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¿Por qué ha sido exitosa la legalización de la prostitución en Suecia?

Sociedad

Por: pijamasurf - 05/05/2015

Al analizar poco a poco el éxito de esta ley, terminamos comprendiendo que no se trata sólo de un papel implementado por el gobierno

Muschis

 

Quizá no existe un métier más antiguo que el de la prostitución o el sexoservicio. Sus usos y costumbres han superado las barreras espaciotemporales de las civilizaciones, a pesar del rencor y temor que este oficio ha llegado a levantar en ciertas poblaciones. Inclusive, podría decirse que su supervivencia se deriva de una rebeldía en contra de la simplicidad patriarcal, la cual alcanzó desgraciadamente sacrificios relacionados con abusos, maltratos violentos y distorsiones en la autopercepción.

Se trata de un circuito unilateral donde las sexoservidoras (y los sexoservidores) existen en función del placer de ese otro, aun si se sacrifica el propio bienestar tanto físico como emocional. Esto, en consecuencia, retroalimenta este paradigma donde el hombre ocupa toda la esfera de la vida pública y las mujeres “rebeldes”, las que se encuentran fuera del hogar, existen sólo para su placer y goce, sin merecer un mínimo de cuidado y atención humanitaria. 

Ante esta problemática en relación con la salud sexual de este grupo social, Suecia tomó en sus manos la opción de legalizar la prostitución en 1999. Se trató de una ley que invirtió la responsabilidad tradicional de las sexoservidoras como las responsables del crimen: mientras que se podía recibir dinero por sexo, el simple pago se convertiría en el crimen mismo; además, en caso de que la mujer o el hombre quisiera retirarse, tendría un seguro y apoyo para reintegrar su vida a otro trabajo. Al principio, algunos países se mofaron de dicho modelo político; no obstante, con el paso del tiempo, este país comenzó a expresar cambios humanitarios (y hasta financieros). 

MTA5YjRlNDI3MiMvNXZsYUR0TWVrVzhpN3lpU2dLMHdvN3RITDZRPS83MngxMzk6NTEyOHgzMzMxLzg0MHg1MzAvZmlsdGVyczpxdWFsaXR5KDcwKS9odHRwOi8vczMuYW1hem9uYXdzLmNvbS9wb2xpY3ltaWMtaW1hZ2VzL3hnZXNha2JwdjRwcHBmdmh0dmMwb3Jzc3hianNlYmp2cXdnY2R4N25ubnZzamhheXJ3emZucXhlenJsbWA 16 años de la legalización de la prostitución, la Swedish Sex Purchase Act demostró tener efectos positivos en la población: los niveles tanto de prostitución como de tráfico de personas disminuyeron significativamente. De hecho, de acuerdo con el Ministerio de Justicia de Suecia, la práctica del sexoservicio se redujo prácticamente a la mitad. Inclusive se temía que con la ley se incrementara una ola de violencia en contra de las trabajadoras sexuales, sin embargo no hubo rastros evidentes de dicho fenómeno. 

Al analizar poco a poco el éxito de esta ley, terminamos comprendiendo que no se trata sólo de un papel implementado por el gobierno. Es verdad que empezó como una propuesta política, sin embargo continuó como un proyecto educativo para sensibilizar tanto a la población como a la misma autoridad en temas de sexualidad y derechos sexuales. Esta ley se convirtió en un modelo de vida en función de la igualdad de genero en términos del deseo y la práctica sexual, donde tanto hombres como mujeres son seres sexuados con necesidades integrales (físicas, fisiológicas, emocionales, psicológicas…); con una necesidad intrínseca de respuesta, de vulnerabilidad y de comprensión; con la necesidad de intimar con otro a través de las relaciones consensuadas, reales, igualitarias. 

En países como México, cuyo paradigma sexual tiene la base culpígena judeocristiana, este modelo parece casi imposible de ejercer. En caso de formalizar una ley encargada de legalizar la prostitución, los niveles del tráfico de personas, el abuso y la negligencia de la fuerza legal continuarían. Debido al enfoque de la educación sexual en el país, donde los principales focos de información sólo son en función de la reproducción y las ITS (Infecciones de Transmisión Sexual), se desconoce realmente el derecho a una vida sexual plena y segura, libre de coerción y maltrato. En consecuencia, la hipotética ley en este país se convertiría sólo en una personalidad aparentemente normal, sin efectuar un ápice de cambios en la igualdad de derechos para las trabajadoras sexuales ni su clientela, donde las primeras se enfocan en la inflamación del narcisismo de los segundos como una demanda latente. 

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¿Por qué los hombres se suicidan más que las mujeres?

Sociedad

Por: pijamasurf - 05/05/2015

Desde hace siglos son más hombres que mujeres quienes consuman el suicidio, una circunstancia que revela algunos cortocircuitos en la formación de la masculinidad

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Estadística e históricamente, el suicidio de hombres supera por mucho al de mujeres en casi todos los países y todas las épocas, como si algo en la cultura empujara más a los hombres que a las mujeres a tomar la decisión última de la muerte por mano propia.

En estos tiempos en que las condiciones de la llamada sociedad patriarcal se encuentran en debate, podría comenzar a pensarse que el suicidio es el costo que ciertos hombres han pagado por la superioridad que la cultura ha otorgado a su género. Una lectura en ese sentido es la que hace  Will Storr, quien hace poco escribió al respecto en el sitio web de la revista Pacific Standard.

Storr no habla propiamente de las sociedades patriarcales, pero sí sigue casos en los que el suicido masculino está vinculado con las obligaciones que se imponen al género. Incluso si cualquiera de nosotros reflexiona por un momento sobre el lugar que la sociedad ha otorgado a los hombres nos daremos cuenta de que el hombre está asociado usualmente con el poder, no sólo el poder en su sentido inmediato, sino más bien como una exigencia: el hombre debe "poder". Poder trabajar. Poder triunfar. Poder hacer las cosas. Poder ganar dinero. Poder ser su propio jefe. Poder tener una familia. Poder tener un automóvil. Poder con las mujeres. Poder sexualmente. Poder con y contra otros hombres. Poder, siempre.

Sólo que esto es un deber y, como tal, una norma que pretende ajustar la realidad a la letra. ¿Todos los hombres pueden? No, porque no todos los hombres son iguales. Hay hombres que no pueden tener hijos, por ejemplo. ¿Eso los hace menos hombres? Desde cierta perspectiva, la del patriarcado, sí. El problema es que como toda norma, dicha incapacidad implica una sanción. En este caso, una especie de desvalorización de los hombres que no pueden.

Entre otras consecuencias, un hombre formado en el discurso social del poder entra en conflicto cuando no puede, pues por ese mismo discurso puede llegar a considerar que su identidad se ve cuestionada, mellada. Tal parece que el poder es condición de la masculinidad.

Storr, desde una visión más hegemómica o incluso mainstream, explica el problema desde el sistema de expectativas: los demás esperan algo de nosotros y si no lo cumplimos, entonces los defraudamos y también nos sentimos defraudados con nosotros mismos. En el caso del hombre este sentimiento se agudiza, en primer lugar, por el lugar que le impone la sociedad como proveedor y, por otro lado, por otro rasgo propio de la construcción de la masculinidad que implica no hablar de las emociones. En el reverso de la imposición del poder está el no poder, en donde se encuentra la prohibición de reconocer, aceptar y hablar sobre emociones como la decepción, la tristeza, la frustración y otras afines. El poder aísla, y quizá esto sea evidente para los hombres.

La tiranía de la perfección, dice Storr, podría ser la causa de que se suiciden más hombres que mujeres (a pesar de que, en general, sean más las mujeres que lo intentan). Pero quizá sería oportuno complementar que algunos tal vez sobrellevarían mejor esas condiciones de no ser por la severidad con que social y subjetivamente se castiga a los hombres que no se ajustan a esos cánones de masculinidad.