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Una colección de preciosas pipas antiguas para fumar opio (y otras sustancias)

AlterCultura

Por: Pijama Surf - 05/14/2017

Una singular colección de más de 3 mil piezas del siglo XIX relacionadas al consumo de opio

El opio ha sido una de las drogas más recurrentes en la historia del mundo. 3 mil años a. C. ya figuraba en las tablillas sumerias, con una palabra a la que también se le atribuye el significado “disfrutar”. En La Odisea, Homero lo menciona como lo “que hace olvidar cualquier pena”. Su uso medicinal en Egipto es bien conocido, y también tenemos los estragos a la salud que causó en China, con miles de adictos, lo cual resultó en las guerras del opio en la era victoriana. Y justo en este tiempo, Inglaterra mantuvo un romance con esta droga en sus círculos socioeconómicos más altos, asociado a lo intelectual y la experimentación.

De este período del siglo XIX existe una colección ahora resguardada en Harvard que perteneció a Julio Mario Santo Domingo Braga, el excéntrico empresario y medico colombiano adicto al opio, quien en gran parte de su vida, y a lo largo de sus viajes, coleccionó más de 3 mil objetos vinculados al consumo de esta y otras drogas, la mayoría de origen chino.

Las siguientes son imágenes recabadas por Dangerous Minds, que muestran cómo el siglo XIX fue probablemente la época de oro del opio:

Lámpara de opio.

Frasco para guardar opio tallado en marfil.

Lámpara de opio.

Frasco antiguo para guardar opio.

Pipa.

Utensilios para fumar opio.

Pipa de madera y jade.

Pequeña lámpara para preparar y fumar opio.

Pipa.

 

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Obsoletos: el ser humano podría ser innecesario en un futuro dominado por robots (VIDEO)

AlterCultura

Por: pijamasurf - 05/14/2017

La economía crece y cada vez más trabajos son automatizados, ¿será que en el futuro el ser humano se vuelva obsoleto? Esto es lo que explora el documental 'Obsolete'

El ser humano ha priorizado el crecimiento económico a todo tipo de crecimiento y desarrollo. Esto nos está colocando en un punto de inflexión en el que la eficiencia de la tecnología presenta una amenaza para el desarrollo de la clase trabajadora humana. Esto es lo que explora el documental Obsolete, en el que Aaron y Melissa Dykes argumentan que en el futuro próximo los seres humanos deberán ser muy cuidadosos si no quieren convertirse en una carga innecesaria para las compañías que impulsan la economía global. 

El documental nota una clara tendencia que ya es alarmante en países como Estados Unidos: el desempleo tecnológico. Coches que se conducen solos, robots que hacen hamburguesas, algoritmos que te dicen qué hacer. La economía sigue creciendo --obligada y en esteroides-- pero hay menos trabajos. Esto, por supuesto, tiende a la desigualdad, y no parece haber marcha atrás. Como dice uno de los fundadores de Apple, Steve Wozniak: "estamos haciendo máquinas que hacen todo por nosotros, y son tan importantes que no podemos apagarlas. No podemos ya apagar el Internet, apagar nuestro teléfono".

Al sugerir que el ser humano podría convertirse en obsoleto, no necesariamente se suscribe a la idea de que surgirán supercomputadoras inteligentes (estilo Skynet) que tomarán control del mundo. Lo que es más probable es que simplemente esto aumentará la brecha entre la élite económica y las clases trabajadoras, acaso como mantiene en su libro Homo Deus Yuval Noah Harari. Harari sugiere que la tecnología y el poder económico permitirán que ciertas personas aumenten sus capacidades cognitivas y mejoren su salud, mientras que la mayoría de nosotros quedará rezagada, como si fuéramos otra raza, acaso una diferencia similar a la que hay ahora entre los humanos y algunas especies de primates.

Esta es una visión bastante radical, que sin duda podría ser paliada con un poco de empatía, compasión y ética. Un poco de humanismo en la economía. Douglas Rushkoff, en su libro Throwing Rocks at the Google Bus, escribe sobre la ética (o falta de ética) que predomina en nuestra economía:

Un modelo de negocios digitalmente cargado que enfatiza la eficiencia y el crecimiento de las compañías a expensas de los seres humanos a los cuales debería estar sirviendo... De alguna manera, el crecimiento se ha vuelto un fin en sí mismo --el motor de la economía-- y los seres humanos han llegado a ser entendidos como impedimentos para su funcionamiento. Si tan sólo las personas y nuestras demandas idiosincráticas pudieran ser eliminadas, los negocios estarían libres para reducir costos, incrementar el consumo, extraer más valor y crecer más. Esta es una de las principales herencias de la era industrial, cuando la milagrosa eficiencia de las máquinas parecía ofrecernos un camino hacia el crecimiento infinito --al menos en la medida en que la interferencia humana podía minimizarse. Aplicar este mismo ethos a la era digital significa reemplazar a la recepcionista con una computadora, al trabajador de una fábrica con un robot y al gerente con un algoritmo. Al final todo es sólo una nueva y digital forma de operar con el mismo programa.