*

X

Este poema de Rilke muestra la esencia de cómo funciona la mente de un poeta

Arte

Por: pijamasurf - 08/16/2017

Un poema de Rainer Maria Rilke ilumina el proceso de percepción y comunión de un verdadero poeta

Pocos poetas encarnaron con toda su existencia la poesía como Rainer Maria Rilke. Es Rilke todo él un instrumento para percibir lo poético: su vida solamente una empresa para refinar la percepción de sus sentidos y acceder a lo numinoso. En nadie existe tanto esta vocación y esta voluntad por hacerse transparente a la epifanía, al instante enjoyado de la poesía. El poeta es el que se reconoce en toda la diversidad de la existencia y es capaz de escuchar cómo cada cosa revela secretamente su esencia. En esta percepción, se borran los límites del que conoce y lo que es conocido. En su Libro de las imágenes, Rilke escribe:

Progreso [Fortschritt]

Y de nuevo la profundidad de mi existencia se precipita en el estruendo
como si se moviera entre canales más escarpados.
Las imágenes se intensifican
los objetos se parecen cada vez más a mí.
Me he llegado a sentir en casa dentro de lo innominado:
con mis sentidos, como con aves, me alzó
hacia los cielos ventosos desde el roble
y en aquellos pozos descastados del día
mis sentimientos, como si sobre peces, se hunden.

Más allá de la belleza lírica del poema que se pierde bastante al traducirse (en alemán es un verso rimado), este poema es una radiografía del quehacer poético. Rilke celebra en cierta forma el progreso de su aparato sensorial, su sensibilización que le permite mimetizarse y comulgar con la naturaleza. El poeta es una esponja de lo divino, de lo verdaderamente significativo, de la verdad natural. Rilke parece sugerir que es capaz de tomar el cuerpo de aquello con lo que se encuentra, como el agua que toma el color y la forma de su recipiente, y/o de hacer que todo lo que mira encuentre una complicidad con su propia forma. Porosidad y transparencia: inter-ser. Absorbe el cariz del lugar y extrae la esencia del momento, el éxtasis etéreo y la grávida desolación.

La palabra poesía viene de una raíz (poiesis) que significa creación, pero el poeta no es realmente un creador, es el sintonizador, el percipiente de la creación, es aquel ante el cual se hace diáfana la presencia perpetua del instante creativo, la luz del génesis y la disolución del universo se vuelven tangibles y se actualizan. La poesía es el testimonio de la creatividad incesante e irreprimible que es la realidad más profunda de las cosas. El poeta inglés Samuel Taylor Coleridge escribió que todo verdadero poeta es también un filósofo; en realidad, todo verdadero poeta es también un místico (místico es quien participa en el misterio, en el enigma del ser). Rilke es el gran emblema del poeta místico. Rilke, que dedicó su vida a afinar su aparato perceptual, justamente para acceder a la realidad desnuda. El poeta debe entrenarse para acceder a lo que el instante revela, a los esplendores secretos. Para ello debe hacerse un investigador de campo e ir más allá de la experiencia intelectual: debe encontrar la unidad entre las cosas, puesto que sólo podemos realmente conocer un objeto si tenemos una identidad con él, un puente de significado. La percepción es comunión. Como es afuera, es adentro. O, como dice Rilke en un poema: "¿Qué es la interioridad sino cielo intensificado?". La mente del poeta es un cielo interno donde pueden surcar todos los fenómenos bajo prístina luz. 

Este poema de Rilke nos hace recordar una frase del maestro tántrico tibetano Chögyam Trungpa Rinpoche, también pintor y poeta. Trungpa dijo que el tantra era sostener en el mismo espacio todo el sufrimiento del mundo y toda la alegría del mundo y sentirlo sin preferir uno o el otro. Sólo contemplar el corazón radiante de la totalidad, el corazón del cielo y el corazón de las tinieblas, sostenerlo ahí.

 

Lee también: Un poema de Rilke para una pintura de Alex Grey (una cópula energética)

Nahui Ollin, el alma gemela de Frida Kahlo que México olvidó

Arte

Por: PijamaSurf - 08/16/2017

Hay quienes la llegan a comparar con la famosa pintora Frida Kahlo; sin embargo hay otros, como el escritor José Emilio Pacheco, que vaticinan una época en donde las imágenes de la afamada pintora mexicana serían sustituidas por las de Nahui Ollin

Carmen Mondragón Valseca, también conocida como Nahui Ollin, fue artista, revolucionaria, mexicana, mujer. Hay quienes la llegan a comparar con la famosa pintora Frida Kahlo; sin embargo hay otros, como el escritor José Emilio Pacheco, que vaticinan una época en donde las imágenes de la afamada pintora mexicana serían sustituidas por las de Ollin: “La nahuimanía reemplazará a la fridomanía. Habrá postales, camisetas y gorras con las iniciales N.O., líneas de perfumes y productos de belleza”; o como Jaime Romandía, productor de una nueva película llamada Nahui (2018), quien afirma que “Nahui Ollin debería ser una figura de culto. Es más importante que Frida Kahlo”.

Hija del general Mondragón, uno de los más allegados al aquel entonces presidente Porfirio Díaz, Carmen Mondragón pasó de una educación rigurosa con pautas de lucha feminista y liberación sexual femenina, a un matrimonio que le costó su salud psicoemocional durante 8 años. Durante su vida con el cadete Manuel Rodríguez Lozano –desde 1913 hasta 1921– Mondragón tuvo una estancia intermitente entre París y México, en donde ambos artistas entraron en contacto con artistas como Henri Matisse, Georges Braque, Pablo Picasso, André Lhote, André Salmon, Jean Cassou y Diego Rivera, dando como resultado un aprendizaje autodidacta en torno a la pintura y el arte. Fue en esta ciudad europea en donde su hijo falleció: hay quienes dicen que ella lo asfixió, él lo aventó al suelo desde las escaleras, ambos contribuyeron ante su inevitable separación debido a la homosexualidad de él; ninguna versión se ha comprobado realmente. Pero el impacto que causó afectó a Mondragón lo suficiente para regresar a México y sumergirse completamente en una vida artística.

A su regreso definitivo a México, Mondragón comenzó a relacionarse con artistas como Dolores del Río, Antonieta Rivas Mercado, Frida Kahlo, Tina Modotti, María Izquierdo, José Vasconcelos, David Alfaro Siqueiros y Gerardo Murillo –Dr. Atl. Fue este último quien se convirtió en su gran amor y penar, y quien la rebautizó como Nahui Ollin en honor al significado náhuatl del cuarto sol, “la renovación continua del Universo”. Desde entonces y durante 5 años, la intensidad se adueñó de la vida de ambos: se aferraron al arte y a su sexualidad, se olvidaron del desprecio de la sociedad que los formó y vislumbraron una perspectiva de renacimiento. Después de todo, él tenía 47 años y ella 29.

Fue en esta misma época cuando ella se vivió más feminista que nunca. Un feminismo distinto, de otra época, de otra cultura, en el que sus ojos sulfúricos eran un acompañante de la fuerza de su cuerpo. Vestida o desnuda, fue la musa de varios artistas, y ella se atrevió a saltar al vacío.

Sin embargo, las peleas y los celos en su relación le valieron fama de loca. Se dice que el Dr. Atl contó en una memoria la vez que Mondragón puso fin a una pelea rompiéndole un frasco de pintura en la cabeza; una vez que Ollin se sintió exhibida, decidió ponerle fin a la relación dejando una carta pegada en la puerta de la casa del pintor: en ella confesó haberle sido infiel a su pareja con al menos 20 hombres, rematando que lo dejaba por un tenor italiano.

Fue después de la ruptura con el Dr. Atl y la muerte de su siguiente novio, Eugenio Agacino, un militar que trabajaba en la Compañía Trasatlántica Española, que Ollin decidió alejarse del mundo, acercarse a su soledad, y “se aferró a lo único que le quedaba de su época de oro: harapos, maquillaje exagerado, uñas grotescas, una libertad que le costó su cordura”, mientras paseaba exóticamente en los pasillos del Museo de San Carlos o en la Alameda, y recogía gatos muertos para convertir su piel en cobijas que usaba como abrigo durante las noches.

Este estilo de vida llevó a Nahui Ollin, de familia acaudalada, a la pobreza que recorría los laberintos de la demencia, suciedad y obesidad hasta que en 1978, a los 85 años, falleció llevándose en la memoria un enfrentamiento en contra del machismo hacia la libertad sexual tanto de los hombres como de las mujeres.