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Esta es la razón por la que el sexo se ha vuelto excesivamente importante para las personas, según Krishnamurti

AlterCultura

Por: pijamasurf - 05/22/2018

El sexo es demasiado importante para los individuos, sugiere Krishnamurti; su casi monopolio de nuestra atención oculta algo más profundo que estamos buscando

Jiddu Krishnamurti fue, sin duda, uno de los más importantes maestros espirituales del siglo XX. Krishnamurti se rebeló ante la espiritualidad tradicional -que consideraba supersticiosa y dogmática- y enseñó, de alguna manera, un sendero sin sendero, o al menos sin maestro, donde lo fundamental era el individuo y su propia búsqueda interna, libre de los sistemas políticos, religiosos o sociales. Aunque Krishnamurti tuvo una serie de experiencias místicas -que llamó "el proceso"- su enseñanza fue en extremo racional, dueña de una lúcida deconstrucción del pensamiento para llegar a la esencia silenciosa de la conciencia. Osho, de broma, lo llamó la "reencarnación de Aristóteles", por ser tan racional. Lo consideraba brillante, una de las personas más brillantes del siglo XX, pero, decía, le faltaba sentido del humor.  

En una de sus famosas sesiones de pregunta/respuesta, Krishnamurti respondió a la pregunta de "¿Por qué es tan importante el sexo?" en su manera característica, llevando de la mano a la audiencia en un recorrido hacia los elementos constitutivos de la cuestión, lo cual requiere hacer nuevas interrogaciones. 

Krishnamurti empieza diciendo que "el sexo es probablemente lo más placentero que puede vivir el ser humano, pero al exigir ese placer hay innumerables complicaciones". Y aunque se han escrito cuantiosos volúmenes en torno al sexo, no se ha hecho realmente esta pregunta de por qué es tan importante el sexo (obviamente, además de por su función reproductiva). 

La explicación, según Krishnamurti, tiene que ver con que "toda la vida es una lucha, un tumulto, sin nada creativo". O nada realmente creativo, porque el filósofo indio mantiene que no puede haber realmente creatividad mientras haya egoísmo. Sin embargo, aceptamos que cosas como pintar un cuadro o cocinar un platillo son creativas porque producen riqueza, fama, placer, etcétera.

En el estado en que vivimos, pareciere que "tal vez sólo en el sexo hay libertad". En el estado común el individuo vive deseando (en el futuro) o lamentándose y recordando (en el pasado), perseguido por sus pensamientos. El sexo parece darnos, al menos, un descanso de este estado y situarnos en el presente -aunque claro que hay personas que ni siquiera en el sexo están presentes, la mayoría, por la pura fuerza de las sensaciones, olvida por unos minutos sus pensamientos y sus problemas-. No obstante, la libertad del sexo, nos dice Krishnamurti, está circunscrita. No es una libertad completa.

"Estamos privados de la libertad externa e internamente. Por generaciones nos han dicho qué hacer, qué pensar. Pero ahora reaccionamos diciendo 'Haré lo que quiera', pero eso también está limitado, por tu deseo, tu placer, tu capacidad", dice Krishnamurti. El hombre moderno ha descubierto que poder "hacer lo que quiera", tal como el mundo moderno lo permite, no es realmente la libertad, sino algo más parecido al libertinaje. Y es que la libertad es algo que proviene del interior, de uno mismo, y no puede ser otorgada por alguien más:

Donde no hay libertad afuera o adentro, entonces el sexo parece ser la única fuente de libertad. ¿Por qué le damos [tanta] importancia? ¿Le damos igual de importancia al sexo que a estar libres de miedo? No. ¿Le damos igual de energía y vitalidad a acabar con la miseria? ¿Por qué no? ¿Por qué sólo eso? Porque eso es más fácil. Lo otro exige toda tu energía. Energía que sólo puede surgir cuando estás libre. Así que es natural que tantas personas le den una importancia tremenda al sexo. Cuando le das demasiada importancia te estás destruyendo. La vida es todo, no sólo una parte. Si le das importancia a todo, el sexo se vuelve algo no tan importante. Los monjes han negado el sexo y creen que han dirigido su energía a Dios. Pero siguen hirviendo, no puedes suprimir a la naturaleza... Cuando le das a una sola cosa toda la importancia, entonces eso te corrompe.

Evidentemente el individuo está confundido, sugiere Krishnamurti, pues lo que realmente quiere es dejar de tener miedo, dejar de sufrir, pero no logra dirigir su energía a lo realmente importante y se obsesiona con el sexo, pues es el alivio más fácil. Incluso los monjes que buscan suprimir el deseo, no logran librarse de esta obsesión; por el contrario, suelen exacerbarla. Así que, obviamente, la solución no es reprimir la sexualidad. 

Krishnamurti sostiene que existe "un estado de creatividad sin sombra alguna de egoísmo", que "no es autoexpresión, no es autorrealización, es creación". Esto es lo que las personas realmente quieren cuando están buscando la satisfacción a través del sexo. El sexo es un sucedáneo del estado de creatividad libre, no egoísta. Pero el sexo en realidad no es creativo -en el sentido que le da Krishnamurti a la creatividad- en tanto exista egoísmo, mientras se busque el placer personal. Nuestra obsesión como sociedad por el sexo oculta lo que realmente estamos buscando, que es esa creatividad silenciosa, espontánea, natural que ocurre cuando la mente se aquieta completamente  -así, el sexo es sólo una versión limitada de la dicha ilimitada del ser, que incluye e integra todas las cosas-. Krishnamurti habla de una "conciencia sin elección" (choiceless awareness). "La habilidad de observar sin evaluar es la forma más alta de inteligencia", dice.

El video puede verse con subtítulos en español, haciendo clic en Settings/Auto-translate.

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La sincronicidad como experiencia dadora de sentido en la modernidad desencantada

Que Jung ideara el concepto de la sincronicidad en colaboración con el físico Wolfgang Pauli, ganador del Premio Nobel y paciente de Jung, es apropiado, puesto que en el fondo la sincronicidad no es meramente un concepto psicológico, sino psicofísico y psicoide. Se trata de una posible teoría integral con la que se puede explicar la relación entre la conciencia (o el espíritu) y la materia desde una perspectiva que trasciende el pensamiento dualista y el reduccionismo cientificista. Como sabemos, la física cuántica ha debido lidiar con el problema de la observación o el hecho de que los fenómenos materiales a nivel subatómico no parecen existir de manera independiente de su medición u observación. Por ello se han producido interpretaciones que sugieren una interdependencia entre el acto psíquico de observar y la materia. De aquí que Jung sugiriera la posibilidad de que los psíquico y lo material fueran manifestaciones de una misma realidad subyacente:

Ya que la psique y la materia están contenidas en uno y el mismo mundo, y más aún están en constante contacto entre sí y finalmente tienen como soporte factores trascendentes e irrepresentables, no es sólo posible sino incluso altamente probable que la psique y la materia sean sólo dos aspectos de una misma cosa. (Obras Completas, Volumen 8, párrafo 418)

Esta unidad psicofísica fue llamada por Jung, usando el término del alquimista Gerhard Dorn, el unus mundi. Estos factores trascendentes e irrepresentables son el inconsciente con sus arquetipos y el átomo o las partícula subatómicas (en el sentido de que estas partículas son indeterminadas, como dijera Heisenberg, no son cosas, son probabilidades o potenciales). Vivimos en un mundo paradójico, donde nuestros constituyentes básicos yacen más allá de nuestro alcance y sin embargo los podemos conocer indirectamente a través de sus efectos: el colapso de la función de onda, la proyección de la sombra, etc. Otra colaboración entre un físico y un hombre ligado a la espiritualidad, entre David Bohm y Jiddu Krishnamurti, consolidaría el concepto similar de la totalidad implicada o el holomovimiento. De nuevo, un substrato trascendente unitario del cual emerge el mundo de la realidad manifiesta diferenciada.

La sincronicidad se ha convertido en un concepto altamente popular -a veces de formas que no le hacen justicia dentro de la espiritualidad new age- puesto que apela a una intuición y a un deseo que es compartido por gran parte de la humanidad. Esto es, la noción de que el mundo tiene sentido y que nuestros pensamientos y estados mentales no están separados del mundo exterior físico e incluso llegan a resonar y a aparecer como eventos externos. La fantasía de que en nosotros existe cierta creatividad luminosa, no del todo lejana a lo divino. Podemos decir que de no haberse creado por Jung, hubiera sido necesario inventar el concepto de sincronicidad. Aunque éste sea en varios aspectos sólo una versión más moderna -formulada en un lenguaje preciso que se acerca a la ciencia- del pensamiento analógico de la antigüedad, de la doctrina de la signaturas y las correspondencias. Como expresa el adagio hermético: como es arriba, es abajo; la sincronicidad parece expresar: como es adentro, es afuera. O al menos ciertos momentos de alto significado e intensidad logran irrumpir con fuerza numinosa y disuelven la frontera que separa lo interno de lo externo, lo psíquico de lo material. Por supuesto, la ciencia no toma las sincronicidades -coincidencias significativas acausales- como fenómenos objetivamente reales, los descarta como sugestiones psicológicas, confusiones y proyecciones de sentido, como la llamada pareidolia. Pero estas explicaciones no quitan la sensación de significado, propósito y numinosidad que dicha experiencia provee en el individuo. Sea invalida para la ciencia su experiencia o no, el individuo se alimenta del carácter subjetivo y esto es lo que moldea su vida y le permite encontrar propósito y motivación. La racionalidad moderna no ha podido despojar al universo de la necesidad de experimentar el mundo con una cierta dosis de magia, y esto no necesariamente está limitado a lo paranormal o a lo religioso, las personas suelen creer que sucesos como encuentros amorosos, oportunidades de trabajo y demás ocurren bajo misteriosos principios de atracción, predestinación o intención. Joseph Conrad expresó esta noción demasiado humana cuando dijo "es la marca de un hombre de poca experiencia no creer en la suerte". La racionalidad moderna no es capaz de tapar estos intersticios por donde las fuerzas mágicas y caóticas invaden la psique. Y es que la misma microfísica da cabida para la acausalidad y el indeterminismo en sus teorías. Esta hendidura de lo acausal, de lo indeterminado, es de alguna manera también el espacio para lo mágico y misterioso, el conducto numinoso por el cual el constructo inexorable de la realidad mecanicista se ve invadida y subvertida por un demonio o un dios. Es esta la "fantasmagórica acción a distancia" que Einstein aborrecía pero que nadie ha logrado exorcizar del impoluto edificio de la ciencia. 

La experiencia de sincronicidad, valga la redundancia, es dadora de sentido. Esto es lo fundamental. En un mundo que es caracterizado por la pérdida de sentido, estos rescoldos de pensamiento mágico son vitales, son los jirones de los cuales se agarran las personas para no perecer en un mar mecánico de inerte desolación e impotencia. La sincronicidad da sentido, como mencionamos ya, pues sugiere que lo que estamos pensando y viviendo en nuestra psique no es un insignificante y estéril soliloquio: la naturaleza responde -está viva y rebosa de sentido, es un símbolo del espíritu como notó Emerson. Existe articulación, conexión verdadera, ecos íntimos entre los hombres y las piedras y las plantas.... Y esto revela, entonces, que el cielo y la ciudad en la que se representan los signos de nuestros pensamientos y deseos, deben también de estar dentro de nosotros. Un firmamento interno, como dijo bellamente el alquimista suizo Paracelso, y un mundo afuera capaz de acomodar a los arquetipos, de recibir la encarnación del pensamiento. El gran maestro neoplatónico Plotino en sus visiones experimentó la sincronicidad como una gran sinfonía:

Las estrellas son como letras que se inscriben a cada momento en el cielo. En el mundo todo está lleno de signos. Todos los acontecimientos están coordinados. Todas las cosas dependen de todas las demás. Tal como se ha dicho: todo respira junto.

El profesor Stephan Hoeller, relatando el famoso evento en el que un escarabajo dorado apareció en la ventana al momento en el que un paciente le relataba a Jung su sueño con un escarabajo dorado, dice lo siguiente: "el evento interno (el sueño) fue fortalecido y  cobró un foco significativo a través del evento externo (el insecto en la ventana)." La sincronicidad parece decirnos que nuestros sueños e imaginaciones son reales, que pueden brotar al mundo externo y así legitimarse y vitalizarse más allá de la mera elucubración. En una época en la que la fantasía y la subjetividad son vilipendiadas, necesitamos una confirmación externa de que hay cierta potencia y eficacia en nuestras imágenes y deseos profundos. La sincronicidad nos parece decir que realmente tenemos en el fondo de nuestra psique un tesoro enterrado, lleno de gemas preciosas que pueden salir a la superficie y brillar a la luz del sol (que es la conciencia). Finalmente, el sentido de la sincronicidad, que Jung entiende como la manifestación visible de un arquetipo -y por lo tanto como la posibilidad de hacer consciente dicho arquetipo-, es una constelación de la mente consciente o ego con el inconsciente y ese arquetipo central que es el Sí mismo (Self, Atman). En otras palabras, al borrar por un momento la barrera entre materia y espíritu, entre afuera y adentro, la sincronicidad nos da un atisbo de la totalidad dinámica del ser (wholeness). El sentido lo es tal, en su más alta acepción, porque elimina la conciencia de alienación; el sentido es integración, es entre-tejernos en una alfombra de símbolos vivientes, en el (psychic)spacetime continuum. Richard Wilhelm, el erudito traductor de textos chinos, gran amigo de Jung, tradujo el Tao como "el sentido" (Sinn, en alemán). Herbert Guenther, traductor de textos budistas, ha traducido "dharma" como "meaning", también "sentido".  Es posible que aquello irrepresentable y trascendente, lo absoluto, el Pleroma, En Sof, Brahman, Dharmakaya, aparezca y se haga conocido en el ser humano meramente en el sentido. Dios no sólo geometriza, como dijo Platón, Dios se simboliza en el hombre. Sentido y significado, tanto una sensación vital de propósito, de sendero y misterio por recorrer y pertenencia en el misterio, como una profusión simbólica, un vínculo con algo más allá de lo aparente que se expresa través de la belleza y el secreto, engranajes del axis antropocósmico y teándrico, gran máquina epifánica que rasga el velo de Maya y muestra el vórtice donde se celebra la eterna unión entre el rayo y el loto, entre la serpiente y la paloma, entre el azufre y el mercurio, entre la rosa y la cruz, entre el cielo y la tierra y todos los pares de opuestos cuya unión simboliza la integración del todo en la conciencia. La experiencia de sentido es la unidad de Eros y Logos: la vitalidad (el arte, el deseo y la conexión) y el entendimiento (el orden y el intelecto), Upaya y Prajna, Shakti y Shiva. En la sincronicidad se revela una harmonia mundi

La psique que anima y la physis que es animada son solo dos gloriosos peones en el numinoso tablero de ajedrez trascendental del sentido autosubsistente, movidos por poderes insondables e innombrables que residen en el estado del Pleroma de la totalidad del ser.  (Stephan Hoeller)

Twitter del autor: @alepholo

* Citas tomadas de The Gnostic Jung