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17 hombres simulan ser transexuales para obtener candidatura por cuota de género en Oaxaca

Política

Por: pijamasurf - 05/06/2018

Hombres se hacen pasar por mujeres para obtener candidaturas que corresponden a mujeres por cuota de paridad de género

Según informaron autoridades electorales del estado de Oaxaca, México, la candidatura de 17 hombres fue revocada luego de que se descubriera que se habían hecho pasar por transexuales para usurpar las candidaturas que corresponden a mujeres según la ley electoral.

De 19 mujeres transgénero registradas sólo dos probaron ser transexuales, mejor conocidos en la localidad como muxes. En los otros casos, los hombres buscaron obtener las plazas arteramente, pese a que algunos son conocidos padres de familia en la comunidad, pues tienen hijos y matrimonios con mujeres. Se cree que algunos buscaban, así, reelegirse.

No hay duda de que la vieja moral hoy en día no le hace mella a la ambición política, en un lamentable espectáculo que ha hecho que la ciudadanía haya perdido toda fe en la clase política. A la hora de perseguir el "hueso" electoral, incluso son capaces de cambiar de sexo. Por otra parte, este tipo de problemas pone en la mesa de discusión un asunto muy polémico. Si bien es evidente que es necesario fomentar la participación de las mujeres y de las minorías en la política -y en otras áreas-, la igualdad de oportunidades no debe pasar al terreno de igualdad de resultados. El tema es delicado, ya que es importante crear una cierta balanza y a la vez, la igualdad de oportunidades, la equidad verdadera y la democracia descansan en el hecho de que las personas más aptas sean las que alcancen los cargos de responsabilidad pública. Hombres, mujeres o transexuales en el poder: lo importante es que sean capaces de gobernar.

 

Imagen: @vistecomochica

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Camille Paglia, polémica académica 'feminista', sostiene que el patriarcado no existe en Occidente

Política

Por: pijamasurf - 05/06/2018

Una controversial entrevista con Paglia, una brillante y polémica autora, anatema del feminismo

Camille Paglia es una figura compleja, sin duda brillante pero polémica. Su obra Sexual Personae es uno de los libros de psicología, estudios críticos y critica literarias más interesantes e inteligentes que se han escrito en los últimos años. Allí analiza los arquetipos de Dioniso y de Apolo en la literatura y sus encarnaciones diversas, incluyendo numerosas figuras femeninas de la historia. Paglia estudió en Yale y fue gran admiradora de Susan Sontag, ávida lectora de Simone de Beauvoir (considera que El segundo sexo es el mejor texto feminista), es abiertamente lesbiana y se ha definido como feminista en reiteradas veces. Dicho eso, Paglia es una de las figuras intelectuales más criticadas por el movimiento feminista, algo así como la diabólica encarnación del antifeminismo y abominable introyección del heteropatriacado, según algunas críticas. No hay duda de que las palabras de Paglia son polémicas, sin duda criticables, y a la vez también es innegable que es una persona brillante. En una reciente entrevista con el periódico El Mundo expresó que no cree en la existencia del patriarcado y que el movimiento feminista está siendo tomado por una forma radical de antimasculinidad. Dejemos mejor a las lectoras y lectores que formen su propia opinión:

 

Entrevistadora: Se habla de la brecha salarial...

Paglia: No sé cómo es en España, pero en EEUU desde Kennedy, por ley, se le tiene que pagar lo mismo a un hombre y a una mujer si hacen el mismo trabajo.

E: Tenemos la misma ley en España desde 1980.

P: Mire, yo soy una feminista igualitaria. Eso es que exijo un trato equitativo para hombres y mujeres en todos los ámbitos. Y si una mujer hace el mismo trabajo que un hombre, le tienen que pagar lo mismo. Sin embargo, ahora las feministas se apoyan en no sé cuántas estadísticas para afirmar que las mujeres en general ganan menos que los hombres. Pero esos gráficos son fácilmente rebatibles. Las mujeres suelen elegir trabajos más flexibles (y, por lo tanto, peor pagados) para poder dedicarse a sus familias. También prefieren los trabajos que son limpios, ordenados, seguros. Los que son sucios y peligrosos se los suelen endosar a los hombres, que también suelen estar más presentes en áreas más comerciales. Tienen una vida mucho más desordenada pero eso, por supuesto, se remunera.

E: En España la brecha empieza con el nacimiento del primer hijo.

P: Lo que es evidente es que las mujeres tienen también derecho a elegir diferentes caminos. Y a lo mejor para muchas mujeres el trabajo no es tan importante.

E: Para otras mujeres sí que lo es.

P: Pero hay otras muchas que prefieren un trabajo más flexible para pasar más tiempo con sus hijos y no dejarlos al cuidado de extraños. El problema del feminismo es que no representa a un amplísimo sector de las mujeres. Por eso se ha centrado en la ideología y en la retórica antimasculina en lugar de hacerlo en el análisis objetivo de los datos, de la psicología humana y el significado de la vida. No creo que la carrera laboral deba ser lo más importante de la vida de una persona. Si permites que tu trabajo defina tu personalidad es que eres un enfermo. La vida humana está dividida en la vida privada y en la pública. Y es muy importante desarrollar la vida familiar, afectiva... Centrarse sólo en la vida pública puede ser propio de personalidades distorsionadas. Por eso las nuevas generaciones en EEUU se atiborran de antidepresivos. Identifican la vida con el trabajo y eso sólo te puede hacer sentir miserable.

[...]

E: ¿Y el heteropatriarcado?

P: No existe. Es una estupidez que descalifica cualquier análisis. En Occidente, las mujeres no viven en ningún patriarcado.

E: A menudo usted recalca que en EEUU las mujeres de la frontera, del oeste, obtuvieron el derecho al voto antes que las cultivadas señoras de la costa este.

P: En las sociedades agrarias, más familiares, los hombres miraban a las mujeres más como sus iguales porque hacían mucho trabajo físico. En Nueva York las mujeres eran delicadas y llevaban corsé y tomaban el té. Las mujeres trabajadoras tratan más como iguales a sus hombres y les hablan más claro que esas mujeres de clase media y alta que son incapaces de lidiar con su jefe en la oficina. Se debe a que están educadas para comportarse de una forma burguesa, para moderar su voz, para complacer, para ser pasivas. Por eso yo llamo a mi feminismo un feminismo de la calle. Yo creo en las mujeres fuertes, que son capaces de crecer y protegerse solas. No en las que corren a refugiarse en las leyes o en un comité...

 

Lee toda la entrevista en El Mundo