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Las 3 reglas de Lou Reed y Laurie Anderson para tener una buena vida

Arte

Por: pijamasurf - 07/14/2017

Tres reglas fruto de la experiencia y la inteligencia que permiten llevar una buena vida de esta gran pareja del rock

Lou Reed y Laurie Anderson son sin duda una de las grandes parejas en la historia del rock. Lou Reed es ampliamente conocido por ser el líder de la banda The Velvet Underground y por su trabajo como solista dentro de lo que se conoce como el glam rock; el trabajo de Laurie es menos conocido, pero sin duda merece explorarse, ya que no sólo es una excelente interprete y performer, sino inventora de aparatos musicales, artista avant garde y en general una personalidad enormemente creativa.

Lou y Laurie estuvieron juntos desde 1992 hasta el 2013 (a la muerte de Lou) y entre otras cosas formaron una familia alrededor de su perro Lolabelle, quien aparentemente tenía capacidades prodigiosas, entre ellas, según esta pareja un tanto excéntrica, la de tocar el piano (e incluso produjo un álbum y Laurie le dedicó un documental). Durante el discurso de aceptación de Lou Reed al Salón de la Fama del Rock and Roll, Laurie Anderson compartió estas perlas de sabiduría que podemos tomar como representativas de esta peculiar y altamente talentosa pareja:

Me recuerda las tres reglas que pensamos entre los dos, reglas para vivir. Y las voy a decir porque puede que sean útiles. Ya que las cosas pasan tan rápido, es bueno tener una pocos axiomas a los cuales recurrir.

1. No le temas a nadie. ¿Puedes imaginarte lo que es vivir sin tener miedo de nadie?

2. Obtén un buen detector de mierda (bullshit detector).

3. Sé realmente tierno.

 

Tal vez con sólo estos tres principios ideados por Lou y Laurie, uno puede andar por la vida con seguridad e integridad. El punto de obtener un detector de mierda hace referencia a aprender a detectar la falsedad y el engaño que podemos encontrar en las personas y quizás también dentro de nosotros mismos. Así que la clave está en la autenticidad, la ternura y en la valentía.

 

‘Las hijas de Abril’: ¿Señora, señora?

Arte

Por: Lalo Ortega - 07/14/2017

Compartimos esta crítica de 'Las hijas de abril', una cinta mexicana que ganó el Premio del Jurado en la sección 'Una cierta mirada' del Festival de Cannes 2017

Hay cierta austeridad narrativa y visual típica del cine de Michel Franco. Planos largos y encuadres estáticos, generalmente amplios, acompañan la acción de personajes de quienes no sabemos ni más ni menos de lo que dicen o hacen en pantalla. Algunos tachan esta manera de narrar como desprendida, incluso inerte; otros, en cambio, la reconocen como una oportunidad para, a través del propio imaginario, conectar los puntos y llenar los espacios que acaban por moldear a estos personajes. Naturalmente, esto otorga respuestas, pero conlleva nuevas preguntas.

Las hijas de Abril, el más reciente filme de Franco (2017), nos enfrenta a un relato con la maternidad como eje temático, o mejor dicho, nos enfrenta al ideal de la maternidad en México. Valeria (Ana Valeria Becerril) ha quedado embarazada a los 17 años, y contra sus deseos, su media hermana, Clara (Joanna Larequi), se lo ha contado a la madre de ambas. Es así como Abril (Emma Suárez) regresa a Puerto Vallarta y a las vidas de sus hijas, con la intención de ayudarlas a cuidar a la bebé.

En su filmografía, Franco suele anclar las historias de sus personajes en una cotidianidad familiar, al punto de que, cuando sucede el desenlace usualmente trágico, resulta perturbador: encaramos la oscuridad que subyace a nuestro día a día. En un país en el que la figura materna es casi sagrada, inmaculada (y, paradójicamente, banalizada por el lenguaje), ¿cómo es enfrentarse a los monstruos de su humanidad? Para empezar, ¿nos permitimos siquiera considerar a la progenitora como un ser humano, con pasiones, virtudes y vicios?

Estas son apenas algunas preguntas a las que invita Las hijas de Abril a través de las acciones (e inacciones) de sus personajes, a veces brutales, a veces inverosímiles. La primera secuencia nos muestra a Clara preparando el desayuno, totalmente ajena, o insensible, a los gemidos sexuales de su hermana y su novio adolescente en el cuarto contiguo. No mucho después, vemos a Valeria por primera vez, a sólo un par de meses de que su embarazo dé lugar a las responsabilidades de ser madre. Muy casualmente, el futuro padre, Mateo (Enrique Arrizon) sale del cuarto, come algo y se va.

Esta exposición sutil invitará a una cadena de cuestionamientos. Lo obvio: ¿cómo pudo llegar Valeria a quedar embarazada a su edad? ¿Clara lo dejó pasar, igual que al comienzo de la película? ¿Dónde ha estado su madre, y cuánto tiempo lleva lejos de ellas? Sin embargo, existe otro ejercicio posible en plantearnos por qué nos hacemos dichas preguntas, y no otras. Mateo puede tener las mejores intenciones, pero es de notar que, en una historia en la que las figuras masculinas son notables por su ausencia, él rara vez es señalado por el embarazo.

Y está, por supuesto, la exploración de la relación de madre e hija, una que Franco aborda con la consigna de “quitar a las madres del pedestal”. Para no arruinar la sorpresa, basta con decir que los actos de Abril son, por decir lo menos, provocadores. Ella, también, fue una madre joven, y las consecuencias que la sociedad le endosó se asoman de nuevo en el presente. Esta narración distante y sobria inhibe una inclinación emocional hacia sus personajes y, gracias a ello, no es sencillo emitir un juicio.

Seguro, ante la mirada común, Abril puede ser señalada como una mamá monstruosa, una “mala madre” para el imaginario tradicional. “No todas nacieron para ser madres”, sería la sentencia corriente, misma que se convierte en el tema dominante de la película.

Pero hace falta conectar los puntos y llenar los espacios con el imaginario propio, aunque esto conduzca a nuevas preguntas. En una sociedad que canta odas a las “guerreras invencibles” que pelean “con uñas y dientes”, pero que también se refiere a ellas socarronamente como “luchonas”, ¿qué se espera de las mujeres que se convierten en madres?

 

Las hijas de Abril ganó el Premio del Jurado en la sección “Una cierta mirada” del Festival de Cannes 2017. Se proyecta en el Cine Tonalá de la Ciudad de México como parte del ciclo #MásCineMexicano, iniciativa para impulsar la distribución de producciones nacionales independientes. Estará en la cartelera durante todo el mes de julio; puedes consultar las fechas y horarios de su proyección en este enlace.

 

Twitter del autor: @Lalo_OrtegaRios