*

X

Por qué los millennials están abandonando la religión y buscando la astrología y la brujería

AlterCultura

Por: pijamasurf - 02/05/2018

Existe una tendencia a abandonar la religión e irse por una espiritualidad new age, ¿cuáles serán las consecuencias de esto?

El sitio de tendencias Market Watch ha notado que existe una tendencia entre los millennials a recurrir a la astrología, la brujería, la magia, el ocultismo y a lo que llama "industria de servicios psíquicos", entre lo que se incluye la lectura de tarot, lectura de aura y demás prácticas asociadas con el new age. Esta industria está creciendo, y actualmente genera 2 mil millones de dólares al año en Estados Unidos.

Por otro lado, datos del Pew Research Center muestran que en el 2007, el 81% de las personas de 18 a 29 años nunca dudaban de Dios, mientras que en el 2012 el porcentaje sólo era del 67%. Esta tendencia en general puede enmarcarse en lo que ha sido llamado antes "espiritual pero no religioso".

Banu Guler, cofundador del software de astrología Co-Star, sugiere que existe un vacío de creencias y significado y que la astrología provee sentido en este cosmos solitario, hipermediatizado e hiperracional en el que nos movemos. Carl Jung había dicho que la astrología era la primera forma de psicología, un intento de ordenar la psique, de producir cosmos del caos. 

Es indudable que después de la "muerte de Dios" y el advenimiento de la sociedad secular materialista, existe un vacío de significado. Las personas modernas han perdido la confianza en la religión organizada. Por otro lado, la ciencia que provee bienes materiales y descripciones de la realidad no da respuestas a las grandes preguntas que se hace un individuo, como qué somos o para qué estamos en el mundo. Así entonces, se buscan sustitutos que no parezcan tan peligrosos y que sean más "cool" que la religión, que en nuestra sociedad ha tomado una mala fama. 

Otra explicación tiene que ver, como sugiere la nota de Market Watch, con que cosas como la astrología, la magia wicca, el tarot y demás prácticas son fácilmente consumibles, desde las lecturas en línea hasta los kits de cristales, inciensos, amuletos y demás. Es una espiritualidad hecha para el Internet y el mercado digital.

El gran debate en este sentido es si el hombre puede encontrar valor por sí mismo y con esto significado, sin recurrir a la religión. Jung, por ejemplo, creía que el hombre no era capaz de encontrar consistentemente valores en la vida por sí mismo sin recurrir a algo superior. Ciertamente existe una corriente ateísta -como Sam Harris o Richard Dawkins- que considera que el hombre puede encontrar sentido y moralidad, aun creyendo que el universo no tiene propósito inherente y que al morir dejaremos de existir. Un propósito que es predicado en tratar de hacer lo mejor que podamos en cada momento, vivir en el presente, tratar de ser felices. O simplemente pasar nuestros genes y mientras tanto vincularnos con las personas, en el amor, en la música, en la literatura. Encontrar una moralidad duradera, por otro lado, es más difícil si no se tienen creencias de que nuestros actos tienen consecuencias siempre y no sólo cuando son observados por otra persona.

El cambio de polo a la espiritualidad moderna, que es generalmente una versión más digerible de la religión (y que requiere menos esfuerzo), implica el riesgo de que las tradiciones vayan perdiendo su vitalidad y capacidad de transformar a las personas. El maestro budista Dzongsar Khyentse Rinpoche compara lo que está sucediendo con el budismo -que ahora está siendo presentado como mindfulness- con lo que ocurre con los tacos que se comen en Estados Unidos, que vagamente saben a tacos mexicanos, pero no preservan la fuerza del sabor original.

Para las tradiciones espirituales, cuando el ser humano hace silencio y entra en un estado de contemplación, esto le permite comunicarse con el cosmos y entrar en un estado de beatitud y unidad

El ser humano se percibe como separado del mundo y de esto proviene gran parte de su sufrimiento. Y, sin embargo, muchas tradiciones espirituales enseñan que tal separación -tal caída hacia un estado de soledad y desamparo- es una ilusión, ya que la unidad inicial es indivisible. En la medida en la que el ser humano tiene conciencia e inteligencia participa en aquello mismo que origina el universo y sustenta su evolución o manifestación. Coinciden Platón y los doctores de la Iglesia en que el mundo fue creado en el intelecto, que es también la facultad más alta del alma humana. "Un orden natural es uno en el que el punto más alto de aquello que es inferior está en contacto con el punto más bajo de lo que es superior", dice el más oriental de los místicos occidentales, Meister Eckhart. Lo más alto del hombre está enlazado con la inteligencia universal o divina -hay comunicación-.

Solos en un mundo vasto, los seres humanos extienden sus interrogantes, anhelos o plegarias al cosmos en busca de una respuesta, de significado. La mayoría de las personas buscan refutar aquella sentencia de Sartre de que la naturaleza es muda. Creemos que el universo tiene sentido y está vivo y por lo tanto responde a nuestros actos, palabras y pensamientos. Creemos que dentro de nosotros también existe esa vastedad espacial que podemos ver en un telescopio como el Hubble -y que si el universo existe adentro de nosotros, entonces podemos conocerlo y comunicarnos mirando hacia dentro, haciendo silencio y observando-. Eckhart dice:

Toma nota que aquel que quiere escuchar a Dios hablando debe volverse sordo y desatender a todo lo demás. Esto es lo que San Agustín nos dice en el cuarto libro de sus Confesiones: "Alma mía, no seas tonta y haz que el oído de tu corazón se vuelva sordo al tumulto de tus penas... Si el tumulto de la carne es silencioso para la persona; y el alma misma es silenciosa; si revelaciones imaginarias, cada lengua, cada signo, y toda las cosas que son transitorias son silenciadas... entonces él mismo puede hablar a través de sí mismo para que podamos escuchar su Palabra". "La llevaré al desierto y le hablaré a su corazón allí" (Oseas 2:14)  

Esta noción de que en el silencio, habiendo apaciguado los sentidos y los deseos mundanos, haciendo esa noche oscura del alma, se puede escuchar y unirse con Dios o con lo absoluto, es algo común a todas las tradiciones espirituales y trasciende incluso el teísmo. Por ejemplo, en el budismo zen o en el budismo tibetano, donde no hay un dios creador, también se realiza esta especie de comunión con la propia naturaleza que brilla en el silencio y que es la misma budeidad, o el ser libre de sufrimiento que está más allá del cambio. Esto también es lo que podemos llamar, con Jung, "sincronicidad", la sincronía o sintonía entre la psique y el mundo.

San Agustín poéticamente explica cómo la naturaleza responde al llamado de una persona con el lenguaje de la belleza:

Le pregunté a la tierra... al mar y a las profundidades... al cielo, al sol, a la luna y a las estrellas... Mi cuestionarlos fue mi contemplación y su respuesta fue su belleza. No cambian su voz, esa es su belleza, si una persona está allí para ver y otra para ver y cuestionar... La belleza aparece para todos de la misma manera, pero es silenciosa para uno y habla para otro... Lo comprenden aquellos que comparan la voz recibida afuera con la verdad que yace adentro.

Este pasaje es sumamente profundo. Nos sugiere que la naturaleza es un espejo que refleja nuestra inteligencia y nuestro propio cariz existencial. Pero esto sólo se vuelve claro cuando el individuo entra en un estado contemplativo, cuando es capaz de ver sin que el pensamiento y el deseo contaminen su visión. Cuando habla y pide con el corazón. La naturaleza (o el universo) contesta según nuestra pregunta; para aquel que contempla en silencio, contesta con la belleza silenciosa, como se representa en el arte zen; para quien hace una pregunta, la naturaleza habla, pero habla también con belleza, con ese lenguaje de las aves, con la música del viento y de los ríos, con la misma luz del Sol, que esa verdad que también yace adentro. Y en la profundidad, el alma que contempla en silencio puede recibir la palabra de Dios: puede entender que todo es una palabra, las mismas montañas y valles, los animales y el propio instante son manifestaciones del Logos (el orden universal). Porque, como dice Eckhart, Dios habla de una vez para siempre y lo que dice es el cielo y la tierra. El universo siempre se está creando y nos está revelando esta creación. Si sólo tuviéramos los ojos para ver, los oídos para escuchar.