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Saturno ingresa a Capricornio, el signo de su domicilio, este 19 de diciembre. Con este pretexto exploramos las cualidades de este planeta

Los planetas que conforman nuestro sistema solar no son -o al menos no eran para los filósofos antiguos- solamente piedras celestes inertes con las que compartimos un vecindario solar, y con las que estamos conectados solamente por la gravedad u otras fuerzas físicas. Los planetas son, sobre todo ,nodos de significado, grandes concentraciones de sentido y orden; potencias y arquetipos que constituyen tanto el cielo arriba de nosotros como el cielo interno de nuestra psique o alma. Esta interpretación de un cosmos de interpenetración e interconexión significativa requiere que tratemos a los planetas como inteligencias o, al menos, como energías vivas con las cuales interactuamos constantemente, de manera consciente o inconsciente. Para los astrólogos antiguos el cosmos se había forjado a través del número, de un orden matemático con el cual la divinidad se dividía a sí misma. Una de las principales divisiones de esta divinidad dinámica -animal divino llamó Platón al cosmos- era el septenario. Así los sietes planetas eran, cada uno, un aspecto de siete principios básicos con los que el universo se había creado, como si se tratara una unidad diversificada.

El sistema astrológico tradicional asoció a los planetas con un cierto elemento, con ciertos signos astrológicos y con ciertas cualidades materiales, emocionales y psicológicas. Elegimos hablar sobre Saturno en este caso, porque este planeta tiene su domicilio en Capricornio, el signo del zodiaco que rige el solsticio de invierno -el cual ocurre el 21 de diciembre este año-, fecha en la que antiguamente se celebraban las Saturnalias en Roma y las fiesta del Sol Invicto. El filósofo neoplatónico Porfirio escribió que estas fiestas se celebraban justamente porque Capricornio "es la puerta de los dioses (o inmortales)". Esto se debe a que en el esquema de Ptolomeo, en el cual está basada la astrología (y también el esquema hermético), el cosmos está formado por siete esferas planetarias, siendo la más baja la Luna (la cual rige Cáncer "la puerta de los hombres"), la cual marca el ingreso de un alma al mundo material, y la más alta la de Saturno, la cual marca el regreso de un alma al mundo espiritual o a la octava esfera, la de las estrellas fijas (en el descenso del alma el orden se invierte y Saturno es la primera esfera). Notablemente, además, este 19 de diciembre del 2017 Saturno ingresa, en su movimiento aparente zodiacal, a la constelación de Capricornio, signo donde residirá por tres años y donde se encuentra en plenas facultades. De alguna manera el espíritu del tiempo saturnino enfatizará el tema de la moderación, el orden, la disciplina y la importancia de construir una estructura sólida.

Saturno es un planeta de una belleza enigmática, fría y distante. Para los astrónomos y astrólogos antiguos era el séptimo y último planeta de nuestro sistema solar, aquel que yacía en el límite, en la fronteras de lo desconocido. Y de aquí tomó seguramente en parte el simbolismo de ser justamente el planeta, la deidad o el arquetipo de los "límites", aquello que limita al alma humana pero también el guardián mismo de la puerta al límite de la existencia con la cual se obtiene la trascendencia. Paradójicamente, Saturno es el planeta del orden y la razón  y de aquello que trasciende la razón y la mente en sí misma. De aquello en lo que todo orden y razón se aniquila y se aventura al caos, al mar indiferenciado de la unidad, origen de todo lo manifiesto.

Saturno, además de Capricornio en la astrología tradicional, rige el signo de Acuario y está ligado al plomo, el metal base que debe de ser transformado en oro. Marca también la etapa inicial de la gran obra alquímica, conocida como nigredo, en la cual se obtiene la materia prima para el trabajo de transmutación a través de la putrefacción. Encontramos una asociación con el elemento tierra ligado a Saturno y el humor melancólico (bilis negra) y el mismo origen de la palabra alquimia, que algunos autores toman como una referencia a kheme, Egipto, la tierra negra. Los melancólicos, enseñó la antigüedad vía un texto seudoaristotélico, son las personas más propensas al estudio de las artes herméticas. Marsilio Ficino, quien tenía a Saturno como gobernador de su ascendente, y quien sufrió de episodios depresivos que lo llevaron a consagrarse al estudio de la filosofía y la religión bajo el auspicio de la familia Medici, dice de este planeta que "no puede significar la cualidad y el lote común de la raza humana, sino que marca al individuo que ha sido separado de los demás, divino o bruto, bendecido o azotado por los extremos de la miseria". Ficino, a quien le debemos en buena medida la noción popular que liga la genialidad con la melancolía, nos dice que estamos sujetos a Saturno a través del ocio, la solicitud, la enfermedad, la teología, el ocultismo, la superstición, la agricultura, la magia y el luto". En cierta manera, Saturno nos quita la energía que podríamos utilizar para participar en el mundo común y en las vanidades bajo el Sol, para llevarnos a las profundidades del alma.

En la astrología antigua se habla de Saturno como uno de los dos grandes maléficos junto a Marte y generalmente es temido como se teme el castigo de un padre inexorable. El astrólogo John Frawley asocia a Saturno con la energía de la contracción, algo que también lo liga con la tierra y por supuesto a la etapa de recogimiento invernal, el frío, la reflexión, el aislamiento. El astrólogo Austin Coppock considera que la palabra clave de Saturno es la "estructura", el viejo Padre Tiempo es quien provee el esqueleto para poder construir nuestras vidas de manera íntegra y conforme a la ley (Saturno está asociado a los huesos en la anatomía según la astrología y según la medicina china al  bazo y al estómago). La astrología moderna le ha dado el apelativo del "Señor del Karma", en tanto parece ser la autoridad máxima que distribuye los castigos por los actos que desobedecen las leyes de la naturaleza. Se dice también que Saturno es el destructor de la ilusiones y ahí donde aparece hace que se muestre la realidad lo que, por nuestra fantasía y nuestra falta de aceptación, nos parece tan negativo, cuando también podríamos pensar que al mostrarnos nuestros defectos y obligarnos a enfrentar nuestros problemas en realidad hace el bien. Saturno, nos dice John Frawley, es el planeta de la justicia, una justicia no sólo mundana sino en su aspecto cósmico superior.

El día de Saturno es por supuesto el sábado y no ha de extrañar que fuera ligado en la religión judía con la divinidad suprema. Saturno tiene su exaltación en el signo de Libra y su detrimento en Cáncer y Leo (los signos opuestos de Capricornio y Acuario). Esto quiere decir que después de Capricornio y Acuario, Libra es donde Saturno se siente más cómodo; Cáncer y Leo es donde se encuentra afligido. Ficino recomienda templar un exceso saturnino o una aflicción utilizando la gracia de Júpiter para mitigar la influencia funesta de Saturno. Esto se puede conseguir utilizando hierbas, talismanes, música u horas del día consagradas a Júpiter.

Entre las grades mentes que han nacido con un Saturno prominente podemos incluir, además de Ficino, a Platón,  a Kepler y a Newton, entre otros.

El hombre saturnino, como muestra la famosa pintura de Alberto Durero, es solitario, meditabundo, seco, arisco, pero dedicado pacientemente a un trabajo que lo hace ir más allá del mundo material hacia el mundo espiritual infinito. La melancolía que lo asola es un veneno pero también es una medicina, le hace desencantarse de los placeres mundanos y dirigir su particular genio a las escalas más alta de la armonía celestial. Su dominio es la matemática, la astronomía, la alquimia y la filosofía en su forma más abstracta y absoluta.

A continuación presentamos algunas citas de importantes filósofos sobre Saturno:

Marsilio Ficino en "De vita":

Existen tres causas que hacen que las personas de conocimiento se tornen melancólicos. La primera es celestial, la segunda natura, y la tercera humana.

La celestial es debido a que tanto Mercurio, que nos invita a investigar las doctrinas, y Saturno, que nos hace perseverar investigando las doctrinas y retenerlas una vez que las hemos descubierto. Esta, según los astrónomos, es fría y seca, justo como señalan los médicos es la naturaleza melancólica.

...Pero de aquellos hombres de conocimiento, especialmente los que están oprimidos por la bilis negra, siendo diligentemente devotos al estudio de la filosofía, retraen su mente del cuerpo y las cosas corporales y los aplican a lo incorpóreo. La causa de esto es que, entre más difícil el trabajo más concentración de la mente requiere; y segundo, que entre más aplican su mente a las verdades incorpóreas, más están llamados a separarla del cuerpo. Por esto su cuerpo parece como si estuviera semimuerto y frecuentemente melancólico.

Ficino, "Sobre encender el fuego melancólico":

Es apropiado entonces que temples la bilis negra a su justa manera. Cuando es moderada, como dijimos, y mezclada con bilis y sangre, debido a que es seca por naturaleza y en una condición tan rarificada como la naturaleza admite, es fácilmente encendida; y porque es sólida y tenaz una vez encendida, arde por más tiempo; ya que es muy poderosa en su concentración.

 

Manly P. Hall en su "lectura sobre Astroteología":

Saturno representaba para los antiguos la sabiduría suprema, el poder antiguo que debía finalmente también devorar todas las cosas que eran menos que él. Así todas las cosas que nacen de la sabiduría deben de ser devoradas al final por la sabiduría. Esta es la extraña sabiduría abstracta de la meditación; la meditación de la cual las cosas nacen y a la cual todas las cosas regresan. Este era un tipo de conciencia que engendra, pero que sosteniendo y poseyendo siempre obliga a la cosa que ha engendrado a regresar a sí misma y ser disuelta... Saturno representaba el principio de la creación que representa a la vez el símbolo de la muerte,  pues todo lo que ha sido creado debe de morir... Saturno era el devorador, el principio de los movimientos que en sí mismos deben de terminar, era el principio de la separación que es en sí misma la más grande ilusión y que la final debe de llegar a su fin. Saturno juega muchos papeles aparentemente en conflicto, pero siempre bajo un principio subyacente: Saturno es el principio y el fin; el principio de la esperanza y el fin de la esperanza; Saturno es la muerte y Saturno es la vida eterna, depende de la dirección del movimiento, puesto que los antiguos creían que de los anillos de Saturno las almas eran lanzadas al espacio empíreo. 

 

Noel L. Brann en "The Debate Over the Origin of Genius During the Italian Renaissance":

Interpretado místicamente dentro de un contexto cristiano, el estado de putrefacción "negritud" (nigredo), iniciando el proceso de transmutación regido por Saturno según los alquimistas e identificado con el estado melancólico en su proceso de sublimación interna, corresponde con la muerte temporal del cuerpo previa a la resurrección en el más alla. 

 

Henry Cornelius Agrippa en sus "Tres libros de filosofía oculta":

El humor melancólico cuando es batido, arde y se agita propiciando una locura que conduce al conocimiento y la adivinación, especialmente si es ayudada por el influjo celeste, particularmente de Saturno... Por la melancolía, dijo Aristóteles, algunos hombres se hacen divinos, y otros poetas.

 

Macrobio escribe en su "Comentario al Somnium Scipionis" que el alma humana al descender de la intersección entre las estrellas fijas y la Vía Láctea (el lugar donde, según Platón, las almas elegían su lote antes de reencarnar): "toma de la esfera de Saturno la razón y el entendimiento, llamadas logistikon y theoretikion".

 

En el texto hermético "Poimandres" se dice que el alma en su proceso inverso, al ascender hacia la octava esfera, abandona ante Saturno "la mentira que tiende trampas" y atraviesa la Puerta del Caos, ascendiendo por las órdenes angélicas hasta fundirse con la divinidad.

 

Servius, citado por Hans Jonas en "La religión gnóstica":

Al descender, las almas toman la torpeza de Saturno, la ira de Marte, la concupiscencia de Venus, la ambición de ganancia de Mercurio, el deseo de poder de Júpiter.

 

John Frawley, en su libro "Real Astrology" señala:

La última de las esferas planetarias yace inmediatamente dentro de las estrellas fijas. Esta es la esfera de Saturno y conlleva en parte el mismo significado que el de las estrellas fijas, como umbral hacia y desde lo divino. Mientras que las estrellas fijas están activas sólo ocasionalmente en cada uno de nuestros horóscopos, Saturno está en operación constantemente. Es el planeta de la justicia (por ello su exaltación en el signo de la balanza, Libra), y por lo tanto no es muy popular. Y es que nuestra idea moderna de justicia --una creencia en que al final todo se solucionará sin importar cómo vivamos-- no es la idea de justicia bajo la cual el cosmos está construido, esto es, la verdad inexorable de que si nos identificamos con la esencia habitaremos con la esencia, y si nos identificamos con lo material moriremos con lo material. Saturno es la puerta hacia lo divino, pero es una puerta difícil de abrir y angosto es el camino que lleva hacia ella.

 

Mark Fisher escribe en "Ghosts of My Life: Writings on Depression, Hauntology and Lost Futures":

Existe un conocimiento implícito de que la esperanza creada por la electrónica posguerra y la eufórica música dance de los 90 se han evaporado –no sólo ese futuro no ha llegado, ya no parece posible. Y, sin embargo, la música constituye una negación a rescindir un deseo del futuro. Esta negativa da a la melancolía una dimensión política, porque significa que fracasa en acomodarse a los horizontes cerrados del realismo capitalista.

 

Bouschet y Hilbert:

La Tierra está localizada entre el Sol y Saturno que están en eterno conflicto; observamos su guerra en nuestra separación eterna de la luz y la oscuridad… En la Tierra hay una especie de astronomía invertida: localizado en el centro de la Tierra hay un sol negro. Debemos mirar hacia abajo.

 

Shams al-Din Lahiji:

El color negro, si me sigues, es luz de Ipseidad pura, dentro de esta oscuridad está el Agua de la Vida.

 

James Hillman sobre el arquetipo del senex:

Saturno retiene los atributos de Kronos; es un dios de la fertilidad. Saturno inventó la agricultura; este dios de la tierra y el campesino, la cosecha y la saturnalia, es regente de la fruta y la semilla. Incluso su castrante guadaña es una herramienta de siembra. Tendría que ser Saturno quien inventara la agricultura: sólo el senex tiene la paciencia que equipara a la de la tierra y puede entender la conservación de la tierra y la conservaduría de aquellos que la trabajan; sólo el senex tiene el tiempo necesario para las estaciones y su repetición crónica; la habilidad de abstraer para amaestrar la geometría del arado, la esencia de las semillas, de hacer las cuentas para rendir ganancias, el abono, la soledad…

 

James Hillman sobre el "vale of soul-making" de John Keats:

He tomado este pasaje de Keats como un motto psicológico: “Llama al mundo, si quieres, el valle de la elaboración del alma. Entonces descubrirás la razón de la existencia”.

Los alquimistas hablaban de la paciencia como la primera cualidad del alma y consideraban la elaboración del alma el camino más largo, una via longissima.

 

La etimología de la palabra “alquimia” es, como este arte en general, un tanto misteriosa, pero uno de los significados más aceptados es “tierra negra” o “la tierra más negra”, chemia, que según Plutarco es una referencia también a Egipto, la “tierra negra” y a la parte negra de las pupilas, según podemos leer en el libro "Alchemical Traditions", la  parte del ojo que sirve como un espejo negro de la luz y está ligada a Isis y a Kore en la anatomía microcósmica. En el texto hermético grecoegipcio "Koré Kósmou", la voz de la diosa Isis le habla a su hijo Horus de una doctrina secreta que tuvo el honor de recibir de Kamefis, quien la escuchó de Hermes, se trata “del negro perfecto” (teleio melani). Uno de los epítetos de Kamefis es “aquel que se mantiene oculto a sí mismo en sus ojos”. El gran teúrgo neoplatónico Jámblico liga a Kamefis con el “dios que voltea sus pensamientos hacia sí mismo”, un deus absconditus que contempla la eternidad.

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Esta es la receta para escapar de la Matrix y conseguir el estado de un Cristo o un Buda, según Philip K. Dick

Philip K. Dick dijo en una conferencia en 1977: "Vivimos en una realidad programada computacionalmente y la única pista que tenemos es cuando una variable es cambiada y una alteración en nuestra realidad ocurre". Sus ideas prefiguran indudablemente la noción desarrollada en la trilogía The Matrix. Una serie que, como ha notado el profesor Robert Thurman, tiene notables influencias budistas  (la Matrix del budismo se llama samsara) y que ha producido la gran metáfora de nuestro tiempo para referirse a una sensación milenaria: la sospecha de que el mundo que experimentamos convencionalmente es una ilusión. En su laberíntica y obsesiva reflexión en torno a una serie de visiones místicas que ocurrieron el 2/3/1974, plasmadas en The Exegesis, curiosamente Dick, un gnóstico cristiano, da como posible escapatoria a este dédalo ilusorio que hoy llamamos La Matrix el camino del bodhisattva. Dick cuenta sobre el protagonista de un texto que pensaba titular The Owl:

Sólo escapa verdaderamente del laberinto cuando decide regresar voluntariamente (volverse a someter al poder del laberinto) para beneficiar a aquellos que siguen atrapados dentro de él. Esto es, nunca puedes irte tu sólo, para salir debes de elegir llevar a los demás... ésta es la paradoja última del laberinto, la ingenuidad quintaesencial de su construcción, que la única vía de salida es una vía de regreso voluntaria (al interior de su poder), que es lo que constituye el sendero del bodhisattva.

Dick refuerza esta misma idea: "Si existe la felicidad, debe de surgir de voluntariamente entregar el propio ser en intercambio por participar conscientemente en el destino de la unidad total". En otras palabras, el héroe de la Matrix, el bodhisattva, el hacker, es aquel que descubre que la realidad más allá de la ilusión del programa o simulacro es una completa interdependencia entre todos los seres, lo cual es la semilla indestructible de la compasión. La motivación de la compasión, de la renuncia y la entrega en favor de los demás es la sabiduría de que los otros son parte de mí; si el universo entero es la experiencia de un sólo cuerpo o mandala, entonces la compasión surge de manera tan espontánea como cuando uno quita los dedos del fuego (ese fuego es el samsara, es la Matrix). En el budismo tántrico, la compasión constituye el insuperable método (upaya) para alcanzar la iluminación y despertar del sueño del samsara. 

Este intersticio o glitch divino en la arquitectura de la Matrix o del laberinto (este hilo de Ariadna), que Dick descubre como la compasión, es justamente lo que unen al budismo y al cristianismo. También en The Exegesis, Dick escribe: "Cristo es Buda homologado como bodhisattava". El acto crístico es un acto de compasión pura: sacrificar su vida para salvar a los demás; coincide con el juramento del bodhisattva: dedicar incontables vidas a liberar a todos los seres, permanecer dentro del samsara hasta que todos los seres alcancen la liberación. Siguiendo con esta incursión gnóstica en el budismo mahayana, Dick escribe que "la cualidad más alta de la compasión es el único poder capaz de resolver el laberinto... La verdadera medida del hombre no es su inteligencia o su éxito en este sistema demente. No, la verdadera medida del hombre es esta: qué tan rápido puede responder a la necesidad de los demás y qué tanto de sí mismo puede dar". Aquí hay un claro eco bíblico, sólo quien es capaz de dar su vida (esta vida mundana, este polvo) podrá obtener la vida eterna, pero no será ya alguien, un individuo, sino será la divinidad misma: Cristo, Buda... La muerte de nuestra personalidad separada, de nuestro ego, es la semilla de la vida del espíritu. Pero esa vida del espíritu más que una fase nueva es la condición original que siempre ha existido, innata y por lo tanto inmortal. Con esto llegamos también a otro de los conceptos esenciales de la teología de Philip K. Dick, el escritor de ciencia ficción que era en realidad uno de los grandes místicos del siglo XX. Tomando de Platón pero en comunión también con del camino tántrico del budismo vajrayana, Dick mantiene que el remedio para sanar esta condición de estar perdidos en el laberinto (en el samsara) es la anamnesis, la pérdida de la amnesia que nos caracteriza. "Recordaste tus orígenes, y eran de más allá de las estrellas". En el budismo tántrico se asume la condición original, la noción de la pureza primordial, la naturaleza búdica inherente (o tathagatagarbha), como la realidad presente, así la base del sendero se vuelve indivisible del fruto (el proyecto de volverse budas se nutre de la visión de que ya somos budas). En otras palabras, se trae a mente, se recuerda (mindfulness, sati) la propia naturaleza búdica, la luz del origen (allende las estrellas y allende lo humano). Asimismo, el hecho de que la salida del laberinto constituya precisamente permanecer en él desde la perspectiva de la compasión intuye ya una noción que no está del todo desarrollada en la visión de Dick (y que quizás entre en conflicto con el dualismo del gnosticismo cristiano), esto es, la no-dualidad. En el sentido más profundo, cuando se ha realizado el cambio de perspectiva de la compasión y la integración de la totalidad en uno, el laberinto ya no es un laberinto (es un espacio sin límites), no hay separación entre afuera y adentro, el samsara es nirvana, pero, nos dicen las tradiciones místicas, es sólo entendido y experimentado por alguien que ha alcanzado un estado como el de un cristo, un bodhisattva, un tzadikim, etc.

En la películaThe Matrix: Revolutions, el clímax de la saga se produce con un enfrentamiento entre el Agente Smith y Neo. Neo logra conquistar el último obstáculo, así reconociendo completamente su propia naturaleza búdica como "The One", convirtiéndose antes en su enemigo, absorbiéndolo en él mismo a Smith. Al lograr esto, la Matrix estalla en la vacuidad que siempre fue, sólo vacío radiante. Para el budismo mahayana la vacuidad necesariamente implica la compasión y viceversa (este extenderse de Neo en Smith es un reconocer la vacuidad de la identidad y una compasión, un sentir-con). Las cosas están vacías ya que no tienen existencia inherente, no existen desde su propio lado sino solamente en interdependencia con todas las otras cosas; la compasión surge espontáneamente de reconocer esta interdependencia, incluso podríamos decir que la compasión es esa misma interdependencia: el acto reflejo que surge espontáneamente de saber que en cada cosa se reflejan todas las otras cosas (como en el caso del mítico collar de perlas de Indra, una de las más hermosas metáforas de la naturaleza del universo).

Dice Dick: "Somos cosmocrators olvidadizos, atrapados en el universo de nuestra propia hechura". Es la ignorancia de que este mundo es generado por nuestra propia mente la que perpetúa el estado de sufrimiento, la que sigue reproduciendo un sueño. Sufrimos y sentimos dolor porque creemos que el sueño es real y que estamos separados de los otros, pero ese mismo sufrimiento es lo que nos motiva a actuar, descubrir la verdad y despertar. "En un sentido muy real, el dolor que sentimos como criaturas vivientes es el dolor de despertar... la presión de este dolor nos motiva a buscar respuestas o, lo que es lo mismo, nos motiva a una mayor conciencia". Este es exactamente el entendimiento de la primera noble verdad del Buda.

Twitter del autor: @alepholo