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¿No puedes independizarte ni conseguir un trabajo estable? Quizá eres un 'sinky'

Sociedad

Por: pijamasurf - 12/20/2017

Esta podría ser la primera generación en décadas capaz de provocar el hundimiento socioeconómico de la sociedad

¿En cuántas comidas familiares no ha surgido el comentario de padres o tíos que afirman que a la edad de veintitantos ya eran capaces de mantener una familia y ser dueños de una casa, mientras que los jóvenes de ahora no pueden conseguir un trabajo lo suficientemente estable ni mantener a una familia como se solía hacer antiguamente? Parecería que se trata de una serie de comentarios clichés de personas mayores; sin embargo al contemplar superficialmente el panorama, es fácil encontrar una sutil relación entre la crisis económica a nivel mundial y el cada vez disminuido tamaño de las familias.

De acuerdo con Jorge Nuño, el secretario general de Cáritas Europa, una asociación que brinda apoyo a las personas con dificultades económicas, la crisis económica ha desencadenado una situación peculiar: la de los sinkiesSingle Income, No Kids, que quiere decir “Ingreso único, sin hijos”–, la cual se refiere a la de las parejas jóvenes sin hijos que trabajan, pero cuyos salarios apenas equivalen a un ingreso único suficiente o decente. Esta generación es “la primera en décadas que corre el riesgo de estar en peores condiciones que sus padres, lo que traerá profundas consecuencias para la cohesión social, los modelos sociales y los sistemas de protección social.” En otras palabras, es la primera generación en décadas que podría provocar el hundimiento socioeconómico de la sociedad “si no se toman medidas ahora”. 

A diferencia de los dinkies (término éste acuñado en la década de los 80 para describir las parejas que ganaban un doble ingreso y eligieron no tener hijos), los sinkies son una generación que no sólo podrían desear no tener hijos sino que son también jóvenes que no estudian ni trabajan o, de lo contrario, poseen estudios universitarios y “están atrapados en trabajos irrelevantes para sus estudios”. Es decir, no pueden afrontar los gastos que implica la autonomía, independencia o paternidad, pues la situación actual en el mundo no posee la capacidad de generar un mercado laboral capaz de aprovechar los recursos humanos disponibles. Como consecuencias, en palabras de Nuño, 

"Es probable que las generaciones más jóvenes tengan menos oportunidades y estén peor que sus padres, ya que los empleos son más escasos, los salarios más bajos y las condiciones de trabajo más deficientes. 

[…] Además, el estudio pone de manifiesto que las sociedades europeas han abandonado su compromiso con la cohesión social y están haciendo caso omiso a las generaciones más jóvenes. Pues son los jóvenes que a menudo son discriminados y tienen dificultades para acceder a derechos básicos, como el derecho a la vivienda y el derecho a acceder a un empleo de calidad.

[…] Asimismo, la prolongada crisis económica y los cambios posteriores introducidos en los mercados laborales han afectado más a los jóvenes, por ejemplo, en términos de contratos laborales, salarios, condiciones de trabajo y acceso a la protección social. Así como las dificultades para acceder a viviendas asequibles. En general, los gastos del alquiler, se están convirtiendo en una parte cada vez mayor de los gastos mensuales de los jóvenes.

[…] Crecemos a coste de empleo precario y la falta de calidad en el empleo impide tener un proyecto a futuro. Están atrapados en trabajos irrelevantes para sus estudios, con extremas malas condiciones laborales que recuerdan la situación inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial."

Entre otras consecuencias relacionadas con los sinkies parecen ser no sólo la pobreza y una prolongada crisis económica, también está la disparidad entre la misma población causando discriminación, inseguridad social y un aumento en el costo de salubridad. De hecho, según Nuño, las poblaciones con mayor vulnerabilidad a esta situación son la monoparentalidad –pues no recibe apoyo económico ni de crianza a lo largo de los años– y los jóvenes de hasta 30 años que no pueden emanciparse. Esto provoca una interrupción evidente en “una trayectoria que vitalmente es la que corresponde y trae consigo una falta de motivación y de esperanza de cara al futuro.”

Sin embargo, ¿cómo garantizar al pueblo el derecho legítimo a un salario adecuado, a una vida libre de miedo a la inseguridad o a la pobreza, a bienestar tanto físico como emocional, a ejercer el derecho a la reproductividad? Si bien los objetivos pueden llegar a ser ambiciosos, Cáritas Europa propone realizar “una estrategia integral y coordinada para prevenir y combatir la pobreza juvenil […] con un enfoque integrado para garantizar un nivel de ingresos mínimos que sea adecuado para llegar a fin de mes y llevar una vida digna”, pues de lo contrario las crisis a nivel tanto nacional como internacional podrían provocar el derrumbe de toda sociedad occidental tal cual como la conocemos. Mientras que la burocracia toma medidas y presta atención a otros asuntos, los sinkies se ven obligados a buscar más de dos trabajos de tiempo completo para “alcanzar el fin de mes” y pagar las deudas, tarjetas bancarias, urgencias de las mascotas o personas a cargo, renta, agua, luz, teléfono celular, Internet, comida y compras del supermercado, salidas o gustitos propios, la limpieza del hogar o alguna situación inesperada como casualmente perder las llaves de casa, la mensualidad del gimnasio o de los estudios, entre otros…

5 formas en las que el mundo mejora cuando dejas las redes sociales, según periodista que se desconectó

Sociedad

Por: PijamaSurf - 12/20/2017

Se pueden enlistar múltiples beneficios de un teléfono celular sin notificaciones de redes sociales

Gracias a los avances tecnológicos, la comunicación evolucionó: se hizo constante, inmediata e ininterrumpida. Se convirtió en el centro de atención de numerosas plataformas sociales, medios empresariales, gubernamentales y ejercicio de la libertad de expresión. Se amplificaron  momentos tanto positivos como negativos mediante la viralización de publicaciones. De alguna manera, esta nueva manera de comunicarnos se nos metió tan al fondo que ahora nos parecería imposible una vida sin social media, y pocos se atreverían a dejarla

No obstante, algunos de nosotros conocemos uno que otro personaje alejado de las plataformas de redes sociales. Incluso, hay ocasiones en que se les reclama lo difícil que es encontrarlo sin la mensajería instantánea de internet y se les cuestionan las razones por las que tomaron esa decisión tecnoludita.

Para el periodista de The Guardian, Mark Boyle, quien lleva un año sin utilizar tecnología, la vida sin social media le ha brindado al menos cinco lecciones realmente trascendentales:

1. La identificación del periodismo sensacionalista.

Los algoritmos tanto de las redes sociales -IG, FB, Twitter-, como de las plataformas de búsqueda -Google, Yahoo- benefician a los sitios web que más reciben clicks, los cuales tienden a ser aquellas páginas que poseen titulares sensacionalistas, polémicos o que tocan una fibra sensible de las emociones. La mayoría de ellos suelen contener información copiada-pegada de otro sitio, noticias fuera de su contexto cultural/temporal y premisas manipuladoras que aparecen en un link al darle scroll en cualquier red social. El objetivo de este tipo de periodismo no es informar, sino dejarnos expuestos a la sensación, viralización, popularidad y pánico sin filtros ni capacidades para rechazarlos -porque sólo aparece, ahí, en la plataforma mientras uno revisa su red social-.

De modo qu,e cuando uno se aleja de las redes sociales, es mucho más fácil adquirir una perspectiva crítica de las noticias y sus fuentes. Es decir que, en vez de que el periodismo sensacionalista llegue a provocar una conmoción sin fundamentos reales, uno toma dominio de las noticias e información que decide consumir. Se trata, en otras palabras, de un ejercicio de responsabilidad ante el arte del conocimiento y el impacto que ejercemos en el entorno.

2. La reinvindicación de la vida social local.

Una vez que se toma distancia del vicio de tomar el teléfono celular para revisar las mismas notificaciones y noticias que se revisaron en los últimos cinco minutos, uno empieza a notar la presencia de vecinos, desconocidos regulares y conocidos de algún momento de la vida. Boyle explica que, desde que empezó a llevar una vida libre de social media, tuvo un mayor contacto con vecinos y, a través de ellos, estuvo al tanto de la vida del pueblo en donde habita. Es como si se volviese a generar una red de vínculos: un apego seguro a la cotidianidad física/visual/oral en donde se reconstruye la confianza entre las personas que cohabitan en un edificio, una calle, una cuadra, un barrio, una colonia. Así se fortalece tanto al inconsciente individual como colectivo, frente a una humanidad cada vez más separada, rota, incomunicada.

3. Conexión entre mente y cuerpo, en el aquí y el ahora.

Pese a la incredulidad que reina sobre el impacto del abuso de la tecnología en el bienestar emocional y físico de las personas, el mantener a la distancia las redes sociales obliga a estar presente en el aquí y en el ahora, resultando en una inevitable conexión entre la mente y el cuerpo. Es, en otras palabras, un estado de meditación que no sólo reduce los niveles de estrés, ansiedad y depresión, también incrementa la percepción del placer y felicidad en la vida. De hecho, Boyle resalta la necesidad de estar frente a la fogata con una copa de vino disfrutando de poder estar ahí sin la distracción de la azúlea luz del teléfono celular; de comer disfrutando del sabor de cada bocado sin la sensación de urgencia para conocer los últimos chismes en cualquier plataforma digital. Se trata de una alternativa al Carpe Diem renacentista.

4. La reducción de la tecnología se traduce en el ahorro de energía eléctrica.

Al reducir el consumo de las redes sociales, se ahorra batería en el teléfono celular ya que se reduce la cantidad de ocasiones en que se debe recargar mediante energía eléctrica y, por lo mismo, se aumenta su tiempo de vida. Esta pequeña acción se ve reflejada en un impacto altamente positivo para el medio ambiente: la disminución de la extinción masiva de especies, de los síntomas del cambio climático, de los contratos de manufactura militar a escala industrial, del consumo de plataformas de petróleo, canteras, minas, fábricas, redes de transporte, fuerzas armadas y prisiones, de chatarra electrónica y químicos que son absorbidos por la tierra y el agua afectando tanto a la biodiversidad como a la salud de múltiples individuos.

5. El reaprendizaje del escucha y habla.

Gracias a la reinvindicación de los vínculos sociales locales, se desarrolla la capacidad de escuchar a un otro empáticamente y de comunicarse con un otro asertivamente. Son herramientas que aprendemos a utilizarlas desde la infancia, y que, sin embargo poco a poco se han alterado con la introducción de la comunicación digital. Por lo que el acercarnos a los otros desde la empatía, la comprensión y la asertividad, brindará múltiples beneficios a la capacidad de elaborar un proceso de sanación emocional.