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El asesino en la mente: Reflexión sobre la serie ‘MINDHUNTER’ (David Fincher, 2017)

Arte

Por: Psicanzuelo - 11/07/2017

Basada en hechos reales, esta serie juega con los roles de criminales y policías, cuestionando la manera como funcionan las normas morales de la sociedad actual

La historia se centra en el equipo del FBI que descubre que existen los asesinatos en serie, después de que saltaran a la luz comportamientos criminales repetitivos, obsesivos, y poco a poco descubrir que tienen que ver con la infancia del individuo y la relación con su madre. Basada en el libro de no ficción Mind Hunter: Inside FBI's Elite Serial Crime Unit, de Mark Olshaker y John E. Douglas.​

Holden Ford (Jonathan Groff) es un joven e inocente oficial del FBI que se encarga de un caso donde un sujeto tiene atrapados rehenes en un secuestro que acaba con él volándose la tapa de los sesos, en un efecto físico y digital, que recuerda un poco la manera como se vuela la cabeza el ama de casa norteamericana en la cinta mexicana Los bastardos (Amat Escalante, 2008). Su superior lleva a Holden al ambiente académico policíaco, donde inicia una carrera de docencia que lo hace conocer a Bill Tench (Holt McCallany), quien lo invita a participar en clases con distintos elementos en todo el territorio norteamericano, al mismo tiempo que inician un equipo secreto que va abordando crímenes muy particulares.

El proyecto de serie televisiva en demanda consta de 10 episodios de 1 hora de duración, y la serie está producida ejecutivamente por David Fincher (Zodiac, Los 7 pecados capitales) quien dirige cuatro episodios también y le da todo su bien logrado tono a la serie, con gran ayuda fotográfica de Erik Messerschmidt, quien sólo había sido gaffer en películas de superhéroes y fotografiado buenas series, con un fantástico trabajo que no permite olvidar el trabajo de Harris Savides en Zodiac (2007). En el equipo de directores destacan Asif Kapadia, quien sorprendiera al mundo dirigiendo muy joven la legendaria cinta de Bollywood de aventuras medievales: El guerrero (2001) y que después brillara dirigiendo documentales como Amy (2015) y Senna (2010), sobre la cantante y el piloto de Formula 1, respectivamente. Dichos documentales, valiéndose como pocos de ejemplar material de archivo (¿quién sabe de donde sacó tanto y tan bueno?), reconstruyeb la autodestrucción de dioses modernos descubriendo el origen de sus obsesiones y volviéndolos humanos, como reencarnaciones de dioses dentro de su humanidad trepidante. Por otro lado Tobias Lindholm, quien escribiera el fantástico guión de La caza (2012), dirigida por Thomas Vintenberg, para quien ha escrito otra película después el niño favorito de Von Trier, para quien también escribió Submarino (2010) y La comuna (2016), también escribió otra para Kragh-Jacobsen, otro miembro del polémico grupo danés Dogma 95, y que también ha dirigido un par de películas en Dinamarca. Pero vale la pena mencionar La caza, porque es curioso el acercamiento hacia el criminal que se da en esa fantástica cinta, que juega con los roles de víctima, victimario y sobre todo la sociedad, que es la que se encarga de decir quién es quién, eso tiene mucho que ver con el espíritu de Mindhunter. El talento de toda esta gente es perfectamente organizado por Fincher para darnos un resultado fabuloso que cuestiona nuestros tiempos. La cinta que hizo saltar a la fama a Mads Mikkelsen, para quien no la haya visto, trata sobre una acusación de violación infantil que acaba con la vida de un sujeto, sin que haya verdaderamente un caso y una investigación, digamos, un linchamiento masivo en masa tanto psicológico como físico.

Por la serie vemos desfilando asesinos seriales emblemáticos y polémicos que los investigadores entrevistan en prisión, sin permiso de los superiores del FBI, y encontrando la lógica en todos sus asesinatos. Por ejemplo, Ed Kemper (Cameron Britton) o Jerry Brudos (Happy Anderson), que son magníficamente interpretados, saliendo de todo cliché, resultando humanos y hasta atractivos fuera de sus terribles actos. Eso le da sentido a la serie, que en mucho tiene que ver con el trabajo que hace años hiciera Jonathan Demme con El silencio de los inocentes (1991) y que ha dado pauta al trabajo de Fincher en este género en particular, adaptando la novela de Thomas Harris. Para Fincher, desde 7 pecados capitales se trata de la obsesión del sistema por corregir lo que esta mal brincando la parte del entendimiento, es mucho más sobre la humanidad. Más tarde, en Zodiac, resulta claro que se trata aún más sobre la obsesión humana misma que comparten tanto asesinos como policías o investigadores, aunque sea un reportero o varios. Pero lo que va desarrollándose más allá de todo es la relación del que investiga con su círculo cercano, pareja, familia y amigos. En Mindhunter, Holden inicia una relación que dura toda la serie con Debbie Mitford (Hannah Gross), que es muy inteligente y de carácter dominante. Pero esa relación tiene que ver con quién le gustaría ser, y por otro lado inicia una relación laboral con Wendy Carr (Anna Torv), quien sería una especie de Batichica del equipo, una prominente psicóloga que entiende lo que está por lograr junto con Bill; en ella encuentra realmente quién es él mismo, y sobre todo, obtiene la comprensión que jamás alcanzará con Debbie.

 

Twitter del autor: @psicanzuelo

La muerte ha sido explorada en la historia de la cinematografía universal desde distintas ópticas, emociones, creencias y propuestas tanto narrativas como visuales, que han legado un serial de cintas memorables

*Algo ha muerto en mí para que siga vivo.

 

La muerte ha sido explorada en la historia de la cinematografía universal desde distintas ópticas, emociones, creencias y propuestas tanto narrativas como visuales, que han legado un serial de cintas memorables. En México, la muerte protagoniza, como impronta, diversas celebraciones cuyo cenit habita la fiesta del Día de Muertos el día 2 de noviembre, fecha que, como una pila intercultural del mestizaje, comulga el recuerdo, la nostalgia y el apego en la memoria de aquellos sabores, aromas e imágenes que nos permiten hacer vívidos a los seres queridos que han partido, y convidarles a un convite de dispuestas ofrendas. Pletórico de misticismo y enmarcado en el humo de leyendas a copales e inciensos, las flores de amarillo afán acompañan las tumbas a cementerios, y el cariño se extraña para abrazarlo en el presente del recuerdo.

El Día de Muertos evoca nítidos recuerdos de mi infancia, no sólo porque nací un 2 de noviembre sino porque, en las anécdotas de altares, no podría definir desde las sensaciones a otra festividad que más defina la cosmovisión mexicana de la vida desde la muerte. Así, bajo el sustento de una confrontación con la alteridad inextricable, con el misterio del incierto devenir y en certeza de la finitud, diversos directores han vertido en sus propuestas cinematográficas una aproximación al final de la vida o a su extensión en cualquiera de sus dimensiones. El libro de la vida (2014) de Jorge R. Gutiérrez, ofreció una interesante panorámica del cine animado hacia la festividad de los muertos, y Coco, la sentimental, evocadora y más reciente cinta animada de Pixar dirigida por Lee Unkrich, situada en reminiscencia de la tradición mexicana hacia la muerte, generó en su estreno una gran respuesta de la audiencia que ha destacado la forma en que, a través de un niño, la cinta revisita la tradición en busca del destino de una familia, el pasado de los ancestros y el devenir del propio personaje, al tiempo que de forma ecléctica y musical, une diferentes valores y principios que dan sustento a la costumbre.

En esta edición de DECÁLOGO compartimos 10 cintas que reflejan distintas formas de abrazar la muerte y simbolizar el diálogo entre vivos y muertos, y que han legado significativas imágenes de reflexión, mediante secuencias anecdóticas que duelen y celebran haber compartido la vida con quienes ya no están, afrontan la muerte como un sendero, y averiguan el espacio que más allá de ellas habita.

 

10. ESCALERA AL CIELO (A Matter of Life and Death)

(1946, Dir. Michael Powell/Emeric Pressburguer)

Desde la década de los años 40 y hasta mediados de los años 50, el cine a dos voces de Powell y Pressburguer ofreció un variopinto mosaico cinematográfico que dejó sendos clásicos, Narciso negro (1947) o Las zapatillas rojas (1948), por ejemplo, dan prueba de la calidad de sus películas y de la versatilidad que tenía el dueto para mostrar temáticas relativas a la muerte en sus películas. Escalera al cielo ofrece una estupenda interpretación de David Niven como el piloto británico Peter Carter, quien, dañado en bombardeos de las batallas finales de la segunda guerra mundial, asume una urgente autoconfesión con June, Kim Hunter, quien, al radio en la torre de control, escucha con la advertencia de quien supone la muerte inminente del confeso interlocutor.

Al medio del colapso como consigna, Carter encuentra una neblina que al aclararse muestra un escenario que supone ser el más allá, para luego cavilar que está muerto aunque debiera estarlo tras el siniestro. Kathleen Byron como un ángel asiente al sobreviviente que su destino es otro y por azares de la casualidad, aunque sigue vivo, debe afrontar su fin; no obstante, al interludio de la dubitación de la vida y la muerte, Carter se enamora de June y con el amor como principio, lucha por demostrar al juicio de otros personajes y al del paraíso mismo que merece una segunda oportunidad. La premisa de un juicio posible, de los errores divinos, de la muerte como principio y fin, y el amor como lo único capaz de trascenderla, enmarcan esta película visualmente recordada por sus espectaculares efectos técnicos, donde sobresale la escalera de ascensión a la patibularia redención del cielo.

 

9. EL CIELO PUEDE ESPERAR (Heaven Can Wait)

(1978, Dir. Warren Beatty)

Siguiendo la línea narrativa de los Archers, así denominado el binomio Powell-Pressburguer, sobre los designios equívocos y las tareas pendientes, de la redención como una posibilidad de perdurar la vida, de la renovación de las oportunidades de vivir literalmente la vida, de la posibilidad de vivir dos vidas al mismo tiempo, El cielo puede esperar se convirtió en un inmediato éxito de crítica y taquilla a finales de los años 70. Beatty ofrece su trabajo más auténtico y a la vez sencillo como director en esta comedia de situación donde, junto a Julie Christie, crea una divertida y a la vez emotiva imposibilidad del amor, del triunfo y de la exoneración misma de las culpas, por abrazar el éxito en los pasos de otro, para quien la vida aguarda aún amaneceres.

Basado en el original de Harry Segall y con asesoría de Robert Towne, El cielo puede esperar confirma su título en la muerte de un exitoso atleta, Joe Pendleton, que en plenitud de sus facultades y éxito, muere en un accidente antes de jugar el partido más importante de su carrera, el Super Tazón. Sustraída su alma en el azar que no advierte supervivencia, Pendleton, acompañado de un ángel al descuido, desencadena una búsqueda continua por ocupar un cuerpo que le resguarde, aunque quizá en el intento no vuelva a ser el mismo, ni su alma siquiera lo advierta. Las constantes de Powell y Pressburguer están presentes en Beatty, con la salvedad de que los sucesos acontecen en la Tierra, la guerra se sustituye por el juego, la aprehensión por la riqueza, y la confesión por la complicidad encarnada en un ángel, que  convergen al hilo conductor del amor y el enamoramiento.

 

8. PEDRO PÁRAMO

(1967, Dir. Carlos Velo)

Si algún libro refleja la cosmovisión del mexicano hacia la muerte, si alguna novela puede identificar del mexicano su esencia, esa obra literaria es Pedro Páramo, la magistral aportación de Juan Rulfo a la literatura universal, que fue publicada en 1955.

A partir de entonces las lecturas, revisiones y estudios sobre Pedro Páramo y el mundo de los muertos que la protagonizan, abren diferentes interpretaciones temáticas que abordan en especial el viaje, la vida, la esperanza, la culpa, el castigo y la muerte como el eje conductor de las y los fantasmas que habitan Comala, un lugar más caliente que el infierno mismo. Este cementerio que vive en los recuerdos, plasmado con maestría por el escritor jalisciense, ha resultado un reto cinematográfico de enormes riesgos para los realizadores, e incluso para muchos críticos: ninguna adaptación de los cuentos o la novela rulfiana ha podido acercarse con cierta proximidad a su profundidad.

No obstante, la película editada por Carlos Velo en 1967 nos permite, a nivel audiovisual, tener una exégesis de la obra que por excelencia identifica la relación que en México existe entre la muerte y su pueblo, por la senda bélica de su historia. Protagonizada por John Gavin, Pilar Pellicer e Ignacio López Tarso, la adaptación condensa la serie de personajes que van y vienen como bruma; de esta forma, la relación de Pedro con Susana San Juan, de alguna manera es la relación de vida y muerte para el protagonista. La película asimila la novela a modo de recital, y hace notorios los ecos del silencio mediante corales declaraciones frente al destino de la muerte como condena.

 

7. AMENAZA EN LA SOMBRA (Dont Look Now)

(1973, Dir. Nicolas Roeg)

Considerada en la actualidad y de forma unánime como una de las mejores películas británicas del canon cinematográfico, Amenaza en la sombra innova en su edición, que suma a su técnica la simbología del agua y el color rojo como remanentes de la mente de sus protagonistas. Donald Sutherland y Julie Christie, en actuaciones por demás sobresalientes, interpretan a John y Laura Baxter, una pareja que tras la muerte de su hija decide asentarse por un tiempo en Venecia, mientras John realiza la restauración de una iglesia. Esta mudanza resulta irónica dado que Venecia, rodeada de agua, pudiera recordarles el ahogamiento de su hija, quien, vestida de rojo, inunda de rojo la trama.

La aparición de una vidente que dice haber visto a su hija, y una serie de asesinatos en la ciudad italiana, son el marco donde la censura se apropia del erotismo, del terror a lo desconocido y de la simbología que se funde con el arte para presentar una conexión entre la vida y la muerte que, lejos de tranquilizar, angustia en la expectativa. El contacto entre quien ha muerto y quienes siguen vivos se muestra como un intento de su hija por advertirles del peligro que les rodea, que se avecina o que acusa lo que ya ha sucedido.

La necesidad de comunicarse es el vínculo primario de la película, la no resolución o la no aceptación de los hechos relativos a la muerte, y el fortalecimiento de los lazos afectivos de la pareja entre aceptar la muerte o creer que pueden mantener relación con quien ha muerto. Roeg recurre al repaso de los tiempos conjugados en visiones, recuerdos y ensayos de la óptica que interactúa con el suspenso de la audiencia. Basada en la adaptación del texto de Daphne Du Maurier, Amenaza en la sombra ha influenciado a diversos realizadores, Lynne Ramsay, Danny Boyle, Martin Campbell, Lars Von Trier, y Christopher Nolan entre otros, quienes han comentado la relación de símbolos, colores y la tensión argumentativa que Roeg inspira mediante el montaje de la cinta.

 

6. WAVELENGTH

(1967, Michael Snow)

Obra definitiva de las propuestas cinematográficas que, alternativas, irrumpieron a finales de la década de los 70, el cine experimental del director canadiense Michael Snow elevó al cénit a Wavelength, sonora apreciación de la vida y la muerte desde los silencios, cuyo eco estridente presenta un aumento sensorial de su frecuencia para recuperar emociones, dolor, gozo, llanto, alegría, las vivencias. Resulta difícil explicar el sentido de su trama, si la tiene, para dejar todo su impacto en la experiencia misma de ver y, más bien, sentir la película. Las distantes voces que aún viven y se escuchan a través de la preservación del sonido natural, es en la cámara un espacio del que rebotan las vibraciones y sus frecuencias de onda en las paredes de una habitación y que, además, habitan sus rincones.

Una cámara puede ser testigo de algo que sucede y sucedió, captar las infinitas posibilidades de los espacios y sus colores, del ruido y su silencio, de la vida que se expresó y la muerte que perdura en el sonido. La condición humana transita en dos puntos unidos por una línea que se matiza por colores, vibraciones y frecuencias que la integran. Snow capta de la lente los ángulos, los ambientes y del espectador las sensaciones, sinergias que hacen de Wavelength una de las más importantes y celebradas obras maestras del cine experimental del canon cinematográfico.

 

5. EL SEXTO SENTIDO (The Six Sense)

(1999, Dir. M. Nigth Shyamalan)

Entre las películas que sorprendieron en 1999 destacan, por su narrativa, Magnolia de Paul Thomas Anderson, desde sus efectos visuales Matrix de las hermanas Wachowsky, y El sexto sentido de M. Nigth Shyamalan, que cautivó por la ilación de una ficción que ampara la angustia  de un niño que asegura ver gente muerta, y que concluye con uno de los desenlaces más sorprendentes de la historia del cine. Protagonizada por Bruce Willis, Toni Collete y por el nominado al premio Óscar, Haley Joel Osment, El sexto sentido conlleva la relación sobrenatural o metafísica del pequeño Cole Sear en su relación de terapia con el doctor Malcome Crowe, la cual se desarrolla a través de los encuentros y desencuentros de Cole con gente muerta, y en la argucia por descifrar lo que estos encuentros significan.

La deducción de concebir el entablar una conexión con quienes han muerto para auxiliar en el alivio de sus penas o la resolución de los asuntos pendientes de los muertos, otorga a la película un cariz redentor que nos resulta empático ante las señales, experiencias y circunstancias que podemos aducir a una solicitud de comunicar el mundo de los vivos con el de los muertos mediante una misiva. También aporta al debate la capacidad extrasensorial, de ahí su título, para ser interlocutor de la posible existencia de dos dimensiones en una. Acompasa esa presencia permanente que no se ha ido, una dualidad manifiesta de la vida que indica, desde el pasado en el presente, cuáles son los pasos a seguir para saldar las cuentas con lo vivido para, de esta forma, dejarnos atónitos ante las razones que al sexto sentido define.  

 

4. EL TÍO BOONMBEE QUE RECUERDA SUS VIDAS PASADAS (Uncle Boonmbee Who Can Recall His Past Lives)

(2010, Dir. Apichatpong Weerasethakul)

Un elemento fundamental de la tradición de muertos es la recuperación de la memoria y la preservación de los recuerdos para evitar el olvido. Si alguna razón, además de la celebración de la vida desde la muerte, define a la festividad de muertos, esa es la lucha de los vivos por evitar que el recuerdo de los seres queridos muera. Y esta acción de acopio de los vestigios se une con hacer posible el reencuentro con nuestros muertos a la mesa, de ahí el sentido de las velas que iluminan el camino en los altares, de ahí las viandas dispuestas a la mesa en las ofrendas. El tío Boonmbee que recuerda sus vidas pasadas no sólo alude indirectamente y sin voluntad expresa a la tradición de muertos, sino también a una leyenda mexicana por excelencia, la existencia de los nahuales, personas que son capaces de transformarse en animales y, al camuflaje, disipar su paso entre los demás para visitar a quienes extrañan. 

En esta obra maestra del cine tailandés Apitchanpong Weerasethakul expone, mediante la contemplación de la natura, una pléyade infinita de posibilidades de regresar del olvido, para hacer de la memoria el nexo entre la vida y la muerte. Al tiempo que conversa con el fantasma de su esposa que ha muerto, el tío Boonmbee es capaz de recolectar en su mente los sucesos que dieron pauta a sus vidas pasadas y valorar las mismas desde lo que fenece, como la visión de su hijo, quien, tras perdido, aparece en una forma distinta, reflexionando así sobre la transformación de la vida y su relación con  otros seres vivos y la naturaleza. Un canto de murmullos, de animales que nocturnos desvelan, de especies que al amanecer susurran, son parte de esta oda de la naturaleza a la muerte desde las vidas pasadas que les configuran.

 

3. El LABERINTO DEL FAUNO (Pan´s Labyrinth)

(2006, Dir. Guillermo del Toro)

Especialista en el cine de monstruos, Guillermo del Toro es un maestro de la imaginación vuelta realización cinematográfica.

Del Toro es capaz de construir un mundo propio y dar estilo a su cine con elementos fundamentales que unen la deformación con la belleza interior del ser humano, la maldad y la bondad intrínsecas en su condición, así como la unión de la narrativa con la superposición de imágenes fantásticas y el intertexto de sus mensajes incluso en cintas históricas. El laberinto del fauno, ambientado en las consecuencias de la guerra civil española, obra maestra del cine del presente milenio, nos muestra la inocencia de una niña y su relación con un fauno que desde la simple relación fantástica indaga la vida, la muerte y la historia envuelta en los dejos del bélico y fratricida conflicto español. Del Toro crea una pieza poética desde su pluma, y hace de la muerte una constante que no se advierte y se deduce en consecuencia de los sucesos.

Protagonizada por Ivana Baquero y Sergi López, Guillermo del Toro presenta a Ofelia, una pequeña que junto a su madre, enfrenta la tiranía del capitán Vidal y la persecución ideológica de un régimen, al tiempo dibuja en su mente una realidad alterna a modo de fábula. Lo anterior a Ofelia le permite aislarse de la realidad sin evitarla, e implica al espectador en la relación de dos mundos desde la voz cantante de una niña que debate su vida en el discernimiento del contexto y la fatalidad de la circunstancia. El mundo de los vivos en la superficie y el mundo de los muertos subterráneo o viceversa, conjugan una suerte de ambivalencia que nos recuerda los primeros trabajos de Del Toro en la serie televisiva de los años 80, Hora marcada, donde en un cuento similar une la ingenuidad y maldad, la niñez y lo monstruoso, en una relación que, amén de aterrar, sondea del ser humano la vulnerabilidad y la belleza interior al consuelo de la esperanza. La bella y la bestia (1946) de Jean Cocteau y la reciente ganadora del León de Venecia La forma del agua (2017) del propio Del Toro, dan cuenta de esta dualidad extraordinaria que el director mexicano examina desde el arte con suma profundidad. 

 

2. El SÉPTIMO SELLO (The Seventh Seal)

(1957, Ingmar Bergman)

A lo largo de más de 100 años de historia del cine, ninguna imagen retrata con mayor impacto la relación de vida y muerte que la que el maestro Ingmar Bergman plasmó para la posteridad en la secuencia central de El séptimo sello.

En esta cinta, no son los muertos quienes se presentan ante los vivos ni los vivos quienes apelan de los muertos su vuelta; la relación del vivo es directamente con la muerte, y para dilucidar las preguntas perennes que dan sentido y significado a la existencia, entabla un duelo de ajedrez con la muerte. Una película fundacional de la cinematografía universal, El séptimo sello ambienta en tiempos medievales una palestra de espacio vital, en cuya desolación, un caballero cruzado, Max von Sydow, realiza un viaje donde atestigua el desamparo causado por la peste, y atisba el encuentro con la muerte que, apersonada en un caballero de oscura vestimenta y calva cabellera, acude al caballero para tomar su alma. 

El silencio de Dios al que inquiere el caballero, adquiere la respuesta presencial de su verdugo, y en la revaloración de la existencia que desvanece, inquiere y responde en la dialéctica el sentido de los pasos y el significado de los horizontes de la vida, donde el respiro concluye mientras el arte permanece. La nada, el todo, el castigo, la condena, la liberación y la fatalidad como destino final, no separan la relación del caballero con la muerte sino la ineludible estrechez de sus caminos. Mientras hacen un recorrido por otras vidas que serán muertes, el caballero ha logrado prolongar la suya en la partida, a sabiendas de que no podrá ahuyentar el jaque mate en contra, con el único propósito de encontrar el sentido a la vida que se esfuma.

 

1. MACARIO

(1960, Dir. Roberto Gavaldón)

Obra cumbre de la cinematografía nacional, Macario es la pieza indispensable para comprender desde el cine la relación del mexicano con la muerte, una película fundamental para comprender la interculturalidad de nuestra costumbre, la valía de la tradición, las bases prehispánicas y coloniales, el mestizaje que le da fuerza a su propia creación simbólica. Roberto Gavaldón acusa la aceptación de que, por más que el protagonista sea generoso y convide lo que ha reservado en codicia, por más que busque el engaño, la burla o la ausencia, la muerte aparece al final para concluir su encargo.

Macario, encarnado en la soberbia actuación de Ignacio López Tarso, solicita a su esposa, interpretada por la poeta y actriz Pina Pellicer, el egoísta y quejoso deseo por comerse un guajolote él solo, después de tener que compartirlo con sus varios hijos; a partir de esa ida al campo, se suceden una serie de acontecimientos que hacen de la película un mosaico de mexicanidad único. Macario encuentra al Diablo, a Dios y a la muerte, quienes le solicitan que les comparta un pedazo a cambio de diversas recompensas; él acepta pactar con la muerte, por la compasión de verle desvalida en el peso. A cambio de su solidaria acción, recibe el don de saber dónde podrá y no podrá aparecerse la muerte en los enfermos y en los sanos al mismo tiempo, y de esa manda, Macario recibe insospechados y provechosos beneficios que le llevarán a un final angustioso, lleno de velas que representan vidas, una de ellas la de él, que se agota como se agotan todos con el tiempo.

Con un guión basado en el relato de B. Traven, Macario fue la primera película mexicana nominada al premio Óscar a Mejor Película Extranjera, e igualmente nominada a la Palma de Oro del Festival de Cannes, donde resultó ganadora en Mejor Fotografía para Gabriel Figueroa. Gavaldón rescata la dualidad del México rural y el urbano, con las creencias y cosmovisiones mestizas, tal como hiciera en otras de sus cintas, en especial El rebozo de Soledad (1952), por citar un ejemplo. En Macario busca hacer un retrato de la sociedad ambientado en la época colonial sin dejar de hacer puntilla de la dual realidad que el México aspirante al urbanismo vive, tras los dejos revolucionarios y posrevolucionarios, con sus temas pendientes y un incierto devenir de velas encendidas en las grutas y en la expectativa de su relación con la muerte. Macario sigue siendo un referente en diversas plataformas para celebrar desde el cine el Día de Muertos, y se ha convertido en un clásico referencial de la cosmovisión del mexicano.

 

* Iván Uriel Atanacio Medellín. Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas El surco y El Ítamo (Universidad Veracruzana, 2015), que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades a nivel internacional. Dirigió los documentales La voz humana y Día de descanso. Es Director Editorial de Filmakersmovie.com.