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Las últimas encuestas muestran que la popularidad de Barack Obama ha decaído desde que asumió la presidencia hace unos meses: y esto podría representar el fin del coíto post electoral

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Parece que los días de sexo astral en un paradisíaco hotel de la costa de Indonesia, con chocolatitos en la almohada, desbordantes frutas eróticas, flores por doquier y un jacuzzi en la habitación, han terminado... Barack Obama ya no es más ese radiante nuevo esposo que carga a su país a la cama mientras éste sueña seducido con orgásmicos panoramas en un futuro inmediato. Su permanente sonrisa y su cara de honeymooner aparentemente ya no son suficientes para mantener la confianza de su hasta hace poco idolatrante electorado.

Según la última encuesta publicada por USA Today / Gallup, sin duda una de las de mayor peso en la escena política de Estados Unidos, la popularidad de Barack decayó nueve puntos desde enero pasado. Una caída ciertamente relevante en la métrica de aceptación de cualquier figura pública, y más tratándose de un recien llegado presidente.

Al parecer la cruda recesión económica que azota al país, sumado a una cierta desconfianza frente a su programa económico, han mermado de manera importante el rating de Obama frente a sus gobernados. Su popularidad se encuentra actualmente en un 55% lo que resulta en una tenebrosa comparación con el período de George W. Bush, que a la misma altura de su gobierno en 2001 se ubicaba un punto arriba con 56% (aunque esto probablemente demuestre más el aletargamiento de la población en ese entonces y el poder de Fox News en la opinión pública, que otra cosa).

Por ahora solo queda a Barack trabajar duro y tomar decisiones precisas y redituables en temas clave, como lo son la economía interna, las relaciones al exterior, y la salud pública. Pero también deberá acertar en cuestiones aparentemente simbólicas, pero que a la larga determinarán buena parte de su lugar en la historia, como el medio ambiente, su mano dura con los lores obscuros de las finanzas, sus incentivos a medidas como la energía alternativa, el respeto integral a todas las minorías, y por qué no, la parcial legalización de la drogas.

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El 28 de junio el presidente de Honduras fue sacado a empujones de su cama para informarle que, por ser un traidor a la patria, se le había expulsado del poder. De entonces a la fecha el "affaire Zelaya" ha sido aprovechado por un buen número de políticos para proyectarse en la escena internacional. Chávez, como siempre, jaló el reflector para pontificar que Venezuela nunca aceptaría a un presidente que llegara al poder por medio de un golpe de Estado y Clinton declaró que la injerencia de Chávez era inadmisible, España designó a su vicepresidenta primera Teresa Fernández de la Vega para ejercer presión a favor de la reinstalación del presidente y Calderón aprovecho la demora de Zelaya en la frontera de su país para recibirlo en México.

La decisión generalizada ha sido la de condenar el golpe de Estado y la estrategia la de no rascar tanto en las razones que lo originaron. El presidente de Costa Rica Oscar Arias presentó, casi un mes después, una propuesta de diez puntos, que se conoce como el Acuerdo de San José, que intentaba buscar una salida pactada al conflicto al reponer al presidente Hondureño en su cargo hasta una nueva convocatoria a elecciones en octubre de este año.

Lo cierto es que el "affaire Zelaya" vuelve a poner de manifiesto el destino antidemocrático de la región latinoamericana y su incapacidad para resolver los conflictos políticos a través de las instituciones. La intención de Zelaya de mantenerse en el poder a punta de decretos ha demostrado que el autoritarismo se combate con más autoritarismo y que así, la única ley que vale es la de a ver quién gana. Si a esto se suman las manifestaciones a favor de ambos "presidentes" lo que resulta obvio es que la hondureña es una sociedad dividida e intolerante, incapaz de encontrar por sí misma el camino a la reconciliación.

¿Será Honduras el primer país que revierta un golpe de Estado? eso depende de los oficios de los "buenos samaritanos" que tan desinteresadamente se están ofreciendo como mediadores en el conflicto y, cómo no, de las presiones, embargos, cercos y condenas de las grandes o pequeñas potencias de las que depende ese país. Lo cierto es que el fantasma del retorno a las épocas de la guerra sucia es algo que nadie quiere para América Latina, pero que tampoco la entusiasta defensa de un personaje como Zelaya, del que lo menos que se puede decir es que es intransigente e incompetente, es lo más deseable para nuestros países.

¿Y después del golpe qué? Los signos de desgaste de las autoridades se vuelven cada vez más evidentes y no sólo para Honduras, lo cierto es que cada vez se cree y se respeta menos a los gobernantes y cada vez más se piensa que lo eficiente es buscar que se haga justicia por la propia mano. Esperemos que los otros presidentes latinoamericanos intenten sacar lecciones de esta experiencia en lugar de aprovecharla sólo para salir en la foto.

¿Qué consecuencias tendrá esto en el tejido político del país?

Yolanda Meyenberg Leycegui es columnista invitada de Pijamasurf. Es investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM.

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