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8 formas de detonar experiencias visionarias sin drogas, según Aldous Huxley

Psiconáutica

Por: pijamasurf - 08/02/2017

Huxley estudió profundamente las experiencias visionarias, tanto aquellas provocadas por drogas como aquellas producidas por medios como el ayuno, la respiración, la luz, la oscuridad y demás prácticas ascéticas

En Cielo e Infierno, el ensayo que sirvió como epílogo al famoso recuento de sus experiencias con mezcalina, Las puertas de la percepción, Aldous Huxley hace lo que puede considerarse una historia de la experiencia visionaria. Habiendo antes ya narrado sus propias experiencias psicodélicas y esbozado una teoría de cómo las drogas psicodélicas permiten visiones místicas a través de la "válvula reductora del cerebro" en el primer texto (ambos utilizan títulos tomados de la obra de William Blake), Huxley pasa a analizar toda una serie de alternativas que han sido utilizadas a lo largo de la historia para alcanzar estados alterados de conciencia, ya sea como parte de una experiencia estética o de una búsqueda espiritual. Huxley explica que:

intrusiones similarmente biológicamente inútiles, pero estética y a veces espiritualmente valiosas, pueden ocurrir como resultado de la fatiga o la enfermedad; o pueden ser inducidas a través del ayuno o por un período de confinamiento en la oscuridad y completo silencio.

La tesis esencial es que al cielo y el infierno puede accederse a través de las puertas de la percepción, que son manipuladas ya sea por técnicas ascéticas o por la misma tecnología y el arte (todo lo cual produce efectos químicos en el cuerpo).

A continuación enlistamos los distintos métodos usados históricamente para alcanzar experiencias visionarias que son citados por Huxley:

 

Oscuridad/privación sensorial

Antes de que John Lilly inventara el tanque de aislamiento sensorial, también conocido como flotario, Huxley ya había notado que desde tiempos inmemoriales el ser humano se había sometido a:

ambientes restringidos, en los que no hay luz, sonido u olores, y, si pones a alguien en un baño tibio con sólo una cosa casi imperceptible que pueda tocar, la víctima pronto empezará a 'ver cosas', 'escuchar cosas' y tener extrañas sensaciones corporales.

Huxley sostiene que el gran yogui tibetano Milarepa en las cuevas de los Himalayas o los anacoretas cristianos siguieron este procedimiento. Hay que mencionar que en el caso del budismo tibetano existe toda una tradición contemplativa de retiros en la oscuridad, particularmente importante en las prácticas avanzadas del dzogchén, en las que se busca establecer la visión de la luz clara. La ciencia moderna ha descubierto que pasar tiempo en la oscuridad tiene efectos en la producción de distintas hormonas y neurotransmisores, y se ha postulado la hipótesis de que pasar semanas en la oscuridad total podría ser una forma de producir DMT endógeno (el DMT es una molécula psicodélica que se produce en la glándula pineal y en numerosas plantas y animales). 

 

Mortificaciones/austeridades

La mortificación o austeridad es, sin duda, uno de los caminos regios de la experiencia místico-visionaria. Particularmente en la India, agrupada bajo el término sánscrito tapas, existe toda una serie de procedimientos de austeridad ligados a prácticas contemplativas y yóguicas que son poderosos catalizadores de visiones místicas y de prácticas de purificación que pueden llevar al conocimiento de lo divino. 

Huxley también cita las mortificaciones que se autoinfligían algunas órdenes monásticas cristianas. "Su castigo autoinfligido bien podría ser la puerta al paraíso (pero también... la puerta a la regiones infernales)", señala. Y dice también:

La mortificación del cuerpo puede producir una hueste de síntomas mentales indeseables, pero también puede ser la puerta a un mundo trascendental del ser, la sabiduría y la dicha. Es por esto que, pese a algunas claras desventajas, todos los aspirantes a la vida espiritual han, en el pasado, llevado a cabo regulares procesos de mortificación corporal.

Y en esto podemos incluir por supuesto al mismo Gautama Buda, quien, aunque en su doctrina no defendía la mortificación extrema sino un camino medio, también tuvo un profundo entrenamiento en el tapas o austeridad, después de salir del palacio de placeres de su padre.

 

Ayunos

Ligado a la práctica anterior, los ayunos han sido históricamente usados por diferentes religiones para purificar el cuerpo-mente y alcanzar la percepción divina. Aquí se mezclan las transformación psicofísicas del ayuno con el ardor devocional (que, a su vez, también transforma la conciencia). El ayuno se convierte en sadhana y en ofrenda a lo divino; el practicante deja de identificarse con su cuerpo para poder dar paso al éxtasis. Huxley señala que en el pasado incluso existían ayunos involuntarios, como ocurría en los inviernos medievales, y que al privar de ciertos nutrientes al cuerpo, el cerebro llegaba a producir visiones y estados que oscilaban entre la alegría y la depresión.

También debe mencionarse de manera adicional las mortificaciones, las prácticas de insomnio voluntario y de largos períodos de oración como métodos extáticos.

 

Joyas

Huxley escribe que lo primordial en la experiencia visionaria es la "experiencia de la luz". Esto es lo que ha hecho que las joyas, las gemas, las pierdas preciosas y los metales brillantes se tengan en tanta estima, más allá de una economía terrenal, como pasajes y atisbos de mundos celestiales. Así tenemos las grandes visiones místicas donde nunca faltan palacios y templos adornados por las más preciosas joyas: zafiro, rubí, lapislázuli, esmeralda, oro, ópalo. Y no sólo palacios o templos; también árboles enjoyados (tan frecuentes en el budismo), ciudades todas cubiertas de esmeralda y oro (que son tan usuales en el misticismo islámico) o la tierra misma tapizada de joyas resplandecientes, como el mismo Platón narra. Las joyas son transparencias, translumbramientos que revelan un estado primordial de iluminación y participación con lo divino.

La contemplación de obras de arte

Huxley hace especial énfasis en los efectos visionarios del arte, particularmente de la pintura y de la arquitectura religiosa, ya sean las catedrales góticas, las mezquitas musulmanas o los templos budistas, entre otros. "En el reino del arte, encontramos ciertas obras, incluso ciertas clases de obras, en que el mismo poder de transportar [la conciencia] se manifiesta", escribe Huxley. Asimismo, apunta:

El mejor arte que induce a la visión es aquel producido por mujeres y hombres que ellos mismos han tenido la experiencia visionaria; pero es razonablemente posible para cualquier artista de cierta calidad, simplemente siguiendo una receta aprobada, con la cual se pueden crear obras que tienen este poder transportador.

Huxley cita, entre otros artistas visionarios, a Caravaggio, Andrea del Castagno, Goya, Rembrandt, Georges de la Tour, Fra Angelico o William Blake. Y hace una mención especial de los paisajes zen. Señala que los paisajes que más permiten el vuelo místico de la imaginación son aquellos que representan objetos naturales distantes, y aquellos que lo hacen de manera muy cercana. Los primeros nos dan una sensación de inmensidad y de fusión con la totalidad; los segundos nos hacen ver la intrincada belleza del microcosmos. Agrega también que aunque en la India no existe un equivalente al paisajismo, su música y poesía tienen una cualidad intoxicante, al igual que la poesía y la música sufí de Medio Oriente.

Carbógeno

Huxley cita la llamada mezcla de Meduna, una preparación de siete partes de oxígeno y tres partes de dióxido de carbono que produce en aquellos que la inhalan un efecto psicoactivo, marcado por visuales internos y patrones de color. Algunas personas sostienen tener flashbacks intensos de eventos pasados, y por lo tanto esto fue utilizado como un agente terapéutico. Huxley sostiene que aquí se encuentra parte de lo racional que permite a los yoguis tener experiencias visionarias manipulando el prana o aliento vital, generalmente suspendiendo el aire prolongadamente. Actualmente existen técnicas, como la respiración holotrópica, que se sirven de la hiperventilación y de diversas técnicas de manipulación de la respiración. La base de todo esto puede encontrarse en el viejo adagio yóguico de que el aliento es el caballo que monta la mente.

 

Lámparas estroboscópicas

Escribiendo en 1956, Huxley elogia la experiencia de sentarse con los ojos cerrados ante una lámpara estroboscópica, la cual emite luz en ciertos patrones. Esta técnica ha evolucionado enormemente, pasando desde "la máquina de los sueños" de Brion Gysin y William Burroughs hasta aparatos de última generación de estimulación fótica y sonora que producen un efecto de entrainment de las ondas cerebrales. 

 

Fuegos artificiales y procesiones públicas de alta pompa

Aunque para la mente moderna los fuegos artificiales son meras distracciones, en su momento estas manifestaciones de pirotecnia, estallidos de colores en el cielo, fueron tenidos como experiencias mágicas y transportadoras. Igualmente los desfiles o espectáculos públicos, usados lo mismo como instrumentos públicos que como fastuosos despliegues visionarios. "Las coronas, tiaras, la joyería, las sedas, terciopelos, satines, los uniformes brillantes y las vestimentas, las cruces, las medallas, las espadas... los plumajes, los sombreros", según Huxley, con sus "propiedades que inducían visiones", tenían la función no sólo de dominar e impresionar sino de crear una seducción divina ligada al poder.

8 prácticas para revelar el verdadero poder de nuestros pequeños actos y mejorar nuestra forma de sentir y experimentar el mundo

William Burroughs es uno de los más interesantes escritores de la generación beat. Sus libros (como El almuerzo desnudo) irrumpieron escandalosamente en la tierra de lo literario con su cut-up method o "método de corte", fincando un precedente al mashup y los remixes de los medios electrónicos que habrían de aparecer décadas después. Burroughs contaba con amigos de la talla de Jack Kerouac y Allen Ginsberg y en 1980 se convirtió en algo así como un icono de la cultura estadounidense; entre sus amigos famosos se contaban también Patti Smith y Andy Warhol.

En el mundo de la psicodelia, Burroughs fue uno de los primeros autores estadounidenses en escribir sobre la ayahuasca. The Yage Letters, publicada en 1963, habla sobre esto mediante cartas a la generación beat. Sin embargo, su interés por los psicodélicos no se detuvo allí (su curiosidad por la ayahuasca se debía a los rumores alrededor de esta planta, la cual tenía fama de dar habilidades telepáticas); Burroughs pretendía hallar todas aquellas posibilidades y maneras de lo oculto y lo esotérico. Escribir para Burroughs era un acto mágico, un tipo de autodeterminación.

El orden correcto de las palabras podría reescribir el mundo pero, si no eras cuidadoso, reescribirías tu vida de un modo contrario al que deseabas. En una serie de lecturas, Burroughs habla de las posibilidades del escritor como un mago hermeneuta (Hermes, después de todo, era el dios mensajero, el dios de la comunicación y de la intersección de los caminos). ¿Qué mejor camino para abrir nuestro ser hacia una realidad simbólica fusionada, un mundo sincrónico y con sentido de la vida, que tomar unas cuantas pistas de un escritor? Especialmente de un escritor como William Burroughs, cuyo sinsentido y enfoque experimental le habla al moderno, mágico psiconauta.

El tema que manejo está dirigido a… jóvenes y viejos, hombres y bestias, y a cualquiera con una obsesión. El tema es la tecnología de la querencia.

 

La magia es, sin duda, una especie de simpatía con el cosmos. El significado en ti está envuelto de algún modo en el significado afuera de ti. A todo acto ritual le corresponde un acto futuro realizable. Un rito mágico exitoso justo antes de esa “primordial” cacería ayuda a garantizar su éxito, ya que las dos están vendadas en una sola mágica reunión. En el ancho paisaje de este mundo, el gran cosmos es como una cuerda ligada a una profunda resonancia.

En esta lectura, Burroughs es discutido ahora en un libro digamos oscuro, a saber: En las fronteras del ciencia: Extrañas máquinas que puedes construir, de Harry G. Stine. En el capítulo 9 de este libro, Harry nos explica sobre un extraño dispositivo llamado “La máquina de los deseos”. Este libro futurista y a la vez retro, de 1980, vino a inspirar la novela Las tierras del oeste escrita por Burroughs en 1988.

 

Burroughs nos ofrece ocho importantes tips para ver el mundo como un lugar burbujeante de sentido y sincronía, además de las herramientas para ayudarnos a navegar en él.

 

1. Desear sin deseo

Esto parece contraintuitivo. Pero, ¿no desearías “perder” tu querencia sin deseos vehementes, sólo para verla pasar? “Si estás a punto de hacer un deseo”, comenta Burroughs, parafraseando a Eliphas Lévi: “deberás estar listo para ‘desear o andar sin deseos".

El chiste de todo esto es superar los arroyos más profundos del deseo humano y dirigirte hacia aguas más profundas de la certeza.

Esto nos lleva al segundo punto:

 

2. “Siempre visualiza tu deseo como algo ya consumado. Todo deseo debe ser incondicional”

Aquí es donde lo mágico y el deseo ganan potencia.

 

Si vas a decir: “Lo quiero, pero…” olvídalo, será la muerte justo en la plataforma de lanzamiento.

 

Sin embargo, esto te deja algo importante a consideración: ¿Qué tipo de responsabilidad te crearía este deseo realizado? ¿Qué escogerías? Ten esto en mente cuando lo estés visualizando, ya real y concretizado.

 

3. Todo es significativo para ti porque es válido para ti

“Todo aquello que ves tiene un significado especial, porque lo ves. Esto parece obvio, pero en la práctica es como un shock para muchas personas”.

Burrougs desbarata el “dogma científico” del materialismo, el cual propone que la conciencia humana y la realidad externa no tienen conexión alguna --negando aquella simpatética y mágico-mística manera de ver el mundo. Este tipo de perspectiva reduccionista es, dice, “indefendible, para todo aquel con mente abierta”. Carl Jung acuñó el término de sincronicidad y lo elaboró junto al físico Wolfgang Pauli; esta sincronicidad la entendieron ellos como “la realidad de la psique”.

Nuestro mundo interno no es un vapor epifenómeno; nuestro paisaje interior no es vapor. Burroughs era un duro crítico del materialismo, el cual negaba su propia vida de experimentación consciente y subjetiva.

 

4. Fíjate qué piensas y sientes cuando te encuentras en un punto de intersección

Esto es lo que podríamos describir como sincronicidad: un significativo punto de intersección entre tu vida interior y el mundo exterior.

“Haz de la nada un hábito” dice Burroughs, y agrega: “aquello que piensas y sientes cuando te encuentras en un punto de intersección es lo que capta tu atención”. Piensas en un amigo y, repentinamente, éste te contacta, o, quizá, alguien llama a un extraño con el mismo nombre en la avenida; una palabra rotulada en un camión de carga te maravilla o espanta por su significado. Las posibilidades tienen un sinfín de combinaciones y usualmente nunca son lo que esperas, pero te crean el hábito de notar tus procesos internos. ¿Qué estabas pensando en ese momento? ¿Qué ideas se te cruzan por la mente? Es probable que veas muchas veces al mismo extraño de camino al trabajo, no importa la ruta que tomes: “él no te está siguiendo, sólo asiste a la misma rutina”.

 

5. Alterando tu punto de observación, modificas tu entorno. (El engaño al ver, parte I)

Este es “un acto de magia realizado por todo artista”, sí, pero es verdad para cada persona. Cambia tu realidad cambiando de sitio para ver. Toma un camino distinto para trabajar. Haz algo ligeramente diferente.

Desquicia la ruta de tu rutina. Remueve la materia prima de la intención, de la realidad y hazle camino a la potencia del tropiezo --“casual”-- en toda intersección vital.

 

6. No puedes enseñarle nada a nadie que no desconozca en cierto nivel. (El engaño al ver, parte II)

Algo tan sencillo que lo escuchamos decenas de veces: no puedes ver algo que nunca has visto. Pero, como en la anterior sugerencia de romper la monotonía de tu rutina diaria (en la búsqueda de visión y significación) debes, como Rilke dice, “cambiar tu vida”.

No permitas que tu ser se estanque en el camino (duplicado si es que eres un bicho de hábitos --me declaro culpable--). Como dice Burroughs: “No ver es un procedimiento por escalas. Cuanto menos veas hoy, menos verás mañana”.

Recuerda: incluso las novedades más insignificantes y los senderos son algunas veces lo único que cuenta. Un nuevo letrero en la calle abre la puerta para mensajes llenos de sentido, particulares, familiares y diminutos, como un minino que se te cruza en el camino.

Debes vivir tu vida como si fuera tu propio proyecto creativo, tu autoexperimentación. Porque lo es.

 

7. Eclipsa al destino: escribe para mantenerte feliz

Esta es otra idea contraintuitiva de principio. Burroughs nos dice que él se ha preguntado si escribiría estando en una isla desierta. “¿Y por qué no?”, responde, y continúa: “Me encargaría de escribir con gran detalle sobre un barco y como éste me recoge de la isla… Los escritores escriben también para mantenerse felices”. La idea es pensar sobre aquello que te pone nervioso y ansioso y escribir sobre ello (todas las pequeñas y realistas veredas podrían suceder) minuciosamente. No sólo estás superando una ansiedad innecesaria que cargas como bulto sino, como un doctor que te cura la gripe a cucharadas, estás inoculando tu ser con la muerte del virus de la debilidad. Cualquier cosa mala que te preocupe, por tu felicidad, pierde su potencia.

Las palabras, la imaginación y el sentido son mágicos, como mágica puede ser la medicina.

 

8. ¿Algunas veces? Tómate un día libre (como te corresponda)

En un día de la patada, donde ves venir un enjambre de caminos bloqueados, a veces es mejor equivocarse del lado de la precaución. Tómate el día. “Economiza y se precavid@”. Esos días, como cuando Mercurio entra a su fase retrógrada, es más útil un momento de equilibrio y reflexión. Mercurio (Hermes) tiene la cualidad de ser un embaucador. En su fase retrógrada se mueve hacia la ofuscación (hacia el inframundo), y esto incluso podría ser útil. Así como el punto número 5, también puede brindarnos un nuevo punto de vista.

 

Todos estos tips, como podrás darte cuenta, fueron diseñados por la mente del escritor, pero cualquiera de nosotros puede adoptar el punto de vista de él: unos anteojos hermenéuticos. Cualquiera de nosotros puede reconocer el paisaje simbólico y significativo que como seres humanos vivimos: con mundos fértiles e interiores. Mundos que, en ocasiones, se derraman en la materia casual de nuestros días. Podemos vivir nuestras vidas de modo mágico si tenemos las herramientas correctas. Podemos exprimir más de nosotros mismos, de nuestra autoría, si enfocamos bien, si reconocemos los enfoques (experimentación, exploración, curiosidad creativa) para ayudarnos a abrir la caja de tesoros que nuestra vida interior puede cosechar.

Gracias a William Burroughs por señalar que esa literatura mágica es la última “máquina de los deseos”.