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Lista de los 43 libros de filosofía más importantes de 1950-2000, según filósofos contemporáneos

Libros

Por: pijamasurf - 04/17/2018

Libros de Wittgenstein, Habermas, Kuhn, Popper, Foucault, Chomsky y más

El sitio Open Culture publica una lista de los libros de filosofía más relevantes de la segunda mitad del siglo XX. El génesis de esta lista son el profesor Chen Bo, de la Universidad de Pekín, y la profesora Susan Haack de la Universidad de Miami, quien es una de las apenas dos mujeres de la lista (por cierto, Hilary Putnam es hombre). Bo y Hack realizaron un sondeo con importantes profesores de filosofía, siguiendo la petición de una editorial china que buscaba traducir textos relevantes. 

Muchos de los grandes filósofos del siglo XX escribieron sus obras importantes en la primera mitad del siglo (Heidegger, Sartre, Russell, Whitehead, los obras más relevantes de la fenomenología, etc.). Por otra parte, muchas de las obras significativas de la segunda mitad del siglo XX reflejan la tendencia de especialización que ha sobrevenido en la filosofía: obras que podrían ser clasificadas como de crítica literaria, sociología, teoría de género, autoayuda, etc. Dicho eso la lista, nos sirve como introducción a diversos autores que no son tan conocidos. 

La lista nos ayuda, también, para otra cosa: notar la profunda crisis en la que se encuentra la filosofía moderna. Más allá de algunas ausencias que fortalecerían este listado, es indudable que si se compara con una hipotética lista de 1900 a 1950, la lista actual quedaría vapuleada. Si imaginamos uno de esos juegos de futbol como los de Monty Python entre filósofos de la primera mitad del siglo y filósofos de la segunda, el resultado sería escandaloso, tipo 7-1 o algo así. 

Los primeros 30 autores/obras de la lista son:

 

1. Ludwig Wittgenstein, Philosophical Investigations

2. W. V. Quine, Word and Object

3. Peter F. Strawson, Individuals: An Essay in Descriptive Metaphysics

4. John Rawls, A Theory of Justice

5. Nelson Goodman, Fact, Fiction and Forecast

6. Saul Kripke, Naming and Necessity

7. G. E. M. Anscombe, Intention

8. J. L. Austin, How to do Things with Words

9. Thomas Kuhn, The Structure of Scientific Revolutions

10. M. Dummett, The Logical Basis of Metaphysics

11. Hilary Putnam, The Many Faces of Realism

12. Michel Foucault, The Order of Things: An Archaeology of the Human Sciences

13. Thomas Nagel, The View From Nowhere

14. Robert Nozick, Anarchy, State and Utopia

15. R. M. Hare, The Language of Morals and Freedom and Reason

16. John R. Searle, Intentionality and The Rediscovery of the Mind

17. Bernard Williams, Ethics and the Limits of Philosophy, Descartes: The Project of Pure Enquiry and Moral Luck: Philosophical Papers 1973-1980

18. Karl Popper, Conjecture and Refutations

19. Gilbert Ryle, The Concept of Mind

20. Donald Davidson, Essays on Action and Event and Inquiries into Truth and Interpretation

21. John McDowell, Mind and World

22. Daniel C. Dennett, Consciousness Explained and The Intentional Stance

23. Jurgen Habermas, Theory of Communicative Action and Between Facts and Norm

24. Jacques Derrida, Voice and Phenomenon and Of Grammatology

25. Paul Ricoeur, Le Metaphore Vive and Freedom and Nature

26. Noam Chomsky, Syntactic Structures and Cartesian Linguistics

27. Derek Parfitt, Reasons and Persons

28. Susan Haack, Evidence and Inquiry

29. D. M. Armstrong, Materialist Theory of the Mind and A Combinatorial Theory of Possibility

30. Herbert Hart, The Concept of Law and Punishment and Responsibility

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La literatura nos enseña a experimentar emociones y descubrir todo lo que un ser humano puede sentir

La literatura puede llegar a conmovernos porque somos seres empáticos, es decir, somos seres capaces de imaginar lo que siente otro ser vivo e incluso casi sentirlo como propio. Es posible que sin esta capacidad nuestra especie no hubiera sobrevivido, pues vulnerables como somos, desde la infancia hasta la vejez, sólo gracias a que podemos preocuparnos mutuamente unos por otros podemos cuidarnos, ayudarnos o trabajar juntos por un propósito común. 

En este sentido, la literatura es una especie de expresión refinada de esa capacidad empática, pues nos hace sentir, incluso bajo el manto de la ficción, como personas que nunca existieron realmente, lo cual, en vez de sentirse como un engaño, se convierte más bien en un entrenamiento. Como han demostrado varios estudios al respecto, la literatura puede mejorar nuestra habilidad para comprender las emociones, tanto las propias como las de otros. Ese es parte de su milagro.

Mencionamos esto para introducir un poema y una anécdota. El poema es “El caballero pobre”, escrito por Aleksandr Pushkin, considerado el primer gran poeta nacional de Rusia, autor de una obra amplia, diversa e influyente para buena parte de los artistas rusos de su época y de otras posteriores.

La anécdota, que esta relacionada con dicho poema, la cuenta Liubov Dostoyevski, a quien se conoce también con el sobrenombre de “Aimée” (“Amada” en francés, usado también como nombre personal), la segunda hija que tuvo Fiódor Dostoyevski con su esposa Anna. “Aimée” escribió una biografía de su padre que en español se publicó con el título Vida de Dostoyevski por su hija, en la cual cuenta que el escritor acostumbraba leer poemas a sus hijas y que siempre que les leía este de Pushkin, inevitablemente lloraba –tanto lo conmovía–. 

Pero demos paso a los textos. En particular el fragmento de proviene de la edición publicada por la editorial El buey mudo en el 2011, mismo que figura en el sitio narrativabreve.com

 

EL CABALLERO POBRE
Aleksandr Pushkin

Era un pobre caballero
silencioso, sencillo,
de rostro severo y pálido,
de alma osada y franca.
Tuvo una visión,
una visión maravillosa
que grabó en su corazón
una impresión profunda.
Desde entonces le ardía el corazón;
apartaba sus ojos de las mujeres,
y ya hasta la tumba
no volvió a hablar a ninguna.
Púsose un rosario al cuello,
como una insignia,
y jamás levantó ante nadie
la visera de acero de su casco.
Lleno de un puro amor,
fiel a su dulce visión, escribió con su sangre
A.M.D. sobre su escudo.
Y en los desiertos de Palestina,
mientras que entre las rocas
los paladines corrían al combate
invocando el nombre de su dama,
él gritaba con exaltación feroz:
Lumen coeli, sancta Rosa!
Y como el rayo, su ímpetu
fulminaba a los musulmanes.
De regreso a su castillo lejano,
vivió severamente como un recluso,
siempre silencioso, siempre triste,
muriendo por fin demente.

***

[…] Habiendo formado así un poco nuestro gusto literario, empezó a recitarnos las poesías de Pushkin y de Tolstói, dos poetas nacionales a los que tenía particular afección. Recitaba admirablemente sus poesías; había una que no podía leer sin lágrimas en los ojos, "El caballero pobre", de Pushkin, un verdadero poema medieval, la historia de un soñador, de un don Quijote, profundamente religioso, que pasa su vida por Europa y por Oriente combatiendo por las ideas del Evangelio. En el transcurso de sus viajes tiene una visión: en un momento de exaltación suprema, ve a la Virgen Santísima a los pies de la Cruz. Corre desde entonces una cortina de acero sobre su rostro y, fiel a la Madona, no vuelve a mirar a las mujeres. En El idiota refiere cómo recitaba esa poesía una de sus heroínas. 'Un espasmo gozoso recorre su rostro', dice describiendo esta escena. Eso es precisamente lo que le sucedía a él cuando recitaba; su rostro se transfiguraba, su voz temblaba, sus ojos se velaban de lágrimas. ¡Padre querido! ¡Era su propia biografía la que nos leía en aquel poema! También él era un caballero pobre, sin miedo y sin tacha, que combatió toda su vida por las grandes ideas. También él tuvo una visión celeste, pero no fue la Virgen la que se le apareció: fue Cristo el que le salió al encuentro en el presidio y le hizo seña de que le siguiera.

 Vida de Dostoyevski por su hija (El buey mudo, 201; páginas 224 y 225)

 

También en Pijama Surf: Leer a Dostoyevski es como descubrir el amor o ver el mar por primera vez, es perder la inocencia ante la vida: Orhan Pamuk

 

Imagen: Un anciano, Abram Efimovich Arkhipov (1891; detalle)