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La inteligencia emocional puede ser un síntoma de psicopatía

Salud

Por: PijamaSurf - 08/24/2017

De acuerdo con Adam Grant, escritor para el periódico The Atlantic, la Inteligencia emocional posee un lado oscuro: la facilidad de manipular a la gente

Cuando en 1990 los psicólogos Peter Salovey de la Universidad de Yale y John Mayer de la Universidad de New Hampshire introdujeron el concepto de inteligencia emocional (IE), que en 1995 fue popularizado por Daniel Goleman, se trataba de un grupo de herramientas cognitivas y conductuales para apreciar y expresar de manera adecuada las emociones propias y las de otros. Con el paso del tiempo, la IE evolucionó en:

la capacidad de motivarnos a nosotros mismos, de preservar el empeño a pesar de las posibles frustraciones, de controlar los impulsos, de diferir las gratificaciones, de regular nuestros propios estados de ánimo, de evitar que la angustia interfiera con nuestras facultades racionales y la capacidad de empatizar y confiar en los demás.

Es decir, tanto la capacidad de formar un modelo realista y preciso de uno mismo para tener acceso a los sentimientos propios y usarlos como modelo de conducta (inteligencia intrapersonal), como la capacidad de comprender a los demás (sus motivaciones, operaciones, relaciones) al reconocer sus reacciones ante el humor, temperamento y emociones (inteligencia interpersonal).

Fue de esta manera que la IE se convirtió de pronto en un sinónimo de la madurez emocional, en un estado sentimental ideal para enfrentar cualquier situación crítica de la vida cotidiana, por lo que se popularizó la idea de que la persona que poseyera esta inteligencia tendría las habilidades para “reconocer el poder de las emociones”, convertirse en “uno de los líderes con mayor influencia” y ser capaz de “solucionar gran parte de los problemas sociales”. En consecuencia se proyectó todo un sistema educativo en escuelas de negocios, medicina y nivel media superior, integrando elementos básicos de la IE. Sin embargo, ¿un alto coeficiente en este tipo de inteligencia reduce la psicopatía y mala intencionalidad en las personas?

De acuerdo con Adam Grant, escritor para el periódico The Atlantic, la Inteligencia emocional posee un lado oscuro: la facilidad de manipular a la gente. Para él:

cuando se es bueno controlando las emociones propias, se pueden disfrazar las emociones verdaderas. Cuando se conocen las emociones de los otros, se pueden manejar al antojo de uno y motivarlos a actuar en contra de sus propios y mejores intereses.

Con el fin de justificar esta hipótesis, Grant retoma una serie de estudios realizados por diversos investigadores:

Primero recupera la investigación del profesor Jochen Menges de la Universidad de Cambridge, quien llegó a la conclusión de que después de que un líder diera un discurso inspirador cargado de emoción la audiencia no solía recordar el contenido del mensaje, pero lo consideraba como el más memorable entre cualquier discurso anteriormente escuchado. Este fenómeno, explica Menges, sucedió durante los efusivos discursos de Hitler, quien generaba un impacto mediante su habilidad de expresar sus emociones de manera estratégica –“abriéndose de corazón”– logrando que sus seguidores “dejaran de pensar críticamente y sólo se emocionaran”. Con esto se quiere decir que hay personas, en especial muchos líderes, que saben dominar las emociones que pueden “robar” la capacidad de razonar de otros.

Continúa con la investigación del psicólogo canadiense de la Universidad de Toronto, Stéphane Côté, en donde empleados de la universidad rellenaron un test acerca de tendencias maquiavélicas y otro sobre el conocimiento de estrategias efectivas para regular las emociones. Ahí se demostró que mientras mayor sea el conocimiento sobre la regulación de emociones, eran más proclives a realizar conductas de desprecio y abuso hacia sus compañeros con el único fin de sacar provecho personal. Es decir, que usan sus habilidades emocionales para manipular a otros.

Como tercera data científica, Grant retoma el estudio realizado por el profesor Martin Kilduff del University College de Londres, expresando que la inteligencia emocional ayuda a las personas a disfrazar sus propias emociones para expresar otras para beneficios personales. En palabras del equipo de Kilduff:

Las personas con inteligencia emocional estructuran intencionalmente sus emociones para fabricar impresiones favorables de ellos mismos. Este disfraz estratégico de las emociones propias y la manipulación de las emociones de otras personas para fines estratégicas son conductas que no se evidencian tan sólo en las obras de Shakespeare, sino también en oficinas y pasillos en donde el poder y la influencia son primordiales.

Es una realidad que sucede en espacios familiares, escolares, laborales o amorosos. Las personas con inteligencia emocional sin filtros de empatía ni responsabilidad social tienden a llevar al límite a los otros para conseguir fines personales, resultando en ocasiones en manipulación, abuso psicológico, mobbing, bullying, humillaciones, entre otros. Incluso hay quienes definen estos síntomas como narcisismo maligno o psicopatía, trastornos de personalidad que, de acuerdo con los psicólogos Dana Joseph de la Universidad de Central Florida y Daniel Newman de la Universidad de Illinois, pertenecen a individuos que tienden a elegir carreras como ventas, agentes del Estado, representativos de call centers y consejeros, entre otros.

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Así son las fotos en Instagram de personas con depresión (ESTUDIO)

Salud

Por: pijamasurf - 08/24/2017

El estado de nuestra mente se refleja en todo lo que hacemos

Aunque a veces no lo consideremos de esta manera, todo lo que hacemos (o dejamos de hacer) es reflejo de lo que llevamos en nuestra mente. La manera en que vestimos, las palabras que usamos, los lugares que frecuentamos, las personas con quienes pasamos nuestros días… todo ello es una una expresión del estado de nuestra mente y del tipo de pensamientos e ideas con los que entendemos y vivimos la realidad.

En este sentido, el uso que damos a las redes sociales no es la excepción. Además, tomando en cuenta el tiempo que dedicamos a éstas, resulta admisible pensar que también ahí vertimos lo que llevamos dentro de nosotros.

Recientemente, un par de investigadores de las universidades de Vermont y Harvard realizaron un estudio en el que cruzaron las imágenes que las personas comparten en Instagram y, por otro lado, su salud mental.

Chris Danforth y Andrew Reece, los responsables de la investigación, analizaron casi 44 mil fotografías de 166 personas, 77 de las cuales habían sido diagnosticadas previamente con depresión. Con la ayuda de un programa, los investigadores buscaron patrones y elementos que pudieran considerarse comunes o constantes en las imágenes.

De acuerdo con los resultados obtenidos, las personas con síntomas de depresión tienden a compartir fotografías en tonos oscuros, grises o azules; asimismo, predominan las imágenes de rostros pero en soledad, sin que en la captura se aprecien más personas. Por último, se observó también una elevada preferencia por el filtro “Inkwell”, el cual convierte la fotografía a blanco y negro (los individuos que no habían sido diagnosticados con depresión usaron más el filtro “Valencia”, que otorga cierta calidez soleada a las fotografías).

Al aplicar esta herramienta y metodología a otras imágenes, los investigadores lograron identificar a las personas con depresión a través de sus fotografías en un 70% de los casos. Comparado con otros estudios, se encontró que los médicos consiguen diagnosticar correctamente la depresión tan sólo cuatro de cada 10 veces.

A partir de esta investigación podríamos pensar también en el lugar que damos actualmente a emociones como la tristeza, el dolor, la frustración: en una época en que el imperativo de “estar bien” es tan presente, quizá estemos canalizando esa negatividad propia de la vida a los medios menos adecuados para entender esos estados.

 

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