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Jefe de pueblo nativo americano señala la enfermedad del hombre blanco: 'Piensan con la cabeza y no con el corazón'

AlterCultura

Por: pijamasurf - 04/13/2018

Es una enfermedad no poder pensar con el corazón y sólo basarnos en las razones del cerebro, según el jefe Lago de Montaña y su interlocutor Carl Jung

El corazón tiene razones que la razón no entiende.

Pascal

En su autobiografía Recuerdos, sueños, pensamientos, el psicólogo Carl Jung narra un episodio indeleble que hoy es aún más relevante de lo que fue en su época, y un tanto inquietante. Jung viajó a África, a la India y a Nuevo Mexico para encontrarse con personas no europeas y aprender de ellas, particularmente de su relación con los sueños y los mitos. En su autobiografía relata un encuentro con el líder de un pueblo de los indios de Taos en Nuevo Mexico, llamado Ochwiä Biano (Lago de Montaña):

«Mira», decía Ochwiä Biano, «lo crueles que parecen los blancos. Sus labios son finos, su nariz puntiaguda, sus rostros los desfiguran y surcan las arrugas, sus ojos tienen duro mirar, siempre buscan algo. ¿Qué buscan? Los blan­cos quieren siempre algo, están inquietos y desasosegados. No sabemos lo que quieren. No les comprendemos. Cree­mos que están locos».

Le pregunté por qué creía que todos los blancos están locos.

Me respondió: «Dicen que piensan con la cabeza.» «¡Pues claro! ¿Con qué piensas tú?», le pregunté. «Nosotros pensamos aquí», dijo señalando su cora­zón. Quedé sumido en largas reflexiones. Por vez primera en mi vida me pareció que alguien me había trazado un retrato del auténtico hombre blanco. Era como si hasta entonces sólo hubiera recibido impresiones teñidas de sentimentalismo. Este indio había acertado en nuestro punto vulnerable y señalado algo para lo que estamos ciegos. Sen­tí nacer en mí como una niebla difusa, algo desconocido y, sin embargo, entrañablemente íntimo.

Después de esto, Jung cuenta una visión en la que irrumpieron "legiones" en la niebla de su mente. Vio "las facciones angulosas de Julio César, Escipión, Pompeyo"; grandes armadas conquistando a pueblos primitivos; San Agustín predicando "a punta de lanzas romanas"; Carlomagno, Cortés, Colón, etc.; el fuego, la espada, el aguardiente y la sífilis expandiéndose.  

Este encuentro en uno de los tejados del pueblo Taos, viendo el Sol, se grabó para siempre en la mente del psicólogo suizo, quien luego mantuvo una correspondencia con Lago de Montaña, la cual ha sido documentada. Jung notó que, en el caso de la civilización racional occidental, "el conocimiento no nos enriquece; nos remueve del mundo mítico en el que antes nos sentíamos en casa por derecho de nacimiento". Y agrega que aunque nos parecen supersticiosas las creencias de los pueblos primitivos, nuestra civilización también se basa en cosas que, si las analizamos bien, son igualmente irracionales, pero que no tienen el beneficio de brindarle sentido a nuestras vidas, puesto que nos separan de la participación mística con la naturaleza. A fin de cuentas, en el inconsciente el hombre occidental es tan arcaico como los nativos americanos o las tribus africanas. Pero el hombre occidental no le da importancia a ese sustrato psíquico. Y esta es su gran pérdida: no vivir intensamente, siguiendo a su propio corazón, dejando entrar las imágenes del inconsciente. ¿Quién puede hoy realmente ver con el corazón? Y más aún, ¿quién cree hoy  que sus sueños tienen significado y las cosas con las que se encuentra revelan un mensaje del alma?

 

Imagen de Edward S. Curtis, de un miembro de la comunidad de Taos

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Las diferencias exactas entre personas extrovertidas e introvertidas, según el creador de estos conceptos

AlterCultura

Por: pijamasurf - 04/13/2018

Todos usamos estos términos, pero ¿de dónde vienen? Y, más aún, ¿cuál es su uso correcto?

Hoy la mayoría de las personas conoce o ha escuchado sobre los términos "extrovertido" e "introvertido", e incluso es probable que se identifique con una de estas dos actitudes psicológicas. Fue Carl Jung quien desarrolló estos conceptos en su libro de 1921 Tipos psicológicos. Si bien estos conceptos se utilizan popularmente con una noción más o menos adecuada del sentido general que Jung les dio, son abundantes las confusiones e imprecisiones en su uso, por lo cual es mejor ir directo a la fuente para explicar realmente qué significan estas actitudes.

Jung concibe cuatro funciones psicológicas fundamentales: pensamiento, sentimiento, sensación e intuición. Las dos primeras entran dentro de lo que clasifica como racionales, basadas en el juicio, y a las otras dos las considera irracionales o basadas en la percepción. Ciertas personas suelen estar dominadas por la primera de estas funciones y, así, por ejemplo, se guían por sus pensamientos; otras, por sus sentimientos, otras más por las impresiones sensoriales (o sensaciones) y otras, por las intuiciones. Esto no significa que una persona dominada por el pensamiento no sienta o no intuya y demás, sino que estas funciones se vuelven inferiores o auxiliares y generalmente se desplazan al inconsciente y cumplen funciones compensatorias. Ahora bien, a la par de estas funciones psicológicas o cognitivas están dos actitudes psicológicas: la extroversión y la introversión, siendo una de ellas dominante en cada individuo. A su vez, cada una de las funciones psicológicas pueden ser extrovertidas e introvertidas. Una persona suele tener una función y una actitud dominante, por ejemplo: pensamiento-extrovertido (como era el caso de Darwin, según Jung). 

La diferencia central que Jung observa entre los extrovertidos y los introvertidos es su relación con el objeto. El extrovertido tiene une relación positiva con el objeto y se extiende hacia el objeto, mientras que el introvertido tiene una relación negativa y se retrae del objeto. Dicho en palabras más sencillas, los extrovertidos viven para y encuentran sentido en el mundo exterior de los objetos (sean éstos cosas o personas); los introvertidos le dan importancia, en cambio, a su vida subjetiva. Jung sugiere que estas dos actitudes obedecen a dos estrategias esenciales de adaptación. La extroversión corresponde al proceso de adaptación que consiste en un alto rango de fertilidad con bajos niveles de defensa; la introversión consiste en la autopreservación con un bajo índice de fertilidad. El extrovertido es el que sale a multiplicarse; el introvertido es el que se queda para resguardarse. Es importante mencionar que Jung sostiene que las personas tienen una disposición natural a ser extrovertidos o introvertidos, nacen y no se hacen. Sólo en casos anormales, la influencia paterna o eventos traumáticos pueden hacer que una persona tome una disposición que no le corresponde naturalmente. Cuando esto ocurre, el individuo desarrollará rasgos neuróticos que se agudizarán hasta que no se revierta hacia su actitud original.  

 

Extrovertidos

Veamos más a fondo qué es la extroversión:

Si un hombre piensa, siente, actúa y en realidad vive de una forma directamente correlacionada con las condiciones objetivas y sus demandas, es un extrovertido. Su vida muestra claramente que es el objeto y no su perspectiva subjetiva lo que juega el rol determinante en su conciencia. 

Este tipo de persona se rige por factores -valores, ideas, costumbres y demás- que encuentra en el mundo exterior. "Toda su conciencia mira hacia afuera, pues los determinantes esenciales y decisivos siempre le llegan de afuera", dice Jung. "Las personas y las cosas cautivan su atención... y determinan sus acciones". "Las leyes morales que gobiernan sus acciones coinciden con las demandas de la sociedad, esto es, con la visión moral predominante. Si esto cambiara, la directriz subjetiva de extrovertido cambiaría igualmente". Jung dice que esta actitud puede ser peligrosa y generar una conciencia de masa, donde el individuo se disuelve en el rebaño de la sociedad. Al ajustarse a sí mismo en relación al ambiente, sirve a modas y tendencias grupales, pero no a las leyes universales de la vida. El extrovertido puede prosperar fácilmente en la sociedad, pero "compartirá el colapso general exactamente en la misma proporción en la que estaba bien ajustado a la situación previa". Esta misma capacidad de ajustarse u homologarse con la marcha general, que en superficie puede parecer una virtud, es su debacle. El extrovertido hace lo que se espera de él, pero no es capaz de tomar una deliberación interna innovadora, en contra del flujo generalizado, algo que a veces es indispensable. El riesgo que corre es "ser absorbido por los objetos y perderse completamente en ellos".

Jung dice que esta actitud, cuando se patologiza, suele producir histeria y adicciones a las drogas y al alcohol. Y la compensación psíquica de la extroversión, la carencia del factor subjetivo, hace que exista "una marcada tendencia egocéntrica en el inconsciente". El inconsciente como complemento o compensación de la extroversión "concentra la libido en el factor subjetivo, eso es, en todas aquellas necesidades o demandas que son opacadas o reprimidas por la actitud consciente". El inconsciente de alguna manera se revela y se rebela ante el descuido de la vida interna, subjetiva y reflexiva que el extrovertido violenta en su propia psique. 

 

Introvertidos

Ahora veamos el caso de los introvertidos. Como se dijo anteriormente, el introvertido no se guía por los objetos y por el mundo objetivo. El introvertido es consciente, obviamente, de las situaciones externas, pero no deja que éstas sean determinantes o decisivas, sino que selecciona factores subjetivos para orientarse. "El introvertido se basa en aquello que la impresión sensorial constela en el sujeto". Es decir, extrae valor y significado no de la cosa externa en sí, sino del proceso interno que la cosa despierta. Esto es bastante obvio, que la cognición es eminentemente subjetiva. Pero Jung hace 100 años ya notaba que el pensamiento moderno estaba sacando de la ecuación al sujeto y buscando sólo lo objetivo, despreciando el conocimiento llamado "meramente subjetivo":

Al sobrevalorar nuestra capacidad de conocer objetivamente reprimimos la importancia del factor subjetivo, lo cual simplemente significa una negación del sujeto. ¿Pero que es el sujeto? El sujeto es el ser humano en sí mismo. Nosotros somos el sujeto.  

Jung explica que el extrovertido suele ser juzgado como egoísta por el extrovertido; esto se debe a la preponderancia, en el introvertido, del juicio subjetivo, al cual eleva por sobre los datos objetivos. En ocasiones esto no está del todo equivocado, ya que, en casos neuróticos, el introvertido identifica completamente su sí mismo (Selbst) con el ego; es decir, todo el componente de su ser, incluyendo el inconsciente, lo identifica sólo con su conciencia individual o ego. Esto suele crear una inflación del ego. 

Como compensación a la falta de importancia del objeto en la conciencia, el objeto aparece en el inconsciente con gran fuerza. Así vemos que los individuos introvertidos, a los cuales en apariencia no les interesa el gran mundo de las cosas y las personas, tienen sueños y actitudes secretas con las que muestran un enorme miedo a la pobreza, a lo que piensan los demás, o albergan un gran deseo de ser amados, cosas que son las motivaciones conspicuas de los extrovertidos. La patología dominante es la psicastenia (término en desuso que comprende las fobias, las obsesiones y la ansiedad). Cuando la psique introvertida no logra individuarse y no le hace caso e integra a su propia voz inconsciente, esto deriva en

una masa de fantasías de poder unidas a un miedo a los objetos que él mismo ha activado a la fuerza y de lo cual ahora es víctima. Su miedo a los objetos se convierte en una forma peculiar de cobardía; se encoge y no se expresa a sí mismo o sus opiniones, temiendo que esto aumentará el poder del objeto... todo lo extraño y nuevo suscita miedo y desconfianza.

Con esto tenemos una buena introducción a estas actitudes psicológicas. Próximamente revisaremos las cuatro funciones psicológicas con sus ocho manifestaciones (introvertidas o extrovertidas). Hay que mencionar, finalmente, que una persona no es absolutamente introvertida o extrovertida, si bien una de estas actitudes es dominante. Para vivir una vida psíquica sana y significativa es necesario conocernos a nosotros mismos y desarrollar no sólo nuestras cualidades descollantes sino aquello de lo que carecemos, los opuestos y las funciones inferiores, por lo cual un introvertido debe poner atención a los rasgos extrovertidos que se manifiestan en su inconsciente y actuarlos en el mundo, sin traicionar su propia esencia (y viceversa).