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Esta es la principal fantasía erótica de las mujeres y deja mucho para reflexionar

Sociedad

Por: pijamasurf - 12/03/2017

Hay un tema que se repite constantemente en la literatura erótica para mujeres y que se refleja también en sus búsquedas pornográficas

Según el libro "A Billion Wicked Thoughts", en el que los ingenieros de Google, Ogi Ogas y Sai Gaddam estudiaron miles de millones de búsquedas en internet para comprender los deseos que realmente mueven a los hombres y mujeres, lo que las mujeres buscan fundamentalmente en la pornografía y en la literatura erótica (porque las mujeres prefieren literatura erótica a videos pornográficos en general) es un arquetipo del hombre malo o salvaje pero poderoso, al cual logran domar o civilizar con su amor. Mientras que la exploración erótica masculina se centra en cosas muchos más crudas -aunque notablemente la búsqueda que más hacen en sitios de porno es "mom"- las mujeres parecen gustar de algo más que lo meramente visual, tienen una sexualidad más compleja y se refocilan en una historia y fantasean con esta idea, que mezcla la fuerza bruta y el poder con la gentileza y la belleza.

Esto lo interpreta Jordan Peterson como la reiteración del arquetipo de "La Bella y la Bestia" o, en su versión moderna, de "50 Shades of Grey".

Los tipos de Google intentaron registrar las estructuras arquetípicas del uso pornográfico femenino. Las historias de romance de Harlequin [la principal y mulimillonaria compañía de novelas de romance] son historias sobre cómo una deseada mujer virginal doma a un hombre salvaje. Y si piensas que las mujeres no quieren eso, entonces debes de encontrar una explicación para "50 Shades of Grey", que es la novela que más rápido se ha vendido en la historia, y es exactamente correcta en su arquetipo: es "La Bella y la Bestia". Así que los tipos de Google mostraron que la fantasía porno femenina es: hombre salvaje, a quien relativamente no le importan los deseos de los demás, sumamente atractivo (por lo tanto confiere alto estatus), es domado por la magia de una mujer soltera y llevado a una relación con ella. 

Los ingenieros de Google mostraron que en el porno, las entidades o personajes más populares para las mujeres son: vampiro, hombre lobo, cirujano, billonario y pirata. Lo cual sigue con esta tendencia de amansar al hombre salvaje y poderoso. En otras palabras, un macho alfa. Como dijera Henry Kissinger "el poder es el máximo afrodisiaco". Lo cual ciertamente entra en consonancia con la biología evolutiva. El poder es la característica fundamental que puede apreciar una mujer en un hombre que le podría asegurar protección para sus hijos y seguridad para ella misma. Tal vez sólo la inteligencia se acerca al poder como rasgo atractivo, pero incluso esta no tiene la misma fuerza instintiva de atracción que el poder, ya que el ser humano tiene mucho más tiempo siendo lo que llamamos civilizado que salvaje -y aunque la inteligencia es vital para la sobrevivencia, el poder es un signo más fácil de reconocer: el mismo físico es la señal más conspicua y hoy en día el dinero y el éxito rápidamente lo delatan. 

Algo interesante de esto, aunque ciertamente controversial, tiene que ver con que al sentirse tan atraídas por el poder, las mujeres, según Jordan Peterson, seleccionan y hacen que evolucionen los rasgos asociados con el macho alfa. Muchos de los rasgos que luego de alguna manera producen la cultura de testosterona o el llamado patriarcado y llevan a situaciones en las que mujeres se vuelven víctimas de estas mismas características en situaciones de abuso o de explotación. El hombre busca exhibir y cultiva estas características de poder, algunas de ellas brutales e insensibles en cierta medida, porque le rinden beneficios sexualmente, ya sea porque a la mismas mujeres les son atractivas cuando las ven, ya sea porque le permiten hacer a un lado a otros hombres y tomar puestos de poder y prestigio -los cuales sin duda son atractivos paras las mujeres-. Se podría argumentar que esta rudeza es tanto biológica como cultural, aunque también se podría decir que somos capaces de ir más allá del jaloneo biológico y establecer un orden moral superior. Sin embargo, el impulso hacia el poder es en buena medida biológica -lo cual tampoco significa que es irreversible o que entonces debe aceptarse sin más-. De cualquier manera, la realidad es que el poder es atractivo y en la búsqueda del poder, que es competencia constante, se desarrollan rasgos que están asociados con el abuso de los demás. Habría también que preguntarnos por la lógica del poder en las mujeres, ya que ellas también desarrollan características que les permiten conseguir a las parejas sexuales que desean por sobre las demás mujeres, entablando un juego de poder. O, en una sociedad dominada por un poder masculino que busca obtener sexo de las mujeres, la sexualidad femenina es utilizada como la forma principal de obtener poder.

Ante todo esto, para reflexionar, una frase de Jung que llama a trascender la sexualidad meramente biológica -y su juego de poder- hacia un amor que es fundamentalmente ético y espiritual: Donde existe voluntad de poder no hay amor; donde hay amor no hay voluntad de poder.

Hablar más de 1 idioma altera la experiencia del tiempo

Sociedad

Por: pijamasurf - 12/03/2017

De acuerdo con los lingüistas Emanuel Bylund y Panos Athanasopoulos, quienes realizaron un novedoso estudio en torno a esta problemática, el bilingüismo y poliglotismo tienen un efecto curioso en la percepción de la realidad

El lenguaje –su gramática, tono e incluso mensajes– es uno de los elementos imprescindibles que estructuran la realidad de una civilización. Se trata de un molde que brinda una estructura a aquella información que entra al cuerpo, pasa por un proceso de codificación-decodificación y resulta en una emoción, sentimiento, pensamiento o creencia. Por tanto, valdría la pena cuestionarse sobre el impacto que puede generar el bilingüismo o poliglotismo en la estructuración misma del cerebro.

De acuerdo con los lingüistas Emanuel Bylund y Panos Athanasopoulos, quienes realizaron un novedoso estudio en torno a esta problemática, el bilingüismo y poliglotismo tienen un efecto curioso en la percepción de la realidad. Es decir que dependiendo del contexto lingüístico en que un individuo crezca, éste creará y sentirá la noción del tiempo de manera diferente. Es como si de ello dependiese la estimación de la duración de los eventos, evidenciando en consecuencia la influencia de factores lingüísticos en la flexibilidad cognitiva de un individuo.

Esto sucede debido a un fenómeno inconsciente llamado code-switching –intercambio de códigos–, en donde los diferentes idiomas encarnan diferentes premisas y modos de organizar al mundo que nos rodea. Es por esta situación que, según Bylund y Athanasopoulos, los bilingües o políglotas son capaces de extender sus propias nociones del tiempo, imaginación y cognición: “Las diferencias en la manera en que se visualiza el tiempo en la mente afectan cómo se perciben los eventos”. Los autores ejemplifican con los siguientes casos:

Aquellos que son bilingües de aymará [Perú] y castellano –una lengua con una noción hacia el futuro por delante, como el inglés– tienden a considerar el futuro dirigiéndose hacia adelante, mientras que aquellos sin conocimiento del castellano lo hacen en dirección opuesta –en concordancia con el patrón temporal del aymará– cuando se habla del futuro. El chino mandarín utiliza un eje temporal vertical junto con uno horizontal. La palabra xià –abajo– es usada para hablar sobre los eventos del futuro, cuando se refiere a ‘la próxima semana’ un chinoparlante literalmente dirá ‘la semana de abajo’. La palabra shàng –arriba– es usada para hablar sobre el pasado –por lo que ‘la semana pasada’ se vuelve ‘la semana de arriba’. Esto afecta la manera en que los observadores perciben el desarrollo espacial de un proceso de envejecimiento.

Por esta razón, los investigadores consideran que las diferencias lingüísticas ejercen efectos biopsicológicos en una mente bilingüe o políglota: “Alteran la manera en que un mismo individuo experimenta el pasaje del tiempo dependiendo del contexto lingüístico en el cual está operando la mente”. Por ejemplo, vuelven a retomar los autores:

Los parlantes de inglés y sueco prefieren marcar la duración de los eventos utilizando distancias físicas –a short break, a long party–. Pero los parlantes de griego y españoles tienden a marcar el tiempo usando cantidades físicas –un pequeño descanso, una fiesta grande–. Los parlantes de inglés y sueco ven el tiempo en una línea horizontal, una distancia a viajar. Pero los parlantes de castellano y griego lo ven como una cantidad, un volumen que ocupa un espacio.

Mientras tanto, los bilingües parecen ser más flexibles. En especial, como mencionan los autores, en el caso de los parlantes de español y sueco: “Cuando se encuentran con la palabra sueca de duración –tid–, estiman al tiempo utilizando una línea métrica. Cuando se encuentran con la palabra castellana de duración, estiman al tiempo basándose en un contenedor de volumen”. Parece ser que aprender una nueva lengua permite estar en sintonía con las dimensiones perceptuales. Además, esta flexibilidad permite una mayor dinámica cognitiva, sugiriendo un mayor desarrollo de herramientas en relación con el aprendizaje, la atención múltiple y la salud mental.