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Clases de yoga al desnudo ayudan a mejorar vida sexual

Salud

Por: pijamasurf - 11/26/2014

Hacer yoga desnudo puede ayudar a la sexualidad, al fomentar la autoaceptación e incrementar la conciencia del propio cuerpo

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En los últimos años ha habido una explosión del yoga ampliándose la oferta desde el "doga", yoga para perros, hasta el ganja yoga (para fumadores de marihuana), entre otras prácticas heterodoxas. Paralelamente, también se han implementado varias escuelas que ofrecen clases de yoga al desnudo. Algunas personas piensan que esta versión es innecesaria y sólo apela al morbo; otras, que es una forma ideal para cobrar mayor conciencia del cuerpo y entrar en un estado de mayor comodidad y aceptación de la sexualidad.

El Huffington Post narra la experiencia de una mujer que ha experimentado con clases de yoga al desnudo en Londres, superando la incomodidad inicial para cosechar los beneficios. Al parecer, uno de ellos tiene que ver con una cierta mejoría de la vida sexual.

Jane Hedge escribe que el yoga desnudo "te coloca en sintonía con tu cuerpo, te hace más espontánea y genera aceptación. De esta forma, beneficia tu vida sexual". Algo que se potencia aun más cuando se tiene la posibilidad de seguir la práctica inmediatamente después en la cama, navegando la cresta sensorial que ofrece el yoga.

Más allá del posible efecto positivo en el desempeño sexual, es indudable que el yoga al desnudo sí tiene una fuerte aplicación terapéutica en la autoaceptación de la imagen corporal, lo cual es parte de la sexualidad. Esta cualidad ha sido identificada en el nudismo, pero en el yoga quizás pueda ser incrementada por la plantilla en la que la desnudez se desenvuelve: una atmósfera de relajación y conexión a través de la respiración. Sin embargo, es importante realizarlo con un instructor que tenga experiencia y pueda proveer un ambiente serio para la práctica a la vez que relajado.

 

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¿Eres de los que sobrevalora la fidelidad? Tal vez necesites relajarte y saber que los mamíferos somos promiscuos por naturaleza

 

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Hasta hoy, no se tiene evidencia biológica para afirmar que los seres humanos somos monógamos por naturaleza. De hecho, todo lo contrario. La antropología se ha encargado de revelarnos las raíces promiscuas del hombre en la era Paleolítica, cuando aún era nómada y el sentido de “pertenencia” no figuraba en sus tribus. El concepto de infidelidad comenzó a tener sentido tras la llegada de la agricultura, que marcó de manera definitiva los asentamientos grupales y la propiedad privada. De esta manera la estructura de la sociedad entonces, y hasta nuestros tiempos, se ha apoyado en las relaciones humanas monógamas. Sin embargo, un gran número de científicos y futurólogos hoy apuntan a que las relaciones sexuales y amorosas con estricta fidelidad no forman parte de nuestra esfera biológica e incluso tampoco nos hacen más felices.    

La monogamia ha sido un neologismo surreal y sobrevalorado en la sociedad humana. Se calcula que sólo entre 3 y 5% de los mamíferos mantienen relaciones sexuales de esta índole por periodos largos aunque no del todo eternos. Estudios recientes en Melbourne comprobaron la traición de muchas de estas especies, como es el caso del cisne, símbolo de máxima lealtad de pareja: ahora se sabe que la hembra escapa de su maridaje en busca de nuevas parejas sexuales.

Pero el valor que por tantos años le hemos dado al concepto de infidelidad está cambiando de manera exponencial. Helen Fisher, investigadora de la Universidad Rutgers afirma que la idea del matrimonio ha cambiado más rápido en los últimos 100 años en comparación a los previos 10 mil años de la evolución del ser humano, y podría cambiar aún más en los próximos 20 años. Algunas parejas hoy en día aceptan los encuentros sexuales ocasionales de su pareja e incluso afirman que resultan liberadores para la tensión de la relación. También se da con más frecuencia el poliamor (a veces tolerado inconscientemente) y los matrimonios en grupo. La futuróloga Sandy Burchsted aludió a sus puntos de vista en la conferencia de la Word Future Society donde comentó que, en un futuro cercano, la mayoría de la gente se casará al menos cuatro veces y mantendrá relaciones extramatrimoniales con poca censura pública.

Muchas personas aún creen que la monogamia es la clave de la felicidad eterna, sin embargo, los estudios dicen lo contrario. Las relaciones polígamas han revelado mayor nivel de satisfacción que las monógamas, así como reducción en los niveles de estrés, paranoia y celos.

Adquirir parejas androides para ejercer nuestro espíritu natural de promiscuidad está también entre una de las predicciones de los antropólogos. Tomando en cuenta la tecnología exótica de nuestros tiempos y la cantidad de invenciones al servicio de nuestra sexualidad (juguetes, lubricantes, Viagra, porno), llevar relaciones polígamas con robots será cuestión de unos cuantos años. El autor del libro Love and Sex With Robots, David Levy, nos dice: "A medida que los robots se vuelvan más sofisticados, un gran número de seres humanos aventureros entrarán en relaciones íntimas con estos robots inteligentes". Tal vez esta modalidad nos haga dejar por completo la monogamia en el pasado y disfrutar de nuestra sexualidad hasta donde el cuerpo humano sea capaz: bienvenidos al futuro.