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5 cosas que debes considerar cuando lees noticias en Internet para evitar ser engañado

AlterCultura

Por: Pijama Surf - 05/14/2018

Internet se ha convertido en un terreno salvaje de manipulación de información con fines políticos y económicos. Para evitar ser víctima de las fake news, practica estos 5 puntos

Actualmente, es evidente que la era de la Información embanderada por el Internet es también la era de la desinformación y de la malinformación. Los casos del Brexit y la elección de Donald Trump en Estados Unidos, en los que las fake news y las "cámaras de ecos" jugaron un papel importante, han alertado a la opinión pública sobre la problemática de vivir conectados permanentemente y consumir información en las redes sociales. Cálculos recientes sugieren que en la elección de Estados Unidos, diversos sitios de fake news recibieron más de 150 millones de visitas y las notas más vistas en la contienda electoral fueron de hecho falsas, habiéndose viralizado en redes sociales, aprovechándose de cierta ingenuidad en los usuarios.

Teniendo en cuenta que los políticos en su ambición electoral, y las corporaciones en su ambición de seguir creciendo, buscan explotar todo tipo de debilidades o puntos grises en la legislación y en la conciencia de los individuos, hemos reunido cinco puntos que pueden servir como un pequeño protocolo en la búsqueda del equilibrio y la veracidad informativa -si bien, conocer la verdad a través de la información es utópico y contradictorio, puesto que la información en sí misma se genera con sesgos ineludibles y es siempre relativa a un contexto de aprehensión-. Dicho eso, en la era de la posverdad, la búsqueda de la verdad -aunque sea simplemente un acercamiento hacia ella- es más importante que nunca puesto que es un acto de contrapeso moral, un compromiso con una realidad que está siendo subvertida y desintegrada.

 

1. Pregúntate quién redacta la información

Es importante saber quién está escribiendo la información que leemos, ya que esta persona podría tener un conflicto de intereses. Pero más aún que conocer al autor, es importante conocer el medio en el que se publica la información. Esto requiere ciertamente de un esfuerzo, pero el lado positivo es que obliga al consumidor a dejar de ser pasivo. La realidad es que todos los medios de comunicación tienen agendas y cuidan intereses. Algunos lo hacen de manera frontal y otros de manera velada. Es útil saber quiénes son los dueños de los medios y cuáles son sus tendencias políticas. Ciertamente uno debe reconocer, por ejemplo, que el periodismo del New York Times suele ser de más calidad que el de Fox News y en gran medida menos tendencioso, pero es importante saber que el New York Times tiene una tendencia liberal y seguramente no sólo será favorable a los políticos liberales sino que, sobre todo, informará sobre cosas que se ajusten a su ideología liberal -simplemente porque esto es lo que le interesa- y por lo tanto configura una realidad parcial, basada en su propia ideología. Notar por ejemplo que Carlos Slim tiene un porcentaje de las acciones puede ser útil cuando uno lee una nota sobre México, sin que esto signifique que todas las notas sobre México reflejen los intereses de Slim. O saber que Jeff Bezos, el creador de Amazon, adquirió recientemente el Washington Post sería útil cuando veamos en un futuro cómo se reporta el tema de la regulación de los gigantes de Internet. En general, la pregunta sobre la fuente y la posible agenda de la misma es la base de un lector crítico de noticias. La realidad es que los medios son negocios y en algunos casos, son creados taimadamente por ciertas personas para influir en la opinión pública y avanzar sus agendas; aunque existan códigos de ética, generalmente lo que rige la información son los intereses económicos o políticos.

 

2. Pregúntate sobre el contexto

La información no nace en un vacío, está relacionada al momento histórico. A veces una nota o un tema que aparentemente no tiene ninguna relación con algún suceso importante están siendo generados o se les está dando importancia para distraer de otro suceso. Durante crisis, elecciones, guerras y demás, los medios suelen tomar partido, o en ocasiones, ya que existen enormes intereses por los resultados, pueden recibir grandes cantidades de dinero para hacer avanzar alguna agenda. Esto llega al punto de que muchos medios surgen expresamente por la oportunidad que brinda una coyuntura o como brazos mediáticos de una campaña, un organismo o algún proyecto ideológico. Lamentablemente muchos medios llegan a vivir, más que de la publicidad, del dinero que les dan los gobiernos o ciertos políticos para generar contenido o cubrir ciertos eventos bajo una luz favorable. 

 

3. Sal de la "cámara de ecos"

Las redes sociales han creado una burbuja de filtro y una "cámara de ecos" en las que los usuarios, bajo el axioma de recibir más información como la que les gusta -o la que le han dicho a las redes sociales que les gusta-, ya no se ven expuestos a información divergente y sólo reciben más de lo mismo, ecos de su propio pensamiento. El caso emblemático fueron los seguidores de Hilary Clinton en la elección pasada en Estados Unidos, quienes jamás se imaginaron que Trump podía ganar porque en sus timelines en las redes sociales no aparecían publicaciones apoyando a Trump o mostrando esta posibilidad. Es importante exponerse a lo otro para formarse un panorama más amplio e, incluso, cuestionar las propias creencias y preferencias. Para hacer esto es recomendable seguir a sitios que tienen una ideología diferente -si uno es liberal o se inclina a la izquierda, ver lo que están reportando los sitios conservadores o de derecha, por ejemplo-. Y también es útil salir de las redes sociales y no recibir toda la información en base a los algoritmos de Facebook o Twitter, los cuales no son enteramente neutrales.

 

4. Compara la información

Relacionado al punto anterior, el ciudadano que busque tener una impresión más completa de la realidad se beneficiará de cotejar la misma información en distintos medios. Resulta provechoso tener ciertos conocimientos sobre las tendencias de los medios para cotejar información en medios que se oponen en el espectro ideológico. Esto es especialmente útil con las fake news. Cuando uno tiene cierto conocimiento de los diferentes medios, resulta bastante fácil saber si una nota es fake news y se puede evitar darle clic a un bulo o a información seriamente tendenciosa. Pero si uno no conoce el medio en el que la nota está publicada, resulta fácil corroborar haciendo una búsqueda en Google y ver qué medios han publicado dicha información.

 

 5. Practica un sano escepticismo, sin llegar a la conspiranoia

Dudar de la información que se presenta es bastante sano, especialmente en un ambiente digital en el que, como mostramos aquí, parece que estamos viviendo en una novela de Philip K. Dick, dentro de un ecosistema donde bots, trolls pagados, algoritmos y programas de inteligencia artificial están siendo utilizados para manufacturar la opinión y crear realidades falsas partisanas. Parece apropiado para nuestros tiempos sospechar de la realidad de las cosas. En términos prácticos, es sentido común dudar de los títulos demasiado escandalosos o llamativos y de las notas que contienen imágenes manipuladas digitalmente. Hay que estar atentos de los sitios que intentan copiar sitios oficiales, por ejemplo, un sitio local de CNN o de una televisora -esto se puede hacer poniendo atención a la URL o al propio diseño del sitio, el cual generalmente revela que fue hecho sólo como una fachada-. Evidentemente, es difícil ser escéptico de las cosas que parecen confirmar nuestras creencias. Si odiamos a Trump y se publica una nota falsa sobre él, es más fácil que no la cuestionemos, pues confirma nuestra opinión. Es por ello que lo esencial es tener una capacidad autocrítica y honestidad intelectual, algo que lamentablemente no muchas personas tienen y cuya carencia es lo que permite el clima enrarecido de las fake news. La sombra y el peligro de esta actitud de escepticismo ante la información es la conspiranoia, la sensación paranoide de que todo es una conspiración, de que toda la información está siendo manipulada y obedece a las siniestras intenciones de poderosas organizaciones. La realidad es más caótica que monolítica y es necesario tener cierta moderación, incluso en el escepticismo.

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La teleología de la psique: ¿hay algo que nos mueve desde el futuro para llegar a ser quien realmente somos?

Aunque ciertamente no existe consenso o evidencia contundente, la física discute seriamente la posibilidad de lo que llama la retrocausalidad. Ésta es la posibilidad a nivel cuántico de que una decisión, como la forma en la que un experimentador decide medir un fenómeno, puede influir en las propiedades de una partícula en el pasado, incluso antes de que el experimentador haya hecho dicha decisión. Esto significaría que el futuro influye en el pasado en tanto que el acto de influencia retrocausal, desde la perspectiva de la partícula, vendría desde el futuro. Aunque suene a ciencia ficción, actualmente los físicos consideran seriamente esta posibilidad que, de hecho, encaja con algunos modelos matemáticos que pueden explicar de manera elegante la realidad. 

Sumado a lo anterior debemos mencionar los controversiales experimentos de Daryl Bem, en los que el científico de Cornell observó efectivamente la precognición humana de manera estadísticamente significativa. Obviamente, dicho experimento ha generado enorme polémica -y es que atenta contra el modelo materialista de la ciencia dominante- pero 8 años después sigue siendo discutido y no ha podido ser convincentemente invalidado.

De lo que queremos hablar aquí, sin embargo, no es de esto, sino de una posible teleología de la psique, en la cual pareciera que existe una especie de destino u objeto teleológico que atrae al individuo, lo cual podría estar relacionado periféricamente con la retorocausalidad y la precognición, aunque esto es obviamente altamente especulativo, sólo alimento para el pensamiento. Es la psicología de Carl Jung la que introduce esta idea, si bien pueden encontrarse paralelos en algunas ideas religiosas.

A partir de su observación de la psique humana y particularmente de la relación del inconsciente con el ego, Jung entendió que el inconsciente tenía aspectos tanto individuales como colectivos o universales, los cuales manifestaban cierta intencionalidad, un telos. La idea fundamental de su psicología era que existía un principio de individuación -o una tendencia hacia la completud del sí mismo (Self)- y que este principio dinámico era asistido a veces de manera violenta por el inconsciente a través de símbolos, síntomas, sincronicidades y demás manifestaciones que irrumpen en la realidad como guías (guías que son, a su vez, daemones o arquetipos rectores). Para Jung, el aspecto consciente del ser humano es apenas la punta del iceberg y en el fondo yace algo así como una monstruosa divinidad -que incluye a todos los opuestos- que busca conocerse y hacerse consciente en el hombre.

En su libro The Gnostic Jung, el profesor Stephan Hoeller describe este principio teleológico de la psique cotejando las ideas de Jung con las ideas extraídas del pensamiento gnóstico:

Los símbolos que proceden del componente pneumático del alma revelan un sendero de desarrollo espiritual o psicológico, el cual puede ser trazado no sólo hacia una causa en el pasado sino hacia delante a una meta en el futuro. Los gnósticos sostuvieron que la condición existencial del alma humana está determinada por dos factores: el descenso o caída del alma humana de un mundo luminoso en el pasado; y el destino teleológico del alma, el cual es el regreso a ese mundo luminoso en toda su gloria triunfal. No sólo nos mueve nuestro pantanoso pasado, también somos poderosamente impelidos hacia arriba y hacia delante por nuestro futuro espléndido. 

Hoeller identifica a Jung con los gnósticos -la herejía cristiana de los primeros siglos de nuestra era, que goza de una especie de resurrección, al menos en la academia, a partir del descubrimiento de los textos de Nag Hammadi-. Aunque Jung no fue partidario de las etiquetas, la de gnóstico probablemente sería la más cercana, recordando que los gnósticos se diferenciaron de los cristianos ortodoxos particularmente por su afán por el conocimiento empírico de la divinidad, es decir en la gnosis, y no en el dogma. En una famosa entrevista con la BBC, Jung contestó a la pregunta de si creía en Dios diciendo que no creía, que sabía. La importancia estaba en la experiencia interna, no en la creencia en el dogma. Debemos decir, no obstante, que Jung fue suficientemente cuidadoso intelectualmente como para no hacer afirmaciones metafísicas sobre la existencia de Dios. Señaló reiteradas veces que la existencia de Dios no podía comprobarse, pero que la experiencia psicológica de la imagen de Dios era evidente y ocurría frecuentemente en sus pacientes. 

Regresando a nuestra idea original, vemos aquí un interesante complemento a la idea de la psicología freudiana de que el pasado, particularmente la infancia, determina con cierto aire de fatalidad lo que somos en el presente. Somos lo que hemos vivido y eso nos ha marcado, pero de alguna manera también somos lo que podemos ser, lo que yace en nosotros como una semilla de conciencia o una imagen de la totalidad. Para los alquimistas -los gnósticos vueltos químicos y filósofos de la naturaleza- el espíritu impregna la materia con su vocación divina; i. e., todos los metales tienen una semilla aurífera. Una noción muy parecida ocurre en el gnosticismo con la semilla de la luz de la gnosis, en la cábala con la luz de Ein Sof atrapada en los qlifá y los embriones de naturaleza búdica (tathagatagarbha) que son imaginados como una luz adamantina en el corazón en el budismo mahayana y vajrayana. Quizás la evolución en su sentido más alto no sea un progreso ciego lineal, sino más bien una eliminación de los obstáculos para que el magnetismo entre el alma y la fuente divina original pueda efectuarse sin trabas. El roble llama a la bellota. La potencialidad de convertirse en árbol -o en un buda-  es en la semilla una inercia espiritual. Jung veía esta teleología como el instinto de Dios que quiere hacerse consciente en nosotros. No podemos saber qué significa este hacerse consciente de Dios en el hombre, o hasta dónde puede llegar, si ocurre una vez u ocurre siempre, o si está ocurriendo ya, como el místico alemán Meister Eckhart insinuó al decir que el Logos nacía eternamente en el ser humano que se vaciaba de todo lo creado. Sólo podemos especular e imaginar, y quizás intuir y decir: ¿Somos portadores de un misterioso destino: ser la parte en la que la totalidad se hace consciente? Y, en esa conciencia -que es la realización divina-, entonces, ¿una segunda cosmogonía?