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En los países ricos la gente está muriendo de soledad

Sociedad

Por: pijamasurf - 08/10/2017

Un fantasma recorre el mundo contemporáneo: el fantasma del aislamiento

Sabemos bien que el ser humano es un ser social. Si observamos la historia de nuestra evolución –e incluso si miramos a otros primates con quienes compartimos parentesco– nos daremos cuenta de que desde la mera supervivencia hasta los logros más refinados dependen, como individuos o como especie, de los lazos que somos capaces de establecer con otros.

No obstante, en las últimas décadas se ha observado una tendencia conductual y social que va en contra de esos siglos de historia y evolución. Contrario al pasado que nos ha traído hasta este momento, parece ser que en años recientes los seres humanos tienen cada vez más dificultades para pertenecer a una comunidad o, dicho de otro modo, hay personas que se autoimponen una especie de condena de aislamiento, como si la soledad fuera su única opción de vida.

Paradójicamente, este hecho se está agudizando en los países más acaudalados y, pensaríamos, de mayor bienestar. En Estados Unidos, por ejemplo, al menos 1/3 de la población declara estar o sentirse sola, mientras que en el Reino Unido cerca del 18% de la población adulta considera que “siempre” o “muy seguido” le invade dicha sensación de soledad. Asimismo, en otras investigaciones se ha encontrado que en Estados Unidos, Europa, Asia y Australia, la soledad tiene el mismo efecto en la reducción de la esperanza de vida que la obesidad.

En un texto publicado hace casi 1 año en el diario The Guardian, George Monbiot sugirió que el capitalismo estaba logrando lo que ningún otro modelo económico o de organización social en la historia había podido hacer: separarnos. Por su tendencia a la individualización, por la necesidad de rivalidad entre los integrantes de un sistema que le es inherente, por la fetichización de las mercancías, la medición y cuantificación de todos los aspectos de la vida (desde las ventas de un producto hasta el número de “amigos” que acumulamos en nuestras redes sociales) y por tantas otras cualidades, el capitalismo parece haber implantado eso que otros teóricos han llamado la “atomización” de la sociedad, lo cual implica la fragmentación y división de las distintas comunidades de las que antes formábamos parte (nuestra familia, nuestros amigos, nuestro vecindario, etc.) y, por otro lado, cierta incapacidad de las personas para establecer contacto con otros por medios inmediatos de comunicación (hablar directamente con alguien, ser amable con la gente en el transporte público, etcétera).

En Pijama Surf hemos publicado antes información sobre los efectos que la soledad tiene en la salud y, en general, el bienestar de los individuos. Aunque muchos podrían considerarlo un asunto “sólo emocional” (y por ello desdeñarlo), diversos estudios han establecido la relación entre la soledad y el decaimiento de la calidad de vida a través de padecimientos como hipertensión y otras enfermedades del sistema circulatorio, afectaciones en el sistema inmune y obesidad, además de los efectos en la salud mental por el desarrollo de trastornos como depresión, ansiedad, tendencias suicidas, insomnio, etcétera.

No hacemos este listado, sin embargo, para infundir miedo, sino para invitar a la reflexión en torno a la importancia que los lazos sociales tienen para el ser humano. A lo largo de este texto hemos intentado establecer una diferencia entre “estar solo” y “sentirse solo”; salvo circunstancias muy extraordinarias, es poco probable que una persona esté realmente sola en la vida; en la abrumadora mayoría de los casos contamos con familiares, amigos, vecinos, compañeros de trabajo, gente a quienes encontramos en nuestras actividades cotidianas, etc. El aislamiento, con cierta frecuencia, es una actitud que el sujeto adopta por razones varias, todas ellas subjetivas y casi siempre capaces de modificarse.

Hablar con la mujer a quien compramos nuestros víveres, preguntar a un compañero de trabajo cómo se encuentra, despegar los ojos de las pantallas y percibir lo que sucede a nuestro alrededor, intentar restablecer esa amistad que dejamos perder por algún motivo, darnos cuenta de que bien podemos enviar un saludo a alguien una mañana cualquiera… esas son formas de comenzar a establecer lazo con otros, fijar las bases de un vínculo que más allá de las circunstancias futuras, en este momento, en este presente, puede generar un impacto positivo considerable en nuestra existencia.

 

También en Pijama Surf: Cómo mantenerte sano incluso si comes chatarra, fumas, no haces ejercicio y bebes

Cómo tener sexo ardiente sin perder la pureza: este manual de sexo musulmán es la bomba

Sociedad

Por: Pijamasurf - 08/10/2017

Un libro que rompe tabúes, orientado al placer sexual femenino

En Occidente, la religión musulmana generalmente es considerada como prohibitiva y represora del placer sexual, particularmente del placer femenino. Sin embargo, más allá de que evidentemente existen facciones extremistas dentro del Islam, esto generalmente es un prejuicio y un estereotipo.

Una excelente muestra de que la sexualidad puede incorporarse a la religión como un complemento a la plenitud es el texto Muslimah Sex Manual, recibido mundialmente con loor. Este pequeño manual que se autodenomina "una guía halal al sexo ardiente" sirve como guía para la mujer musulmana que quiere explorar su sexualidad dentro de los límites de su religión. El texto incluye lecciones de besos, recomendaciones para enviar textos candentes, la importancia del coqueteo previo, así como 100 posiciones sexuales, sexo en el baño e incluso juegos eróticos como el masoquismo. El manual mantiene que "puedes ser sucia en la cama y aun así mantenerte pura como la nieve".

Para mantener la "pureza" se debe evitar romper ciertas reglas: sexo anal, sexo durante la menstruación y sexo fuera del matrimonio. También es necesario evitar la pornografía; según advierte el manual: "el porno es una mentira... el porno es la peor forma de aprender del sexo". Algo que aunque para algunos es puritano, difícilmente puede discutirse a la luz de los efectos de la pornografía en la sexualidad contemporánea y en la autoimagen de los jóvenes.

La autora aclara que en la religión musulmana el sexo "nunca ha sido representado como algo sucio, o algo vergonzoso". Se enseña, eso sí, que el sexo es algo que debe desarrollarse entre marido y mujer, y dentro del matrimonio es algo que debe disfrutarse sin culpa. Es decir, el sexo es, de hecho, sagrado. Algo que en nuestra cultura, donde (como sugirió Roland Barthes) el sexo está en todas partes menos en el sexo, podría ser bueno recordar.