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5 acciones que un adolescente necesita hacer para ser un adulto responsable

Buena Vida

Por: PijamaSurf - 10/01/2017

Estas conductas son prácticas que pueden desarrollarse a lo largo de la infancia, adolescencia y adultez

La adolescencia, período transitorio entre la infancia y adultez, es considerada una etapa indispensable para adquirir nuevas experiencias distintas al vínculo familiar. Inclusive se vive con una oleada de empoderamiento supremo, con el cual se cree que se podrá liberar al mundo entero de su miseria. Sólo falta una herramienta indispensable para lograr ese cambio: dinero y la edad suficiente.

Sin embargo, en la adolescencia no se prevé que la adultez está cargada de múltiples responsabilidades, por lo que si se planea alcanzar esta etapa de actividad laboral y el cambio mundial, es importante contemplar los siguientes factores:

– Despertarse temprano por cuenta propia. Como adultos responsables y autónomos, la obligación de cumplir con un bien mayor requiere de acciones como establecer una alarma y verse forzado a levantarse a esa hora. De lo contrario, se pierde el desayuno, el autobús o el camión, llegando tarde a las obligaciones.

– Prepararse el desayuno y el almuerzo para el medio día. Esta es una rutina cotidiana en los adultos, pues en caso de no organizarse resulta imposible mantener una alimentación saludable y adecuada para las actividades del día a día.

– Responsabilizarse de sus propios olvidos y errores. Es muy fácil llamar a los padres cuando se olvida un proyecto a entregar o se toma una ruta errónea para que vayan a rescatarnos. Sin embargo, como adulto, es indispensable enfrentarse a los errores de modo que se puedan resolver de la mejor manera que se sabe hacer: intentándolo.

– Lavar y acomodar la ropa. Será una manera importante de aprender a ser precavido; en especial, cuando ya no se tienen calcetines o calzones limpios.

– Hacer la limpieza de la recámara. La práctica de la limpieza es una rutina que se vuelve indispensable en la adultez; sobre todo, porque limpiar ayuda a liberar los pensamientos obsesivos y a regular los síntomas de la ansiedad y depresión.

Estas conductas son prácticas que pueden desarrollarse a lo largo de la infancia, adolescencia y adultez, pues son acciones que ayudan a volverse autónomo y con mayores herramientas para enfrentar cualquier tipo de complicación a corto, mediano y largo plazo.

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Tolstói sobre el amor: ¿Cuánto se debe amar a una persona?

Buena Vida

Por: PijamaSurf - 10/01/2017

"¿A quién debería amar más y hacia quién debería dirigir mis actos de bienestar–a mi esposa o a mis hijos–, a mi esposa e hijos, o a mis amigos?"

Conocido por sus obras Guerra y Paz y Ana Karenina, León Tolstói fue uno de los principales promotores tanto del realismo ruso como de la “no violencia activa”. Para él, nacido en la comodidad de la aristocracia rusa y fallecido en el desprendimiento de todo bien material, “la práctica de la violencia no es compatible con el amor como ley fundamental de la vida”.

Para él, el amor es comúnmente malinterpretado. En su libro On life (1888), Tolstói examina las principales creencias irracionales del amor; por ejemplo, considera que “el conocimiento confuso del hombre” ha provocado que crea que “en el amor se encuentra el remedio para todos los misterios de la vida”. Pues según él, “el amor, en su sentido más grandioso, nunca es un juego en donde nos extendemos hacia un ser a expensas de un otro”. Sin embargo, ¿qué es el amor?

Tolstói expresa que “cada hombre conoce que en el sentimiento de amor hay algo especial, capaz de resolver todas las contradicciones de la vida y de dar al hombre un bienestar completo, el esfuerzo que constituye la vida”. Sin embargo, la definición pura del amor sólo llega a las personas que a su vez son capaces de entender la vida. Para estos hombres, según el ruso:

el amor aparece no sólo como la única y legítima manifestación de la vida, como la conciencia razonable, pero sólo como una de las miles de diferentes eventualidades de la vida; como una de las miles de las varias fases por las que atraviesa un hombre durante su existencia.

Es decir, que si bien es una actividad que “ofrece tantas dificultades pues sus manifestaciones se pueden convertir en dolorosas y en ocasiones en imposibles”, debe experimentarse sin razonarla porque “todo razonamiento sobre el amor lo destruye”. Especialmente porque las personas “que  han usado ya su raciocinio para entender la vida y han renunciado al bienestar de la existencia individual, pueden entender al amor”. No obstante:

aquellos que no han entendido la vida y que existen por el bienestar de una individualidad animal, no pueden evitar razonar sobre el amor. Necesitan una razón para ser capaces de entregarse a este sentimiento que llaman amor. Cada manifestación de este sentimiento es imposible para ellos, sin razonar, y sin resolver preguntas sin respuestas.

El humano, al enfrentarse a la paradoja central de reconciliación con su inherente solipsismo con el Ethos del amor universal, necesita contemplar lo siguiente:

En realidad cada hombre prefiere su propio niño, esposa, amigos, país, en lugar de los niños, esposas, amigos y países de otros, y a eso es a lo que le llama amor. Este amor significa en general hacer bien. Es por lo tanto lo que todos entendemos como amor, y no sabemos cómo comprenderlo de otra manera. Por ello, cuando amo a mi niño, mi esposa, mi país, quiero decir que deseo el bienestar a mi hijo, esposa y país más que el de otros niños, mujeres y países. No sucede, y nunca podrá suceder, que yo ame sólo a mi hijo, esposa y país. Cada hombre ama al mismo tiempo a su hijo, esposa, país, y hombre en general. No obstante, las condiciones del bienestar que desea para los distintos seres amados, en virtud de su amor, se encuentran íntimamente conectadas, tanto que cada acto de amor para cada uno de estos seres amados no sólo disminuirá los actos de amor hacia los otros, también será perjudicial para ellos.

[…] ¿En el nombre de qué tipo de amor debería actuar y cómo debería actuar? ¿En nombre de qué tipo de amor debería sacrificar otro amor? ¿A quién debería amar más y hacia quién debería dirigir mis actos de bienestar –a mi esposa o a mis hijos–, a mi esposa e hijos, o a mis amigos? ¿Cómo debo servir a un país tan amado sin dañar el amor que tengo a mi esposa, hijos y amigos?

Finalmente, ¿cómo debo resolver este problema, dosificar el sacrificio de mi propia individualidad, el cual es necesario para servir a los otros? ¿Hasta qué grado puedo ocuparme a mí mismo con mis propios asuntos y aun así ser capaz de servir a aquellas personas que amo? Todas estas preguntas parecen ser simples para las personas que no han tratando de explicar este sentimiento que llaman amor –pero, más allá de simples, son realmente imposibles de resolver.

De modo que para enfrentar estas preguntas sin respuesta, Tolstói sugiere tomar conciencia y, finalmente, aceptar que el amor es vasto y diverso, que existen diferentes tipos de amor y que para vivirlo se requiere un estado activo del ser:

Las demandas del amor son tantas, y todas están tan entretejidas, que la satisfacción de las demandas de algunas privan al hombre de la posibilidad de satisfacer otras. Pero si admito que no puedo vestir a un niño entumecido por el frío, con la pretensión de que mis hijos un día necesitarán ropa provista por mí, puedo también resistir a otras demandas de amor en nombre de mis futuros hijos.

[…]

Si un hombre decide que lo mejor para él es resistir a las demandas de un amor débil, en nombre del otro y de una manifestación a futuro, necesita comprender que tanto puede decepcionarse a sí mismo o a otras personas, como amarse a nadie más que a sí mismo sobre todas las cosas.

El amor a futuro no existe. El amor es sólo una actividad en el presente. El hombre que no manifiesta el amor en el presente, no posee amor realmente.