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4 valiosas lecciones que puedes extraer de una tragedia (y mejorar para siempre tu vida)

AlterCultura

Por: pijamaSurf - 10/02/2017

Las tragedias suelen ser inevitables, pero de cada quien depende transformarlas en sabiduría o dejar que simplemente nos destrocen

Las tragedias, por ejemplo un desastre natural, la muerte de un ser querido, o situaciones complejas que terminan por arrojar consecuencias arrolladoras, son en su mayoría inevitables. Por esa misma razón no se trata de huir, inútilmente, de ellas, pues si llegan no habrá forma de esquivarlas, pero en cambio podemos transformarlas en un arsenal de lecciones que terminarán por aportarnos un aprendizaje que difícilmente lograríamos en otras circunstancias o al menos no de forma acelerada. 

Así que pasemos a las reflexiones condensadas en lecciones, algunas que aluden a premisas obvias pero que, si te lo parecen, sería bueno al menos reconocerles el papel de recordatorios valiosos, ideales para cualquier momento de la vida. En cambio, si has afrontado recién una episodio trágico, seguramente te resonarán algunas de las siguientes líneas –y en ese caso tómalas como una señal para no esperar más y abrazarlas, practicarlas. 

 

Todo pasa

No importa cuán placentero o aterrador sea un escenario, inevitablemente pasará. Los mejores momentos de la vida, así como los peores y más duros, desfilarán frente a ti. Todo pasa, incluso cualquier tragedia, nada puede evitarlo. 

 

Las cicatrices son hermosas 

Cada evento trágico, incluso cada dificultad, puede dejar impreso en ti una cicatriz. Te recomendamos que las honres y las celebres; a fin de cuentas, estos verdaderos tatuajes de vida te harán más fuerte y podrían terminar por irradiar una belleza mayor a la de cualquier flor. ¿Conoces el kintsugi?

 

La bondad incondicional

Cuando se experimenta una tragedia ocurre algo, una especie de clic que sucede entre la humildad, la empatía y la comprensión. Recuerda que nunca sabes cuando alguien está atravesando un paisaje trágico en su vida, así que dale el beneficio de la duda a todos y sé incondicionalmente bondadoso. 

 

Todo tiene una importancia

La tragedia, como colosal tormenta, nos ayuda a dimensionar el peso de cada cosa. En pocas palabras se trata de reconocer el valor, incluso la naturaleza sagrada, de cada objeto y cada evento, por más diminuto o rutinario que nos parezca. Por otro lado, la tragedia nos recuerda que si bien todo es sagrado, simultáneamente somos, nosotros y nuestras tragedias, no más que un minúsculo pixel en el universo.

¿Cuál es la verdadera historia de Hachiko, el perro leal que esperó a su dueño durante 10 años?

AlterCultura

Por: PijamaSurf - 10/02/2017

La verdadera historia de Hachiko tiene lugar en 1924, cuando Hidesaburo Ueno, profesor de la Universidad de Tokio especializado en ciencia agricultural, se vio en el deseo de encontrar un compañero leal que lo liberara un poco de su soledad

La adaptación cinematográfica de Hollywood en 2009 de Hachi: A Dog’s Tale (Siempre a tu lado, Hachiko) popularizó la conmovedora historia de este perro de raza Akita que esperó el regreso de su amo durante 10 años en la estación de trenes, sin saber que éste último había fallecido. Se trató de una película que, además de provocar unas cuantas lágrimas de tristeza, habla sobre el verídico acontecimiento de un perro nacido en Japón.

La verdadera historia de Hachiko tiene lugar en 1924, cuando Hidesaburo Ueno, profesor de la Universidad de Tokio especializado en ciencia agricultural, se vio en el deseo de encontrar un compañero leal que lo liberara un poco de su soledad. Así que empezó a buscar a un perro inteligente, autónomo y valiente, características que se adecuaban a los antiguos guardianes de los emperadores: los akita. Tardó bastante tiempo en encontrar un cachorro akita, pues para la fecha escaseaban en la región. Se dice que quedaban sólo 30 ejemplares puros de la especie en todo Japón, en Odate, una ciudad en la prefectura de Akita. Ahí, Ueno escogió a su mascota y lo bautizó como Hachiko o Hachi.

Con el paso de las semanas, Ueno y Hachi se volvieron inseparables. Su amistad y lealtad mutua creció: cada día caminaban un largo tramo uno junto al otro hacia la estación de tren Shibuya, en el centro de Tokio; el profesor tomaba un tren para su trabajo y regresaba en la tarde; el perro lo esperaba en la estación para caminar juntos a casa. La rutina duró 2 años, hasta que el 21 de mayo de 1925, Ueno falleció de un derrame cerebral mientras daba una clase en la universidad. Desde ese día, Hachiko esperó largas horas a su dueño…

Y como su esposa no poseía los recursos adecuados para cuidar a Hachi, lo donó a su antiguo jardinero, con quien disfrutaría del amor de una nueva familia. Pese a ello y por sorpresa, el leal Hachi siguió esperando a su antiguo dueño en la estación del tren durante 10 años. Se dice que durante ese período, el perro tenía un semblante muy triste; sin embargo, pese a que los días, meses y años pasaron y la gente solía tenerle miedo, él decidía regresar cada mañana.

Eventualmente, un periodista y un estudiante de Hidesaburo notaron su presencia en la estación del tren, lo siguieron hasta la casa de su nuevo dueño y descubrieron la historia de gran lealtad y amistad. Comenzaron a publicar historias de Hachi en periódicos locales, las cuales lo convirtieron en una real inspiración de constancia y lealtad. Tanto, que en 1934 se erigió una estatua en frente de la estación de trenes Shibuya, con Hachi mismo como invitado principal para su inauguración.

Desgraciadamente, 1 año más tarde, el 8 de marzo de 1935, Hachiko falleció en la estación esperando lealmente a que su amigo llegara. Se le diagnosticó cáncer terminal, enterrándole al lado de su dueño en el cementerio Aoyama en Tokio. Ahora, en el noveno aniversario luctuoso de Hachiko, se honra la inquebrantable amistad entre especies que forma parte de la unicidad de la naturaleza.