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¿La conciencia colectiva puede afectar (o incluso modificar) el mundo material?

Por: pijamasurf - 07/27/2015

Una máquina modificó sus resultados de manera significativa cuando varios voluntarios proyectaban su intención de manera conjunta hacia ella
https://www.flickr.com/photos/buenosairesprensa/7115789003/

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¿Un concierto de rock o el resultado de un partido de fútbol pueden tener un efecto tangible en el mundo físico? La noción de que las buenas intenciones o los estados alterados de conciencia pueden cambiar el estado de cosas a nivel material puede sonar descabellada desde un punto de vista lógico, o como un consuelo mágico, pero una investigación de Roger Nelson para el laboratorio de Investigación de Anomalías de Ingeniería de Princeton (PEAR por sus siglas en inglés) analiza 20 años de la relación mente-materia, con resultados fascinantes.

Probar el impacto --no digamos ya el "poder"-- de la conciencia humana sobre el mundo no es cosa sencilla, pero desde los 90 del siglo pasado Nelson comenzó a hacer experimentos para ver si la mente podía influenciar el actuar de una máquina simple, conocida como generador de eventos aleatorios (GEA). Una máquina GEA produce ceros y unos, en un sistema binario; Nelson le pedía a los voluntarios que "dirigieran su intención" a la máquina para que esta produjera ya sea más ceros o más unos. La máquina parece haber proyectado la intención de los voluntarios a una escala mayor a la mera probabilidad.

Pero lo más interesante parece ser que la máquina era afectada de manera mucho más significativa cuando varios voluntarios proyectaban su intención de manera conjunta --especialmente si estos tenían un vínculo emocional de algún tipo. Este vínculo podía ser personal o impersonal, como ocurre durante rituales, conciertos musicales o actividades creativas que fueran realizadas durante "situaciones mundanas o caóticas", según el propio Nelson. 

La pregunta de Nelson es: "¿Pueden producir efectos las respuestas emocionales compartidas frente a un terremoto devastador? ¿O la agitación mundial de los ataques del 9/11? ¿Y qué hay de la pasión de miles de millones de fanáticos durante una Copa del Mundo? ¿Podría ser que la alegría compartida de las grandes celebraciones evoque cambios en el comportamiento aleatorio de nuestros instrumentos?

Para resolver esa pregunta (o plantear incluso otras nuevas) Nelson ha fundado el Global Consciousness Project, a través del cual se realizan experimentos para medir el impacto de conciencia después de eventos de alcance mundial:

Hemos acumulado una desviación 7 sigma en la respuesta a nuestra pregunta básica: ¿existe una estructura en la información aleatoria durante períodos de atención compartida a eventos globales? Las probabilidades en contra del azar son de trillones a uno, pero más allá de eso, el análisis secundario muestra una estructura más extensa. Los descubrimientos sugieren profundas conexiones inconscientes entre humanos que pueden ser la fuente de las correlaciones que encontramos en información que de otro modo sería aleatoria.

El escritor Alan Moore ha desarrollado el concepto de Mindscape, donde una idea disponible para una persona también está disponible para la humanidad; desde otra perspectiva, el altercientífico Rupert Sheldrake ha analizado la resonancia grupal desde una perspectiva conductual. Pero la noción de que la intención puede cambiar el mundo está presente también en la meditación trascendental y en las aglomeraciones con fines políticos. Recordemos que un hito importante de este problema fue el primer concierto de Woodstock o el legendario festival de la isla de Wight; las marchas ciudadanas de protesta o apoyo son también la materialización de una intención colectiva que se pone literalmente en marcha.

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Por: pijamasurf - 07/27/2015

Un estudio de la Universidad de Cambridge detecta correlación directa entre los gustos musicales de una persona y su sistema de pensamiento

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La música exuda, casi literalmente, personalidad. Y desde cierta perspectiva, aquello que una persona elige escuchar dialoga entrañablemente con la forma en la que interpreta y experimenta su realidad. Por otro lado, vale la pena recalcarlo, se trata de una relación mutualista, es decir, aquello que escuchas quizá de forma involuntaria o aleatoria también termina influyendo en tus ánimos y formas de pensamiento.

Hace unos meses referimos a un estudio de la Universidad de Texas que determinó una correlación relativamente fija entre el tipo de personalidad y el género musical predilecto. Desarrollada por Samuel Gosling y Peter Rentfrow, esta investigación descubrió que, por ejemplo, aquellos que procuran géneros como el jazz, el folk o la música clásica, tienden a mostrar  apertura a nuevas experiencias, manejo de habilidades verbales y estabilidad emocional, mientras que los que gustan del rap y el hip hop son generalmente extrovertidos, liberales, atléticos y atractivos.

Aunque pueda parecer un tanto reduccionista este enfoque, un nuevo estudio, esta vez de la Universidad de Cambridge, parece reforzar la noción de que los gustos musicales de una persona dicen mucho, quizá más de lo que creemos, sobre ella. En el caso de esta investigación, existen un par de diferenciadores respecto a la anterior. Por un lado es más general, ya que se segmentaron las distintas personalidades, o mejor dicho los modelos de pensamiento, en dos grandes bloques: los empatizadores (reaccionan de acuerdo a las emociones propias y ajenas) y los sistematizadores (buscan patrones en el entorno); por otro, es más puntual en cuanto a los gustos musicales ya que distingue entre, por ejemplo, gustos por compositores de música clásica. No es lo mismo ser un amante de Mozart que uno de Bartok. 

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El estudio se basó en información extraída de 4 mil voluntarios vía la aplicación myPersonality de Facebook, y posteriormente en un cuestionario sobre gustos musicales. Como resultado encontraron, con notable nitidez, que los sistematizadores son más afines al jazz, punk, hard rock y experimentos sonoros, mientras que los empatizadores se sienten más cómodos con el folk, rythm & blues, rock suave o pop. 

Confiado en la precisión del estudio que encabezó y que fue publicado en PLOS ONE, David Greenberg asegura, en una entrevista para El País: “Sería posible mirar los likes de Facebook de una persona, o sus listas de reproducción en iTunes, y predecir su estilo cognitivo, o estilo de pensamiento”. 

Sabemos que puede ser fascinante, o por lo menos algo morboso, tratar de descifrarnos o descifrar a los demás a partir de la música que escuchamos y, sin duda, este aspecto de nuestra vida contiene bastante información como para, al ser correctamente analizada, determinar una cierta tendencia de personalidad o sistema de creencias. A fin de cuentas, a lo largo de la vida forjamos pocos espacios más íntimos que aquel en el cual desenvolvemos nuestros gustos musicales. Pero también es importante, tal vez incluso más que el fenómeno anterior, entender que, más allá de nuestras respectivas personalidades o modelos de pensamiento, con la música podemos editar o incidir en ánimos momentáneos, podemos sumergirnos en estepas melancólicas o salir de ellas, podemos eludir malos humores o, a voluntad, alimentarlos. 

Así que, dicho lo anterior, te invitamos no sólo a detectar o jugar con las particularidades de tu identidad que revelan tus gustos musicales, sino a programar tu percepción (y por ende, tu realidad) utilizando la música como una herramienta. ¿Suena bien?