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Hay 4 tipos de usuarios fundamentales de Facebook, según una investigación

Facebook se ha convertido en la pecera digital del mundo, los usuarios nadando en mares de data a los cuales contribuyen y la red social los capitaliza. Aunque todos somos partes de esta mezcla de laboratorio social con bolsa de valores, existen cuatro grandes tipos de usuarios, según un estudio reciente publicado en el Journal of Virtual Communities and Social Networking y realizado por investigadores de Brigham Young.

Los cuatro tipos de usuarios son: los que construyen relaciones, los compradores de aparador (window-shoppers), los voceadores (town-criers) y los selfies. En la investigación se realizaron cuestionarios con una metodología estadística para conocer la forma en la que los usuarios interactúan y perciben FB.

 

Constructores de relaciones

Estos usuarios usan FB como antes se usaba el correo y los teléfonos fijos, para robustecer sus relaciones. Creen que Facebook les permite expresar el amor que sienten por su familia y amigos y experimentar el amor que éstos les expresan. En cierta forma estos usuarios no están tan conscientes de la inmensidad de Facebook, sino que lo viven como un pequeño nodo de relaciones íntimas. Suelen postear abundantemente, taggear y comentar, como sintiéndose en la comodidad de una relación familiar. Quizás habría que describirlos como los que mantienen sus relaciones, no sólo las construyen.

 

Compradores de aparadores

Estos usuarios se sienten obligados a estar en Facebook como algo inescapable, puesto que todos están allí, pero no suelen participar mucho. Son un tanto voyeristas, en el sentido de que llegan a usar la red social para analizar a personas que les interesan pero no lo harán de forma explícita. Son como las personas que no entran a los lugares, sino que miran desde la distancia.

 

Voceadores

Como los voceadores de diarios en las calles, estos usuarios suelen compartir información, especialmente links de noticias y memes, pero no tanto su información personal. Usan Facebook como un medio para publicar noticias e influir, pero prefieren realizar sus comunicaciones personales de manera privada.

 

Selfies

Este grupo está identificado con el fenómeno narcisista que existe abundantemente en redes sociales. Son personas que buscan llamar la atención y validar sus propias personalidades. También usan Facebook para construir relaciones, pero desde esta necesidad de validación y desde la posibilidad de editar sus propias vidas y su personalidad para volverse populares. Viven de likes y están constantemente checando notificaciones, las cuales los vitalizan, entregándoles su dosis de dopamina.

Un ejercicio sencillo que surgió en un salón de clases nos enseña con simpleza la importancia de verificar lo que damos por verdadero en la red

Sabemos que en los tiempos actuales, cuando la era digital se consolida y avanza arrollando sin freno, resulta más urgente leer críticamente la información que circula en Internet y aun en los medios impresos. Identificar las noticias confiables de aquellas notas falsas o con información tergiversada debería ser una tarea cotidiana y, mejor todavía, fomentarse desde la infancia y la educación primaria.

Esto lo observó atinadamente Scott Bedley, un profesor de quinto grado en Irvine, California, y cofundador del programa Global School Play, que lleva 3 años funcionando y en el que han participado alrededor de 300 mil estudiantes de 50 países distintos. Dicho programa consiste en poner a los alumnos en situaciones lúdicas que les permitan distinguir cuando una información es errónea o, en su caso, deliberadamente equivocada y con fines macabros para la manipular la opinión pública y la toma de decisiones con impacto político, económico y social.

Todo comenzó con una inocente actividad en la escuela, cuando Bedley dividió a su clase de historia en dos grupos. Los alumnos del primer grupo se disfrazaron de colonizadores españoles mientras que los del otro fingieron ser periodistas. Entonces ambos grupos simularon una rueda de prensa. A uno de los pequeños colonizadores, caracterizado como Fernando de Magallanes, se le preguntó cuándo había realizado su expedición más importante, a lo que contestó: “en 1972 navegué alrededor del mundo entero”. Ante tal respuesta, Bedley preguntó al alumno dónde había encontrado esa información; “la googleé”, respondió el chico.

El profesor se sorprendió de la confiabilidad que su estudiante tenía respecto de su búsqueda. Desde entonces, comenzó a idear una manera de enseñar a sus alumnos a examinar y a distinguir la información verdadera de la que no lo es. Poco después dio con un estudio que define una noticia falsa como información deliberadamente falsificada y creada para generar más visitas en línea, misma que puede ser compartida más de 35 millones de veces y reproducida como un hecho verdadero.

Bedley entendió la gravedad de este asunto, más aún cuando se trata de la educación de las futuras generaciones. Así que pidió a sus alumnos que en sus futuras investigaciones académicas aplicaran los siete puntos siguientes:

 

  • Copyright o derechos de autor: Comprobar al final de la página web que la información corresponde a una propiedad intelectual.

 

  • Cotejar con múltiples fuentes: Corroborar la misma información en diferentes sitios web. Si la noticia ha sido replicada en diferentes medios es más probable su veracidad.

 

  • Credibilidad de la fuente: Verificar si el sitio web o la fuente han sido creados recientemente. Se puede confiar más en fuentes que llevan más tiempo en Internet por retrospección, mientras que los sitios más recientes no cuentan con un registro que permita corroborar su credibilidad.

 

  • Fecha de publicación: Comprobar si la página está al día con su flujo de noticias, si la información se ha mantenido tal cual o si ha sido alterada o editada.

 

  • Especialidad o experiencia del autor en la materia: Examinar si el autor es alguien especializado en el tema que trata. Por ejemplo, un investigador o un académico por lo general cuenta con más credibilidad.

 

  • Contrastar la noticia con algún conocimiento previo: Preguntarse si la información que leemos coincide con nuestra percepción o con nuestros conocimientos previos del tema.

 

  • La información es realista: Se trata también de usar el sentido común, ¿lo que leemos es algo auténtico o probable?

 

Estos puntos a la postre representaron la base para el Global School Play que Bedley desarrolló junto con otros colegas. El programa se vale de las nuevas tecnologías y funciona a la usanza del viejo juego de niños “Simón dice”. Varias clases en varias latitudes del mundo anglófono se conectan vía Skype y cada una elige a tres representantes entre los alumnos para presentar tres artículos distintos tomados de Internet. El resto de los alumnos se divide en equipos y gana aquel que identifique primero cuál de las noticias es falsa. Después los estudiantes discuten en línea y comparten el modo en que el equipo ganador llegó a tal veredicto.

En efecto, no es lo mismo decir "¿Esto es correcto, profesor?", que "¡Esto es correcto, profesor!". Y la cosa es que la verdadera eficacia de programas de esta índole deberá medirse fuera de las aulas, cuando los niños críticos no sean niños y se integren a la vida adulta. ¿Cuántos de nosotros, jóvenes adultos, adultos jóvenes o mayores, sabemos acceder a información real en la era digital?

Mientras pensamos en ello, Scott Bedley prepara su siguiente programa educativo, que no versará sobre distinguir la información falsa de la verdadera, sino en identificar las diferencias entre los hechos ocurridos y la opinión personal de un autor cualquiera.