*

X
El texto que introdujo el taoísmo y el llamado "yoga chino" a la conciencia popular occidental es desenmarañado en este ensayo

El secreto de la flor de oro es probablemente el texto de meditación y alquimia interna taoísta más conocido en Occidente. Esto se debe a la traducción que hizo en 1923 Richard Wilhelm, la cual se publicó con una introducción de Carl G. Jung. El texto fue un parteaguas en el conocimiento de las prácticas esotéricas de la religión taoísta y fue traducido a múltiples lenguas modernas como el texto de cabecera del "yoga chino". Sin embargo, según el traductor Thomas Cleary, la traducción de Wilhelm tiene algunas "contaminaciones" que han llevado a una serie de confusiones, esto en parte a que habría trabajado con un texto truncado y a errores o proyecciones del propio Wilhelm (según Cleary). Este artículo está basado en una comparación de ambas traducciones.

Nuestro texto parece haberse impreso por primera vez en el siglo XVIII; no obstante, existen indicios de que fue transmitido oralmente por múltiples generaciones e incluso, según algunos académicos, entre diversas escuelas que han ido apropiándose del mismo y haciendo enmiendas basadas en la llamada "escritura espiritual". Generalmente, se le atribuye al inmortal Lu Yan. Cleary lo ubica dentro de la escuela taoísta Quanzhen, pero lee en el texto una importante influencia del budismo chan (que en Japón sería el zen).

El nombre del texto en chino es Taiyi jinhua zongzhi, lo cual puede traducirse como "Instrucciones para desarrollar la flor de oro". La flor de oro es una metáfora alquímica para la luz. El texto señala que esta flor dorada (la luz) es "la auténtica energía unitaria de los inmortales celestiales" y también, que "la flor de oro es lo mismo que la píldora dorada". En la filosofía taoísta existe una energía original que es puramente espiritual, la cual es la base o fuente de la energía corporal terrenal. La primera es immortal y está identificada con el espíritu; la segunda es mortal y está identificada con la conciencia. El practicante debe revertir la energía consciente y su propia esencia vital hacia la energía-raíz celestial y espiritual. Para ello se utilizan meditaciones y ejercicios de alquimia energética interna; lograrlo significa alcanzar la inmortalidad, literalmente espiritualizar el cuerpo, haciendo nacer un embrión dorado, el cual es la concentración o coagulación de la luz -la flor dorada- que en su aspecto más grosso es la conciencia dualista y en su aspecto más sutil es el espíritu. 

En la versión de Cleary, la práctica que enseña nuestro texto tiene como fundamento la cognición de la esencia y la restitución del sendero o tao. La esencia o la energía vital es identificada con el tao. En términos budistas, dice Cleary, esto es equivalente a hacerse consciente de la mente original, del rostro verdadero que existe antes del tiempo. En otras palabras, ir de la mente condicionada mundana hacia la mente celestial o búdica. Para ello, el texto dispone la práctica que llama "la recolección de la luz" (Wilhelm traduce "la circulación de la luz"). Este método busca revertir la creación misma y regresar al origen, que es la plenitud de la vacuidad. 

La práctica entera de recolectar la luz se sirve del método de la reversión. La belleza de los más altos cielos y las maravillas de los reinos sublimes yacen dentro del corazón: aquí es donde el espíritu abierto y perfecto se concentra.

Nuestro texto dice que este espíritu en el corazón es el "centro abierto" del confucionismo, el "pedestal de la conciencia" de los budistas, "la tierra antigua", "la corte amarilla" y el "pasaje misterioso" de los taoístas. Agregaríamos que es la cueva del Purusha o del Atman de los hindúes, descrita como más grande que el cielo y tan pequeña como una semilla de mostaza. La inclusión es significativa ya que, como el mismo Cleary nota, las prácticas de alquimia energética taoísta están influenciadas por la alquimia y el yoga de la India (otros académicos, a su vez, consideran que el yoga tántrico fue influenciado por la alquimia interna china). Wilhelm sitúa al texto como parte de una "religión de la luz", y ciertamente existe en todas estas tradiciones un énfasis en la luz. Pero, ¿qué es esta luz? De manera misteriosa, esta luz es la misma energía vital creativa y a la vez el principio espiritual que hace posible la cognición. Nuestro texto señala que aunque la luz se cristaliza como un cuerpo espiritual, esta luz en sí misma no es material.

La gran divergencia entre las traducciones de Cleary y Wilhelm estriba en la lectura dentro de los trabajos energéticos taoístas que hace el traductor alemán del texto. Wilhelm sostiene que la meditación es acompañada por los ejercicios de rueda hidráulica (ho-ch'e) con los que se conduce la energía por ciertas partes del cuerpo; esto es la "circulación de la luz" o energía. Y enfatiza que durante la meditación, la atención debe llevarse a la zona entre los dos ojos (entre "el Sol y la Luna"). Cleary entiende la práctica como fundamentalmente tomada del budismo chan; sin embargo, admite que en ciertos pasajes es posible leer aspectos de movimiento energéticos taoístas. Hay cierta arrogancia en Cleary, ya que constantemente critica a Wilhelm y a Jung y por otro lado admite que existe cierta ambigüedad en el texto. Wilhelm, por otro lado, mantiene que su interpretación del texto está basada en la dilucidación oral de un maestro taoísta durante su larga estancia en China. Dicho eso, es bastante obvio que Wilhelm carece de los conocimientos que tiene Cleary, por ejemplo, sobre la tradición budista.  

El principio de la práctica consiste en el aquietamiento de la mente, utilizando la respiración. "Cuando la respiración es sutil, la mente es sutil... la estabilización de la mente debe ser precedida por el desarrollo de la energía... por lo cual, enfocarse en la energía es el punto inicial" (Wilhelm traduce energía como aliento-energía). El texto enseña que la respiración debe ser rítmica y ligera, y mientras sea audible no se puede realmente comenzar. Las enseñanzas taoístas dicen que cuando la quietud ha llegado a su máximo, este es el inicio del movimiento. El movimiento verdadero, que es el mismo principio creativo del tao. En otras palabras, sólo cuando se alcanza una gran quietud puede circular la luz o puede concentrase en el centro, en el punto dinámico.

El texto recomienda primero llevar una vida virtuosa en la sociedad, ya que sólo después de esto se podrá "cultivar el verdadero entendimiento de la esencia". Todas las grandes tradiciones inician con la moralidad. En términos de la práctica, se recomienda meditar en la mañana. Sentarse con la espalda recta -la imagen guía es el hexagrama de la montaña- y con los ojos entreabiertos dirigir la mirada a la punta de la nariz (conocida técnica zen). Esto se hace para no distraerse con el mundo externo de objetos y, a la vez, no sumirse en el sopor o en la fantasía de las imágenes internas. En la versión de Wilhelm se habla de llevar la atención al entrecejo. Cleary no es muy claro en este sentido. Toma en principio la explicación propia del chan y nos dice que se debe "dirigir la atención a la fuente de la conciencia", para "contrrarestar la tendencia a quedarse observando objetos o modificaciones de la conciencia". Esto es una forma de meditación vipashyana y, de hecho, más adelante el texto enseña lo que podemos llamar una interrogación de la naturaleza de la mente que tiene como fin establecer el conocimiento de la vacuidad. "Interroga una y otra vez [el origen de tus pensamientos] y cuando te des cuenta de que no puede asirse, entonces verás de dónde emerge el pensamiento. Cuando lo logras ya no tienes que seguir buscando ese punto. Habiendo buscado la mente y entendido que no puede asirse". Esta es, obviamente, una práctica budista, que en algunos aspectos recuerda prácticas como la meditación mahamudra en tanto a que busca establecerse en el estado natural de la mente y ése estado, por sí mismo, produce la liberación o la cristalización de un cuerpo inmortal.

En resumen, podemos decir que para Wilhelm la meditación consiste en aquietar la mente observando la respiración y armonizándola con el corazón. Enfocarse en el centro (ese centro, para Wilhelm, es el entrecejo) y seguir el surgir de los pensamientos hacia su origen -un aspecto de meditación analítica- hasta descubrir que la mente no tiene realmente un punto de origen. Una vez que se consigue el entendimiento y la quietud, la concentración en el centro hace que circule la luz y se produce el embrión de la flor dorada, que también es descrito como una perla. Cleary sostiene que el "centro" al que se refiere el texto no es un punto específico en el cuerpo, sino el paradójico surtidor de la conciencia -de la conciencia que en realidad no tiene un punto de origen que pueda ubicarse, es inasible y sin embargo es "el mecanismo de de la Creación" y, según el maestro Liu, "el centro es la gran raíz del mundo. Todos los sabios, los inmortales y los budas de todos los tiempos, nacen de este centro. Es tan vasto que no hay nada fuera de él y, no obstante, tan diminuto que se retrae y oculta en lo secreto"-. Sin embargo, en otra parte traduce: "Lleva la atención interna a la cámara de agua. Cuando la luz llega, la verdadera energía positiva surge en respuesta". Y admite que "la cámara de agua" puede leerse como la zona abdominal (el conocido "campo del elixir") o como "el auténtico conocimiento que se oculta en el condicionamiento temporal". Es altamente probable que la intención del texto sí sea la de incluir una práctica energética del cuerpo sutil. Y aquí tenemos una buena forma de hacerlo -ya que Cleary advierte que llevar la atención al entecejo es considerado como una práctica peligrosa-. Para echar a andar el dinamismo energético, el texto nos habla de concentrar la atención en una zona del cuerpo, y en la quietud y la concentración, podremos ver el movimiento circulatorio de la luz.

Como ocurre en otros textos, el número canónico para realizar la práctica son 100 días:

Sólo después de 100 días de trabajo concentrado la luz se vuelve real; sólo entonces es el fuego del espíritu. Después de 100 días, la luz es espontánea: un punto de verdadero de energía positiva (yang) de pronto produce una perla, justo como el embrión se forma de la relación sexual de un hombre y una mujer. Entonces debes atenderla con cuidado y calma. La recolección de la luz es el proceso del encendido.

Vemos aquí cómo la quietud lleva al dinamismo espontáneo de la no-acción que es, por antonomasia, la calma energética, la acción sin esfuerzo que caracteriza al tao. Este proceso de dar a luz a la perla es también descrito en el texto como alimentar el fuego con el agua, o tomar una línea de yang verdadero del hexagrama Kan (agua, lo abismal) y transmutar la línea de yin del centro del hexagrama Li (el fuego, lo adherente) para convertirse en puro yang, en lo creativo, en lo celestial. Esto significa el hierosgamos interno en el practicante y representa el proceso de transmutar la esencia en espíritu. Se dice que de la unión del fuego y el agua (que Wilhelm compara con la unión de Logos y Eros) nace el hijo, el embrión dorado, la piedra filosofal. "La cópula del fuego y el agua representa la unión del verdadero conocimiento de la mente del tao y el conocimiento consciente de la mente humana", dice Cleary. La unión alquímica ocurre de manera espontánea cuando se alcanza la profunda y luminosa quietud de la meditación. En el agua calma sopla el viento fresco y el fuego del espíritu se enciende.

 

Twitter del autor: @alepholo

Te podría interesar:

El extraño origen del Día de la Bicicleta y el primer viaje en LSD del Dr. Hofmann, hoy hace 75 años

AlterCultura

Por: pijamasurf - 05/08/2018

Un 19 de abril de 1943, hace 75 años, Hofmann experimentó el primer viaje de LSD en toda su intensidad; este episodio ha devenido extrañamente en el Día Mundial de la Bicicleta, un viaje un poco distinto

Este 19 de abril se celebra el Día Mundial de la Bicicleta, una festividad que cada vez parece volverse más popular y que tiene un extraño origen. Entre la proliferación de festividades seculares que se han establecido en los últimos años -la mayoría inanes-, el Día de la Bicicleta parece tener cierto sentido: un día para no usar el coche, reflexionar sobre los efectos de la contaminación y pasear por las calles soleadas en la primavera boreal. Sin embargo, todo esto es una curiosa apropiación de un día hace exactamente 75 años en el que el doctor Albert Hofmann, después de hacer el primer experimento con LSD, regresó a su casa en bicicleta, apanicado y maravillado por los efectos de esta sustancia psicoactiva.

El Día de la Bicicleta comenzó a celebrase en 1985, cuando Thomas B. Roberts, profesor de la Universidad de Illinois, tuvo el buen sentido del humor de celebrarlo un 19 de abril siguiendo aquel evento epifánico de Hofmann. Curiosamente, hoy muchos gobiernos utilizan la celebración para promover sus acciones en materia de urbanismo y algunos mandatarios van al trabajo en bicicleta, emulando así el memorable viaje en LSD de Albert Hofmann (algo que probablemente ignoran). El Día de la Bicicleta se suma a otras celebraciones, como el Día de San Valentín o la misma Navidad, que tienen un origen pagano que se pierde en el tiempo, ocultado por la fachada del mercantilismo. Los gobernantes festejan la fecha con procesiones mediáticas en bici, y los dealers con la legendaria planilla de los Alpes verde, un hombre gozando en bici y la coniunctio del Sol y la Luna  (una imagen que tal vez habría apreciado Carl Jung, quien se encontraba no muy lejos de Hofmann en esa época, justamente en su etapa de investigación alquímica). 

En su libro LSD: My Problem Child, Hofmann relata cómo aconteció -de manera un tanto accidental- el descubrimiento de las propiedades psicoactivas del LSD. Hofmann se encontraba investigando la ergotamina, cuando, afrontando un impasse en su investigación farmacológica, recordó de manera intuitiva que anteriormente había investigado las propiedades del LSD, sustancia que le había parecido "relativamente poco interesante". 5 años después de haberlo sintetizado, Hofmann volvió a producir LSD-25. El 16 de abril de 1943, en Sandoz, Suiza, Hofmann se encontraba trabajando con la sustancia cuando se vio obligado a interrumpir su trabajo debido a una sensación de "inquietud, combinada con leve mareo... un estado similar a un sueño... cerrando los ojos percibí un flujo ininterrumpido de imágenes fantásticas, formas extraordinarias, con un intenso juego de colores caleidoscópicos". Hofmann había consumido accidentalmente una leve dosis de LSD. Como luego diría Robert Anton Wilson respecto de este episodio de serendipia, parafraseando a Oscar Wilde, "todos los hombres derraman la bebida que aman".

Por suerte Hofmann era un científico cuidadoso y entendió que para que el LSD le hubiera provocado el efecto que le causó, debía de ser una sustancia sumamente potente, ya que lo más probable era que un leve trazo de la sustancia hubiera sido absorbido durante la cristalización a través de la punta de sus dedos. El LSD es entre 5 mil y 10 mil veces más potente que la mescalina. Tres días después, el 19 de abril de 1943, Hofmann decidió experimentar los efectos de la sustancia de manera voluntaria. No había otra forma de resolver el misterio. El buen doctor ingirió 0.25mg de LSD en 10cc de agua a las 16:20 de la tarde (la hora que luego sería la famosa 4:20 de los fumadores de cannabis, aunque por otras razones). A las 17:00 empezaron los efectos; primero notó mareo, ansiedad, distorsiones visuales y un "deseo de reír". A las 18:00 el doctor inició su viaje de regreso a casa en bicicleta inmerso, ahora sí, en los efectos sobrecogedores de la sustancia; su asistente de laboratorio tuvo que conducir la bicicleta y guiarlo a casa. En su bitácora anotó: de 18:00 a 20:00, "la crisis más severa". Era necesario atravesar un poco de infierno. "Pese a mi condición delirante, salvajemente confusa, tuve breves períodos de pensamiento claro y efectivo". El doctor Hofmann tomó leche para contrarrestar la toxicidad. No podía pararse y, ya en casa, la habitación se transformó en un grotesco carrusel. La mujer que le trajo la leche ya no era Mrs. R, sino:

una malévola, insidiosa bruja con una máscara de colores. Pero peor que estas alteraciones demoníacas del mundo exterior era lo que percibía en mí mismo, en mi ser interior. Cualquier intento de evitar la desintegración del mundo exterior y la disolución de mi ego parecía un esfuerzo fútil.

El doctor empezó a pensar que se estaba volviendo loco -o que estaba muriendo-; una serie de pensamientos paranoicos se precipitaron por su mente.

Un médico visitó a Hofmann y notó que sus signos vitales estaban bien; no parecía encontrarse en peligro. El horror empezó a desvanecerse y en la medida en que pudo convencerse de que la locura había pasado, una "sensación de buena fortuna y gratitud" empezó a asentarse. El doctor escribió en su relato que las percepciones acústicas se convertían en imágenes coloridas, experimentado una sinestesia inducida por la sustancia. Su esposa regresó de Lucerne y Hofmann pudo dormir relativamente bien. Al día siguiente se sentía "refrescado, con una mente despejada, aunque un poco cansado físicamente... Cuando caminé en el jardín, en el que el Sol brillaba después de la lluvia, todo resplandecía con una nueva luz. Como si el mundo hubiera sido recién creado".

Después de esta aterradora y fascinante experiencia, un par de psiquiatras colaboradores de Hofmann experimentaron con dosis mucho más pequeñas de LSD -el umbral de la droga es de 0.02mg- y a partir de sus vivencias se aprobarían las primeras pruebas con animales. 4 años después, el LSD empezaría a usarse en psicoterapias experimentales de manera muy promisoria. Sin embargo, luego llegaría Tim Leary y su excesivo entusiasmo lanzaría la "revolución psicodélica" de los años 60, la cual acabaría haciendo que la sustancia fuera prohibida. Hofmann escribió que nunca pensó que el LSD fuera a convertirse en una "droga de placer" y que la historia muestra que cuando esto ocurre, "sobrevienen consecuencias catastróficas". Pasarían décadas hasta que el LSD fuera sacado del calabozo médico y otra vez -ya en este milenio- la comunidad científica lo considerara como un interesante agente terapéutico. Esta era la intención de Hofmann, quien veía al LSD como una sustancia terapéutica o medicinal y no recreacional.