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Una ironía histórica: la reina Isabel podría ser descendiente de Mahoma

Sociedad

Por: pijamasurf - 04/08/2018

¿Una reina de Europa con ascendencia islámica?

Quizá uno de los grandes errores del ser humano es que a lo largo de su historia se ha tomado más en serio de lo que debería. Desde el momento en que, como dice Nietzsche, unos animales astutos inventaron el conocimiento, nuestra especie ha pasado sus días combatiendo entre sí, creyendo en entidades abstractas y en última instancia inexistentes (Dios, la Nación, el Dinero, etc.), defendiendo unas y denostando otras, matando a unos por creer en otras, y más. Todo lo cual demuestra, a su vez, que en algún momento perdimos de vista que todo es una invención y un accidente, y que creer verdaderas dichas narraciones sólo nos ha alejado de realidades mucho más elementales, sencillas y vitales como poder convivir tranquilamente y en relativa armonía con nosotros mismos, con los demás y con el entorno en el que nos encontramos.

Con todo, parece que lo más simple es para el ser humano lo más difícil de hacer, y a cambio tiene que complicar su existencia, acaso para sentirla justificada.

Una de esas complicaciones es la historia y, concretamente, la historia política, que no por casualidad se cruza en muchos momentos con la historia de las religiones. Como aseguró Jacques Lacan en una entrevista que compartimos hace poco, la religión es una feria de vanidades capaz de entretener al ser humano durante mil años, y en parte ello se debe a que como en la política, en sus fundamentos se encuentra el uso del poder, la vaga impresión de que se tiene poder sobre otros y que esto es algo importante.

En el caso de Europa, tanto la política como la religión se encuentran bien condensadas en esa otra feria de vanidades que han sido las “casas reinantes”, esto es, las familias que por otra suma de accidentes históricos terminaron conduciendo el destino de cientos o miles de personas que decidieron apoyarlas por distintas razones, entre otras, por un extraño convencimiento de defensa de una religión o de un Estado.

¿Pero qué pasaría si todo eso por lo cual se dice “combatir” fuera falso? ¿Qué pasaría si, excavando un poco, se rompiera esa frágil membrana de los ideales y las consignas y se descubriera que éstas se encuentran sostenidos apenas por unas cuantas palabras pero no por hechos reales que aseguren su veracidad? ¿Qué pasaría si, digamos, una de las reinas más emblemáticas de Europa fuera descendiente nada menos que del mismísimo Mahoma, fundador del islam, una de las religiones que más se combaten en Occidente?

A dicha hipótesis apunta un estudio realizado por Harold B. Brooks-Baker hace algún tiempo, sobre el linaje de Isabel II, el cual tiene un primer punto de interés con respecto a su parentesco con Mahoma cuando Isabel de Castilla, hija de Pedro I de Castilla y de María de Padilla, se convirtió en duquesa de York, en 1372, al casarse con Edmundo de Langley, este último ascendiente directo de la actual reina del Reino Unido. 

Como saben quienes conocen la historia de Europa, casi toda la península ibérica vivió durante 7 siglos bajo el dominio musulmán, razón por la cual no es de extrañar que prácticamente todas las casas reinantes tuvieran ascendencia árabe. Este parece ser el caso también de María de Padilla, madre de la susodicha Isabel de Castilla y cuyos ancestros parecen llegar hasta Zaida, princesa mora y consorte (probablemente también esposa) del rey Alfonso VI de Castilla y León. 

Zaida se refugió en la corte castellana luego de que los almorávides invadieran, entre otros territorios, Córdoba, donde vivía junto con su padre, Al-Mu’tamid, rey abadí de Sevilla y, a través de una docena de generaciones, descendiente de la rama directa de Mahoma, por su nieto Hasan ibn Ali y por su hija Fátima.

La autenticidad del linaje que va de Mahoma a la reina Isabel II se ha puesto en duda, sobre todo por la falta de registros claros de filiación que podrían verificarlo, pero al parecer, en ciertos ámbitos del mundo musulmán, esto se tiene por cierto y verdadero.

Sea como fuere, es posible tomarlo también como una curiosidad que nos recuerda esa serie de equívocos y azares que es la historia y todo lo que en ésta se ha construido, y la cual, como decíamos al inicio, quizá podríamos comenzar a tomar menos en serio.

 

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Luchando por la vida: Primer Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan

Sociedad

Por: María M. Caire - 04/08/2018

Mirándonos a los ojos es como salimos casi todas de ahí

PRIMER ENCUENTRO INTERNACIONAL DE MUJERES QUE LUCHAN. CARACOL ZAPATISTA DE LA ZONA TZOTZ CHOJ. MARZO 2018.

Mirándonos a los ojos es como salimos casi todas de ahí.

Como antes era, cuando las mujeres nos mirábamos a los ojos, en los primeros encuentros de la humanidad. Los ojos. Caminando entre las veredas para ir a lavar la ropa mientras los niños se bañan en el río. Atravesando el monte, abriendo sendero. Arando la tierra. Preparando pozol. Haciendo la tortilla. Cargando la leña. Prendiendo el fogón. Tomando Capel. Conociendo las plantas y compartiendo el saber. Acompañándose con la mirada y el trabajo cada sol de cada luna. Estas mujeres son las que lanzaron la convocatoria a ir, a estar en su territorio ahora ya libre y autónomo. La tierra que pisamos y en la que soñamos. Es la tierra por la cual ellas y ellos lucharon. Tal vez no se alcanza a entender lo que tuvo que pasar para que estuviéramos ahí.

Esas mujeres son las que en el levantamiento de 1994 eran apenas unas niñas o estaban naciendo ahí mero, en la lucha o estaban en el vientre de su madre, gestándose. Gestándolas, ellas sus madres, entre indiferencias y humillaciones. Gestándolas con un camino incierto y con miedo, pero lanzándose con valentía a lo que viniera, así como su mismo nacimiento. Son algunas mujeres o muchas de ellas las que perdieron a su hermano o a su padre en la lucha, al tío o a su abuelo. Mujeres que fueron creciendo siendo niñas que veían pasar a las patrullas militares por su río, son niñas que se escondían cuando los militares pasaban caminando por su casa, grabando sus pasos con una cámara de video. Niñas que crecieron sabiendo que había que reunirse para escuchar la palabra y trabajar en los acuerdos. Adolescentes que empezaron a estudiar en Escuelas Autónomas. Madres que luego iban a la Clínica para tomar el curso y convertirse en promotoras de salud. Son mujeres que se acercaron a donde estaban los medios independientes y ahora ya toman la foto, hacen el video y hacen la radio. Son mujeres que han sido parte de la Junta de Buen Gobierno y al mismo tiempo están criando a su familia y a sus pichitos. Son Mujeres Bases de Apoyo, Comandantas, Insurgentes y Milicianas.

Ahora ellas nos abren su corazón, nos invitan y nos reciben en su tierra. A saber qué iba a pasar… No importa si somos indígenas o no. Nos invitan a reinterpretar la vida. Nos invitaron para hablarnos, escucharnos, mirarnos y festejarnos. Si no sabemos en donde estamos paradas, ¿entonces cómo es posible saber callar y escucharlas? ¿Cómo saber detenernos y oír? Ellas nos recibieron, nos escucharon, nos miraron y nos abrazaron. Ellas no sólo hablan para decir un discurso, ellas en realidad también han tomado las armas para defender su tierra y libertad. En verdad tomaron el mando y dirigieron combates. Para ellas lo que importa es “no rendirte no venderte y no claudicar”.

Cuánta  claridad y fortaleza, cuánto pensamiento hubo detrás para montar las obras de teatro y los bailes que con tanta sutileza y realismo nos contaban sus historias de lucha de una forma visual tan bella enmarcada en esas montañas… Pensar en apagar las luces y prender unas velas para que por siempre recordáramos ese momento en nuestros corazones y ahí también este mensaje: 

Esa pequeña luz es para ti. Llévala, hermana y compañera. Cuando te sientas sola. Cuando tengas miedo. Cuando sientas que es muy dura la lucha, o sea la vida, préndela de nuevo en tu corazón, en tu pensamiento, en tus tripas. Y no la quedes, compañera y hermana… llévala y dile a todas y cada una de ellas que no está sola, que vas a luchar por ella.

Durante estos días se juntaron más de 2 mil 500 mujeres zapatistas, ancianas, jóvenas, niñas y bebés, representando a los cinco Caracoles:

Caracol 1  El Caracol de la Realidad “hacia la esperanza”

Caracol 2 El Caracol de Oventik corazón céntrico de los zapatistas delante del mundo”

Caracol 3  El Caracol de la Garrucha “el camino del futuro”

Caracol 4  El Caracol de Morelia “corazón del arcoíris de la esperanza”

Caracol 5  El Caracol de Roberto Barrios “nueva semilla que va a producir”

De fuera llegamos 5 mil mujeres de alrededor de 40 países, muchas culturas, muchos modos y muchos mirares. Compartimos los bailes, el arte, las expos, la venta, los abrazos, las terapias, el fut, todo, todo pasó. Pasaron las horas y el Sol en nuestras pieles. Nos íbamos convirtiendo en la mirada y en la forma de mirar. Todo nos pasó, nos cambió, nos hizo voltear a mirarnos y tener ternura. Lo que vivimos esos días juntas, una al lado de la otra, caminando, encontrándonos, reencontrándonos. Las luces en los ojos de cada una se hacían mas evidentes conforme pasaban las horas ahí, en el Caracol de Morelia. En territorio-cuerpo-corazón recuperado. En territorio autónomo gracias a ellas…

EN MEDIO DE UN BOSQUE DE MUJERES… ACORDAMOS VIVIR.

 

P.D. Mi compañero de viaje fue Nicolás Pájaro, mi hijo de 6 años. Una noche a punto de dormir bien cansado y feliz y lleno de polvo me dijo: “Mamá: las zapatistas son como muy… como muy, valientes! Por ejemplo, si les da algo miedo o no lo pueden hacer, tan sólo se lanzan…”.  Me quede abrazándolo, escuchando desde mi tienda la música y la tierra vibrar por los pasos de cada una de las que estuvo ahí.