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Esta es una de las ilusiones ópticas más bellas que encontrarás jamás

Arte

Por: pijamasurf - 04/10/2018

Una ilusión óptica sorprendente, pero también sumamente hermosa

El encanto de las ilusiones ópticas suele ser la doble sorpresa que nos depara el efecto y la explicación del efecto. Por un lado, nos sorprende que nuestros sentidos y nuestra percepción, en los que confiamos plenamente por principio de supervivencia, puedan ser engañados; por otro, cuando conocemos el fundamento de la ilusión, nos sorprende que puedan ser engañados tan fácilmente. 

Con todo, quizá encontramos algún tipo de placer secreto y hasta un poco irracional en saber que después de todo la realidad no es únicamente la que nos entrega nuestra cognición, y que hay fenómenos que pueden trampearla y hacerla titubear.

Uno de estos es esta imagen que compartimos a continuación, sobre la cual, por lo pronto, sólo diremos qué hacer con ella: mírala fijamente durante unos 10 o 20 segundos, sin parpadear. Te aseguramos que ese poco tiempo vale la pena.

¿Qué te parece? Notable, ¿no es cierto?

La razón por la cual los colores se diluyen se conoce como “efecto Troxler”, y esta es una forma un tanto más común en la que se le encuentra:

La ilusión lleva dicho nombre por motivo de la primera persona que la identificó, el medico de origen suizo Ignaz Paul Vital Troxler, quien en 1804 se dio cuenta de que cuando la mirada se queda fija sobre un punto determinado del campo visual, el campo de la llamada “visión periférica” se reduce considerablemente después de muy poco tiempo, hasta casi desaparecer. 

Después de Troxler, otros estudios determinaron que este efecto se debe a una adaptación neural totalmente justificada en la relación entre la vista y el cerebro, pues concentrar nuestra atención sobre algo en específico implica necesariamente desestimar otros estímulos, aun los que pudieran ser percibidos por el mismo sentido.

En el caso de la imagen cabe hacer notar también la ejecución del efecto Troxler a partir tanto de la combinación de colores elegida como de la textura y la disposición de éstos, que en cierto modo hace pensar en el movimiento impresionista, que por causa de la ilusión se diluye sutilmente en la mezcla y la combinación, acaso como uno de esos amaneceres pintados por Monet que también parece listo para desaparecer de un momento a otro.

 

También en Pijama Surf: Nada es real (mejor usa bien tu ilusión)

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El Sol revela pacientemente estas fotografías en hojas caídas de árboles

Arte

Por: pijamasurf - 04/10/2018

“Tengo miedo de olvidar, pues la memoria ha formado lo que soy. Estas piezas son como una proyección de mi memoria. Una puerta abierta hacia un recuerdo preciso”, dice Hiro Chiba a propósito de este trabajo

Una de las cualidades esenciales de la fotografía es su capacidad de capturar el instante. En cierto sentido, esa es su magia y también el motivo por el cual nos fascina tanto. Frente al tiempo que transcurre sin detenerse, frente a la vida que corre paralela y ante los hechos que empiezan y terminan pero no se detienen, la fotografía es una pequeña trampa que nos permite conservar algo de eso siempre en fuga. 

Quizá por eso el trabajo que ahora presentamos de Hiro Chiba sorprende tanto. Chiba es una joven artista originaria de Japón que recientemente comenzó un proyecto que podría parecer simple pero al mismo tiempo es profundamente elocuente: revelar sus fotografías en hojas caídas de árboles sirviéndose de los rayos del Sol.

Aunque bellas por sí mismas, las fotografías adquieren por ese método otro significado. De alguna manera, es como si aun en su captura del instante se mostrara que no escapan a la condición efímera del mundo.

“Tengo miedo de olvidar, pues la memoria ha formado lo que soy. Estas piezas son como una proyección de mi memoria. Una puerta abierta hacia un recuerdo preciso”, explicó Hiro en esta entrevista para el sitio Japanization.

La técnica con la cual revela las imágenes es relativamente secreta. Hace algunos años, el fotógrafo vietnamita Binh Danh realizó un trabajo similar llevando imágenes de la guerra que se libró en la década de 1970 en su país igualmente a hojas de árboles. Para tal fin, Danh desarrolló un procedimiento propio que no quiso hacer de conocimiento público.

Sea como fuere, el resultado es profundamente admirable. Los rayos del Sol, la hoja del árbol, el proceso de impresión de la imagen… Por un lado, la vida; por el otro, el tiempo; y en medio de ambos, la existencia humana.