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Niña de 4 años recorre sola kilómetros en la taiga siberiana para ayudar a su abuela enferma

Sociedad

Por: pijamasurf - 03/14/2017

Caperucita Roja de la vida real: niña rusa cruza bosque siberiano poblado de lobos a temperaturas extremas para ayudar a su abuela enferma

En lo que parece una historia digna de un cuento de hadas (y extrañamente parecido a "Caperucita Roja"), la niña Saglana Salchak de 4 años atravesó varios kilómetros de la taiga siberiana para encontrar ayudar para su abuela enferma.

Saglana estaba viviendo con sus abuelos (un proceso jurdídico pende sobre su madre) en un remoto pueblo cerca de la frontera con Mongolia, a más de 18km de otro pueblo y unos 8km de un vecino.

De acuerdo con The Guardian, la niña decidió emprender su épica travesía luego de hablar con su abuelo ciego y de tomar unos cerillos (en caso de que tuviera que hacer fuego). Por si eso fuera poco, según informa el diario Pravda, la región de la república de Tuvá en donde vive esta familia está repleta de lobos.

Las temperaturas que se encuentran en esa zona llegan a los -34ºC y se suelen producir severas nevadas. Saglana casi se pasa de la casa de su vecino, que estaba cubierta por vegetación y nieve, pero fue detectada por los vecinos. Se llamó a un médico pero, trágicamente, éste descubrió que la abuela había muerto en el ínterin de un ataque al corazón.

Saglana ha sido convertida, merecidamente, en héroe por los medios locales, aunque ella explica que no tuvo miedo de atravesar sola el bosque y que además quería encontrar algo de comer. El viaje resultó en un resfriado, pero no tuvo consecuencias mayores. Los padres de Saglana cuidan caballos, por lo que esta niña seguramente podrá convertirse en una gran pastora de las taigas.

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La realidad no es la representación que nos hacemos de ella, y este mapa del arquitecto japonés Hajime Narukawa es el mejor ejemplo de ello

La cartografía, con ser una ciencia, es también una ilusión. Posee procedimientos rigurosos y aspira a la fidelidad de llevar a un mapa la realidad geográfica de nuestro planeta, pero en la medida en que se traduce en una representación que a su vez provoca un efecto en las personas, los mapas que se generan pueden mirarse asimismo como un recurso por el cual generaciones enteras son formadas bajo ciertas ideas. Ciertos cartógrafos medievales, por ejemplo, situaban a Jerusalén en el centro del mundo. A medidos del siglo XX, el artista uruguayo Joaquín Torres García dibujó un mapa de América del Sur pero invertida, esto es, con el Ecuador en la base y la Patagonia en la parte superior, un gesto artístico pero también político con el que quiso manifestar que no todo el arte valioso y digno de reconocimiento se generaba en los países del norte.

Estos ejemplos, entre otros motivos, sirven para preguntarnos por el significado de los mapas, para no verlos con inocencia sino, por el contrario, con cierto escepticismo, como representaciones de una realidad que desde otras perspectivas puede ser distinta.

Prueba de ello es el trabajo del arquitecto japonés Hajime Narukawa, quien desde hace 10 años ha buscado la representación más exacta posible, en un plano bidimensional, de la forma esferoide oblata de nuestro planeta.

Los mapas del mundo que usualmente vemos usan la proyección de Mercator, llamada así en honor al cartógrafo flamenco Gerardus Mercator, quien la desarrolló en 1569. Por casi 500 años nuestra idea de los continentes, mares y casquetes polares ha dependido de una proyección que convierte la forma de la Tierra en un cilindro que hace posible su representación en dos dimensiones. Aunque útil, este método es impreciso, pues en última instancia no refleja las dimensiones reales de la geografía terrestre. Por poner dos ejemplos sencillos: África y la India son mucho mayores de lo que estamos habituados a imaginar, y la verdad es que ni Estados Unidos ni Europa son tan grandes como parecen.

Narukawa ha seguido en parte los pasos de Buckminster Fuller, arquitecto e inventor que, preocupado también por estas cuestiones, desarrolló el mapa Dymaxion, una proyección en la que la Tierra se convierte en un icosaedro para que las caras de éste puedan desplegarse en un plano.

En la proyección de Narukawa, denominada Authagraph, ese poliedro que corresponde a la esfera terrestre está compuesto de 96 caras triangulares de idéntica superficie que, al desdoblarse, se transforman en el tan asequible mapa rectangular al que estamos acostumbrados.

Sólo que en este caso no es el mapa de siempre, sino uno en el que las dimensiones de todo cuanto existe sobre la superficie del planeta se acercan con la mayor precisión posible a la realidad.

El mapa no es el territorio, decía un motto célebre hace algunos pocos años. La realidad, después de todo, no es solamente la representación que nos hacemos de ella, pero no menos cierto es que estas representaciones, si nos descuidamos, son capaces de determinarla.