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Los dioses borrosos de Google Street View

Arte

Por: pijamasurf - 10/13/2014

Google trata a todo rostro igual: como datos; dios o humano son lo mismo para el algoritmo

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Google, en su ya borrosa política de privacidad, hace que las imágenes que toma el carrito de Street View tengan un blur de los rostros de las personas que capta en su peregrinación mapeando las calles del mundo. Ya sea por la "imagen hecha en semejanza" o por la falta de habilidad tecnológica para distinguir, Google.

Hay cierto proceso democrático en el algoritmo: ya seas una celebridad en un espectacular, un rey, un simple trabajador pedestre o una estatua de un dios, aparecerás con el rostro borroso, en el anonimato.

Para la artista Marion Balac, del proyecto Anonymous Gods, esto es sintomático de la incipiente comunicación entre humanos y robots, donde ambos tienen problemas para reconocerse y diferenciarse. 

Google ha logrado identificar rostros-no-humanos emblemáticos, como el Monte Rushmore, pero la mayoría de las estatuas de dioses asiáticos siguen con la cara borrosa, porque su algoritmo trata a todo rostro como datos, lo cual por el momento significa que el gigante tecnológico puede ser engañado.

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Por: pijamasurf - 10/13/2014

El libro nos recuerda que el universo fue y sigue siendo un gran acaso, y lo que aún queda por saber es tan vasto como el universo mismo

Si hay una costumbre ecuménica que hemos compartido con todos los hombres de la historia es el acto de mirar el cielo. De ahí hemos extraído las preguntas ontológicas más importantes y las imaginaciones más extravagantes, las herramientas calendáricas y la poiesis contemplativa. Todas las eras históricas, además, han plasmado su visión del 14COSM-master495 universo en mapas representativos para de alguna manera avalar su teoría cósmica. El nuevo libro Cosmigraphics: Picturing Space Through Time observa la imaginativa variedad en que la gente ha contestado las preguntas celestes a lo largo del tiempo.

El fotógrafo y cineasta Michael Benson colecciona los cielos cartográficos de miles de años y los presenta en una línea de tiempo que facilita nuestro entendimiento de la historia. El libro se divide en 10 capítulos de los cuales, por ejemplo, uno se centra en las concepciones medievales de nuestro planeta rodeado de agua elemental, aire y fuego; otro es sobre el siglo XIX, que refuta la teoría de que la Tierra es esférica y la presenta cuadrada, puntiaguda; otro contiene los dibujos exactos de ríos y mares, basados en las avanzadas habilidades tecnológicas que tenemos hoy en día.

Hay algo bastante atractivo en observar las creencias erróneas y prodigiosamente imaginativas de las visualizaciones antiguas de datos. Allí donde no se sabía qué pasaba hay dibujos de espíritus divinos, esferas celestiales, esquinas vertiginosas o lunas extremadamente oscuras e influyentes. El libro nos recuerda que el universo fue y sigue siendo un gran acaso, y lo que aún queda por saber es tan vasto como el universo mismo.

El cielo nocturno, aunque mucho más importante en la era preindustrial, es el lugar donde todos los seres, cuando volteamos la vista, nos encontramos y viajamos en el tiempo. La función crononáutica de Cosmigraphics nos recuerda eso.