*

X
La combinación de algo simple, bello e inesperado es hoy, más que nunca, un reconfortante bálsamo

Wild, wild horses, we'll ride them some day.

Un pequeño grupo de caballos salvajes se reúne en una playa de Carolina del Norte, Corolla Beach, para refrescarse en el atardecer. La congregación queda, por delicias del azar, enmarcada justo bajo un arcoíris que peina en esos momentos la costa. Los cinco caballos, tras relajarse un rato, se marchan. La breve escena de 30 segundos queda documentada en un afortunado video que luego casi 200 mil personas pueden contemplar en una red social o una nota electrónica.

Hasta ahora pareciera que sólo hemos descrito un suceso que roza el ensueño, casi abstracto y sin aparente fin. Y es exactamente lo que significa, es decir, más o menos nada. Pero en tiempos donde el literal bombardeo de estímulos no cesa, esta especie de video-haiku es un verdadero bálsamo. Aquí no hay consejos o recomendaciones sobre cómo iluminarte, vivir más, tener mejor sexo o parecer más inteligente; tampoco hay estudios científicos de por medio, declaraciones polémicas o llamados a la autosuperación. Simplemente se trata de una invitación a frenar durante medio minuto tu interacción con lo demás, algo como "parar el mundo", y recordar que justo en este instante, en algún rincón de este planeta, que trasciende por mucho tu burbuja de realidad, están ocurriendo cosas de una sencillez y una hermosura que rebasan cualquier expectativa.

Es muy probable que el reconfortante efecto, el dulce sortilegio, que producirá en nosotros esta fugaz escena se diluirá pronto. Pero, con un poco de esfuerzo, quizá también seamos capaces de recogerla de la memoria de vez en cuando y así, en medio de correos electrónicos, selfies, series de Netflix, likes o la incontenible vibración de tu teléfono, recordemos que hay algo en algún lugar, pulsando por mantener algo de ese encantamiento que originalmente forjó, y que seguramente sostiene a pesar de todo, nuestra existencia.  

 

Twitter del autor: @ParadoxeParadis

Sobre cómo las películas manipulan las emociones para desencadenar un brote psicótico

AlterCultura

Por: PijamaSurf - 08/06/2017

Los estudios de Hendler, en los que se correlacionan a un nivel neuronal las emociones humanas y su rol en las enfermedades mentales, muestran que las películas ayudan a comprender cómo las emociones fluctúan en tiempo real a nivel cerebral y corporal

En su libro The Boy Raised as a Dog, Bruce Perry explica cómo un niño desarrolla la habilidad de la empatía conforme es capaz de visualizarse a sí mismo en diferentes situaciones a futuro, brindándole esto la posibilidad de imaginar lo que un otro –incluyendo un otro yo– podría sentir. Casi unas 2 décadas después la neurociencia, tratando de develar las capas de la psique humana en torno a la empatía, dividió la experiencia de esta habilidad en dos: la empatía mental y la empatía corporal. La primera, enfocada en las cortezas frontales, temporales y parietales, indica una coordinación mental que requiere tomar un paso fuera de uno mismo para pensar en la experiencia o el pensamiento de otro; la segunda, considerada más visceral, se experimenta corporalmente en un momento: como cuando uno puede llegar a sentir el dolor de un golpe dirigido hacia otra persona.

Estos dos tipos de empatía son usados en la dirección y producción de numerosas películas; sin embargo, muy pocas lo realizan de manera tan precisa que puedan desencadenar un espejeo de la experiencia de los personajes principales. Un ejemplo de ello son las películas del director Darren Aronofsky (creador de Black Swan, The Wrestler, Pi y Requiem for a Dream) y de la neurocientífica de la Universidad de Tel Aviv University –Israel– Talma Hendler, quienes al desarrollar personajes mentalmente inestables y angustiados provocan que el público reviva la misma sensación, incluyendo la de una oleada de brote psicótico.

Los estudios de Hendler, en los que se correlacionan a un nivel neuronal las emociones humanas y su rol en las enfermedades mentales, muestran que las películas ayudan a comprender cómo las emociones fluctúan en tiempo real a nivel cerebral y corporal. De acuerdo con su data recolectada en diversos grupos de control que observaron una serie de clips de películas emocionales, la actividad del ser humano cambia para reaccionar a la empatía cerebral o corporal y ambas “tienen una influencia poderosa en lo que la gente está experimentando”. Por ejemplo, en Black Swan, cuando el personaje de Nina –Natalie Portman– comenzó a sacar plumas de su espalda, el patrón de la empatía mental se transmitía a través de la expresión facial y visceral, como en pacientes con esquizofrenia, lo cual provocó que los individuos experimentaran un impacto emocional –intuitivo y automático– de la situación de otro ser humano.

Para Aronofsky, se trata de lograr que la audiencia recurra a su sistema de empatía mental durante una escena simple porque están tratando de comprender qué está sucediendo realmente: “La audiencia se está preguntando, ‘¿Qué demonios está sucediendo? ¿Es verdad que se está convirtiendo en cisne?’ y lentamente están descubriendo por lo que tanto el personaje como ellos mismos están pasando”. La idea es descubrir maneras de manipular las emociones de la audiencia: “Siempre estamos pensando en cómo adentrarse en el estado emocional, momento a momento, y cómo llevar a la audiencia con nosotros”. De modo que el sentido subjetivo de los personajes se ve reflejado, a través de las neuronas espejo, en la experiencia subjetiva del espectador, creando el éxito de las películas de drama psicológico.