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100 cantos, 100 días: una propuesta no sólo para leer y disfrutar la 'Comedia' de Dante sino, sobre todo, para redescubir la lectura como una actividad que se hace siempre en compañía de otros

Leer suele pensarse como un ejercicio solitario, silencioso y acaso por ello mismo aburrido. En cierta forma parece más deseable, siendo niños, salir al parque o a andar en bicicleta, jugar fútbol, o simplemente estar con los amigos. Y, ya mayores, quizá la experiencia sea similar: entre el encierro que parece representar la lectura y el tiempo pasado a solas, el tiempo pasado con otros tiene igualmente un valor preminente.

Sin embargo, no siempre fue así, y de hecho, la lectura solitaria y en silencio es una invención de la modernidad. En la Grecia Antigua, la poesía era una actividad ritual y por ello mismo comunitaria: la Ilíada y las grandes tragedias se “leían” frente a otros (en un tiempo en que la lectura era más bien memorización). En la Edad Media, los monasterios y conventos acompañaban sus comidas de lecturas sacras, leídas igualmente en grupo. Lo mismo en el Renacimiento y los siglos posteriores: como se testimonia en diversas obras (de Chaucer a Cervantes), tanto en palacios como en el campo era común que una persona leyera a otras en voz alta, por mero entretenimiento o como forma de instrucción. Fue hasta los siglos XVIII y XIX que la lectura comenzó poco a poco a enclaustrarse en el “cuarto propio” del que habló Virginia Woolf, en el cubículo universitario, el libro de bolsillo y acaso, incluso, la soledad de la erudición.

Pero en su espíritu la lectura tendrá siempre una gota de comunidad, de compañía y complicidad. Siempre hay un otro presente en la lectura: ese otro elemental que es el autor, el otro amplio que son las circunstancias en que fue escrito lo que leemos, el otro que llevamos en nuestro interior y que acaso, como sugiere Charles Dantzig, leemos justamente para instigarlo, para molestarlo, para contradecirnos a nosotros mismos y hacerlo surgir y desafiarnos. Finalmente, el otro elemental en el punto opuesto del arco: el otro prójimo, con quien eventualmente podemos hablar de un libro, criticarlo o alabarlo mutuamente, el otro a quien podemos recomendar una lectura o que nos señala un detalle del texto que pasamos por alto. Leer es, en esencia, una actividad que se hace con otros.

Este año comenzó en Twitter, con cierta espontaneidad, una lectura colectiva, simultánea e inesperadamente asequible de la Comedia de Dante, un título que acaso evoca el tormento del deber escolar en algunos o el sopor con que a veces hemos aprendido a ver las “obras clásicas” pero que, por esta iniciativa, se revela como un libro profundamente lúdico, sorpresivo y no por casualidad elogiado en todas las épocas.

La iniciativa lleva como distintivo el hashtag #Dante2018 y, en breve, tiene reglas muy simples: a partir del 1o de enero, leer un canto de la Comedia al día. En tanto el poema de Dante está dividido en 100 cantos, después de 100 días (esto es, el martes 10 de abril del 2018), habrás terminado de leerlo. Y no sólo eso. A través de Twitter podrás acompañar tu lectura con la de otros: preguntas, comentarios, observaciones, otros libros que la Comedia te hace recordar… lo que desees. Hay quien, como Humberto Ballesteros, está publicando un ensayo al día en torno al canto respectivo; Leonardo Achilli hace lo mismo pero con una ilustración y Diego Papic se tomó el tiempo de transcribir todas las menciones que se hacen de Dante en el diario monumental (y al mismo tiempo íntimo) que Bioy Casares llevó durante sus encuentros con Borges.

El artífice de esta lectura compartida fue Pablo Maurette, profesor de origen argentino que radica actualmente en Chicago, Estados Unidos. Sin saber bien a bien el alcance de su propuesta, Maurette la lanzó en Twitter y, pronto, muchísimos hispanohablantes de todas latitudes respondieron y se sumaron al ejercicio. 

Si te interesa, aún estás en tiempo de unirte a #Dante2018. Basta conseguir una edición (en Internet circulan algunas digitalizadas) y leer al menos un par de cantos al día para que puedas ponerte al corriente. La Comedia, es cierto, está rodeada de cierta atmósfera de erudición y crítica, sin mencionar su antigüedad, que puede suponer para algunos cierta dificultad para leerla. Todo eso, sin embargo, puede mirarse un poco como un prestigio. Aunque útiles o loables, los comentarios a la Comedia (o a cualquier otro libro) también pueden ser prescindibles en al menos un punto: la lectura por placer. No sin ironía Borges digo alguna vez, hablando de la lectura por placer, que Shakespeare escribió toda su obra sin leer ni una sola línea sobre Shakespeare. Lo mismo pasa con Dante: su viaje por el Infierno, el Purgatorio y el Cielo, del que acaso tanto hemos oído hablar (así sea vagamente), es también un relato maravilloso, simple en algún sentido cuando se le sigue y se le mira en la sencillez de la historia contada. 

#Dante2018 es también una oportunidad para descubrir la Comedia así, en el placer soberano de una historia asombrosa que alguien más nos está contando.

 

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Ilustración de la portada: Leonardo Achilli 

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Chamath Palihapitiya, ex vicepresidente de Facebook, asegura sentir una culpa tremenda por haber contribuido al desarrollo de un recurso que sólo divide y desinforma a la sociedad.

Con cierta coincidencia en el tiempo, desde hace algunas semanas se han hecho públicas las declaraciones de antiguos ejecutivos de Facebook, Google, Twitter y otras empresas afines que, de alguna u otra forma se arrepienten de haber participado en el desarrollo de dichos recursos de comunicación digital, sean las redes sociales o los buscadores y que, a pesar de su creación más bien reciente, se han convertido en elementos en apariencia imprescindibles para la vida de millones de personas en todo el mundo.

Grosso modo, la aflicción de estos personajes tiene un elemento común: el efecto que esas “invenciones” han provocado en el mundo contemporáneo. Antes que un medio de unión, cooperación o información que alguna vez pareció ser, tal pareciera que Internet se ha convertido justo en lo contrario, un espacio fértil para la división y el sectarismo, tambaleante entre la trivialidad o la falsedad de sus contenidos y, por si esto fuera poco, aislando a la gente en el narcisismo de sus opiniones.

En este sentido, Chamath Palihapitiya, en su momento uno de los vicepresidentes de Facebook, aceptó recientemente sentir una “culpa tremenda” de haber trabajado para esta compañía y crear así “una herramienta que está destrozando el tejido sobre el cual la sociedad funciona”.

Palihapitiya trabajó en Facebook desde 2007 y, entre otras responsabilidades, estaba encargado del crecimiento del número de usuarios de la red social. Estas declaraciones las realizó en la Escuela de Negocios de Stanford, en donde brindó una charla en noviembre.

Entre otras afirmaciones, Palihapitiya dijo:

"Creamos ciclos repetitivos de recompensa instantánea, dominados por la dopamina, que están destruyendo a la sociedad. Corazones, likes, pulgares arriba… Sin discurso cívico, sin cooperación, desinformación, verdades a medias. Y este no es un problema de Estados Unidos, no se trata de la propaganda rusa. Es un problema mundial".

En la charla, el ahora fundador y director de Social Capital –una organización filantrópica de apoyo a la salud y la educación– aseguró que intenta usar Facebook lo menos posible e igualmente aconsejó a los asistentes limitar el uso de las redes sociales.

Palihapitiya criticó también al grueso de las empresas de Silicon Valley, cuyos inversores están impulsando compañías “de mierda, inútiles e idiotas” en vez de dirigir esos recursos a solucionar problemas reales como el cambio climático o las enfermedades.

Las declaraciones de Palihapitiya –que pueden escucharse cerca del minuto 21:52 del video que compartimos– se suman así a las de Sean Parker, uno de los primeros inversores de Facebook que, según referimos en esta nota, aceptó públicamente que al crear esta empresa sus fundadores sabían bien que estaban explotando la vulnerabilidad emocional humana, especialmente la necesidad de las personas por sentirse reconocidas o valoradas.

Lamentablemente, parece ser que estos sentimientos de culpa y arrepentimiento llegan tarde, ya que el mal está hecho. ¿O será posible aún revertir los efectos nocivos que las redes sociales están provocando en nuestras relaciones?

 

También en Pijama Surf: Esta mujer predijo en 1994 el lado oscuro de las redes sociales de forma increíblemente lúcida