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Esto es lo que revelan los celos sobre tu personalidad y sobre tu relación (y es bastante inquietante)

Salud

Por: pijamasurf - 04/02/2018

¿Tu pareja es celosa? Si es así, esto revela algo muy importante sobre sus "sentimientos"

Durante mucho tiempo se ha hecho creer a las personas que los celos son una señal de amor. En cierto sentido, se cree que los celos delatan la realidad -la pasión que se siente- de una manera emocional irrefutable, ya que suelen ser impulsivos u obsesivos, y de cierta forma "poseen" a la persona. Como si fueran una manifestación irracional pero inconfundible del amor. A esta confusión le da vida fácilmente el llamado "deseo de ser deseado" y la necesidad de seguridad y protección que siente la gente.  

Sin embargo, si diferenciamos claramente los celos de la protección ante un peligro real, vemos que los celos están muy lejos de ser una expresión de amor, y que en realidad son todo lo contrario. La mejor explicación para entender la causa de los celos es la ausencia de amor, ya sea propio o hacia la pareja. Es decir, la persona celosa es quien no se ama a sí misma o quien no ama realmente a su pareja. Esto lo entendió bien Balzac, que en sus novelas demuestra una gran sensibilidad psicológica y quien escribió: "Estar celoso es el súmmum del egoísmo, es el amor propio en defecto, es la irritación de una falsa vanidad". Egoísmo, amor propio en defecto, son justamente la ausencia de amor hacia el otro, la infatuación que imposibilita el genuino sentimiento amoroso. Pero estas son sólo las palabras de un novelista. Leamos mejor lo que dice un psicólogo que fue no sólo un hombre de ciencia, sino uno de los grandes pensadores intuitivos de la historia. Leamos lo que dice Carl Jung de los celos. 

En su autobiografía, Jung narra el caso de un paciente a quien logró liberar de una "depresión psicógena". El hombre después se casó. Luego Jung conoció a su esposa, pero ésta evidentemente le tenía aversión, pese a que su marido le estaba profundamente agradecido por su curación:

observé que no me veía con buenos ojos a causa de mi influencia sobre su marido, que me estaba agradecido. Sucede con frecuencia que las mujeres que no quieren verdaderamente al marido son celosas y destruyen sus amistades. Quieren que les pertenezca por entero, porque precisamente ellas mismas no le pertenecen a él. El núcleo de los celos es una falta de amor.

Esta observación es bastante contundente y seguramente aplica también a los hombres, aunque ciertamente la psique masculina y la femenina no sean iguales en la psicología de Jung, ya que sus arquetipos son distintos. Hay una lógica irrefutable en el hecho de que un individuo que es realmente celoso no ama genuinamente a la persona a la que cela, aunque conscientemente incluso le parezca que sí la ama. Si tal es el caso, es evidente que este individuo tiene una fragmentación psíquica y está dando entrada a factores inconscientes que son más poderosos que su voluntad consciente. La diferencia entre sentir amor por otro y sentir apego, necesidad, neurosis, inseguridad, falta de autoestima y demás, es vasta. Y esto es lo que revelan los celos. 

Los celos ciertamente demuestran que una persona es "posesiva". El término es revelador porque muestra que un individuo busca poseer al otro, y por lo tanto, lo quiere sólo para sí. Esto significa que su amor -aunque sería más preciso decir infatuación- es obviamente egoísta. El amor es querer la felicidad, la libertad y el desarrollo individual de la otra persona y obviamente los celos van en contra de esto, de la misma manera que ocurre con la madre o el padre que (arquetípicamente) "devora" a sus hijos, que los asfixia, que les impide ser ellos mismos, aunque esto generalmente se hace en nombre del "amor".

 

Foto: We Heart It

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Descubre por qué es tan difícil superar recuerdos traumáticos

Salud

Por: pijamasurf - 04/02/2018

Desgraciadamente, en los casos de TEPT los recuerdos dependen de su contexto y ello complica la efectividad de la terapia

Para Babette Rothschild, psicoterapeuta experta en estudios sobre el estrés traumático, un trauma es una ruptura que altera no sólo la experiencia psíquica de un individuo sino también su cuerpo. En su libro The Body Remembers: The Psychophysiology of Trauma and Trauma Treatment (2000), Rothschild explica que un trauma puede generarse como respuesta a tres tipos de eventos:

(1) incidentes que son, o son percibidos como, amenazantes a la propia vida o integridad corporal de uno; (2) ser testigo de actos de violencia hacia otros; o (3) escuchar violencia hacia o la muerte violenta inesperada de personas cercanas. […] También se puede desarrollar en los niños que han sufrido abuso sexual, aun si no pone en riesgo sus vidas.

Dado que el trauma puede ocasionar una serie de síntomas, tales como flashbacks –reexperimentar el evento de formas sensoriales variadas–, evitar recordatorios del trauma y la hiperestimulación del Sistema Nervioso Autónomo –SNA–, este trastorno se reencarna tanto en la vida psíquica como en la fisiológica. De hecho, las investigaciones, análisis y abordajes terapéuticos se enfocan en ambas perspectivas, principalmente desde un punto de vista neurológico. Van der Kolk, Antonio Damasio, Bruce Perry y Babette Rothschild, cada uno experto en el tema del trastorno de estrés postraumático –TEPT–, han relacionado los síntomas del trauma con un fenómeno en las conexiones neuronales que se ve reflejado en la psique y en el resto del cuerpo.

De hecho, mientras más datos se consiguen desde un abordaje neurocientífico, más alternativas se desarrollan para tratamientos terapéuticos. Por ello las investigaciones continúan, tal como la que realizó un grupo internacional de científicos al analizar la reacción neurológica a la hora de “desaprender” el miedo.

Para Roger Marek, investigador del Queensland Brain Institute en Australia, “Un abordaje común de las terapias cognitivo-conductuales para tratar a pacientes con TEPT es usar frecuentemente la exposición gradual, lo cual está basado en un paradigma experimental conocido como ‘aprendizaje de extinción’”. En otras palabras, se trata de entrenar al cerebro a olvidar un mal recuerdo –sin borrar el evento del cerebro– para reducir la expresión negativa y dolorosa que representa. Según se encontró en la investigación realizada, este proceso requiere de la corteza medial prefrontal, la cual es responsable de las funciones ejecutivas de todo el cuerpo. Es decir, para llevar los recuerdos negativos hacia la profundidad, la terapia recluta una región en la corteza prefrontal llamada corteza infralímbica, la cual genera una conexión con la amígdala –el foco central del miedo– para inhibir las respuestas condicionadas del trauma.

Desgraciadamente, en los casos de TEPT los recuerdos dependen de su contexto, y ello complica la efectividad de la terapia. En palabras de Marek: “Por ejemplo, en personas que están yendo a terapia de exposición, el aprendizaje de extinción que se lleva a cabo con una perspectiva clínica resulta en una recaída de pánico fuera de la consulta”. Por ello, los investigadores insisten en retomar los tratamientos y los análisis desde la fuente neuronal: desde la reparación del hipocampo, el cual puede verse alterado en su funcionamiento –regulación de recuerdos y de emociones– debido a un trauma mal gestionado.

Marek explica que con un trauma, el cerebro se enfrenta a cambios neurológicos creando nuevas conexiones que asocian un recuerdo, un pensamiento y un sentimiento/emoción. Por ello, el objetivo es resignificar esas conexiones desde una narrativa de resiliencia y autocomprensión, para que así tanto el hipocampo como la corteza infralímbica no se activen en modo de supervivencia –asumiendo que existe un nuevo riesgo–. Y entonces sí, hasta ese momento, quizá, se puede aprender a dominar e incluso vencer la emoción de miedo que alberga a cada víctima de un trauma.