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Mentes libres: enseñando meditación en las cárceles de México (VIDEO)

AlterCultura

Por: pijamasurf - 05/18/2017

Es necesario reprogramar la forma en la que vemos y tratamos a las personas que han cometido crímenes. La meditación puede ayudar a liberar lo que la sociedad busca ocultar y reprimir

La prisión es el lugar donde la sociedad humana encierra a las personas que han cometido un crimen, esto es, actos que considera reprochables e indebidos. La noción sobre la que se basa el sistema penitenciario es que no sólo se protege a la sociedad de personas con tendencias criminales, sino que se les reeduca y se les rehabilita. Pero, como notó Michel Foucault, la realidad es que las cárceles modernas rara vez producen una verdadera reeducación de los individuos sino que son lugares que lastiman el espíritu humano y reafirman la criminalidad. "Mientras más tiempo se pasaba en prisión menos se era reeducado y más delincuente se era. No sólo productividad nula, sino productividad negativa. En consecuencia, el sistema de las prisiones debería haber desaparecido", notó el filósofo francés.

Las razones por las que las cárceles siguen existiendo bajo este modelo son de orden económico y político. Por una parte, en muchos lados del mundo son un buen negocio y, por otra, una forma de ejercer control de la población. No sólo los que están en prisión son privados de su libertad, la población "libre" vive en un estado de miedo, ya sea porque puede ser encarcelada o porque el crimen se difunde estratégicamente en los medios y entre los organismos de poder para hacer saber que vivimos en un mundo peligroso y que es necesario un control más estricto de la sociedad.

A todas luces el sistema penitenciario actual y sus modelos, que obedecen a programas del siglo XIX, son obsoletos ¿Qué alternativas existen a esto? En México el grupo Mind Hackers ha iniciado un proyecto que justamente busca actualizar el sistema operativo de las cárceles, reprogramar la forma en la que concebimos a los prisioneros y a las prisiones y, por qué no, mostrar que la verdadera libertad es algo que se consigue en el interior, a lo cual todos debemos tener acceso, no obstante lo que hayamos hecho antes, porque es algo que el ser humano conquista con su mente y espíritu (no es algo que nos pueda ser regalado).

La primera versión  de esta iniciativa, bajo el nombre "Mentes libres", se implementó hace poco en el CERESO de San Miguel, en Puebla, México, y consiste de un proceso de 8 semanas en las cuales las personas privadas de su libertad reciben instrucción en técnicas elementales de meditación y sesiones de pláticas, debates y discusiones sobre diversos temas enfocados al autoconocimiento y bienestar. 

Como dice en el video Roberto Zatarain Leal, director de Mind Hackers: "La cárcel simboliza esa parte de la mente que queremos ignorar". Los prisioneros son la sombra de nuestra sociedad que debemos enfrentar si no queremos constantemente padecer irrupciones de ese lado sombrío de la mente humana que debe integrarse, que no puede simplemente aventarse en un calabozo y esperar que todo se resuelva solo.

Esto es así ya que el hecho de encarcelar a las personas y someterlas a condiciones infrahumanas parte de dos premisas fundamentalmente equivocadas. Una es que las personas son malas, que el mal existe absolutamente y que debemos castigar a quienes obran de forma inadecuada. Todas las tradiciones espirituales enseñan que lo que llamamos "mal" es sólo una forma extrema de ignorancia. Ignorancia que, por otra parte, no sólo existe en las personas que cometen crímenes sino en toda la sociedad que crea un ambiente propenso al crimen: injusticia, corrupción, desigualdad, falta de educación, etc. La mayoría de las personas que están en la cárcel han sufrido abusos, traumas, violaciones y carencias extremas. Los que están afuera probablemente habrían hecho lo mismo si hubieran sufrido lo mismo. En vez de castigarlos y olvidarlos, sería mejor comprenderlos y verdaderamente ayudarlos.

El otro punto esencial que parte de una premisa errónea es concebir a los criminales como personas que están al margen de la sociedad y cuyo destino puede separarse del destino del grueso de la población. Guardarlos en el clóset para siempre, pensando que así hemos acabado con los monstruos que nos asedian. Esta falta de compasión muestra una profunda ignorancia, en tanto que no logra entender la radical interconexión entre todos los seres humanos. Olvida la lógica esencial de que el bien individual depende del bien colectivo y que el sufrimiento de los otros eventualmente se convertirá en el sufrimiento propio.

Hay que mencionar que brindar herramientas como la meditación a las personas privadas de su libertad tiene antecedentes sumamente alentadores, como es el caso de los cursos de meditación budista Vipassana (en el modelo de S. N. Goenka), que desde principios de los 90 se empezaron a enseñar en las cárceles de la India, con resultados notables. Esto mismo se ha replicado en Estados Unidos, en una prisión de Alabama, donde, según el departamento de correcciones, en los 100 prisioneros que habían completado el programa en el 2011 se habían producido 20% menos acciones disciplinarias y algunos habían mantenido la costumbre de meditar hasta por 10 horas al día.  Las siguientes declaraciones de Grady Bankhead, asesino convicto, muestran lo que la meditación puede ofrecer: “He estado aquí 25 años y esto sonará demente pero me considero el hombre más afortunado del mundo”.

Nuestra sociedad sigue basándose en un modelo de culpa y estigma (llevamos el pecado tatuado por la influencia de ciertas organizaciones). Un modelo, en cambio, que considera que el ser humano es esencialmente bueno e inocente y que tiene un potencial ilimitado, no obstante sus actos previos, es más compasivo y efectivo para el beneficio de la sociedad que se concibe de manera holística. Viene a la mente el caso de Milarepa, el yogui más querido del Tíbet. Milarepa había cometido horribles crímenes (más de 30 asesinatos) en venganza por afrentas sufridas, pero aun así su maestro fue capaz de ver su pureza y su valor, y después de emprender un camino de purificación, meditación y disciplina extrema logró conseguir los estados más elevados de la conciencia, según establece el budismo tibetano. El asesino se convirtió en un sabio y en un santo: en una mente por siempre libre.

Por qué Instagram representa la muerte de lo mejor que tenía Internet

AlterCultura

Por: pijamasurf - 05/18/2017

Instagram con su cultura de las apariencias, las celebridades y la ausencia de vínculos hacia sitios externos es el emblema de la muerte del espíritu original de la web

El blogger iraní Hossein Derakhshan tiene una historia muy peculiar. Hace algunos años era uno de los principales entusiastas del poder de la web, incluso creando una guía para montar un blog de manera sencilla, con lo cual creía que se podía crear fácilmente un importante contrapeso de periodismo ciudadano. Derakhshan fue encarcelado en el 2008, cuando existía toda una fiebre sobre el poder de los blogs y las redes sociales de cambiar el mundo (se decía, quizás ingenuamente, que Facebook y Twitter ayudarían a derrocar dictadores). Al salir de prisión en el 2014, el llamado "padre del blogging" en Irán notó que el Internet había sido desarmado de su poder transformador y se comportaba como parte esencial de la máquina de trivialidad y entretenimiento en la que se ha convertido la cultura moderna. El ejército de bloggers independientes que había entrenado ahora pasaba el tiempo entreteniéndose en Facebook y en Instagram (Instagram es especialmente popular en Irán).

Uno de los principales factores que sorprendieron a Derakhshan es que en 6 años el texto y el hyperlink han pasado a ser secundarios y prescindibles en una red dominada por la imagen. Según él, el Internet cada vez más se parece a la TV. El texto y la hipervinculación han cedido ante el terreno ganado por "la filosofía del stream", la cual está basada en la novedad y la popularidad --estos son los valores programados dentro de un paradigma socioeconómico en el que lo que impera es el entretenimiento y no la reflexión, las celebridades y no los artistas verdaderos y los intelectuales:

El stream ahora domina la forma en la que las personas reciben información. Pocos usuarios directamente checan sitios dedicados, se quedan sólo en el interminable flujo de información que seleccionan complejos y furtivos algoritmos.

El caso más representativo de esto es Instagram, el sitio (que pertenece a Facebook) basado completamente en imágenes y que no permite el uso de enlaces en los posts (sólo en el perfil). "Apps como Instagram están ciegas, o casi ciegas. Su mirada se vuelve hacia su interior --reacias a transferir sus vastos poderes a otros, llevándolos a la muerte. La consecuencia de esto es que las páginas fuera de las redes sociales están muriendo". Sitios como Instagram son callejones sin salida en la red, mundos artificiales autocontenidos y monopólicos. Uno podría pensar que no está en el Internet, es sólo un app. Y el Internet parece convertirse en una serie de apps, como una red de islas. Esto es justo lo contrario de la idea de Tim Berners-Lee, el creador de la web, quien veía esta tecnología como una forma de conectar mentes y generar conocimiento y cuyo emblema era el hyperlink, el vínculo, la horizontalidad de los pares y de la colaboración.

Derakhshan sugiere que el Internet cada vez se parece más a la TV, con una alta importancia de la imagen y bajo contenido de texto. Esto queda claro con la viralización de los memes y con el dominio del video en el newsfeed de Facebook, compañía cuyo algoritmo prefiere claramente la imagen al texto. "Los demagogos del mundo, ya sea de derecha o izquierda, deben de amar la televisión. Este medio lineal, pasivo, basado en la imagen y movido por lo emocional ha reducido la política a un reality show", dice Derakhshan. El mismo Obama se dio cuenta de esto, vivimos en "una era en la que hay tanta desinformación y está empaquetada de una forma tan hábil que se ve igual cuando la ves en una página de Facebook que cuando prendes tu televisión". 

Ningún medio se parece más a un reality show que Instagram, la red social que comprueba que sólo necesitamos parecer para ser, y donde cualquiera (que se vea suficientemente sexycool) puede hacerse famoso. Instagram, entre likes (y la dopamina que producen), nos susurra que todos somos Kim Kardashian o que todos podemos ser el artista conceptual o el hombre o mujer popular (que nunca pudimos ser en la vida real). En las redes sociales todos somos DJs o curadores de nuestra imagen, pero mientras que en Facebook y sobre todo en Twitter ayuda mucho saber editarnos a través del texto, en Instagram una persona versada exclusivamente en la imagen puede conquistar la indivisa admiración de las multitudes.

Por supuesto existen personas que utilizan estas redes sociales para conectar y promover fotos artísticas de primer orden o comunicar información relevante. Sin embargo, no tenemos aquí la intención de analizar casos particulares sino reflexionar sobre la propia estructura del medio. Marshall McLuhan había entendido que más importante que el contenido que se presenta en un medio son las condiciones y características propias de ese medio (el medio es el mensaje) y cómo esto afecta nuestras relaciones, nuestra cognición y nuestros sentidos. El hecho de Instagram es que no es una plataforma abierta (no permite links), basada en likes, su diseño y programación no favorece la escritura (y así predomina el meme), al ser fundamentalmente una app de teléfono es propicia para las selfies (la obsesión con la autoimagen) y facilita que las celebridades vendan sus posts y que las personas puedan apilar seguidores para alcanzar el estatus de celebridad y beneficiarse de éste. Instagram es una red social que se usa esencialmente para entretenerse y no para informarse (aunque hoy en día la información está creada como entretenimiento justamente para satisfacer los algoritmos de las redes sociales, borrando tal frontera). Esto es lo fundamental, más allá de que haya ahí fotos "increíbles" y algunas personas posteen fotos poéticas y demás cosas muy valiosas.

SI bien Facebook y Twitter también se han beneficiado de la cultura de la celebridad para atraer usuarios, en ninguna red social es esto tan patente como en Instagram, justamente por el imperio de la imagen. Instagram es el lugar por antonomasia donde las celebridades nos muestran sus vidas --lo que define a una celebridad es que su vida es atractiva, y que nos atrae fundamentalmente por su apariencia: la imagen es la divisa de la celebridad. Nuestra obsesión con las celebridades, por más superficial que sea, no es intrascendente. Como George Monbiot sugiere, el capitalismo corporativo necesita de una cara y de una identidad para poder conectar con los consumidores y seguir generando ganancias. "La máquina necesita una máscara", dice. Esa máscara son las celebridades que con sus vidas promueven el estilo de vida del consumo, del deseo aspiracional y de la comparación que nos hace sentir inadecuados y por lo tanto vulnerables a los productos que prometen hacernos más aptos para competir en este mundo. 

En nuestra sociedad la fama es cada vez más importante. El journal Cyberpsychology (citado por Monbiot) muestra que en 1997 la fama era el valor 15 entre 16 valores que fueron sondeados entre niños que veían la televisión. Para el 2007, cuando shows como Hannah Montana prevalecían, la fama llegó al primer lugar, seguida del logro, la imagen, la popularidad y el éxito financiero. El sentido comunitario había caído al onceavo y la benevolencia al doceavo. Igualmente, la investigación del antropólogo Grant McCracken revela que hace 100 años los actores acaparaban el 17% de la atención cultural en Estados Unidos, poco menos que los científicos combinados; los directores de cine el 6% y los escritores el 11%. En el 2010 los actores tenían el 37% de la atención, cuatro veces más que los científicos y los directores y actores sólo lograban el 3% combinados. Estas cifras marcan un clarísimo crepúsculo del arte y la ciencia en favor del entretenimiento. Así, no es de extrañarse que entre los jóvenes de 16 años en Reino Unido, el 54% declara querer convertirse en celebridad. Y si son suficientemente guapos o si están dispuestos a llamar la atención de cualquier forma probablemente lo consigan (por 15 minutos o con 100 mil seguidores en Instagram). 

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Ante este estado general en el cual hay una clara tendencia a favor de la imagen y la semiótica visual, Hossein Derakhshan sugiere que aunque la escritura no morirá, en el futuro la comunicación en base a texto podrá ser limitada una élite, como ocurrió en la Edad Media (los demás estarán viendo fotos y videos y mandando emojis). Esto presenta un peligro enorme que ya puede sentirse en cosas como el triunfo de Donald Trump.