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3 lecciones sobre cómo estar solos y no sufrir en un mundo que gira en torno a tener pareja

Salud

Por: pijamasurf - 12/14/2017

Una relación de pareja no es la solución para olvidar la soledad

Algunos psicólogos y psicoanalistas explican que estar solo en una sociedad que cría la monogamia y el romanticismo, puede desencadenar una serie de reacciones intensas en la psique de cualquier individuo: por ejemplo, la mayoría de ocasiones las emociones suelen ser fuertemente ignoradas o desconocidas; hay patrones de conducta autodestructivas o de riesgo que afectan al bienestar tanto físico como emocional de uno mismo; suelen predominar creencias irracionales que minan el autoconcepto como "nadie me querrá como él/ella", "yo no nací para amar, nadie nació para mí...", entre otros; una alta tendencia a adicciones, trastornos de la alimentación o del sueño, violencia en la pareja, crisis de ansiedad o depresión...; actuar desde el miedo al abandono o a la soledad y en consecuencia quedarse en relaciones infelices o tóxicas así como exponerse compulsivamente a vínculos que no llevan a nada positivo. Estas reacciones, según algunos especialistas, tienen un origen basado en el autoabandono interno; es decir, estar en un cuerpo físico sin habitarlo emocionalmente hablando, sin cuidar sus necesidades psíquicas en el aquí y en el ahora, sin generar una conexión mente-cuerpo.

Dicho eso, los problemas asociados a la soledad no existen en sí mismos, sino por la sensación de carencia que algunas personas desarrollan o por la ausencia de una conexión íntima. Otras personas que logran encontrar significado en la vida, en su trabajo, en la religión, en el arte, etc, puede vivir vidas sanas y plenas en la soledad, logrando establecer conexiones íntimas con el arte, con la naturaleza, con dios, etcétera. Estas personas muchas veces son mucho más fuertes que otras personas que viven en pareja, ya que no necesitan de otra persona para sentirse seguros.

 

- La soledad puede ser síntoma de algún problema más profundo

Sin importar el lugar o las personas de quienes se esté rodeado, la soledad es una experiencia que surge desde el interior. Se trata de un malestar casi distímico asociado con trastornos de personalidad, del estado de ánimo -depresión, ansiedad-, de alimentación, de sueño y de trauma crónico como el estrés. 

Por ello es altamente recomendable que, para elaborar todo un proceso de sanación, este sea acompañado del apoyo de algún psicoterapeuta, psicólogo o psicoanalista.

 

- La soledad es un maestro que no desaparece con distracciones

Dado que se trata de un fenómeno que ocurre desde el interior de la psique, no importa cuánto empeño pongamos en una actividad física, un proyecto laboral, tratar de mantener una relación de pareja destinada al fracaso o saltar de relación en relación, siempre surgirá, como consecuencia, la soledad. En ocasiones podrá incluso aparecer bajo la forma de una crisis nerviosa. Por ello es importante tener en cuenta que las distracciones no son siempre la solución más adecuada para enfrentar los trastornos que agobian el día a día. 

En su lugar, los terapeutas especialistas recomiendan realizar actividades que impliquen el autocuidado: meditación para regular los niveles de estrés y realizar un chequeo constante de las sensaciones, darse un mayor tiempo para hacer aquellas actividades que promueven el bienestar -leer, descansar, actividad física, tiempo a solas-, alcanzar objetivos personales, fomentar la filantropía así como el bienestar de los seres queridos. 

 

- Una relación de pareja no es la solución para olvidar la soledad

Como se ha mencionado con anterioridad, la soledad proviene del interior y requiere de pequeños cuidados para aliviarla. Son cuidados que, en plena conciencia y deliberación, tienen como objetivo el empoderamiento personal: realizar acciones que fomenten el bienestar propio como si se tratase de un ser querido. De alguna manera, es lograr que uno mismo reciba los mismos buenos tratos que se ofrecen al amor de la vida. Por ello, el tener una pareja desde el miedo al abandono o a la soledad, podría distraer o empeorar el proceso de desarrollo personal. Es importante notar que la soledad no depende necesariamente de estar acompañados o no, sino de nuestro propio estado interno. Una persona puede sentirse sola en medio de una muchedumbre y completamente unidad y conectada en el desierto. Claro que el ser humano es gregario y es más fácil sentir conexión estando en pareja, pero uno no debe de buscar tener pareja para huir de su propia soledad, de su propio dolor o sufrimiento. Es necesario enfrentarlo y, esto a veces, debe hacerse solo.

 

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¿Un fármaco dará al cuerpo los beneficios del ejercicio físico? Estos laboratorios así lo esperan

Salud

Por: pijamasurf - 12/14/2017

Varios laboratorios se encuentra en la carrera de desarrollar el compuesto químico que desate en el cuerpo una reacción similar a la que se obtiene de la actividad física

La idea de ejercitarse es relativamente reciente y, además, propia sólo de ciertas sociedades contemporáneas en las que el sedentarismo se ha vuelto una práctica cotidiana. En las ciudades donde la principal actividad económica son los servicios, por ejemplo, es común ver gente corriendo en las calles por la mañana o por la tarde (es decir: antes o después del trabajo), también se pueden encontrar gimnasios u otros sitios acondicionados para realizar alguna actividad física (canchas de fútbol, por ejemplo, albercas públicas, etc.).

En otros lugares, sin embargo, y también en otros momentos de la historia, la recomendación de ejercitarse fisicamente tenía menor presencia (e incluso no exisitía) porque la vida solía vivirse activamente. Se caminaba, se hacían actividades que demandaban movimiento y fuerza (en el campo, por ejemplo, o en ciertas labores industriales) y aun en la vida de casa no estaba exenta de actividad. 

En este sentido, en muy pocos años, pasamos de una forma de vida en donde el ejercicio no era necesario porque era suficientemente activa, a otra en la que la falta de actividad ha devenido en factor de riesgo y desarrollo de enfermedades como la obesidad, la diabetes, padecimientos cardiovasculares y otros.

Quizá por eso, porque se trata de una necesidad más o menos nueva, también se trata de un hábito que cuesta adoptar. Atrapados entre la obligación y la comercialización del ejercicio físico y, por otro lado, la necesidad auténtica de realizarlo cuando se vive sedentariamente, el sujeto contemporáneo batalla para emprender con disciplina la práctica, en apariencia sencilla, de dar actividad a su cuerpo.

Aprovechando esa ambigüedad, desde hace algunos años algunos laboratorios se encuentran en la carrera de desarrollar un compuesto químico que dé los beneficios del ejercicio físico a la salud humana… sin que la persona tenga que ejercitarse.

Por paradójico o contradictorio que pueda parecer esto, es real. Uno de los primeros científicos en experimentar al respecto fue Ron Evans, del Instituto Salk de Estudios Biológicos con sede en San Diego, California. En uno de sus estudios, Salk tenía un par de ratones de laboratorio con una dieta similar a la de muchas personas en los países occidentales: alimentos de alto contenido calórico ricos en grasas y en azúcares. Ambos roedores, además, se encontraban en condiciones de vida sedentaria. Sin embargo, cada uno presentaba un aspecto diametralmente distinto.

Uno de ellos, llamado informalmente “Couch Potato Mouse” (en alusión a la expresión en inglés “patata de sofá”, que se refiere al hábito de pasar muchas horas en un sofá, mirando televisión o series), lucía como cualquier persona con esa dieta y la escasa actividad física de su cuerpo: obeso y letárgico. 

El otro, sin embargo, apodado “Lance Armstrong Mouse”, estaba en las condiciones opuestas: esbelto, inquieto y con la mirada viva. 

La diferencia entre uno y otro era un compuesto químico con el que Evans ha estado experimentando desde 2007 y que, en este caso, recibía el ratón “Lance Armstrong”. Grosso modo, el químico conocido como 516 provoca en el cuerpo una reacción similar a la del ejercicio físico, en particular sobre los genes que controlan el metabolismo.

516 es un compuesto desarrollado a finales de la década de 1990 por Tim Willson en los laboratorios de la farmacéutica GlaxoSmithKline. Inicialmente se trató de un químico proyectado para combatir la diabetes y, en sus primeras fases de prueba, ofreció resultados promisorios. Al probarlo en monos con obesidad, incrementó drásticamente los niveles del llamado “colesterol bueno” y redujo los de nocivo; también contribuyó notablemente a reducir los niveles de insulina y triglicéridos de los animales. El fármaco parecía idóneo para tratar no sólo la diabetes, sino casi cualquier síndrome metabólico asociado con síntomas como la obesidad, la hipertensión y los altos niveles de glucosa en la sangre. Parecía, en este sentido, una panacea.

Sin embargo, algunos años después, en 2007, los experimentos tuvieron un revés. Algunos de los ratones que también habían recibido el compuesto comenzaron a desarrollar distintos tipos de cáncer al doble de velocidad que aquellos que no habían estado expuestos al químico. Desde la lengua hasta los testículos, según refiere Nicola Twilley en The New Yorker. En GlaxoSmithKline se tomó entonces la decisión de abandonar el desarrollo ulterior del fármaco. 

Casi al mismo tiempo, otros retomaron la experimentación con el compuesto químico. Ron Evans, por ejemplo, pero también Ali Tavassoli, quien en su laboratorio de la Universidad de Southampton, en Inglaterra, encabeza la investigación en torno al Componente 14, un fármaco que como el 516, ha logrado reducir los niveles de glucosa en la sangre de ratones sedentarios, así como su grado de obesidad y su peso corporal, todo ello sin mediación de la actividad física e, incluso, con una dieta rica en grasas. En su caso, se trata de un químico que estimula las células con una falsa señal de que los niveles de energía han descendido notablemente, con lo cual el metabolismo se activa y el cuerpo comienza a quemar sus reservas energéticas.

Bruce Spiegelman, del Departamento de Biología Celular de la Universidad de Harvard, también ha descubierto un par de hormonas que en sus efectos emulan los beneficios del ejercicio físico: en contacto con células propias del tejido muscular y graso, estas hormonas provocan una respuesta de intensa actividad, capaz de quemar grasas y carbohidratos y, según Spiegelman, incluso elevar los niveles de ciertas proteínas saludables (asociadas en el cerebro con la memoria y el aprendizaje).

Otras investigaciones en otros laboratorios del mundo, están siguiendo caminos similares, en direcciones parecidas o quizá contrarias, con puntos de encuentro y de divergencia pero, en cualquier caso, en torno a un estado del metabolismo humano hasta ahora poco estudiado: cuando el cuerpo está en movimiento. 

¿En algunos años se venderá en las farmacias la pastilla que nos evitará la molestia de hacer ejercicio? Atendiendo a los esfuerzos contemporáneos, parece muy probable, aunque igualmente parece quedar en el aire la incógnita de los efectos que un fármaco de ese tipo pueda tener sobre el cuerpo humano. 

Si es el caso que estos fármacos terminan por desarrollarse, ¿quién será su consumidor final? ¿Las personas sedentarias que dicen no tener tiempo de hacer ejercicio? ¿Los oficinistas de todos niveles que pueden pasar 10 o 12 horas en su lugar de trabajo pero no media hora en un parque caminando? ¿Personas aquejadas de una enfermedad metabólica incapaces de aceptar la finitud humana? ¿Y qué hay del placer de hacer ejercicio? ¿También el placer puede sintetizarse en una pildora?

El sueño de la razón engendra monstruos, dice el famoso grabado de Goya y, acaso la farmacología contemporánea, puede contarse entre ellos.

 

En este enlace, el reportaje completo de Nicola Twilley en The New Yorker.

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