claro de que es un político diferente a los demás, si no ¿por qué todos en su contra? La respuesta es simple: porque la apolillada clase política no quiere perder los privilegios que ha disfrutado durante tanto tiempo, con el PRI prestándole la presidencia al PAN y de regreso, y el PRD uniéndose a nivel estatal con cualquiera de ellos para llegar al poder a toda costa. Si lo que busca Andrés Manuel fuera simplemente el cargo de ser presidente no le habrían hecho fraude en 2006, cuando Elba Esther le ofreció pactar e iba muy arriba en las encuestas. Era cuestión de sentarse a platicar con ella y con quien tuviera que hablar del PRI o del PAN para que no perdieran la calma, dejarlos con la seguridad de que sus privilegios seguirían intactos, como lo hizo Vicente Fox. Incluso pudo haber hecho eso y una vez en la silla presidencial voltearles la espalda, pero decidió ni siquiera sentarse a dialogar, y eso los enfureció, dándose cuenta de que el teatrito se les caería si él llegaba a ser presidente. La estrategia de hacerle creer a la gente que todos son iguales, incluido él, está funcionando en la ruta hacia el 2018, es una campaña de un éxito semejante a la del “peligro para México” en 2006, por eso hay que alzar la voz ante las calumnias y las mentiras. Claramente no son iguales. Las campañas publicitarias muchas veces funcionan, a pesar de estar forradas de engaños, al grado de que ahora resulta que el creador de la campaña del “peligro para México” quiere trabajar con él.

La comparación con Venezuela me parece el más burdo de los ataques en su contra. Él no es militar, no hizo un golpe de Estado cuando tuvo la oportunidad al alcance, durante su gobierno en la ciudad de México hizo muchos proyectos de la mano de la iniciativa privada, como la remodelación del Centro Histórico en asociación con Carlos Slim, y tiene proyectado hacer lo mismo a nivel nacional. En la ciudad de México, de cada peso que invirtió el gobierno, la iniciativa privada puso 30. Su tendencia política es de centro, ni siquiera diría que de izquierda, aunque a un lado de la derecha recalcitrante que supone el PRIAN su propuesta sí puede ser catalogada de esa forma: está a la izquierda de ellos. Cada vez más empresarios lo apoyan, porque se han dado cuenta de que el rumbo actual del país es insostenible. La corrupción lo ha corroído todo. Decir que si llega al poder “estaremos como Venezuela” es otra campaña publicitaria más, también con cierto éxito. Nada más alejado de la realidad.

Hoy de nuevo están temblando, pero el país ha cambiado, y el mundo también. Si no fuera por las redes sociales, el ubicuo filtro mediático nos seguiría vendiendo esa imagen del peligro para México, y de hecho es así, pero ya las ventanas se han multiplicado, son más pequeñas que los medios masivos pero hay muchísimas más, y siguen proliferando. Ya no es sólo lo que el locutor dijo que el candidato dijo, o la entrevista cortada, o las dos o tres palabras sacadas del contexto de un discurso. Todo eso se sigue dando, pero también está su página de Facebook, en la que se dirige a quien lo quiera escuchar directamente, sin censura. Me atrevería a sugerir a quienes están en su contra que se asomen a ese espacio de vez en cuando, con la mente abierta, para ver si están o no de acuerdo con él. En mi opinión sus palabras son bastante coherentes, pero que cada quien decida por su cuenta. También pueden leer alguno de sus libros o ver ¿Quién es el señor López?, el extenso documental de Luis Mandoki que consta de cinco partes, que se encuentran en YouTube.

También es coherente en sus acciones, y con esto no quiero decir que no haya cometido errores. Sin lugar a dudas se ha equivocado, y tampoco estoy de acuerdo en todas sus políticas. Por ejemplo, la idea de poner a plebiscito nacional el matrimonio entre parejas homosexuales me parece retrógrada, y su oferta de amnistía general a los corruptos si llega a ser presidente es también un error, un incentivo para que roben más en este año que falta. No, no es perfecto. No creo que sea el gran estadista que llevará las causas progresistas al Congreso, como legalizar la marihuana para de esa forma comenzar a atacar al narcotráfico sin violencia. No es eso tampoco. Lo que es cierto es que su gestión como jefe de gobierno de la capital fue notable, pero a mi juicio, lo más importante es que es, simple y llanamente, una persona honesta que lucha por intereses que van más allá de lo personal, porque si hubiera buscado dinero, con esa gran convocatoria popular, sería multimillonario. Politiquillos insignificantes han amasado fortunas que son verdaderamente majaderas. En su posición habría sido fácil volverse inmensamente rico. En cambio dedicó su vida a la transformación del país basado en un hecho principal: su honestidad. El departamento en la ciudad de México en el que vive, de 100m2, se lo heredó en vida a uno de sus hijos, y su parte del rancho La Chingada, compartida con sus dos hermanos, a otro de sus hijos. Vive de ser el presidente nacional de Morena, y antes de eso vivía del dinero asignado a cada partido, y de sus libros, porque además es un autor prolífico. No hay que olvidar que el movimiento que encabeza cuenta con aproximadamente 15 millones de personas a lo largo y ancho del territorio, los cuales creemos que este país lo necesita. Si a un político investigado por todas las instancias gubernamentales imaginables no le han encontrado nada en 20 años, en un país de una corrupción inmunda como el nuestro, ¿cómo dudar de su honestidad?

Pero hay tantas mentiras en esta guerra sucia que es difícil llevar la cuenta. Que si el coche deportivo de su hijo, que si los 500 mil pesos que le dieron a Cadena en Veracruz para que se los diera a Andrés Manuel, etc. Cada una de esas instancias se va desmintiendo, nada se le comprueba, tomando en cuenta que los servicios de inteligencia del Estado mexicano son excepcionales, pero a fin de cuentas quien quiere creer en ellos los acaba creyendo, y así la campaña de desprestigio surte efecto sin una sola prueba. Ahí está el registro público de la propiedad en donde cualquiera puede buscar los bienes que tiene, después del grito en el cielo de sus opositores cuando declaró en ceros su tres de tres. Si no es verdad, que lo demuestren.

Son tiempos de emergencia, y por eso hay que levantar la voz cuando tanta manipulación desvirtúa el debate político. Creo que se necesita que alguien como él, que no roba, sea presidente de México y haga un intento por limpiar el gobierno. Para como estamos eso sería suficiente, sin embargo sus planes para distintos sectores del país son cada vez más robustos, comenzados en 2012 y perfeccionados para la elección del año entrante.

No lo conozco personalmente pero he acudido a un buen número de sus intervenciones públicas, en el Zócalo, sobre Reforma o recientemente frente al Monumento a la Revolución, y lo que veo a su alrededor es un partido político con gran injerencia de la población. Es un movimiento ciudadano.

Viene la elección del Estado de México. Delfina Gómez, maestra de escuela con dos maestrías, es hija de un albañil y ha vivido en la misma casa desde que nació. Es la única candidata que no vive en una gran mansión, la única honesta, y hasta que no le prueben los ataques de los que ha sido víctima no se puede decir que no lo sea. Ya veremos. No tiene tantos años en el ojo público, así que habrá que ver, pero por lo pronto lo mismo opino de ese caso: es necesario que llegue a gobernar alguien externo a la camarilla de corruptazos que ha sido siempre el grupo Atlacomulco. Que pierda el PRI, y que gane Morena su primera gubernatura para ver de qué es capaz. Ya le toca. Los demás han tenido su oportunidad y sólo han robado. Es hora de ver si Morena tiene no sólo la capacidad, sino la entereza para cumplir sus promesas. Si no es gobernando, ¿entonces cómo?

 

Twitter del autor: @jpriveroll

Las opiniones aquí expresadas no reflejan necesariamente las posturas de este medio.

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¿Quién es Steve Bannon? (La ideología y la visión detrás de Trump)

Política

Por: pijamasurf - 05/01/2017

Steve Bannon es "el cerebro de Trump", cree que estamos inmersos en una "guerra santa" y recientemente ha sido señalado por los medios como "el presidente Bannon"

A lo largo de la historia han existido ciertas figuras políticas que han operado desde la sombra, aportando la visión y la ideología que son ejecutadas por una figura más visible. Numerosos reyes han dependido de sus consejeros para tomar decisiones e implementar una visión estratégica, siendo ellos solamente la cara visible del poder. En este tipo de modus operandi puede haber consejeros que realmente llegan a tener un poder superior al del mandatario oficial, o a veces solamente se produce un esquema en el que el consejero aporta una cierta cualidad intelectual analítica que complementa el carisma y el liderazgo del poder oficial.

Steve Bannon ha tomado un papel preponderante en la administración de Trump. Algunos medios en discordia con Trump han usado el mote de “presidente Bannon”, un tanto en broma, un tanto en serio. El popular programa Saturday Night Live hizo una parodia de Trump en la que Bannon aparecía como una mezcla de Darth Vader y La Parca moviendo los hilos de la Casa Blanca y tratando a Trump como un niño impulsivo y fácil de manipular. En las últimas horas ha surgido una extensión de Google Chrome que reemplaza las imágenes en las que aparece Trump por Bannon, como si este último fuera el presidente. El mismo Bannon en una entrevista en noviembre, cuando ya había sido nombrado el consejero principal del equipo de Trump, se refirió a sí mismo como “Thomas Cromwell en la corte de los Tudor”. Cromwell es una figura polémica de la cual cierto revisionismo histórico ha sugerido que fue el genio detrás de la conformación de Inglaterra después de la Reforma, más importante incluso que el rey Enrique VIII, a quien servía como consejero. 

Bannon no sólo es el principal asesor de Trump; recientemente fue anunciado que será miembro permanente del Consejo de Seguridad Nacional, algo que nunca había ocurrido para alguien en su cargo y lo cual ha generado numerosas críticas. Al mismo tiempo, Trump limitó el acceso a esta reunión al jefe del Estado Mayor Conjunto y al Director de Inteligencia Nacional. Bannon genera cierta preocupación para muchas personas ya que se ha manifestado vehementemente en contra de lo que llama “fascismo islámico”, ha dicho que de hecho nos encontramos dentro de una guerra religiosa y es conocido por su interés por la estrategia militar y lecturas como El arte de la guerra, un manual de estrategia militar del siglo V atribuido al estratega Sun Tzu (su exsocia ha dicho que a Bannon "le encanta la guerra"). Ya en el 2015, Bannon había mencionado expresamente que sería apropiado simplemente prohibir la entrada a Estados Unidos a todos los musulmanes --algo que sería parte del discurso de campaña de Trump y una de sus primeras decisiones ejecutivas.

Como ya ha sido estudiado, el triunfo de Trump en gran medida se basó en su discurso populista en contra de las élites políticas y financieras, colocándolas en oposición a la clase media trabajadora que simbolizaba el verdadero corazón de Estados Unidos. También, en la dicotomía entre la esencia de "lo estadounidense" y los diferentes enemigos que amenazan la grandeza del país, desde los migrantes mexicanos hasta los musulmanes, enemigos importantes en el aglutinamiento de un nuevo nacionalismo. Resulta bastante evidente que detrás del discurso de Trump están las ideas de Bannon. 

Steve Bannon nació en una familia de clase media trabajadora y fue ascendiendo hasta llegar a ser uno de los líderes de la llamada “alt-right”. Estudio en Virginia Tech, Georgetown y en la Escuela de negocios Harvard, luego trabajó en Goldman Sachs, el banco emblemático de las élites que después identificaría como el enemigo de la clase media —uno de los "caballos discursivos" con los que Trump lograría llegar la presidencia. Bannon fue luego a Hollywood, donde trabajó durante cerca de 2 décadas como escritor, productor y director. Hizo una pequeña fortuna con las regalías que obtuvo de la serie Seinfeld y de ahí se propulsó hacia los medios de extrema derecha, siendo conspicuamente director del sitio Breitbart antes de incorporarse como líder estratégico de la campaña de Trump. Breitbart es considerado la principal plataforma del movimiento “alt-right”, el cual es una continuación del Tea Party (Bannon imagina un movimiento global del Tea Party y en cierta forma Donald Trump es la maduración de lo que fue en su momento Sarah Palin). Breitbart ha sido fuertemente criticado por promover las llamadas “fake news”, que jugaron un papel de bastante importancia en la elección del 2016 y en lo que ha sido llamada "la era de la posverdad”. Andrew Breitbart, fundador de Breitbart, se refirió en su momento a Bannon como el Leni Riefenstahl del Tea Party (Bannon dirigió, entre otros documentales, uno sobre Sarah Palin).

Michael Wolff, quien entrevistó a Bannon en noviembre del 2016, sugiere que éste encarna una forma de obsesiva conciencia de clase. Para él, la clase media habría sido traicionada por los demócratas e incluso algunos conservadores que habrían dejado atrás sus raíces trabajadoras. Los Clinton serían el emblema demócrata de esta traición y Reagan, de quien también dirigió un documental (In the Face of Evil), sería el emblema de la traición republicana por parte del establishment o lo que él llama “la clase donante”. Bannon se ve a sí mismo como el emisario de la caída del establishment.

Aunque ha sido descrito como radical, fascista y peligroso (y probablemente sin exagerar), no hay duda de que Bannon es un tipo inteligente que tiene ideas que pueden ser muy atractivas y relevantes; por momentos su discurso suena muy parecido al de Bernie Sanders, el precandidato demócrata que cobró popularidad también por avanzar un discurso antisistema. Si uno escucha algunos de sus discursos, por momentos podría pensar que está escuchando a Bernie Sanders o a alguno de los líderes de Occupy Wall Street (especialmente en aquellos en los que no habla sobre una crisis de valores religiosos y de la guerra en marcha contra el Islam).

Bannon explica que actualmente Estados Unidos enfrenta enemigos aún más poderosos que Hitler, Stalin y Mussolini, esto es, el sistema financiero que llama crony capitalism (capitalismo clientelar). Esto fue patente en la crisis financiera del 2008, cuando la élite financiera prácticamente obligó al presidente Bush a inyectar 1 billón de dólares al sistema financiero luego del colapso de Lehman Brothers, asegurándole a aquél que "de no hacerlo el sistema financiero se congelaría y explotaría y que no se podía garantizar la estabilidad”.

El discurso de Bannon, sin embargo, no es anticapitalista, sino que solamente está en contra del capitalismo clientelar que “trata a las personas como mercancía”. Bannon defiende un “capitalismo iluminado” que produjo una “Pax Americana” después de las guerras y “generó una tremenda cantidad de riqueza”, la cual “realmente distribuyó entre la clase media”. 

En su documental Generation Zero (el término que utiliza para los millennials), Bannon sostiene que la crisis económica actual no es un fracaso del capitalismo sino de la cultura. Esto empezó con “el narcisismo de los 60, que se esparció como un virus hasta la autoindulgencia de los 90”. El sistema capitalista padeció la crisis de valores de una “generación de niños ricos cuyas necesidades materiales habían sido resueltas por sus padres trabajadores”. De aquí las élites que olvidan “los valores americanos que habían creado la riqueza en  primer lugar” y la emergencia de “políticas socialistas que dieron lugar a la dependencia en el gobierno, debilitando el capitalismo”. Es importante notar que en la visión de Bannon el trabajo juega el papel central, tanto en la conformación del mito o sueño americano y de los valores que se extraen de él —siguiendo con la ética protestante y el destino manifiesto— como en el plan que tiene para la administración de Trump, que literalmente está basado en la reconstrucción del país para generar millones de trabajos. 

En una conferencia en el Vaticano en el 2014 Bannon habló sobre lo que considera que es la causa de la decadencia del capitalismo. El capitalismo que predomina, dice, “ha sido alejado de los fundamentos espirituales subyacentes en las creencias judeocristianas”. Bannon sostiene que las dos formas principales del capitalismo que existen en el mundo actualmente, la del capitalismo clientelar involucrado con el Estado y una otra forma que llama de la escuela objetivista o de Ayn Rand, han abandonado el fundamento moral. Este tipo de capitalismo atrae a los jóvenes bajo la noción de “libertad personal”, sin que se den cuenta de que están siendo tratados como mercancía. 

Toda sociedad capitalista con valores cristianos, dice Bannon, debería preguntarse si es necesario “poner un tope a la creación de riqueza y distribuirla… ‘¿Cuál es el propósito de lo que estoy haciendo con esta riqueza? ¿Cuál es el propósito de lo que estoy haciendo con la habilidad que Dios nos ha dado?’”. Estas son las preguntas que este capitalismo iluminado por la moral judeocristiana debe hacerse.

Contra esta civilización se encuentra el Islam. “Es un tema desagradable pero estamos en una guerra frontal contra el fascismo yihadista islámico. Y está guerra está entrando en metástasis más rápido de lo que el gobierno puede manejarla”, dijo Bannon a una audiencia en el Vaticano en el 2014. El Islam estaría utilizando las mismas herramientas del capitalismo y la tecnología para imponerse a la civilización judeocristiana mayormente blanca (aunque Bannon dice que no es una cuestión racial).

Las cosas se vuelven aún más extrañas y confusas puesto que Bannon mantiene que el otro gran enemigo del pueblo estadounidense son los medios, que han formado una burbuja de realidad que promueve la ignorancia, el surgimiento de lo que llama la Generación Cero y la crisis de la cultura que da pie a este capitalismo que, en oposición al capitalismo iluminado, podría describirse como un capitalismo ignorante. La misma crítica que se hace en casi todo el mundo a Trump, a la extrema derecha y a sus votantes sobre creer noticias falsas y tener una visión casi psicótica de la realidad, Bannon la voltea hacia el establishment de los medios que siguen la pauta del New York Times. En sus primeros días en la presidencia Trump ha hablado de una conspiración de los medios en su contra y Bannon dijo hace unos días a un diario: "Los medios deberían sentirse avergonzados y humillados y cerrar la boca y sólo escuchar por un rato. Quiero que citen esto: los medios aquí son el partido de oposición. No entienden este país. No entienden que Donald Trump es el presidente de Estados Unidos". Estas declaraciones sólo pueden entenderse desde la estrategia que ha acompañado a la campaña Trump, de dirigirse siempre a los suyos sin importarles todos los demás. Lo importante aquí es reforzar solamente la creencia ya establecida de que existe una especie de conspiración y que los medios están coludidos con el poder financiero de Wall Street y las mafias políticas de Washington, no importa que sea o no verdad; ni importa tampoco lo que piense todo el otro (más del) 50% del país que no está con Trump (a ellos no les está hablando). Es en estas condiciones de guerra memética asimétrica que ha surgido el término de la “era de la posverdad”. En el documental HyperNormalisation, Adam Curtis habla de cómo en Rusia el gobierno ha instaurado un departamento de propaganda en el cual ya no sólo se generan teorías de la conspiración sino que en ocasiones él mismo gobierno se las atribuye, creando un estado en el que es imposible saber qué es verdad. Quizás no  sea casualidad que Bannon ha elogiado la inteligencia de Putin en repetidas ocasiones. Esta "posverdad" es amplificada por el hecho de que los medios, acaso escandalizados por lo insólito del comportamiento de Trump y su igualmente insólito triunfo, están obsesionados con la personalidad de Trump y todo lo magnifican y distorsionan, cumpliendo en cierta forma la teoría de conspiración de Bannon y así, pulverizando la noción de la verdad. 

Bannon se ha referido a esto como "la miopía de los medios” que publican sólo las historias que confirman sus propias perspectivas, lo que al final hace que les sea imposible entender lo que está pasando realmente. De aquí la sorpresa para muchos, incluyendo al equipo de Hillary Clinton, frente al triunfo de Trump. Exactamente este mismo argumento ha sido usado por expertos para explicar por qué las personas votaron por Trump: ya que los medios que veían y sus círculos en las redes sociales sólo les regresaban información de lo que ya creían, no salieron de la burbuja y no lograron entender que lo que Trump decía no era verdad o ver todos sus defectos de carácter. El detalle aquí, en la era de la posverdad, es que la verdad ya no importa, lo que importa en el mensaje es que empate con las emociones ya existentes —como el miedo o el enojo— y las catalice hacia una esperanza (real o ilusoria) de transformación. 

Más allá de que el discurso de Bannon tiene muchos aspectos radicales que a todas luces preocupan (incluso se ha hablado de que estaría buscando una “guerra santa” ), es de mencionarse que fue capaz de ver la realidad del descontento del electorado y usarlo a su favor desde hace ya varios años; de crear, como estratega en jefe de la campaña de Trump, una especie de épica, una dialéctica, de polarizar y tocar los botones adecuados para capitalizar el descontento y renovar la idea del sueño americano. Bannon cita la teoría generacional del Fourth Turning (Cuarto Giro) de Strauss–Howe, la cual sostiene que cada 80 años hay una crisis que detona una transformación a nivel nacional en Estados Unidos. El momento prospectado del nuevo giro sería, obviamente, el actual. Es esta combinación de inteligencia e incluso instinto político con una cierta veta fanática religiosa lo que preocupa.

Michael Wolff dice sobre Bannon: “es él el visionario, son sus ideas las que cuentan en este momento”. De la misma manera que “Karl Rove era el cerebro de Bush”, Bannon “es el cerebro de Trump”. Wolff, sin embargo, no cree que Bannon sea quien manda sino que solamente aportaría la necesaria ideología para cumplir la voluntad de poder de Trump, quien no parece tener en sí mismo ninguna ideología, sólo el carisma, sólo el histrionismo y acaso la capacidad de conectar con la gente (especialmente con la gente perturbada por la situación política). Aunque es evidente que tiene una gran influencia en Trump (y que esta influencia genera alarma), también es cierto que hoy en día, en la era de los trending topics y la discusión superficial en las redes sociales, los medios toman cualquier cosa y la escalan a niveles exponenciales, como es el caso de los últimas horas con el hashtag #StopPresidentBannon. 

Ahora bien, ¿qué tan peligroso es Bannon? ¿Es realmente fascista? Está por verse, aunque evidentemente el hecho de que crea que estamos ya en una guerra santa contra el Islam es inquietante, o que hace unos meses predijera que en los próximos 10 años Estados Unidos entraría en guerra con China por las islas del mar del Sur de China y que para este tiempo ya estaría involucrado en otra importante guerra en Medio Oriente. Los medios rápidamente mencionaron que cuando fue nombrado, su nombramiento fue celebrado por el Ku Klux Klan y grupos neonazis (lo cual no significa necesariamente que Bannon sea partidario de estos grupos; ha dicho "soy nacionalista, no nacionalista blanco", haciendo referencia a los grupos de supremacía blanca). Bannon, sin embargo, ha mencionado su intención de crear un movimiento global del Tea Party o de lo que llama centro-derecha (que se parece mucho a la extrema derecha), formando vínculos con un incipiente eje de extrema derecha que está tomando fuerza en países como Francia, Hungría o la India, entre otros. Habrá que ver hasta qué punto realmente se pone la ideología antes que el interés político, qué tanta fe o incluso fanatismo religioso xenofóbico tiene Bannon y si esto es más fuerte que el pragmatismo político que en buena medida ha sido lo que ha llevado a Trump al poder. Hasta el momento su propia visión radical ha sido provechosa, por lo cual es casi imposible determinar si se trata de una genuina filosofía o de marketing político y estrategia. Probablemente se trate de ambos, pero en el futuro tal vez sea necesario decidir y, al menos para Trump, probablemente el poder tenga mayor peso que la ideología. 

 

Con información de:

https://www.theguardian.com/us-news/2017/feb/02/steve-bannon-donald-trump-war-south-china-sea-no-doubt

https://www.buzzfeed.com/lesterfeder/this-is-how-steve-bannon-sees-the-entire-world?utm_term=.wiyrR7wM0#.ctdk2mr8w

http://www.thedailybeast.com/articles/2017/02/04/when-steve-bannon-dug-the-radical-left.html?source=TDB&via=FB_Page

http://www.hollywoodreporter.com/news/steve-bannon-trump-tower-interview-trumps-strategist-plots-new-political-movement-948747

http://www.salon.com/2017/01/30/president-trumps-right-hand-man-steve-bannon-called-for-christian-holy-war-now-he-is-on-the-national-security-council_partner/