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Cuando el exceso del trabajo bloquea la creatividad, estudio

Arte

Por: PijamaSurf - 07/18/2017

Pasar largas horas identificando y analizando problemas, organizando información, contemplando estímulos que requieren atención como ver películas, navegar por redes sociales, etcétera, son actividades que bloquean la creatividad.

A lo largo de las investigaciones del neurocientífico Daniel Siegel se ha demostrado los efectos positivos de las prácticas meditativas y mindfulness en los procesos cognitivos del ser humano. De hecho, en sus numerosos acercamientos en torno a la mente humana, Siegel explica cómo estas prácticas tienen el potencial de no sólo reducir considerablemente los síntomas de la angustia, estrés, ansiedad y depresión, también de potenciar la atención, memoria, estabilidad emocional e incluso la creatividad.

Frente a estos alegatos, investigadores de la facultad de psicología de Universidad de California han decidido profundizar en el tema de los efectos de estas prácticas meditativas en torno a la creatividad. Para los profesores y autores de la investigación, Jonathan Schooler y Jonathan Smallwood, este proceso cognitivo se refuerza cuando la mente está soñando despierta. Es decir que en el momento en que la mente goza de momentos para distraerse de los deberes profesionales o estudiantiles, es probable que surjan ideas en torno a la creación de proyectos, la resolución de un problema o nuevos acercamientos de incógnitas o angustias.

Durante su investigación, los psicólogos notaron que las personas aprenden mejor una nueva tarea demandante después de haber realizado una tarea similar y de mayor facilidad. Esto sucede al promoverse la “divagación” mental; es decir, al generar un equilibrio lineal en el pensamiento que requiere periodos de atención intensa y de descanso mental.  Por lo que la alternancia entre estos dos modos, un periodo enfocado de atención y otro de descanso, funge como clave indispensable en un trabajo creativo, eficiente e inventivo.

Desgraciadamente las exigencias de la vida moderna, como el mantener la atención activa a lo largo de numerosos estímulos durante todo un día, impiden despejar la mente y por tanto la incidencia de la creatividad. Pasar largas horas identificando y analizando problemas, organizando información, contemplando estímulos que requieren atención como ver películas, navegar por redes sociales, etcétera, son actividades que bloquean la creatividad.

Las recomendaciones de los psicólogos, así como el del neurocientífico Daniel Siegel, es encontrar una manera de darle un descanso a la mente: un descanso de procesar información y de rumiar pensamientos. Por ejemplo, los escritores Simone de Beauvoir, Charles Dickens y J. R. R. Tolkien solían ir a tomar caminas largas sin distractores como teléfonos inteligentes, como parte de sus rutinas diarias;  el ingeniero Nikola Tesla tuvo un insight sobre los campos magnéticos rotatorios –los inicios de los mecanismos eléctricos de la actualidad– durante sus caminatas al atardecer; el científico Albert Einstein solía buscar inspiración distrayéndose de los complejos problemas con las piezas musicales de Wolfgang Mozart.

Para los científicos, darle un respiro a la mente –mediante caminatas, clases, escuchar música  sin otros estímulos visuales– brinda los siguientes beneficios:

– mejora el pensamiento creativo, facilitando analogías cada vez más imaginativas y novedosas;

– facilita salir de la zona de confort al conocer nuevos lugares, socializar con gente fuera de la industria y expande las experiencias del pensamiento;

– brinda más tiempo para la diversión y los buenos ratos, facilitando de alguna manera un buen estado de ánimo, la felicidad y la creatividad. Bastaría, dicen los expertos, con salir a jugar con una mascota, formar parte de un grupo de improvisación o un equipo de deportes;

– y finalmente, equilibrar el trabajo altamente exigente a nivel intelectual reduce los niveles de estrés, por lo que no sólo se gozará de una mejor salud física, también de una mayor paz psicoemocional.

‘Las hijas de Abril’: ¿Señora, señora?

Arte

Por: Lalo Ortega - 07/18/2017

Compartimos esta crítica de 'Las hijas de abril', una cinta mexicana que ganó el Premio del Jurado en la sección 'Una cierta mirada' del Festival de Cannes 2017

Hay cierta austeridad narrativa y visual típica del cine de Michel Franco. Planos largos y encuadres estáticos, generalmente amplios, acompañan la acción de personajes de quienes no sabemos ni más ni menos de lo que dicen o hacen en pantalla. Algunos tachan esta manera de narrar como desprendida, incluso inerte; otros, en cambio, la reconocen como una oportunidad para, a través del propio imaginario, conectar los puntos y llenar los espacios que acaban por moldear a estos personajes. Naturalmente, esto otorga respuestas, pero conlleva nuevas preguntas.

Las hijas de Abril, el más reciente filme de Franco (2017), nos enfrenta a un relato con la maternidad como eje temático, o mejor dicho, nos enfrenta al ideal de la maternidad en México. Valeria (Ana Valeria Becerril) ha quedado embarazada a los 17 años, y contra sus deseos, su media hermana, Clara (Joanna Larequi), se lo ha contado a la madre de ambas. Es así como Abril (Emma Suárez) regresa a Puerto Vallarta y a las vidas de sus hijas, con la intención de ayudarlas a cuidar a la bebé.

En su filmografía, Franco suele anclar las historias de sus personajes en una cotidianidad familiar, al punto de que, cuando sucede el desenlace usualmente trágico, resulta perturbador: encaramos la oscuridad que subyace a nuestro día a día. En un país en el que la figura materna es casi sagrada, inmaculada (y, paradójicamente, banalizada por el lenguaje), ¿cómo es enfrentarse a los monstruos de su humanidad? Para empezar, ¿nos permitimos siquiera considerar a la progenitora como un ser humano, con pasiones, virtudes y vicios?

Estas son apenas algunas preguntas a las que invita Las hijas de Abril a través de las acciones (e inacciones) de sus personajes, a veces brutales, a veces inverosímiles. La primera secuencia nos muestra a Clara preparando el desayuno, totalmente ajena, o insensible, a los gemidos sexuales de su hermana y su novio adolescente en el cuarto contiguo. No mucho después, vemos a Valeria por primera vez, a sólo un par de meses de que su embarazo dé lugar a las responsabilidades de ser madre. Muy casualmente, el futuro padre, Mateo (Enrique Arrizon) sale del cuarto, come algo y se va.

Esta exposición sutil invitará a una cadena de cuestionamientos. Lo obvio: ¿cómo pudo llegar Valeria a quedar embarazada a su edad? ¿Clara lo dejó pasar, igual que al comienzo de la película? ¿Dónde ha estado su madre, y cuánto tiempo lleva lejos de ellas? Sin embargo, existe otro ejercicio posible en plantearnos por qué nos hacemos dichas preguntas, y no otras. Mateo puede tener las mejores intenciones, pero es de notar que, en una historia en la que las figuras masculinas son notables por su ausencia, él rara vez es señalado por el embarazo.

Y está, por supuesto, la exploración de la relación de madre e hija, una que Franco aborda con la consigna de “quitar a las madres del pedestal”. Para no arruinar la sorpresa, basta con decir que los actos de Abril son, por decir lo menos, provocadores. Ella, también, fue una madre joven, y las consecuencias que la sociedad le endosó se asoman de nuevo en el presente. Esta narración distante y sobria inhibe una inclinación emocional hacia sus personajes y, gracias a ello, no es sencillo emitir un juicio.

Seguro, ante la mirada común, Abril puede ser señalada como una mamá monstruosa, una “mala madre” para el imaginario tradicional. “No todas nacieron para ser madres”, sería la sentencia corriente, misma que se convierte en el tema dominante de la película.

Pero hace falta conectar los puntos y llenar los espacios con el imaginario propio, aunque esto conduzca a nuevas preguntas. En una sociedad que canta odas a las “guerreras invencibles” que pelean “con uñas y dientes”, pero que también se refiere a ellas socarronamente como “luchonas”, ¿qué se espera de las mujeres que se convierten en madres?

 

Las hijas de Abril ganó el Premio del Jurado en la sección “Una cierta mirada” del Festival de Cannes 2017. Se proyecta en el Cine Tonalá de la Ciudad de México como parte del ciclo #MásCineMexicano, iniciativa para impulsar la distribución de producciones nacionales independientes. Estará en la cartelera durante todo el mes de julio; puedes consultar las fechas y horarios de su proyección en este enlace.

 

Twitter del autor: @Lalo_OrtegaRios