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Pétalos azules secretos para seducir abejas, un majestuoso truco de la naturaleza

El mundo de la polinización es tan delicioso como sutil. Un nuevo estudio encontró que las flores dicen "hola" a las abejas creando un halo azul, lo cual llama su atención, ya que a las abejas -como a los poetas- les encanta el azul.

Las flores azules son pocas, pues los pigmentos naturales difícilmente alcanzan este color (salvo en algunas excepciones, como las amapolas azules de los Himalayas, las cuales utilizan metales en sus pigmentos, que hacen más alcalinos sus pétalos). Incluso los intentos de ingeniería genética de crear rosas azules han sido problemáticos. Sin embargo, muchas flores logran el azul a través de una especie de ilusión óptica. Se trata de halos azules secretos. Éstos son anillos en las bases de los pétalos, que generalmente son invisibles al ojo humano pero no a los ojos de las abejas, los cuales son más sensibles a las longitudes de onda azules. Este azul se convierte en una señal de que la flor tiene néctar para posibles polinizadores.

Las flores crean esta azul ilusión cuando la luz solar hace contacto con los pequeños pliegues de la superficie de sus pétalos. Esto pliegues alteran cómo la luz rebota y esto afecta el color que es visto. Así se fabrican estos momentáneos halos seductores. Muchos tulipanes, peonias y margaritas, entre otras flores, emplean este arte de seducción. 

En el estudio mencionado se descubrió, utilizando flores artificiales, que las abejas son capaces de ver estos halos. Sin duda, se trata de un bellísimo artificio de la naturaleza, el falso pero fértil azul que produce el envolver la luz.

Este es sólo un ejemplo de estas islas flotantes, un estilo de vida autosustentable que no sólo es capaz de sobrevivir mediante acuacultura, también mediante una granja ecológica de peces

En la Ciudad de México se encuentran las milenarias chinampas, estos pedazos de tierra flotantes capaces de crear vida y biodiversidad en los cuerpos acuíferos de Xochimilco. Recorrer esta zona entre canoas produce un fuerte deseo de residir entre la tranquilidad de las chinampas mientras se navega por la inmensidad de un país ancestral. Incluso hay quienes su cotidianidad se encuentra ahí, viviendo en casas flotantes y visitando la tierra en caso de ser necesario.

Este es sólo un ejemplo de estas islas flotantes, un estilo de vida autosustentable que no sólo es capaz de sobrevivir mediante acuacultura, sino también a través de una granja ecológica de peces. Se les conoce principalmente como aldeas flotantes, y son espacios en donde la gente vive en una comunicación retroalimentativa entre naturaleza y seres humanos. Compartimos a continuación otros ejemplos representativos de este tipo de lugares:

– Aldea flotante Aberdeen, en Hong Kong

Se trata de la zona más moderna y desarrollada de Hong Kong, la cual posee rascacielos y una serie de restaurantes tradicionales. Además se utiliza como un resguardo de yates modernos y botes de velocidad, permitiendo que las personas habiten todo el tiempo en ellos. La base económica y de supervivencia de esta aldea es la pesca, aunque el turismo se ha fortalecido en los últimos años.

– Islas de los uros en el lago Titicaca, en Perú

Los uros, una tribu que navegó hasta Perú mucho antes del inicio de la civilización inca, continúan viviendo en la zona en docenas de islas artificiales en el lago Titicaca. Las construcciones sobre las islas están hechas de totora de juncos. La maravilla de estas islas ha atraído al turismo extranjero, promoviendo las artesanías locales y tradicionales.

– Lago Ganvie, en África del Oeste

Cerca de Cotonou, Benin, esta aldea ha habitado en el lago Ganvie desde muchos siglos. Ahora, los hogares sostenidos por zancos tienen una población aproximada de 20 mil habitantes. Todo comenzó cuando la gente intenaba escapar, hace 5 siglos, de la tribu fon, cuyos guerreros eran conocidos por capturar a sus enemigos y venderlos a traficantes de esclavos en África Occidental. En ocasiones se le describe como la Venecia de África.

– Bahía Ha Long, en Vietnam

En los últimos años, se ha convertido en un atractivo turístico de la región: es una aldea flotante con mil 700 personas, que viven ecosustentablemente mediante la pesca y la acuacultura. Hay algunos turistas que deciden quedarse durante largas temporadas en ese paraíso acuático.

– Makoko, Lagos, en Nigeria

En la sección de Lagos, en Nigeria, se encuentra la segunda Venecia de África. A diferencia de la aldea flotante en el lago Ganvie, Makoko no es un destino turístico y sobrevive de manera poderosa sin electricidad, alcantarillas ni violencia. A lo largo de sus seis establecimientos sobre el agua hay facilidades médicas, escuelas flotantes y otras estructuras gubernamentales.