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Rebecca Solnit, resistir en tiempos oscuros: la esperanza como antídoto contra el derrotismo

Filosofía

Por: PijamaSurf - 08/08/2017

La incertidumbre de nuestra realidad nos mantiene paralizados, pero podemos retomar el control de nuestras acciones cambiando nuestro punto de vista sobre el mundo

Vivimos tiempos inciertos. La irrupción de problemáticas complejas como el cambio climático, la flagrante desigualdad de riqueza global o el dominio que las industrias alimentaria y de entretenimiento tienen sobre nuestro estilo de vida han hecho que nos cuestionemos el poder real que tenemos para provocar un cambio en beneficio de los afectados, es decir, la gran mayoría. Frecuentemente, tales reflexiones nos dejan un amargo sabor de impotencia e indefensión ante fuerzas que parecen inamovibles y consecuencias que parecen inevitables. Este es el caldo de cultivo de donde surgen la apatía y la desesperanza.

La luz que nos puede guiar a través de nuestras penumbras existenciales es la esperanza, según propone la autora estadunidense Rebecca Solnit en su libro Esperanza en la oscuridad (Hope in the Dark: Untold Histories, Wild Possibilities). Escrito originalmente en el 2003, justo después del inicio de la guerra estadunidense en Irak, en el prólogo a la nueva edición Solnit entiende que:

ha pasado bastante tiempo, pero la desesperanza, el derrotismo, el cinismo y la amnesia, junto con los prejuicios de donde éstos surgen, no han desaparecido, a pesar de que han ocurrido acontecimientos realmente inimaginables e insospechados. Representantes progresistas, populistas y comunitarios han obtenido diversas victorias. […] Vivimos en un tiempo extraordinario rico en movimientos vitales y reformadores que no fueron anticipados. También vivimos en una pesadilla desoladora. Una sincera confrontación requiere que percibamos ambas caras.

Al evaluar ambos matices de la realidad Solnit despoja a la esperanza de la ingenuidad que generalmente le atribuimos, pues para ella:

la esperanza no significa negar estas realidades sino enfrentarlas y abordarlas al mismo tiempo que recordamos todo lo demás que el siglo XXI ha traído, incluyendo los movimientos, héroes y cambios en la conciencia colectiva. […] La esperanza no es la creencia de que todo estuvo, está o estará bien. La evidencia de la tremenda destrucción y sufrimiento está por todas partes. La esperanza que me interesa […] es aquella que nos invita o nos exige que tomemos acción.

Una esperanza que fundamenta sus acciones en la necesidad de combatir las certezas y los dogmas tanto de pesimistas como de optimistas, quienes consideran inútil nuestra influencia sobre el estado actual del mundo. En esta noción de esperanza, la incertidumbre está inevitablemente ligada al cambio:

La esperanza radica en las premisas de que no sabemos qué sucederá y que la incertidumbre favorece un amplio rango de acciones. Dentro de la incertidumbre es posible que uno solo, o en acuerdo con muchos otros, sea capaz de influir en los resultados. La esperanza es aceptar lo desconocido y lo incognoscible […] Es la creencia de que nuestras acciones son importantes, aunque cómo y cuándo importen y a quién o qué impactarán no son cosas que podemos saber de antemano. De hecho, incluso podemos no saberlo posteriormente, pero de cualquier forma tienen peso y la Historia está llena de gente cuya influencia fue más poderosa después de desaparecer.

Por lo tanto, no podemos esperar que las repercusiones de nuestras acciones sean inmediatas, ilusión de la cual los medios de consumo masivo quieren convencer al consumidor. Si algo nos enseña la historia del desarrollo científico y humanista es que el progreso es una acumulación paulatina de acciones y consecuencias durante un considerable período de tiempo, como Solnit nos recuerda sobre la lucha por el derecho de las mujeres al voto, que duró 7 décadas:

Durante algún tiempo a la gente le gustaba anunciar que el feminismo había fallado, como si el proyecto de revisión de arreglos sociales milenarios debiera lograr la victoria definitiva en unas cuantas décadas. El feminismo apenas comienza y sus manifestaciones son importantes en los pueblos rurales del Himalaya, no sólo en las ciudades de primer mundo.

Las revoluciones y sus transformaciones, argumenta Solnit, “generalmente se consideran espontáneas, pero sus fundamentos son la organización y trabajo práctico a largo plazo”.

Sin embargo, una vez alcanzado el cambio debemos ser cuidadosos con el éxito pues puede empujarnos a la complacencia y la pasividad, pero al mismo tiempo es vital reconocer que cada victoria “es una marca del camino recorrido, la evidencia de que a veces tenemos éxito y un estímulo para seguir luchando y no detenerse”. El reconocimiento de que la victoria es posible impedirá que “la gente se rinda y se vaya a casa o nunca se una a la lucha”. Al igual que un recién nacido, no podemos “abandonar nuestras victorias en un estado tan delicado, cuando aún necesitan apoyo y protección… antes de que se consoliden en el estatus cultural”.

La falta de perspectiva sobre los complejos procesos de transformación de nuestro mundo y la sensación de inmediatez que nos dan los medios modernos nos aíslan artificialmente de nuestro sentido histórico y provocan una especie de amnesia cultural que, al no reconocer las victorias obtenidas, nos convence de la inutilidad de nuestras acciones. Solnit misma reconoce que “las cosas no siempre cambian para bien, pero cambian y podemos participar en ese cambio si actuamos. Aquí es donde entra en acción la esperanza y la memoria, la memoria colectiva que denominamos Historia”.

La autora nos advierte una vez más que “la esperanza sólo es el comienzo; no es un sustituto de la acción, sólo su fundamento” y, no obstante, es esencial encontrar maneras de celebrar, de entonar “letanías, rosarios, sutras, mantras, cantos de guerra para nuestras victorias”. Al fin y al cabo, la esperanza puede ser la antorcha que ilumine la incertidumbre de nuestro futuro.

El genial emperador romano nos comparte algunos puntos fundamentales para actuar sabiamente y alcanzar así cierta forma de felicidad.

Los estoicos fueron bien conocidos por dominar el arte de ser invulnerables, es decir, mantener un estado de ánimo neutral y alegre a pesar de cualquier peripecia o evento adverso que se les pudiera presentar sin importar lo grande o pequeño que fuera.

Un ejemplo formidable de esta filosofía es el emperador romano Marco Aurelio cuyo mandato en la gran Roma transcurrió entre invasiones germanas, ataques de oriente y una gran revuelta en varias provincias. Gracias a su disciplinado comportamiento, este emperador llevaba cuenta de sus reflexiones y pensamientos más profundos en su diario al que llamó sencillamente Meditaciones. El libro es fuente de gran sabiduría y ha sido apreciado durante varias épocas por gobernantes, hombres de poder y personas de todas clase; en él virtió algunos de los consejos más sabios para poner en práctica el estoicismo día a día.

 

Hemos seleccionado 8 de estos consejos que todos deberíamos poner a consideración al menos:

 

La gente será grosera

 

“Cuando despiertes por la mañana, repite esto: La gente con la que lidie hoy será entrometida, desagradecida, arrogante, deshonesta, celosa y malhumorada. Son así porque no pueden distinguir el bien del mal. Pero yo he visto la belleza del bien y la fealdad del mal y he reconocido que el malhechor tiene una naturaleza relacionada a la mía -no de la misma sangre o nacimiento sino de la mente y posee una parte de la misma divinidad. Así, ninguno de ellos puede lastimarme. Nadie puede involucrarme en la fealdad. No me puedo sentir enojado con mi prójimo ni odiarlo. Nacimos para trabajar juntos como los pies, las manos, los ojos, como las dos filas de los dientes, arriba y abajo. Obstruirnos mutuamente sería antinatural. Sentir enojo hacia alguien, darle la espalda: estas son obstrucciones.”

 

En ningún momento podremos estar rodeados únicamente de aquellos que nos hagan sentir bien, debemos prepararnos para confrontar la vida como es, no como quisiéramos que fuera y eso incluye la forma de actuar de otros.

 

 

    Tenemos poder sobre nuestra forma de estar

 

    “Escoge no ser herido y no te sentirás herido, si no te sientes herido no serás herido.”

 

Para los estoicos nada tiene un valor en sí mismo, todo lo que sentimos respecto a las cosas son la forma en que hemos elegido sentirlas.

Si la opinión que tienes de ti mismo significa más para ti que la opinión que otros puedan tener de ti, no te sentirás degradado si alguien no la comparte.

 

 

La bondad es la mejor arma

 

“Como un antídoto para la malicia, nos ha sido otorgada la bondad”.

 

Todas las actitudes tienden a perpetuarse en quien las practica con el grado de intensidad con que lo hace. Si actuamos con bondad cada vez, los amables nos agradecerán y los que no lo son serán desarmados pues no esperan esa respuesta de nadie.

 

 

Toda acción define quiénes somos

 

“Herir a otros es herirse a uno mismo. Cometer una injusticia es hacerla en contra de uno mismo. Te degrada. También puedes cometer injusticias al no hacer nada.”

 

Las elecciones que hacemos a diario para con otros moldean nuestro ser, cada una tiene repercusiones tanto en quien las recibe como en quien las comete.

La inmovilidad es otra forma de hacer daño, a veces no decidir es peor que decidir erróneamente. El amor propio se construye también con el amor que uno profesa por los demás.


 

 

La tolerancia está en no juzgar

 

“La gente existe una para la otra. Puedes instruirlos o tolerarlos.”

 

Todos formamos parte de una compleja red que nos ata a los demás, no podemos escapar y el aislamiento sólo nos hará llevar una vida poco digna de ser vivida. Mirar con compasión a otros nos permite abandonar o atenuar nuestros juicios sobre ellos.

Todo es pasajero, en especial nuestra propia vida. Todos falleceremos de un momento a otro.

 

“Es tonto intentar evitar la culpa de otros. Sólo inténtalo y escapa de la tuya.”

 

Hay que saber compartir y enseñar pero eso no nos hace responsables de los demás. Debemos responsabilizarnos solamente por nosotros mismos. Intentar cambiar la manera en que otros se comportan para adecuarla a lo que esperamos de los demás sólo nos conducirá a la infelicidad pues las acciones de los otros y sus consecuencias son suyas.

 


 

El resultado de nuestros esfuerzos es pasajero

 

No importa cuál sea tu objetivo, no importa cuáles sean tus metas. Las alcances o no, estás condenado a perder todo lo que construyas y obtengas. Nunca ha sido distinto.

 

“¿Te preocupa tu reputación? Mira como todos somos olvidados muy pronto. El abismo del tiempo eterno lo devora todo. El vacío de esas manos que aplauden.”

 

“Las personas a las que emociona la fama póstuma olvidan que pronto aquellos que los recuerden también morirán.”

 

La belleza de vivir está en que nada permanece quieto, todo cambia y de un momento a otro, desaparece.

 


 

La paz que necesitas está en ti

 

Los estoicos hablaban del alma como una “ciudad interna” a la que podemos llegar siempre que lo deseemos. Aquí habitan las sensaciones de calma y quietud que todos llevamos por dentro. También encierra las respuestas que tanto buscamos fuera.

 

“No hay ningún lugar al que puedas ir que sea más pacífico, más libre de interrupciones que tu propia alma…   retirate a consultar con tu propia alma y luego regresa a confrontar aquello que tienes por delante”.


 

 

Sólo tenemos una oportunidad para vivir

 

“Después de la muerte no hay un “nosotros” que pueda sufrir daño alguno.

 

La existencia está llena de luz y de oscuridad. Uno de los miedos que más han esclavizado al hombre desde siempre es el temor a morir. La muerte no debería ser una sombra atemorizante que acompaña a nuestros pasos, antes bien puede ser una luz constante que nos recuerde nuestra propia finitud.

En palabras del poeta español Antonio Machado: “La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos”.

Nada está asegurado, la fragilidad de la vida también debería motivarnos a vivirla lo mejor posible.

 

“Podrías dejar de vivir ahora mismo. Deja que eso determine lo que haces, dices y piensas”.

“Acepta a la muerte con agradecimiento, como una simple disolución de los elementos que componen cada cosa que está viva. Si cambiar continuamente de uno a otro no daña a los elementos individuales, ¿por qué estar asustado de su cambio y separación? Es algo natural y nada natural es malo.”